Seguridad Pública y Protección Civil
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Las muertes y las secuelas neurológicas se pueden reducir un 20% si la
población aprende a «resucitar»
En España se
producen al año 24.500 paradas cardiacas, el 60% ante testigos. La
técnica de reanimación se ha simplificado para que la población actúe
Si en lo que tarda en
leer este reportaje una persona sufriera una parada cardiaca a su lado y
nadie hiciera nada, fallecería ante sus ojos sin remedio. Pero sus
posibilidades de sobrevivir al incidente se duplicarían si usted tuviera
unas nociones básicas de primeros auxilios e inmediatamente empezara a
comprimirle el pecho de forma rítmica en un intento de mantener el
bombeo de sangre de su corazón hasta que llegara un servicio de
emergencia. En España, se producen cada año más de 24.500 paradas
cardiacas fuera de los hospitales y el 60% de estos eventos ocurre
delante de testigos. Sin embargo, solamente en un 12,5% de estos casos
la persona que presencia el incidente inicia las maniobras de
resucitación cardiopulmonar. Por cada minuto de retraso en actuar, las
probabilidades de vivir del afectado se reducen entre un 7% y un 10%.
Cualquier esperanza se acabará en 12 minutos. Las guías internacionales
de reanimación acaban de simplificarse con un objetivo: hacerlas más
asequibles para que la población se anime a salvar vidas.
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En España se produce una
parada cardiaca cada 20 minutos. Seis de cada 10 víctimas de un colapso
fallece antes de llegar al hospital y el motivo más común es que no
tenía cerca a nadie que conociera las técnicas para 'resucitar' su
corazón. Pero muchas más vidas serían recuperables. Si la población
civil adulta estuviera entrenada para realizar un masaje cardiaco y un
boca a boca, la mortalidad y las secuelas neurológicas de los paros
cardiacos podrían reducirse en un 20%. El problema es que solamente
alrededor del 6% de los españoles está preparado para actuar.
Este es el obstáculo que el Comité Internacional de Resucitación (ILCOR,
sus siglas en inglés) se ha propuesto superar con las nuevas guías sobre
Resucitación Cardiopulmonar (RCP) en adultos y niños que acaba de
presentar en Europa, EEUU, Canadá, Australia, los países asiáticos y
suramericanos, en un esfuerzo por unificar a nivel universal unos
criterios mínimos sobre la mejor práctica a la hora de enfrentarse a una
parada cardiaca. La revisión de las últimas normas, emitidas en 2000, ha
supuesto un trabajo de dos años en el que han estado implicados decenas
de investigadores de todo el mundo.
La conclusión ha sido que «hay que optimizar la cadena del socorro»,
según dice Narciso Perales, director gerente del Plan Nacional de
Resucitación Cardiopulmonar de la Sociedad Española de Medicina
Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC). Y para ello es
necesario implicar a la población civil: ¡implicarle a usted, lector!
Según las nuevas recomendaciones internacionales, si una persona sufre
un colapso a su lado, debe proceder del siguiente modo: compruebe si
respira, en caso negativo llame al teléfono de emergencias (112) e,
inmediatamente, inicie una maniobra de resucitación cardiopulmonar, es
decir, un masaje cardiaco y un boca a boca. Gracias a su iniciativa, las
probabilidades de que ese ciudadano sobreviva se duplicarán o
triplicarán. Para ello, presione rítmicamente y con energia el pecho del
accidentado en 30 ocasiones y después haga dos ventilaciones boca a boca
(ver gráfico). Repita estas instrucciones hasta que llegue un servicio
de emergencias.
EMPUJE, EMPUJE.
La recomendación de 30 compresiones y dos ventilaciones sustituye a la
maniobra tradicional de 15 depresiones torácicas '' más dos
ventilaciones. El motivo del cambio es que los estudios demuestran que,
a pesar de que el corazón se pare, con cada 'empujón' aumenta la
cantidad de sangre que circula por el organismo y el cerebro, pero cae
rápidamente si se interrumpe este ejercicio. «Se ha visto que con la
técnica tradicional se suspendía el masaje hasta el 76% del tiempo para
ver si el accidentado respiraba, si tenía pulso...», explica Narciso
Perales. En resumen, los expertos han concluido que reproducir el bombeo
del corazón mediante fuertes empujones aplicados desde el exterior es la
mejor manera de ayudar a la víctima de un colapso, así que han optado
por reducir algunos pasos.
