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Martes 27 de diciembre de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Planes de emergencia exterior en instalaciones con sustancias químicas o combustibles

Galicia tiene 5 instalaciones con sustancias peligrosas

 

Galicia cuenta con cinco planes de emergencia exterior para las plantas que considera de alto riesgo, y pronto se añadirá otro tras la entrada en funcionamiento y posterior evaluación de la de Reganosa en Ferrol. En la actualidad, los cinco puntos que cuentan con esta consideración son las plantas de Repsol y CLH en la Grela-Bens (A Coruña), Ence y Elnosa en Pontevedra; Forestal del Atlántico en Mugardos; y Foresa tanto en Caldas de Reis como en los depósitos de Ferrazo de Vilagarcía.

Nunca se ha llegado a activar ninguno de ellos y el riesgo de una hecatombe es ínfimo, explica el jefe del Servicio de Planificación de Protección Civil, Ignacio Garrote. Sin embargo, su responsabilidad es prever “incluso lo peor en el terreno teórico, aunque en el práctico no pueda suceder”.

Esos procedimientos contemplan todo el operativo que vela por la seguridad en las plantas de alto riesgo que contengan sustancias químicas o combustibles. Todas estas poseen un plan de emergencia interno, pero paras las de mayor peligrosidad la Administración debe contemplar otro exterior. Es el caso de las cinco instalaciones mencionadas.

Una cadena en marcha

Estos protocolos de seguridad se activarían en cuanto el accidente afectase al exterior de las instalaciones, pero Garrote recuerda que antes de que llegue a ese punto, estarían ya preparados. “No le damos a un botón y se activa, sino que se sigue la evolución de un posible suceso horas antes y todo se tiene listo para que cuando se active todo el dispositivo, esté en su sitio”, explica a modo de ejemplo.

En cuanto saltase la alarma, estarían en alerta los grupos de intervención (bomberos), los de seguridad química, el sanitario y otro logístico, pero es cada uno de estos departamentos el que decide cuántos medios destinaría en cada operación. La coordinación recaería en la dirección de Protección Civil.

Sin embargo, Garrote considera el pánico uno de los principales enemigos en cuanto a gestión de una catástrofe. “Sólo se le tiene miedo a lo que se desconoce”, sentencia para explicar que la información a la población de los riesgos reales es una necesidad igual de importante que la elaboración del plan.

La histeria, un miedo

De hecho, recuerda que no han recibido ninguna pregunta relativa a la seguridad por parte de la población de los alrededores de la refinería, cuya suspicacia siempre es elevada. La histeria se convierte en un enemigo a evitar que sólo puede entorpecer las labores de emergencia. Sucesos como el reciente incendio en un aeropuerto cercano a Londres contribuyen a fomentar esos miedos cuando se ven unas instalaciones de riesgo a unos metros del hogar.

Sin embargo, Garrote apunta que desde el año 1964, fecha de puesta en funcionamiento de la refinería, no han producido situaciones de riesgo destacable para el entorno (categoría 2)

Un gran simulacro en otoño

Dentro de los planes de emergencia se contempla la realización de un simulacro que, en el paradigmático caso de Bens, afectaría un área de unos tres kilómetros a la redonda y a 8.000 personas, a pesar de que es improbable que la cadena de una explosión no se detenga antes de poseer tal envergadura que obligue a ello.

Sin embargo, el primero se realizará a mediados del próximo año, probablemente en otoño. Garrote explica que es preciso “definir los criterios de evaluación” para saber qué tiempo de intervención es necesario, el de llegada, el de ­coordinación de medios...

De hecho, confiesa que se han realizado múltiples ejercicios (como la comprobación de tiempos de respuesta de los bomberos), pero un simulacro con una envergadura así precisa ser medido casi al milímetro.

Sin embargo, sí han probado en diversas ocasiones las alarmas, pero mediante ultrasonidos precisamente para evitar que, sin motivo aparente, saltase la alarma entre la población. n ese sentido, el responsable de Planificación de Protección Civil explica que el riesgo es mínimo, pero asumido como una parte sustancial al estilo de vida actual y a sus comodidades.

Además, Garrote reitera el conocimiento exhaustivo de materiales (combustibles y gas) de cada una de las cinco plantas de gran riesgo, gracias a la labor exhaustiva de elaboración del Plan de Emergencias Exterior de cada una de ellas, revisado cada lustro.

Las empresas de repostaje velan por la seguridad de los depósitos
La impericia y el error humano se encuentran detrás de la mayor parte de los accidentes de este tipo, coinciden varios expertos. Buena muestra fue el registrado el 4 de noviembre en el aeropuerto de Lavacolla, cuando un camión de repostaje con queroseno chocó con el ala de un avión.

Fue una anécdota, pues trabajadores con gran experiencia comentaron que no se había producido en 25 años.

Sin embargo, el reciente incidente en Londres ha puesto en alerta tanto a las direcciones de los aeropuertos de AENA, como a empresas de transporte y almacenamiento de combustibles, como la multinacional CLH.

El dato más curioso es que son las propias empresas de repostaje las que velan por la seguridad de sus propios depósitos sin control constante por parte de la Administración, a pesar de contar con todas las garantías de seguridad exigidas legalmente.

Se encargan de los servicios de repostaje las compañía Repsol y CLH en Santiago, y ésta última en el caso de los de Vigo y A Coruña.

Además, AENA desconoce la cantidad que cada una de esas empresas posee en sus depósitos, situados “en el lado aire en zonas debidamente señalizadas y controladas”, según su servicio de prensa. En ellos se guardan queroseno y gasolina.

Fuente: El Correo Gallego
18.12.05

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