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Lunes, 19 de diciembre de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

La banda terrorista ETA desarrolló en 2003 un sistema de bombas con móviles como el del 11-M

En junio de ese año, el actual jefe del aparato logístico de ETA, Tomás Elgorriaga Kunze, se lo mostró a un confidente de la policía francesa, experto en electrónica, conducido con los ojos vendados a su taller - Le explicó que se trataba de usar el móvil no sólo como iniciador de una explosión, sino también como temporizador, y le enseñó un Alcatel, modelo 'One Touch Easy', con dos cables soldados a la alarma del despertador.

 

El confidente comprobó la eficacia del sistema y Elgorriaga le encargó que preparara dos móviles iguales para alguien que se iba de viaje. Toda esta información fue comunicada antes del 11-M a las Fuerzas de Seguridad españolas.

ETA desarrolló a mediados de 2003 un sistema de activación de bombas con móviles muy similar al que se utilizó en los trenes de la muerte el 11 de marzo de 2004.

La información fue transmitida por la División Nacional Antiterrorista (DNT, policía judicial francesa, que depende de la juez Laurence Levert) a las Fuerzas de Seguridad españolas antes del atentado que costó la vida a 191 personas.

Después de meses de trabajo, el Renseignements Generaux (los RG, un cuerpo especial antiterrorista) logró captar a un colaborador de ETA que regenta una pequeña tienda de artilugios electrónicos en una localidad situada en el sur de Francia.

El topo hacía trabajos puntuales para ETA. En una fecha no precisada, pero que las fuentes consultadas sitúan en torno al mes de junio de 2003, el confidente fue reclamado para realizar un trabajo especial.

Según relató a los agentes del RG, un etarra le recogió en su domicilio y le trasladó con los ojos vendados, tras múltiples rodeos, a una vivienda compuesta por un salón, un baño y una especie de taller. La casa estaba habitada por el etarra Tomás Elgorriaga Kunze, ingeniero electrónico y responsable del llamado aparato de electrónica de la banda.

Según el testimonio del confidente, Elgorriaga le mostró un teléfono que había dentro de una bolsa. Se trataba de un Alcatel modelo One Touch Easy que había sido modificado. De su parte inferior salían dos cables.

Gráfico: El Mundo

El dirigente etarra le dijo al confidente que ese sistema servía «para activar una bomba a distancia y evitar la inhibición de frecuencia». Elgorriaga es un experto en electrónica informática, pero no se consideraba con suficientes conocimientos de telefonía movil. Por ello, recurrió al citado colaborador, que pasa por ser un técnico cualificado en la materia.

En el pequeño taller que Elgorriaga había montado en la parte posterior de su vivienda había varios móviles destripados, un manual y varios dibujos con anotaciones en euskara. El etarra le pidió al colaborador que le diera su opinión sobre el sistema que acababa de diseñar y que consistía en utilizar el móvil como temporizador, además de como iniciador. El confidente pudo comprobar allí mismo la eficiencia del ingenio preparado por Elgorriaga, quien, a su vez, le solicitó que preparase dos teléfonos similares para uno de los miembros de la organización terrorista que tenía que salir de viaje. No parece que le diera más explicaciones sobre este asunto.

Elgorriaga Kunze, estaba, según pudieron comprobar los agentes franceses, obsesionado con la utilización de los móviles como iniciadores de detonadores en bombas.

La primera vez que ETA hizo uso de los móviles en sus artefactos fue el 11 de noviembre de 2000 frente al cuartel de Intxaurrondo, en San Sebastián. Los etarras colocaron un teléfono móvil adosado a una bomba que habían introducido en un lanzagranadas dispuesto teóricamente para atacar el complejo de edificios de la Guardia Civil. Diez agentes resultaron heridos al acercarse al lanzagradas.

El comando etarra hizo estallar a distancia lo que no era sino una bomba trampa. El móvil utilizado en aquel atentado también era un Alcatel modelo One Touch Easy.

Posteriormente, el 9 de enero de 2001, ETA intentó, utilizando el mismo método, una masacre en el cementerio de Zarauz, donde la cúpula del PP en el País Vasco acudió para homenagear al edil José Ignacio Iruretagoyena, asesinado por la banda.

Los etarras habían colocado bajo una jardinera una bolsa con cinco kilos de dinamita y metralla, justo al lado de la tumba de Iruretagoyena. El sistema de activación era un teléfono móvil que, afortunadamente, no funcionó.

La Policía achacó en un principio el fallo a la acción de los inhibidores de los coches utilizados por los dirigentes del PP. Según la investigación posterior de los Tedax, la bomba no estalló porque el detonador no estaba bien confeccionado. El móvil utilizado en aquel atentado también era un Alcatel modelo One Touch Easy.

Unos meses después, a mediados de octubre de 2001, la Policía logró desmantelar el llamado complejo Donosti, un entramado que agrupaba a varios comandos y que suponía la columna vertebral de ETA en el País Vasco. A los detenidos se les intervinieron armas, explosivos, bombas lapa ya preparadas para para su utilización y un teléfono móvil listo para ser empleado como iniciador de bombas. También se trataba de la misma marca y modelo.