Y esto es válido tanto para adultos como para niños (salvo los
neonatos), otro cambio importante de las nuevas guías, ya que antes se
propugnaban maniobras diferentes según la edad. «Si enseñas a la
población técnicas distintas, la lías», manifiesta Perales.
DISIPAR TEMORES.
No son sólo motivos técnicos los que justifican estas modificaciones. En
el caso de las víctimas pediátricas, el experto español reconoce que
«mucha gente no se atrevía a tocar a los niños por miedo a hacerles
daño». Respecto a que el boca a boca haya perdido protagonismo en
relación con el masaje cardiaco, el temor a contraer una infección por
atender a un colapsado ha disuadido a muchos testigos de prestar ayuda.
«No existe ninguna prueba de que se pueda transmitir el sida por hacer
ventilaciones y la posibilidad de infección es remota. Sin embargo, este
miedo es una barrera y por eso también se insiste en que lo importante
son las compresiones y que, al menos, se haga el masaje», resume el
director del Plan Nacional de RCP.
Impulsar la participación de la población civil en la denominada 'cadena
de supervivencia' ante una parada cardiaca es una meta reciente. Carlos Urquía, representante de Cruz Roja en el Consejo Español de
Resucitación, recuerda los tiempos en los que «se discutía que un
ciudadano hiciera el boca a boca antes de que llegaran los servicios de
emergencia». Hoy, por el contrario, el testigo ha pasado a un primer
plano, «es el primer eslabón de la cadena, el que avisa al 112 y el que
debería iniciar las maniobras de resucitación hasta que llegue personal
formado en primeros auxilios».
Para garantizar una cobertura adecuada, se estima que uno de cada cinco
ciudadanos (el 20% de la población) debería ser capaz de realizar la
resucitación básica. «Estamos aún muy lejos, nuestros cálculos indican
que sólo el 6% de los españoles conoce estas maniobras», asegura Urquía.
Cruz Roja es una de las organizaciones más veteranas del país en la
enseñanza de maniobras de primeros auxilios, como la RCP. «Cada año
capacitamos a 140.000 personas, sobre todo jóvenes y ciudadanos
sensibilizados ante este problema porque han tenido experiencias
cercanas. Pero donde se deben enseñar estas técnicas es en la escuela,
en la educación secundaria», agrega el especialista. Narciso Perales es
de la misma opinión: «Es un elemento cultural imprescindible [la RCP] y
deberían enseñarla los maestros».
La tarea es asumible, un curso para que los ciudadanos aprendan las
técnicas de soporte vital básico no precisa más de cuatro a ocho horas
de dedicación. Cruz Roja (www.cruzroja.es) los imparte en sus 52
delegaciones provinciales a un precio de 30 o 40 euros y tiene una
versión 'on line' a través de Internet.
CÓMO SOBREVIVIR.
Que el testigo dé la alerta e inicie el masaje cardiaco y la ventilación
de forma precoz sirve para ganar tiempo a que llegue la 'llave' 'para la
supervivencia', el único tratamiento capaz de resucitar realmente al
paciente: la desfibrilación temprana. «El 85% de las paradas extrahospitalarias se produce a consecuencia de una alteración del ritmo
cardiaco que se conoce como fibrilación ventricular [un tipo de
arritmia] que, en muchas ocasiones, se manifiesta de forma súbita sin
que el afectado haya experimentado previamente señales de una dolencia
cardiaca», explica el director del Plan Nacional de RCP. «Para resolver
esta alteración y cambiar el ritmo del corazón hay que dar una descarga
eléctrica, eso es lo que hace el desfibrilador», señala Justo Menéndez,
director médico del Instituto de Cardioprotección.
Los estudios han demostrado que si la desfibrilación se aplicara durante
el primer minuto siguiente a la parada, el 90% de los afectados se
recuperaría del trance sin secuelas. La supervivencia se reduce al 74%
si se aplica en los tres minutos posteriores Por cada 60 segundos de
retraso, las posibilidades se reducen en un 7% a 10%, aunque de forma
más lenta (del 3% al 5% por minuto) si alguien ha iniciado el masaje
cardiaco y el boca a boca.
