Planes de emergencia exterior en instalaciones con sustancias químicas o
combustibles
Galicia tiene 5
instalaciones con sustancias peligrosas
Galicia cuenta con cinco planes de
emergencia exterior para las plantas que considera de alto riesgo, y
pronto se añadirá otro tras la entrada en funcionamiento y posterior
evaluación de la de Reganosa en Ferrol. En la actualidad, los cinco
puntos que cuentan con esta consideración son las plantas de Repsol y
CLH en la Grela-Bens (A Coruña), Ence y Elnosa en Pontevedra; Forestal
del Atlántico en Mugardos; y Foresa tanto en Caldas de Reis como en los
depósitos de Ferrazo de Vilagarcía.
Nunca se ha llegado a activar ninguno
de ellos y el riesgo de una hecatombe es ínfimo, explica el jefe del
Servicio de Planificación de Protección Civil, Ignacio Garrote. Sin
embargo, su responsabilidad es prever “incluso lo peor en el terreno
teórico, aunque en el práctico no pueda suceder”.
Esos procedimientos contemplan todo el
operativo que vela por la seguridad en las plantas de alto riesgo que
contengan sustancias químicas o combustibles. Todas estas poseen un
plan de emergencia interno, pero paras las de mayor peligrosidad la
Administración debe contemplar otro exterior. Es el caso de las cinco
instalaciones mencionadas.
Una cadena en marcha
Estos protocolos de seguridad
se activarían en cuanto el accidente afectase al exterior de las
instalaciones, pero Garrote recuerda que antes de que llegue a ese
punto, estarían ya preparados. “No le damos a un botón y se activa, sino
que se sigue la evolución de un posible suceso horas antes y todo se
tiene listo para que cuando se active todo el dispositivo, esté en su
sitio”, explica a modo de ejemplo.
En cuanto saltase la alarma,
estarían en alerta los grupos de intervención (bomberos), los de
seguridad química, el sanitario y otro logístico, pero es cada uno de
estos departamentos el que decide cuántos medios destinaría en cada
operación. La coordinación recaería en la dirección de Protección Civil.
Sin embargo, Garrote considera el
pánico uno de los principales enemigos en cuanto a gestión de una
catástrofe. “Sólo se le tiene miedo a lo que se desconoce”, sentencia
para explicar que la información a la población de los riesgos reales es
una necesidad igual de importante que la elaboración del plan.
La histeria, un miedo
De hecho, recuerda que no han recibido
ninguna pregunta relativa a la seguridad por parte de la población de
los alrededores de la refinería, cuya suspicacia siempre es elevada. La
histeria se convierte en un enemigo a evitar que sólo puede entorpecer
las labores de emergencia. Sucesos como el reciente incendio en un
aeropuerto cercano a Londres contribuyen a fomentar esos miedos cuando
se ven unas instalaciones de riesgo a unos metros del hogar.
Sin embargo, Garrote apunta que desde
el año 1964, fecha de puesta en funcionamiento de la refinería, no han
producido situaciones de riesgo destacable para el entorno (categoría 2)
Un gran simulacro en otoño
Dentro de los planes de emergencia se
contempla la realización de un simulacro que, en el paradigmático caso
de Bens, afectaría un área de unos tres kilómetros a la redonda y a
8.000 personas, a pesar de que es improbable que la cadena de una
explosión no se detenga antes de poseer tal envergadura que obligue a
ello.
Sin embargo, el primero se realizará a
mediados del próximo año, probablemente en otoño. Garrote explica que es
preciso “definir los criterios de evaluación” para saber qué tiempo de
intervención es necesario, el de llegada, el de coordinación de
medios...
De hecho, confiesa que se han
realizado múltiples ejercicios (como la comprobación de tiempos de
respuesta de los bomberos), pero un simulacro con una envergadura así
precisa ser medido casi al milímetro.
Sin embargo, sí han probado en
diversas ocasiones las alarmas, pero mediante ultrasonidos precisamente
para evitar que, sin motivo aparente, saltase la alarma entre la
población. n ese sentido, el responsable de Planificación de Protección
Civil explica que el riesgo es mínimo, pero asumido como una parte
sustancial al estilo de vida actual y a sus comodidades.
Además, Garrote reitera el conocimiento
exhaustivo de materiales (combustibles y gas) de cada una de las cinco
plantas de gran riesgo, gracias a la labor exhaustiva de elaboración del
Plan de Emergencias Exterior de cada una de ellas, revisado cada lustro.
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Las empresas de repostaje velan
por la seguridad de los depósitos |
| La impericia y el error
humano se encuentran detrás de la mayor parte de los accidentes
de este tipo, coinciden varios expertos. Buena muestra fue el
registrado el 4 de noviembre en el aeropuerto de Lavacolla,
cuando un camión de repostaje con queroseno chocó con el ala de
un avión. Fue una
anécdota, pues trabajadores con gran experiencia comentaron que
no se había producido en 25 años.
Sin embargo, el reciente
incidente en Londres ha puesto en alerta tanto a las direcciones
de los aeropuertos de AENA, como a empresas de transporte y
almacenamiento de combustibles, como la multinacional CLH.
El dato más curioso es que son
las propias empresas de repostaje las que velan por la seguridad
de sus propios depósitos sin control constante por parte de la
Administración, a pesar de contar con todas las garantías de
seguridad exigidas legalmente.
Se encargan de los servicios
de repostaje las compañía Repsol y CLH en Santiago, y ésta
última en el caso de los de Vigo y A Coruña.
Además, AENA desconoce la
cantidad que cada una de esas empresas posee en sus depósitos,
situados “en el lado aire en zonas debidamente señalizadas y
controladas”, según su servicio de prensa. En ellos se guardan
queroseno y gasolina. |
Fuente: El Correo
Gallego
18.12.05