Seguridad Pública y Protección Civil
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Despiden de forma improcedente a un operador del 112 de Castilla-La
Mancha que tomó decisiones en el incendio de Guadalajara
R. sabía demasiado
Se dejó la piel al
teléfono desde el servicio de emergencias del 112
castellanomanchego durante el incendio de Guadalajara. Abandonó su
casa, su carrera de Derecho y su vida en Madrid por un puesto de trabajo
en Toledo que veía como «un sueño» y «una vocación de la infancia».
Durante cuatro años desempeñó su labor «de manera intachable», dicen sus
superiores (hasta los presidentes regionales José Bono y José María
Barreda le felicitaron). A finales de septiembre llegó su premio: las
gracias y un despido que incluso la empresa que lo subcontrató ha
definido como improcedente. Desde entonces, R. pasa sus lunes al
sol lamentándose por haber estado en el lugar correcto el día
equivocado. Es el hombre que sabe demasiado. «Y eso, a la Junta de
Castilla-La Mancha no le gusta nada».
«Toledo sigue viviendo en
la Inquisición. A los que protestan, les ponen en la lista negra y
olvídate de encontrar un trabajo»-. Pero también es un joven madrileño
de 28 años que trabaja en el mundo de las emergencias desde los 16 y que
ahora es ex operador de respuesta multisectorial (o, lo que es lo
mismo, ex ayudante del jefe de sala del Centro de Coordinación del 112).
Su error consistió en haber sido de los pocos que estaban en su puesto
cuando, a las 14.40 horas del sábado 16 de julio, se dio la alarma de
ese fatídico siniestro que al día siguiente se iba a cobrar la vida de
11 trabajadores forestales y en el que se devastarían más de 13.000
hectáreas.
«Yo tuve que tomar las decisiones, yo tuve que asignar los recursos, a
pesar de que no estaba autorizado para hacerlo», confiesa.
«Cuando entró el aviso del incendio, no había personal disponible:
el técnico forestal se había ido a comer y la persona que estaba
como jefe de sala era recién llegada y ni siquiera tenía la titulación
necesaria. Hasta el sábado por la noche no apareció ningún superior»,
añade, y respira aliviado: «Ahora lo puedo contar, ya no tengo nada más
que perder».
¿Se habrían minimizado los daños del incendio si durante esos
primeros momentos hubiera habido en el Centro suficiente personal, y más
cualificado? R. cree que sí. «Nos hubiéramos coordinado mejor. Ni
siquiera el domingo sabíamos a ciencia cierta cuántos medios estaban
trabajando y dónde lo hacían». Por la forma que adoptan sus
descripciones, el centro de emergencias recuerda a algo así como el hilo
donde baila el funambulista. A veces la función sale bien; otras veces,
no.
Lo corrobora el jefe de sala Javier Llorente, secretario del comité de
empresa y expedientado tres veces tras denunciar las
«irregularidades» del 112: «Allí no se queda casi nadie los fines de
semana, y ni siquiera los viernes por la tarde. Cruzamos los dedos para
que las emergencias se produzcan en días laborables».
Denuncias de presiones
Tanto R. como Javier , han denunciado las «presiones» a las que se han
visto sometidos desde aquel día en el que se les ocurrió advertir de
que, si se producía otro siniestro como el de Guadalajara, iba a haber
«serios problemas» para afrontarlo.
Cuenta R. que le ponían a hacer más turnos que a sus compañeros -«sobre
todo de noche»- y que le negaban sistemáticamente los cambios que pedía;
que le respondían «con tono amenazante cuando hacía sugerencias para
mejorar el servicio»; que le prohibieron colaborar en una revista en la
que hasta entonces había escrito sin problemas...
A R. le llamaron un día al despacho y, usando las palabras bajo y
rendimiento, le pusieron en la calle. «¿Por qué antes no me advirtieron
de que lo estaba haciendo mal? Incluso 15 días antes me habían
felicitado. Mi jefe estaba muy contento conmigo. La realidad es que,
como les resultaba incómodo, me martirizaron y luego me echaron. Sabían
que podía contar muchas cosas y que no iba a ser fácil callarme».
Lo insólito es que MK Plan 21, la empresa subcontratada
por la Junta para gestionar una parte del 112 y la que contrató y
despidió a R., reconoció que el despido era improcedente.
Sostiene R.que para persuadirle así de que fuera a los tribunales. Le ha
dado igual. Su caso está ante el juez, ha escrito decenas de cartas
contando su situación y sus compañeros del 112 de Castilla-La Mancha han
decidido ir a la huelga en Navidades para que le readmitan.
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Presiones a testigos, retenes y
agentes |
R. no es el único que ha
denunciado «presiones» tras el incendio de Guadalajara. Lo han
hecho también los familiares de las víctimas y retenes y agentes
forestales.
Según Isabel Villaverde, madre de Jorge César Martínez, se «ha
presionado» a algunos testigos que declararon en los juzgados de
Sigüenza. Asimismo, denuncia que se han manipulado pruebas y
datos.
Ella y otros familiares han advertido de que el Juzgado estaba
recibiendo llamadas «desde La Moncloa».
Entre los retenes, muchos de ellos compañeros de las víctimas,
también se han producido presiones «desde el principio para que
nadie se saliera de la versión oficial», cuenta David Nuevo,
miembro del retén de El Vado y novio de otra de las víctimas,
Mercedes Vives.
«Tragsa [la empresa que los subcontrata] nos dijo que nos
mantuviéramos calladitos, que siguiéramos trabajando igual que
antes y sin rechistar, que podían expedientarnos y tomar
represalias», asegura.«Hubo amenazas a todos los retenes».
El agente forestal Vicente Peinado -que estuvo durante nueve
años al frente del retén al que pertenecían las víctimas-
sostiene que la Junta de Castilla-La Mancha le ha abierto un
expediente «por haber usado el vehículo oficial sin estar de
servicio para hacer fotos en la zona del incendio» y le ha
forzado a dimitir de su puesto como delegado del sindicato CSI-CSIF,
en el que llevaba siete años.
«Escribí un artículo criticando la gestión de la Administración
en el incendio, denunciando el caos, la falta de coordinación y
las negligencias y se me echaron encima», explica.
Todos coinciden en que la Comisión de Investigación fue «un
paripé». |
Fuente: El Mundo
11.12.05
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Suplemento Temático: Incendios Forestales.
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