Las recomendaciones internacionales sobre el uso de este dispositivo
también han sufrido cambios. Antes se aconsejaba que el personal de
emergencias o los sanitarios que atendieran a la víctima administraran
tres descargas con el desfibrilador en cada ocasión, ahora el número de
choques se ha limitado a uno. «Se creía que si tras el primero se daba
otro disminuía la resistencia de la piel y de los tejidos y que llegaba
más energía eléctrica al corazón, de manera que la terapia podía ser más
eficaz», resume Perales.
La investigación empezó a poner en evidencia que esta práctica
perjudicaba al masaje cardiaco, porque dejaba de realizarse mientras se
instalaban las palas del desfibrilador, se cargaba y se descargaba sobre
el pecho del paciente. «Se ha visto que el primer choque es el más
importante y útil y que así no se pierde tiempo para hacer el masaje»,
aclara el experto. Ya que la descarga va a ser única, también se
aconseja que sea más potente. Así, las nuevas guías han introducido
cambios en las energías de desfibrilación.
La rapidez es la clave para que la desfibrilación surta efecto. En
España, la implantación de los servicios de emergencia en los últimos 15
años ha representado un avance importante. Según estimaciones de la
SEMICYUC, gracias a este sistema, se podría llegar a atender cada año
hasta el 30% del total de las paradas que se producen en el país,
evitándose entre cien y mil muertes. A pesar de ello, los resultados no
son suficientemente satisfactorios. Los tiempos medios de llegada de los
servicios sanitarios se sitúan entre ocho y 12 minutos. Al final, una de
cada 10 víctimas atendidas ingresa viva en el hospital y, de éstas, sólo
una de cada 10 regresa a su hogar. A nivel mundial, la tasa de
supervivencia global no sobrepasa el 7%. Para mejorar esta cifra, el
horizonte de los especialistas es lograr que la terapia eléctrica pueda
llegar al colapsado antes de cuatro minutos, si está dentro de un
hospital, y antes de cinco, si está en la calle o en su casa (lo que
sucede en el 75% de las paradas extrahospitalarias). La realidad es, sin
embargo, muy distinta.
Perales admite que «ningún país puede cubrir este objetivo», si bien
considera que el hándicap podría superarse al establecer un sistema de
dos escalones, «instalando desfibriladores semiautomáticos de fácil
manejo en espacios públicos y un sistema avanzado de respuesta, el 112
de emergencias, capaz de llegar en seis o siete minutos, y que
incorporara además a otros agentes no sanitarios».
DÓNDE DESFRIBRILAR.
La discusión se centra actualmente en dónde debe estar disponible la
desfibrilación y quién debe llevarla a cabo. El director del Plan
Nacional de RCP, cree que este servicio «debe garantizarse en primer
lugar dentro del sistema sanitario», pero subraya que en muchos
hospitales «funciona de forma deficiente» y que ambulatorios y centros
de salud deberían contar también con este tipo de atención. Respecto a
los primeros intervinientes sanitarios, los servicios de emergencias,
recuerda que todavía «muchas ambulancias españolas no están dotadas de
desfibriladores». En su opinión, otros servicios no sanitarios, como los
efectivos de la policía y bomberos, cuya capacidad de respuesta rápida
los coloca en una situación privilegio para ayudar a las víctimas,
deberían sumarse a la cadena de socorro. «Esto todavía no se contempla
en España», agrega.
Diversas investigaciones han puesto de manifiesto el potencial
salvavidas de estos últimos profesionales porque suelen ser los primeros
en llegar. Un análisis comparó la supervivencia entre las víctimas
atendidas por los sanitarios de emergencias y los bomberos. Los primeros
lograron un 19% de supervivientes, los segundos un 30%. Otro estudio
comprobó que las víctimas atendidas por policías se desfibrilaban casi
un minuto antes y sobrevivían en mayor medida (49% en el grupo asistido
por los agentes y 43% por sanitarios).
Las opiniones divergen sobre la utilidad de estos dispositivos en
lugares públicos y acerca de cuáles son las localizaciones más idóneas.
En general, los especialistas coinciden en que la desfibrilación tiene
interés en espacios inaccesibles al sistema de emergencias, como los
aviones comerciales, o en aquéllos donde existe un riesgo evidente de
que se presenten paradas, bien porque se concentre un número elevado de
personas, como aeropuertos, estaciones de tren o de metro, casinos,
centros comerciales o estadios deportivos, bien porque se reúnan grupos
de alto riesgo, como centros de actividades deportivas (gimnasios
grandes y polideportivos) o residencias de tercera edad.
