Seguridad Pública y Protección Civil
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Cazadores de fugitivos
A diferencia de sus
compañeros de otras unidades, estos policías no necesitan aportar ni
testigos ni pruebas.
Son «sabuesos» cuyo cometido es
localizar y detener a criminales huidos contra los que otros ya
reunieron todos los indicios.
Sus ficheros policiales
se parecen a una asamblea general de la ONU por el desfile de
nacionalidades. Han apresado a 215 fugitivos de todo el mundo escondidos
en los rincones más insospechados de nuestro país en sus casi dos años
de vida. Su éxito más reciente y de mayor calado político ha sido la
captura hace una semana y media del ex general croata Ante Gotovina en
un hotel de Tenerife. Pero antes de acabar con las hazañas del militar
lo hicieron con la de peligrosos asesinos triples, narcotraficantes de
abolengo entrados en años, delincuentes sexuales escapados del
psiquiátrico, estafadores de postín y un completo elenco del crimen con
un nexo común: ser los más buscados por varias policías del mundo y
haber elegido como refugio España. Los autores de estas «gestas» son los
agentes del Grupo de Localización de Fugitivos de la Comisaría General
de Policía Judicial, reducido en su plantilla pero integrado por algunos
de los funcionarios más veteranos de Estupefacientes y Delincuencia
Violenta.
Están a punto de cumplir dos años de existencia y ya sólo tienen días
para buscar la fecha de la próxima detención. «No se nos ha escapado
ninguno de los objetivos prioritarios», explica con orgullo disimulado
el inspector al mando del grupo. La prioridad, en este caso, con decenas
de agentes de otros países llamando a las puertas de la Judicial
española dada la movilidad de los delincuentes y lo apetecible de
nuestro país, la marca la peligrosidad del sujeto, con especial atención
a los asesinos y los criminales sexuales. El trabajo de estos
especialistas, que han pasado por todos los recovecos de la
investigación, le debe mucho al saber buscar y a la paciencia.
Una detención segura
«Somos sabuesos o aves de presa, depende de la fase del caso. Nos
tenemos que patear las bases de datos y la información previa del
individuo tantas veces como sea necesario hasta centrarlo en un lugar;
nos basamos en el factor sorpresa, luego se trata de buscar un momento
para que la detención sea segura con cualquier excusa banal», detalla el
responsable de los buscadores de fugitivos. Pese al reducido número del
grupo y las alimañas a las que se han enfrentado, sólo en dos de las más
de doscientas detenciones han tenido que intervenir los grupos de
operaciones especiales. Entre arresto y arresto han trabajado hasta 584
casos de forma intensa; unos que darán fruto en los próximos meses y
otros que quedarán a la espera de que el fugitivo vuelva a asomar y a
ser visto.
Hay un detalle que los distingue no sólo de cualquier agente judicial
sino de todo el resto de la plantilla. Ellos no necesitan aportar ni
pruebas ni testigos: el delincuente ya es perseguido por la policía de
su país, por un juez o por un tribunal internacional, como en el caso de
Gotovina, por hechos probados. El trabajo es capturarlo y ponerlo a
disposición de quien los busca. Una especie de «cazarrecompensas» sin
premio metálico, sino profesional y a veces casi sentimental.
La información de la que se nutre la labor diaria procede de fuentes
bien distintas: de la propia Comisaría General con sus grupos de
investigación, de Interpol, Europol, Sirene -coordinación de los países
del espacio Schengen-, de cualquier plantilla policial del país, de los
Juzgados de la Audiencia Nacional, así como de los oficiales de enlace
acreditados. El paso previo es comprobar si el buscado es investigado
por otros delitos en España para no interferir en las pesquisas. Si hay
carta blanca, comienza el intensísimo rastreo de pasaportes, números de
identificación de extranjeros, bases de datos de policía local, de
coches, de propiedades... Dicen estos expertos que a cualquiera, y los
delincuentes no son una excepción, le sale su debilidad. «Si le gusta el
sol, se irá a la playa; si le va el juego, acabará en el casino; y si se
disloca por las señoritas, acabará frecuentándolas. Así que lo ideal es
esperarle allí». Han aguardado a algunos como al abogado José Emilio
Rodríguez Menéndez, capturado en Argentina y pendiente de extradición;
quizá si lo hubieran sabido y hubieran existido en esas fechas, también
habrían esperado a Tony King, el asesino de Sonia Carabantes y presunto
de Rocío Wanninkhof, un caso de manual del Grupo de Fugitivos, que se
creó, entre otros motivos, para que no se repita.
Gotovina: «Jamás habría
comprometido a la Iglesia
en mi huida» |
«You are arrested». «¿Ante Gotovina?». «Yes». «You are arrested».
Cinco palabras y poco más de cinco segundos. Ese es el tiempo
que duró en un hotel de Tenerife la captura del ex general
croata más buscado del mundo. Se acercó a él, discreto y
educado, un miembro de los GOE del Cuerpo Nacional de Policía al
que sólo se podría identificar en el vídeo grabado por una
abultada arma que se adivina bajo su chaqueta. Gotovina no
muestra sorpresa, como si estuviera esperando a la Policía
porque, como dice uno de los responsables de que ya duerma en la
prisión de La Haya, «la vida de fugitivo cansa aunque seas un
héroe en tu país».
Gotovina no estaba con su escolta en el hotel Bitácora, como se
dijo, sino haciendo negocios con un empresario australiano del
mundo de las telecomunicaciones y las inmobiliarias. No tenía
ninguna protección personal, y los fieles armados hasta los
dientes que darían la vida por el ex general -esa era la
información que habían transmitido otras policías europeas-
nunca aparecieron. Haciendo gala de su fama en el vuelo que le
condujo de Tenerife a Madrid, habló poco y se mostró «frío,
elegante y calculador». «No dejaba de buscar una salida. Lo
único que le inquietaba era qué le iba a ocurrir», explica un
responsable del Grupo de Localización de Fugitivos. «Yo viajaba
a su lado y como le vimos tranquilo le mantuvimos sólo con el
lazo porque los grilletes casi no le cerraban. No entendía por
qué habían fletado un Hércules para su traslado -continúa el
policía- y repetía que su detención obedecía a motivos
políticos; él no se considera ningún criminal de guerra. Su
argumento es que no se puede controlar a un ejército de 80.000
hombres en una guerra y en un territorio propio invadido».
Gotovina negó a sus captores que durante su larga fuga se haya
ocultado en algún momento en un monasterio franciscano, como
denunció en su día la fiscal jefe del Tribunal Penal
Internacional de la Haya. «Su argumento es contundente: es una
persona muy religiosa y jamás habría comprometido a la Iglesia
en su huida «política»». La religión que proclama, reflejada en
los escapularios y estampas que colocó en su habitación del
hotel, no le impide haber vivido como un marqués y tener dos
mujeres, una en Croacia, la oficial, y otra en Colombia, la
«popular». |
Fuente: ABC
18.12.05
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