Elgorriaga Kunze, como responsable del aparato de electrónica de ETA, había sido el encargado de desarrollar ese sistema, que reportaba mayor seguridad para los comandos, dado que éstos podían utilizar los teléfonos como mandos a gran distancia. Sin embargo, hasta mediados de 2003 no encontró la forma de evitar que los artefactos fallaran por la acción de los inhibidores.

La razón por la que Elgorriaga Kunze optó por el teléfono One Touch Easy de Alcatel, existiendo otros más modernos y sofisticados, era que ese modelo ofrece dos ventajas que proporcionaban una mayor seguridad en su función de iniciadores.

En primer lugar, permitía que sólo se pudiese recibir la llamada de un número previamente seleccionado en su memoria. Así se evitaba la activación de la bomba por una llamada equivocada. Además, facilitaba la desactivación de la entrada de mensajes.

Sin embargo, la utilización de los teléfonos como radio mando no evitaba en ningún caso la acción perturbadora de los inhibidores. El sistema infalible fue el que mostró Elgorriaga Kunze al confidente en su casa-taller a comienzos del verano de 2003. En definitiva, se trataba de que el móvil actuara a la vez como temporizador y como iniciador.

El nuevo diseño suponía programar el móvil a través de su despertador y apagarlo para que pudiera entrar en acción sin el riesgo de interferencias, garantizando, de esa forma, que la batería del aparato no quedase agotada al transcurrir el tiempo. Efectivamente, los cables que vio el confidente el día en el que fue invitado a ver la comprobación estaban soldados al zumbador del móvil que se activa al sonar el despertador.

Los etarras tardaron años en descubrir ese efectivo y mortífero sistema, ya que las primeras noticias que tuvo la Policía y la Guardia Civil sobre la utilización de bombas con móviles datan de finales de los años 90.

La idea figuraba ya en documentos incautados por la policía británica al IRA que, según se supo, le habían sido transmitidos a la banda terrorista española. Sin embargo, ETA nunca llegó a utilizarlo en sus atentados.

La primera vez que se usaron los móviles apagados como temporizadores-activadores de bombas en España fue en el atentado del 11-M, que, según las investigaciones judiciales, fue llevado a cabo sin ningún tipo de ayuda exterior por un grupo de islamistas radicales sin experiencia en la fabricación de explosivos.

Los otros indicios
Los vínculos entre islamistas y etarras, y de éstos con la trama de los explosivos, apuntan a la intervención de ETA en la masacre

En los 21 meses transcurridos desde el 11 de Marzo, los indicios que apuntan a algún tipo de relación de ETA con los atentados de Madrid han ido acumulándose. Han salido a la luz numerosos vínculos directos entre etarras y terroristas islamistas.
El ejemplo más claro es el del miembro del GIA Abdelkrim Benesmail, al que se le incautó en un registro en prisión un papel con nombres de los etarras Parot e Iragui. Antes del 11-M, Benesmail se relacionaba casi de manera exclusiva con presos etarras, al tiempo que recibía en prisión ayuda económica de Lamari, uno de los suicidas del 11-M.

Según pudo comprobar EL MUNDO, Mohamed Amine Akli, detenido en 1997 junto a Lamari, celebró el 11-M con varios etarras en el centro penitenciario Puerto I de Cádiz. Otro detenido junto a Lamari y líder islamista en la prisión de A Lama, Sohbi Khouni, mantenía una estrecha relación con el etarra Marinelarena Garciandia.

Al día siguiente del 11-S, José Luis Urrusolo Sistiaga recibió una carta de un ex compañero de prisión llamado Targu Ismail en la que le aseguraba estar preparando la operación Sable Samurái: «Vamos a hacer esa operación y os lo demostraré». A continuación añadía: «Esperemos que una hipotética colaboración entre grupos islamistas y ETA no incluya el préstamo de un terrorista suicida».Previamente, el también miembro del comando Madrid, José Ignacio de Juana Chaos, había expuesto su teoría de la doble presión: «Si los integristas quisieran, los españoles echaban a correr en una semana».

La vía de los asturianos acusados de suministrar los explosivos también ofrece numerosos indicios que apuntan a ETA. En diciembre de 2002, la banda robó el coche que hizo estallar en el aeropuerto de Santander precisamente en la calle de Avilés, donde residía Emilio Suárez Trashorras, el minero que entregó la Goma 2 a la célula del 11-M. El mismo día en que los islamistas transportaban a Madrid esa Goma 2, otra caravana de la muerte se dirigía a la capital. La Guardia Civil sí interceptó esta última: dos etarras con media tonelada de explosivos. Llevaban consigo un mapa en el que estaba marcada en rojo la zona del corredor del Henares, donde finalmente se perpetró el 11-M.

