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El otro 'tsunami' de Sri
Lanka
Por todo el este
del país, el conflicto con la guerrilla tamil ha dejado miles de
víctimas que no reciben ayudas
Casi todos quieren ser médicos o
maestros, pero los hay también que sueñan con dirigir una escuela o ser
miembros del Parlamento. Hace poco también se definieron dos o tres
aguerridos periodistas. Los niños de la escuela de primaria de Viracholai, en la región este de Ampara, no se mojaron siquiera los pies
con el tsunami. Su poblado se encuentra a 25 kilómetros tierra adentro
por un camino prácticamente inaccesible, sin agua corriente,
electricidad ni medios de transporte. Si hubiera llegado hasta sus casas
la gran ola del pasado 26 de diciembre, probablemente se la hubieran
bebido como desesperados. No le tienen miedo al mar, sólo a la guerra
civil que les echó de sus casas hace más de una década.
La situación de estos pequeños y en general la de las 600 personas todos
de etnia tamil que malviven en Viracholai es de indigencia casi
absoluta. Sus ingresos y las difíciles condiciones en las que
desarrollan su existencia les mantienen por debajo del umbral de la
pobreza. El único lujo que se permiten es tener una escuela a la que
asisten los niños, como mucho, hasta los 13 años. El siguiente escalón
educativo está a unos inaccesibles 25 kilómetros.La dispersión de las
viviendas obliga al maestro a ejercer de padre de familia. Tasiharam
tiene 27 años y más de 100 niños a su cargo. A los que viven más lejos
tiene que darles de comer.Para ello, en un cuartucho guarda los sacos
del Programa Mundial de Alimentos.
Viracholai es el asentamiento más remoto de la zona. Está igualmente
lejos de cualquier ciudad o pueblo importante. El claustro de profesores
está compuesto por seis personas, casi todos voluntarios.Es el caso de
Kavari, una joven tamil de 23 años: «La vida aquí es muy difícil. A
veces llueve tanto que todo se inunda, y otras es tan seco que no hay
agua en los pozos y hay que ir andando a buscarla a varios kilómetros»,
explica.
Lo que Kavari llama «pozos» son, literalmente, agujeros excavados en el
suelo en los que recogen agua de lluvia del monzón que toman para beber,
lavarse y cocinar.
El agua es ciertamente el segundo problema de Viracholai. El tercero es
la electricidad, que simplemente no existe y el cuarto el transporte,
que no llega hasta el poblado. Pero el primero de sus problemas, aún en
tiempos de tregua, sigue siendo el conflicto civil.
En la región de Ampara, al este del país, el 40% de los habitantes está
afectado por el tsunami que barrió sus tierras el 26 de diciembre del
año pasado. El 60% restante es víctima colateral de un conflicto que ya
dura más de 20 años. Las cifras convergen en casi todos los aspectos:
mientras la guerra ha costado más de 12.000 vidas entre esta gente
(60.000 en todo el país), la gran ola se llevó en 20 minutos a más de
15.000. En lo único que ambas tragedias se diferencian es en la ayuda
que reciben.Mientras que las víctimas de tsunami, gracias a las ONG y a
la ayuda del Gobierno ya están realojadas en viviendas temporales, con
sus medios de vida en vías de recuperación, sus hijos escolarizados y
sus pensiones compensatorias embolsadas, los refugiados tamiles por el
conflicto malviven en viviendas de cartones y chapas, beben agua de
lluvia, no disponen de letrinas y trabajan en lo que pueden.
El próximo año, Oxfam tiene intención de comenzar a trabajar en
Viracholai y en otros 30 asentamientos de este tipo que hay en la región
de Ampara, todos habitados en su mayoría por tamiles.El objetivo es
proporcionarles viviendas adecuadas, agua potable y condiciones de
saneamiento dignas e iniciar programas de género.Si la tensa situación
entre el Gobierno y la guerrilla lo permite, este proyecto se
desarrollará al menos durante tres años.
Viracholai fue en los años 90 uno de los principales territorios de
conflicto. Los restos que quedan de aquella época son ruinas diseminadas
e invadidas por la vegetación que en este país se adueña de todo. Las
familias que vivían en el poblado en aquella época se vieron obligadas a
huir a Trincomalee, en el norte.Hace tres años volvieron, esta vez para
quedarse en los restos de sus casas.
«Nosotros creemos en Dios, no en el Gobierno que no ha hecho nada por
nosotros ni lo hará jamás». Valiame, de 53 años, no tiene ninguna fe en
las órdenes que salgan de Colombo. Su mayor miedo no es el próximo
monzón, sino que guerrilla y Gobierno no alcancen un acuerdo, «así, el
futuro de estos niños es incierto».
Los hombres de Viracholai no quieren hablar del conflicto. Aseguran que
sí, que son tamiles, pero también son desplazados, que no quieren
guerras, que sólo quieren vivir un poco mejor y sin miedo al mañana.
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La ONU denuncia que muchas
víctimas sobreviven en malas condiciones |
Un año después del 'tsunami'
que asoló las costas del sur y el sureste asiático y mató a más
de 220.000 personas, la ONU ha mostrado su inquietud por la
persistencia de condiciones inadecuadas de vida de los
supervivientes.
«Un gran número de ellos están obligados a vivir en condiciones
que no respetan los criterios de alojamiento adecuado y
condiciones de vida dictadas por los estándares internacionales
en materia de derechos del hombre», estimó Miloon Kothari,
relator especial de la ONU para la adecuación del habitat, y
Walter Kälin, representante de Kofi Annan para los Derechos
Humanos de las personas desplazadas.
«Una mayoría de individuos vive aún en refugios provisionales»,
precisaron. «Otros aún se ven obligados a residir en casas
dañadas por la falta de alternativas disponibles y adecuadas»,
señalaron, poniendo de manifiesto que estas personas a menudo
carecen de acceso a derechos básicos como el agua, la higiene o
la atención médica. «Estamos preocupados porque los esfuerzos de
reconstrucción estén minados por serios retrasos», declararon
los dos responsables. «La presencia de fuerzas militares en
ciertos campos que albergan supervivientes del 'tsunami', así
como la falta de intimidad en los refugios ha hecho concebir
serias preocupaciones sobre la seguridad física de las mujeres»,
añadieron. Respecto a la ayuda española, Intermón Oxfam denunció
ayer que «ni un sólo euro» de los 50 millones en créditos
ofrecidos por el Gobierno para paliar las consecuencuas del
maremoto ha llegado a su destino.En el balance de la ONG sobre
las actuaciones llevadas a cabo, Intermón recuerda que el 70% de
la ayuda humanitaria española se realizó a través de los
créditos FAD, una ayuda que los países afectados no han
aceptado.
Entre los datos positivos, un estudio de Oxfam International
asegura que el 60% de las personas que perdieron su empleo a
consecuencia del 'tsunami' ya están trabajando. |
Fuente: El Mundo
20.12.05
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