Incendio de Guadalajara: diario de una extinción cubo a cubo
Charo Sotoca vive
en la comarca guadalajareña donde el 17 de julio murieron once miembros
de un retén y ardieron 13.000 hectáreas.
Ahora se ha decidido a
plasmar en un relato aquellas horas dominadas por la descoordinación y
la falta de medios.
Cinco meses no han sido suficientes para borrar de su memoria el horror
que vivieron los habitantes de la comarca guadalajareña donde en julio
murieron once personas y ardieron 13.000 hectáreas de pinares. Una de
esas personas que decidieron suplir la falta de medios lanzando cubos de
agua contra aquel «tsunami de fuego» se llama Charo Sotoca. Vive en
Saelices de la Sal, y ahora se ha decidido a hacer memoria de aquellas
primeras horas en las que, según afirma, «se empezó a carbonizar mi
confianza en la gestión de la Administración».
Mediodía del sábado 16 de julio
«No había medios aéreos ni maquinaria»
«Recuerdo perfectamente los momentos previos a la noticia. Eran las tres
de la tarde y estaba comiendo. El telediario acababa de comenzar. La
puerta de casa se abrió y los pasos rápidos subieron las escaleras.
Llegó mi hermano diciendo: «Hay fuego en la Riba, me voy». En principio
parecía que el fuego podía venir de un rastrojo, pero pronto vimos que
el humo no era blanco, era un humo denso y negro que crecía por
momentos... Angustiada, decidí acercarme a La Riba, hacia la Cueva de
los Casares. Como otras muchas personas de los pueblos, llevé algunas
garrafas y botellas de agua para los que estaban apagando... Desde un
principio se veía que no había medios suficientes, especialmente aéreos,
tampoco labores de cortafuegos, no había maquinaria».
Noche del sábado
«Sólo había gente de los pueblos»
«Sobre las diez de la noche fuimos al Valle de los Milagros, llevamos
una motobomba y manguera de un amigo para meterla en el río y evitar que
las llamas cruzaran el valle. A esas horas, todas las personas que
estábamos en el lugar éramos vecinos de los pueblos cercanos. La
situación era terrorífica, la oscuridad de la noche era iluminada por
las llamas que bajaban hacia el valle. Como no había medios, se decidió
ir a Riba de Saelices a por cubos. Así que fuimos pidiendo a los vecinos
cubos para coger agua del río e ir sofocando el fuego. En ese momento,
aproveché, y desde el teléfono público llamé al centro de emergencias
del 112 de Castilla-La Mancha, informando de la situación lamentable: no
había en el valle ni un bombero, ni un retén, ni nadie... Desde el 112,
el técnico encargado se dirigió en tono despectivo hacia mí con la
frase: «¿Qué? ¿otra mujer? Uff». Me aseguró que ya había mandado un
bulldozer a esta zona y que mientras tanto que tuviéramos cuidado, pero
la máquina no llegó en toda la noche».
Madrugada del sábado al domingo
«Fuego controlado con sólo tres bomberos»
«Con los cubos nos pusimos a hacer una cadena para apagar el fuego.
Cuando parecía que una zona ya estaba controlada, veíamos otras llamas
enormes que nos hacían pensar que era imposible. El humo nos envolvía.
Llegó una camioneta con dos bomberos y un coche pick-up con una
motobomba. Los tres bomberos organizaron y coordinaron a todas las
personas que estábamos allí, y junto con las dos mangueras, nos hicimos
con el frente. A las tres de la mañana, el fuego en el valle «estaba
controlado». Parecía mentira que con tan poco lo hubiésemos conseguido».
Mañana del domingo 17 de julio
«Nuestro esfuerzo no sirvió para nada»
«A las siete de la mañana decidimos marcharnos a descansar y a las once
y media de ese día volví a la zona donde había pasado toda la noche.
Acababa de llegar una máquina que intentaba hacer un cortafuegos. No dio
tiempo. Hubo que salir corriendo de allí porque el fuego se había
reavivado. No habían llegado medios a tiempo, y los dos helicópteros que
cargaban agua en la pequeña presa cercana la descargaban en otro lugar.
Me indignó, me decepcionó ver que el esfuerzo de la noche anterior no
sirviera para nada absolutamente. Me enfadó darme cuenta de que no se
mandaron los medios a tiempo para refrescar todo el terreno y apagar
áscuas y evitar que el fuego se reavivase».
Tarde del domingo
«Ocurrió lo peor y se nos heló la sangre»
«Recuerdo cómo salió un retén, compuesto por chavales de 18 a 20 años
con sus monos amarillos impolutos. Era la primera vez que salían y
estaban haciendo fotografías a los helicópteros que cogían agua. Lo que
pasó después con este foco ya se sabe. El fuego se extendió velozmente
hacia Villarejo de Medina, Santa María del Espino y Luzón. Por la tarde,
me impresionó ver cómo en Villarejo el fuego quemó en menos de una hora
todo un valle de pinar y cómo del verde se pasó al negro y gris...
Mientras se intentaba apagar el fuego en el paraje del Portillo en
Villarejo, muy cerca ocurrió lo peor. La noticia nos heló la sangre y no
dejábamos de preguntarnos cómo se había podido llegar a ese punto.
Bueno, realmente lo sabíamos: no había planificación, ni coordinación ni
medios».
Lunes por la mañana
«Un despliegue enorme de medios»
«Llegó el lunes. Me desperté con humo. Este día hubo un despliegue
enorme de medios. Era sorprendente, mucha prensa que daba datos
confusos. Veíamos una enorme extensión negra y humo. Creo que aún no
éramos conscientes de las consecuencias del incendio».
Fuente: ABC
16.12.05
Noticias relacionadas:
*
Suplemento Temático: Incendios Forestales