Además, José Ignacio Fernández Díaz, Nayo, informó a la Fiscalía y a EL MUNDO de que Trashorras y Antonio Toro -del que fue socio- tenían intención de vender explosivos a ETA. «Los más de 200 kilos de Goma 2 que habían sacado de la mina los iban a cambiar por armas. Los explosivos iban a acabar en manos de ETA», declaró a este diario.

 

El enigma de las bombas con móviles
Uno de los aspectos más oscuros en la investigación de los atentados del 11-M es el de que todavía no se sabe a ciencia cierta quién montó las bombas que causaron la masacre.

Algunos medios han banalizado la importancia del diseño del sistema de activación de las bombas como si se tratase de un juego de niños. Los expertos no opinan lo mismo. Muy al contrario, subrayan la trascendencia, la complicación de un mecanismo que teóricamente fue montado por personas no expertas.

En una entrevista concedida a EL MUNDO (3-3-2005), el tedax que desactivó la bomba encontrada en El Pozo afirmó al ser preguntado por la posibilidad de que los artefactos que hicieron explosión el 11-M fueran montados por inexpertos: «No. Evidentemente, las bombas exigían de capacitación técnica, sin ningún género de dudas. O sea, no eran una chapuza. En absoluto. En varios medios se ha dicho que eran bombas deficientes en cuanto a concepción, elaboración, tratamiento, etcétera. Eso es falso. Las bombas estaban muy bien planificadas y confeccionadas. Eran sencillas, pero en su sencillez estaba su genialidad. El sistema era eficaz, muy eficaz, y además era muy seguro».

El experto en explosivos proseguía: «Estoy seguro de que el tipo que las montó era muy bueno. Sabía muy bien lo que hacía. Se ha hablado de la falta de seguridad de esos artefactos para el terrorista, pero eso no es verdad. Las bombas eran muy seguras.Si se les pone bien la fecha y la hora a la que tiene que sonar el despertador, no hay ningún problema. ¿Por qué? Porque se apaga el teléfono y el terrorista se asegura de que la batería no se descarga; y, en segundo lugar, porque evita que se reciban llamadas que hagan saltar el dispositivo antes de lo previsto».

Ninguno de los imputados por el 11-M era experto en explosivos, salvo Saled Ahmed Rabei Osman, El Egipcio, que se encontraba fuera de España cuando se produjo el atentado y al que ni siquiera el juez Del Olmo responsabiliza de la confección de las bombas.

En la investigación del atentado islamista hay un dato cuanto menos curioso. Según declaró el confidente Lavandera al guardia civil Campillo, en el verano de 2001, Emilio Suárez Trashorras -el minero que proporcionó la dinamita a los islamistas para cometer el atentado del 11-M- le preguntó «si sabía de alguien que supiera montar bombas con teléfonos móviles».

 

Elgorriaga Kunze, un cerebro en la banda
Es ingeniero electrónico, está considerado el actual jefe del 'aparato logístico', logró escapar de la operación en la que fueron detenidos 'Antza' y 'Anboto' y está juzgado en rebeldía

Tomás Elgorriaga Kunze (San Sebastián, 1963) es un histórico de ETA que logró escapar de la Policía francesa por última vez el 3 de octubre de 2004, tras la espectacular operación en la que fueron apresados Mikel Albisu, Antza, número uno de la banda, y su lugarteniente, Soledad Iparraguirre, Anboto. Elgorriaga Kunze era y sigue siendo el jefe del aparato logístico de ETA.
Tomás Elgorriaga, también conocido como Teo, es ingeniero electrónico y fue durante algún tiempo concejal por Herri Batasuna en el Ayuntamiento de Hondarribia. El 11 de mayo de 1998 fue detenido por la Guardia Civil, acusado de dar alojamiento a los etarras Imanol Olaizola y Koldo Elizetxea, responsables de facilitar el paso de la frontera a miembros liberados de la banda.

En diciembre de ese mismo año, fue puesto en libertad condicional.Poco después, se marchó a Francia, donde se integró en el llamado aparato electrónico de ETA.

El 13 de enero de 2003 fue condenado en rebeldía por el Tribunal Correccional de París que le acusó de ser miembro del aparato de logística de ETA. Un mes después, el mismo tribunal le condenó, también en rebeldía, a otros cuatro años de prisión en el mismo proceso en el que fueron juzgados los dirigentes de la banda Ignacio García Arregui, conocido como Iñaki de Rentería y Juan Antonio Olarra Guridi, Otsagi. El fiscal fue lo suficientemente explícito cuando, al solicitar las penas para el grupo formado por los tres terroristas nombrados, señaló: «Si la ley me hubiese permitido pedir más, lo habría hecho».

Tras la detención de Felix Ignacio Esparza Luri, en abril de 2004 en las Landas, Elgorriaga pasó a ocupar la máxima responsabilidad en el aparato de logística de ETA. La preparación de la mayor parte de los coches bomba que fueron colocados en los meses posteriores y anteriores a este arresto le fue atribuida directamente a Teo, que se los entregaba a los comandos encargados de colocarlos.

Actualmente, Elgorriaga Kunze sigue en busca y captura.

Fuente: El Mundo
12.12.05

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