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Viernes, 23 de diciembre de 2005


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

El "fantasma" del financiero apestado

Javier de la Rosa vuelve a sentarse en el banquillo de la Audiencia Nacional, pero sus declaraciones ya no despiertan tanta expectación

 

El que fuera el todopoderoso ejecutivo de la etapa del 'pelotazo', hoy deambula solo por Barcelona, sin más oficio que defenderse de los procesos pendientes, tras pasar más de 10 años entrando y saliendo de prisión.

Deambula por algunos de las rincones clásicos de Barcelona como alma en pena. Mantiene las viejas costumbres, como la de acudir casi todos los mediodías a la coctelería Ideal, en la barcelonesa calle Aribau. Pero ya nada es igual. Generalmente, la única compañía de la que disfruta el que fuera todopoderoso financiero Javier de la Rosa en su tradicional rincón del céntrico local es la de los escasos escoltas que mantiene en nómina.

Estos días, De la Rosa vuelve a sentarse en el banquillo de los acusados de la Audiencia Nacional. Pero no despierta, ni de lejos, la expectación que acompañaba a sus primeras comparecencias ante la Justicia, a pesar de que es uno de los procedimientos más importantes de los que tiene abiertos. Se enfrenta a una petición de pena de la Fiscalía Anticorrupción de 38 años de prisión.

Foto: El Mundo

Hasta ahora, De la Rosa ha sido condenado sólo a dos penas de 22 meses y cinco años de prisión, respectivamente. Y aún tiene pendiente el proceso por la descapitalización de Grand Tibidabo, su gran proyecto personal, en el que más de 6.000 pequeños accionistas enterraron sus patrimonios hasta sumar los 30.000 millones de las antiguas pesetas, que se volatilizaron en manos del financiero.

Pero ya no sorprende a nadie que afirme que los cerca de 450 millones de dólares que desaparecieron de las cuentas del Gurpo Torras, el portaaviones español del grupo kuwaití KIO, se destinaron a pagos políticos para obtener apoyo internacional a la intervención aliada para liberar Kuwait de la invasión de Irak, que se produjo en agosto de 1990.

La Justicia suiza confirmó ya en 1998 que el dinero desapareció en forma de pagos multimillonarios a personalidades españolas como el diplomático Manuel Prado (100 millones de dólares) o Enrique Sarasola (28,5 millones de dólares).

Pero los jueces suizos también demostraron que la parte del león del expolio fue a parar a los bolsillos de Javier de la Rosa y de sus jefes de KIO. De la Rosa se llevó 126 millones de dólares; Fahad al Sabah, el presidente de KIO, 120 millones de dólares; Fouad Khaled Jaffar, director general del consorcio kuwaití; 25 millones de dólares; y Khaled al Sabah, 15 millones de dólares.

Los más de 10 años que ha pasado entrando y saliendo de diferentes prisiones españolas no han pasado en vano. Durante ese tiempo, De la Rosa ha ido quemando la munición que decía tener contra buena parte de la clase política española. Hace 15 años, el financiero presumía de tener pillados a las principales instituciones del Estado y a la mayoría de los partidos políticos.

Gráfico: El Mundo

Si bien es cierto que De la Rosa arrastró en su caída al que fuera jefe de la Inspección Regional de Hacienda en Cataluña, Josep Maria Huguet, un hombre próximo al hoy presidente del Parlamento Europeo, José Borrell, y a buena parte de su equipo. La carrera política del propio Borrell se vio truncada en 1999 por aquellas revelaciones. El dirigente socialista tuvo que abandonar como candidato del PSOE a La Moncloa tras imponerse en las primarias del partido a Joaquín Almunia.

Borrell fue la víctima de más calado de De la Rosa. Al margen del dirigente socialista, el financiero sólo ha podido demostrar durante estos años que entregó dinero a dos políticos: el ex dirigente popular de Cataluña Enrique Lacalle, y el ex diputado de CiU y hoy miembro del Consell Consultiu de la Generalitat Jaume Camps.

Aunque ahora proclame ante los jueces de la Audiencia Nacional que entregó 140 millones de las antiguas pesetas al ex dirigente popular y hoy gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, y otros 200 millones de pesetas al ex secretario general de Convergència Democràtica de Caralunya (CDC), Miquel Roca, ya nadie cree a De la Rosa. Y, lo que es más importante, ya nadie le teme.

