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Lunes 26 de diciembre de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Cazadores de fugitivos

A diferencia de sus compañeros de otras unidades, estos policías no necesitan aportar ni testigos ni pruebas.

 

Son «sabuesos» cuyo cometido es localizar y detener a criminales huidos contra los que otros ya reunieron todos los indicios.

Sus ficheros policiales se parecen a una asamblea general de la ONU por el desfile de nacionalidades. Han apresado a 215 fugitivos de todo el mundo escondidos en los rincones más insospechados de nuestro país en sus casi dos años de vida. Su éxito más reciente y de mayor calado político ha sido la captura hace una semana y media del ex general croata Ante Gotovina en un hotel de Tenerife. Pero antes de acabar con las hazañas del militar lo hicieron con la de peligrosos asesinos triples, narcotraficantes de abolengo entrados en años, delincuentes sexuales escapados del psiquiátrico, estafadores de postín y un completo elenco del crimen con un nexo común: ser los más buscados por varias policías del mundo y haber elegido como refugio España. Los autores de estas «gestas» son los agentes del Grupo de Localización de Fugitivos de la Comisaría General de Policía Judicial, reducido en su plantilla pero integrado por algunos de los funcionarios más veteranos de Estupefacientes y Delincuencia Violenta.

Están a punto de cumplir dos años de existencia y ya sólo tienen días para buscar la fecha de la próxima detención. «No se nos ha escapado ninguno de los objetivos prioritarios», explica con orgullo disimulado el inspector al mando del grupo. La prioridad, en este caso, con decenas de agentes de otros países llamando a las puertas de la Judicial española dada la movilidad de los delincuentes y lo apetecible de nuestro país, la marca la peligrosidad del sujeto, con especial atención a los asesinos y los criminales sexuales. El trabajo de estos especialistas, que han pasado por todos los recovecos de la investigación, le debe mucho al saber buscar y a la paciencia.

Una detención segura

«Somos sabuesos o aves de presa, depende de la fase del caso. Nos tenemos que patear las bases de datos y la información previa del individuo tantas veces como sea necesario hasta centrarlo en un lugar; nos basamos en el factor sorpresa, luego se trata de buscar un momento para que la detención sea segura con cualquier excusa banal», detalla el responsable de los buscadores de fugitivos. Pese al reducido número del grupo y las alimañas a las que se han enfrentado, sólo en dos de las más de doscientas detenciones han tenido que intervenir los grupos de operaciones especiales. Entre arresto y arresto han trabajado hasta 584 casos de forma intensa; unos que darán fruto en los próximos meses y otros que quedarán a la espera de que el fugitivo vuelva a asomar y a ser visto.

Hay un detalle que los distingue no sólo de cualquier agente judicial sino de todo el resto de la plantilla. Ellos no necesitan aportar ni pruebas ni testigos: el delincuente ya es perseguido por la policía de su país, por un juez o por un tribunal internacional, como en el caso de Gotovina, por hechos probados. El trabajo es capturarlo y ponerlo a disposición de quien los busca. Una especie de «cazarrecompensas» sin premio metálico, sino profesional y a veces casi sentimental.

La información de la que se nutre la labor diaria procede de fuentes bien distintas: de la propia Comisaría General con sus grupos de investigación, de Interpol, Europol, Sirene -coordinación de los países del espacio Schengen-, de cualquier plantilla policial del país, de los Juzgados de la Audiencia Nacional, así como de los oficiales de enlace acreditados. El paso previo es comprobar si el buscado es investigado por otros delitos en España para no interferir en las pesquisas. Si hay carta blanca, comienza el intensísimo rastreo de pasaportes, números de identificación de extranjeros, bases de datos de policía local, de coches, de propiedades... Dicen estos expertos que a cualquiera, y los delincuentes no son una excepción, le sale su debilidad. «Si le gusta el sol, se irá a la playa; si le va el juego, acabará en el casino; y si se disloca por las señoritas, acabará frecuentándolas. Así que lo ideal es esperarle allí». Han aguardado a algunos como al abogado José Emilio Rodríguez Menéndez, capturado en Argentina y pendiente de extradición; quizá si lo hubieran sabido y hubieran existido en esas fechas, también habrían esperado a Tony King, el asesino de Sonia Carabantes y presunto de Rocío Wanninkhof, un caso de manual del Grupo de Fugitivos, que se creó, entre otros motivos, para que no se repita.

Gotovina: «Jamás habría comprometido a la Iglesia
en mi huida»
Foto: ABC«You are arrested». «¿Ante Gotovina?». «Yes». «You are arrested». Cinco palabras y poco más de cinco segundos. Ese es el tiempo que duró en un hotel de Tenerife la captura del ex general croata más buscado del mundo. Se acercó a él, discreto y educado, un miembro de los GOE del Cuerpo Nacional de Policía al que sólo se podría identificar en el vídeo grabado por una abultada arma que se adivina bajo su chaqueta. Gotovina no muestra sorpresa, como si estuviera esperando a la Policía porque, como dice uno de los responsables de que ya duerma en la prisión de La Haya, «la vida de fugitivo cansa aunque seas un héroe en tu país».

Gotovina no estaba con su escolta en el hotel Bitácora, como se dijo, sino haciendo negocios con un empresario australiano del mundo de las telecomunicaciones y las inmobiliarias. No tenía ninguna protección personal, y los fieles armados hasta los dientes que darían la vida por el ex general -esa era la información que habían transmitido otras policías europeas- nunca aparecieron. Haciendo gala de su fama en el vuelo que le condujo de Tenerife a Madrid, habló poco y se mostró «frío, elegante y calculador». «No dejaba de buscar una salida. Lo único que le inquietaba era qué le iba a ocurrir», explica un responsable del Grupo de Localización de Fugitivos. «Yo viajaba a su lado y como le vimos tranquilo le mantuvimos sólo con el lazo porque los grilletes casi no le cerraban. No entendía por qué habían fletado un Hércules para su traslado -continúa el policía- y repetía que su detención obedecía a motivos políticos; él no se considera ningún criminal de guerra. Su argumento es que no se puede controlar a un ejército de 80.000 hombres en una guerra y en un territorio propio invadido».

Gotovina negó a sus captores que durante su larga fuga se haya ocultado en algún momento en un monasterio franciscano, como denunció en su día la fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional de la Haya. «Su argumento es contundente: es una persona muy religiosa y jamás habría comprometido a la Iglesia en su huida «política»». La religión que proclama, reflejada en los escapularios y estampas que colocó en su habitación del hotel, no le impide haber vivido como un marqués y tener dos mujeres, una en Croacia, la oficial, y otra en Colombia, la «popular».

Fuente: ABC
18.12.05

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