En España, la presencia de estos aparatos en dichos lugares es casi
anecdótica y el problema es quién los debe manipular. Seis comunidades
autónomas tienen regulada esta cuestión y permiten que lo usen
ciudadanos con una mínima formación. Búsquelos si presencia un accidente
de este tipo, si no, llame al 112 y entre tanto, no se inhiba, actúe.
Más vale un poco de RCP que nada.
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Descargas salvavidas al alcance
de todos |
| La parada cardiaca mata cada
año a 65 jóvenes en centros deportivos españoles. En el metro de
Barcelona se contabilizaron en 12 meses 10 colapsos. La
supervivencia fue 0. Estos son dos ejemplos de espacios públicos
en los que se plantea la conveniencia de ubicar desfribriladores
externos semiautomáticos (DESA), dispositivos de pequeño tamaño
y de fácil uso por personal no sanitario. Se calcula que el
número de aparatos de este tipo instalados actualmente no supera
los 500, la mayoría en coches de policía, bomberos y grandes
fábricas. Varios centros comerciales, grandes empresas, hoteles
de zonas turísticas y estadios deportivos figuran entre la nueva
clientela del Instituto de Cardioprotección, firma que, en
colaboración con Telefónica Salud, pretende repartir en los
próximos tres años entre 5.000 y 10.000 DESA en lugares públicos
de todo el país. La ventaja de los nuevos desfibriladores es su
sencillo manejo (basta seguir las instrucciones verbales que
emite el artilugio y apretar un botón) y su seguridad. Antes de
emitir una descarga, las palas del DESA detectan automáticamente
si la víctima sufre una fibrilación ventricular, en caso
contrario se bloquea y no produce energía. «Este diagnóstico
previo lo hace idóneo para su uso por profanos», explica Justo
Menéndez, director médico del Instituto. Esta compañía se dedica
a alquilar, con un coste mensual de unos 250 euros, lo que
denominan columnas de rescate. No sólo instala la máquina, con
carácter previo chequea el nivel de riesgo de colapso en un
lugar concreto y cuántos desfibriladores son necesarios para
garantizar una asistencia que permita ganar tres o cuatro
minutos a la llegada de los servicios de emergencias. La columna
está conectada directamente con el 112 y, si se abre el
desfibrilador, la llamada salta automáticamente. También forman
a las personas que usarán el DESA, normalmente empleados de sus
clientes. |
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Una asignatura pendiente en los
hospitales |
| Los hospitales españoles
atienden cada año 18.000 paradas cardiacas que se producen
dentro de sus propias instalaciones. Al contrario de lo que
pudiera parecer, sufrir un colapso cardiaco en el hospital y
rodeado de personal sanitario no siempre garantiza la
supervivencia. La mitad de estos eventos se produce fuera de las
áreas críticas (servicios de urgencias, UCI o quirófanos) y la
demora favorece que, en el mejor de los casos, sólo uno de cada
seis pacientes sobreviva y pueda ser dado de alta, de acuerdo a
los datos que maneja el grupo de trabajo de RCP Hospitalaria de
la SEMICYUC. Los expertos de esta sociedad científica consideran
imprescindible disminuir los retrasos en la respuesta
asistencial, optimizando la 'cadena de la supervivencia
hospitalaria'. «Es un contrasentido. Algunos de nuestros
hospitales tienen carencias y tendrían problemas para
acreditarse [como centros sanitarios de calidad] si se le
aplicaran los estándares internacionales», resume Narciso
Perales. Este experto destaca algunos de los fallos del sistema
hospitalario nacional: «Es difícil conseguir la desfibrilación
temprana porque no está estructurada la respuesta, no hay
comités de RCP, ni seguimiento del resultado de las paradas».
Algunos centros ni siquiera tienen estos dispositivos
'salvavidas' en todas las plantas, lo que hace que se pierda un
tiempo precioso. La SEMICYUC propone medidas para organizar un
sistema de respuesta ágil e impulsar la desfibrilación precoz,
como desarrollar programas para detectar a los enfermos más
inestables ingresados en el centro y localizar en qué plantas
están; activar equipos profesionales específicos para asistir a
los pacientes más críticos, que se incorpore un mayor número de
sanitarios al sistema de alarma y se difunda ampliamente el uso
del desfibrilador entre el personal y, también, que si el
paciente no desea ser resucitado, conste claramente. |
Fuente: El Mundo
17.12.05
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