Los que hace 15 años se abrían paso a codazos para aparecer junto al financiero, que entonces parecía tener cuentas bancarias sin límite, hoy evitan a ese ex presidiario que puede volver en cualquier momento a la cárcel y que se pasea por Barcelona, aparentemente sin más que hacer que preparar su defensa en los diferentes procedimientos judiciales en los que está encausado.

Para los que en otro tiempo le trataron, De la Rosa no es más que un fantasma de la Barcelona del pelotazo, del dinero fácil y de la corrupción generalizada. El financiero aparece en el imaginario colectivo barcelonés como el jefe del siniestro clan del que formaban parte de manera destacada personajes como el abogado penalista Juan Piqué Vidal -antiguo hombre de confianza de De la Rosa- o el juez corrupto Lluís Pascual Estevill, ambos condenados por conspirar para extorsionar empresarios.

Algunos de los que fueron sus más cercanos colaboradores aseguran que De la Rosa es un auténtico parado de lujo. «Vive de su mujer, de su familia y de los fondos que pueda haber ido repatriando del extranjero», asegura quien en otro tiempo estuvo muy cerca de De la Rosa.

Hasta el año 2000, se atribuían al financiero algunas operaciones inmobiliarias en los márgenes del mercado -no faltaron los que aseguraron que De la Rosa se dejaba ver en compañía de conocidos subasteros de Barcelona-, pero en los últimos cinco años no parece tener actividad laboral o mercantil alguna. Para alguien que logró su posición social a golpe de talonario, perder el avión privado, el espectacular yate Blue Legend, o la posibilidad de alquilar una planta entera del Hotel Villamagna cada vez que se desplazaba a Madrid, es prácticamente como ser invisible.

Queda muy lejos la gloriosa noche del 20 de mayo de 1992, cuando para asistir a la única final de la Copa de Europa que ha ganado el FC Barcelona hasta ahora, la del desaparecido estadio de Wembley, De la Rosa se llevó en su avión privado a Londres a buena parte del Gobierno de la Generalitat y de la plana mayor de CDC.

Sus principales avalistas en el seno de Convergència, el propio Jordi Pujol y el que fuera durante años su conseller de Economia, Macià Alavedra, han dejado la política activa desde hace mucho tiempo y sus sustitutos no quieren saber nada de personajes como Javier de la Rosa.

Los apoyos políticos que compró De la Rosa tampoco le han sido útiles. Entregó cantidades ingentes de dinero al diplomático Manuel Prado y Colón de Carvajal (nada menos que 100 millones de dólares), cuya amistad personal con el Rey Don Juan Carlos era pública y notoria, convencido de que así comprometía a la Casa Real Española. Como compensación por aquellos pagos, lo único que obtuvo De la Rosa, en la práctica, fue poder acudir «a merendar pa amb tomàquet» al Palacio de la Zarzuela en un par de ocasiones. Caras meriendas que, al final, costaron una condena de cinco años de prisión para el propio De la Rosa y otra para Prado sólo por una parte del dinero.

Paradójicamente, el 22 de mayo de 2004, la hija mayor de De la Rosa, Gabriela, la que le asiste como abogada defensora ante la Audiencia Nacional, acudía como invitada a la Catedral de la Almudena, del brazo de su novio, el hijo mayor de la infanta Pilar, hermana de Don Juan Carlos, Juan Gómez-Acebo. Una ceremonia que tanto De la Rosa como Prado tuvieron que ver por las televisiones de los respectivos centros penitenciarios en los que cumplían entonces condena.

De la Rosa se tiene que defender a sí mismo con la colaboración de una de sus hijas porque ningún bufete de prestigio quiere hacerse cargo de su defensa. Está gafado, lleva la mala suerte a cualquier letrado que se atreva a defenderle ante los tribunales.Los despachos profesionales que han llevado la defensa de Javier de la Rosa han acabado por separarse o por caer en desgracia.

Sólo los hijos del financiero le apoyan en los compases finales de su batalla perdida con la Justicia. Parecen compartir la desgracia del propio De la Rosa, marcado por la desgracia de que su padre, el fallecido abogado franquista Antonio de la Rosa Vázquez, se fugara a Brasil tras dejar vacía la caja del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona en 1979. De la Rosa siempre protegió a su padre. Hasta el punto de que, cuando prescribieron los delitos por los que fue condenado en España, le volvió a acoger en su casa hasta su muerte.

El estigma de ser el hijo de uno de los mayores delincuentes económicos de la época, aunque le enemistó de por vida con los gobiernos socialistas de la época de Felipe González, no le impidió ejercer como un auténtico encantador de serpientes. Logró convencer a los miembros de la desconfiada familia Garnica, en aquel tiempo dueños y señores de Banesto, para que le dieran, en los primeros años 80, todos los poderes en su filial catalana, la Banca Garriga Nogués. Cuando De la Rosa abandonó la entidad, a mediados de la década, había generado un agujero de 100.000 millones de pesetas de la época.

Pero los Garnica callaron para ocultar su propia vergüenza, mientras De la Rosa encantaba a los representantes europeos de KIO, que, a pesar de las advertencias del Gobierno español, le confiaron más de medio billón de pesetas. De la Rosa no tardaría en intentar comprar el favor de los socialistas. Entregó miles de millones de las antiguas pesetas (hasta 10.500 millones, según estableció la Justicia británica) al fallecido intermediario Enrique Sarasola, amigo personal de Felipe González.

La invasión de Kuwait en 1990 fue el primer gran tropiezo de De la Rosa. Convencidos de que Sadam Husein iba a arrasar el país, los gestores de KIO, De la Rosa incluido, se repartieron la caja del consorcio y lo abandonaron. Cuando Kuwait fue liberado, los jefes de De la Rosa fueron destituidos. Sus sucesores llevan persiguiéndoles -a ellos y a De la Rosa- desde entonces. Pero el financiero aún tardaría cuatro años en caer. Suficientes para poner en marcha su proyecto personal, Grand Tibidabo, desde el que controlaría tanto el proyecto emblemático de la política turística de la Generalitat, lo que hoy es Port Aventura, hasta una importante participación en Tele 5. Una aventura en la que embarcó a los amigos de la clase política que se había ido encontrando cuando era el todopoderoso hombre de KIO en España. Personajes como Prado, Sarasola o el ex secretario de Presidencia de la Generalitat de Pujol, Lluís Prenafeta.

El castillo de naipes financiero de De la Rosa empezó a caer a finales de 1992, cuando los kuwaitíes presentaron contra él una querella en la Audiencia Nacional y una demanda civil en la Corte Comercial de Londres. Dos años después, en octubre de 1994, Javier de la Rosa ingresaba por primera vez en la cárcel.De hecho, hoy está en libertad provisional y se enfrenta a peticiones de penas que superan los 52 años de prisión.

El extranjero, por Tom Burns Marañón

Recuerdo a un colega del Financial Times, que fue y sigue siendo muy buen amigo, defendiendo apasionadamente a Javier de la Rosa durante un tiempo que estuvo destinado en España. Lo que más le interesaba del entonces joven financiero, más aún que sus proyectos empresariales, era su condición de outsider, palabra que quiere decir el de fuera, y que se reconoce y es reconocido como un extranjero en su país porque no pertenece a la casta de los que mandan. Este colega y amigo es lo que los ingleses llaman un colonial, en su caso nació y se crió en Sudáfrica, y por lo tanto, por su acento y por sus modos, es todo un outsider en la clasista sociedad británica. Hombre de gran talento y ambición, mi amigo se abrió paso en Londres gracias a su buen hacer, su ingenio y capacidad de utilizar los codos si la situación lo requería. Llegado a Madrid, concluyó sin demora que la clase empresarial española era endogámica hasta decir basta y que despreciaba cuanto ignoraba de un mundo competitivo y meritocrático. En De la Rosa encontró la excepción a la regla y, dicho sea de paso, en Mario Conde también. Decretó que el futuro les pertenecía.

También conocí a De la Rosa en aquella época dorada, aunque le traté menos y no tuve ningún especial flechazo con él. No quiero entrar en los problemas judiciales y me parece, además de mal gusto a estas alturas y a toro pasado, hacer leña del árbol caído.Sólo quisiera dejar constancia de que la Kuwait Investment Office, institución opaca donde las haya, fichó a De la Rosa como moqueta para allanar su desembarco en España creyendo que, además de ser un hombre listo y encantador, era miembro por derecho propio del circuito cerrado de la elite. No cayó en la cuenta de que era un outsider. En eso mi colega tenía razón.

Fuente: El Mundo
18.12.05

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