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Lunes, 17 de enero de 2005


Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Seguridad

La calidad alimentaria vigilada por microchip

La microelectrónica se está abriendo camino en el campo de la seguridad alimentaria a través del proyecto europeo Good Food que, de la mano del CSIC, coordina el trabajo de 29 socios de diez países Estados miembros.

 

En el marco del proyecto europeo Good Food, dirigido a desarrollar tecnología para mejorar la seguridad alimentaria, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha realizado una amplia encuesta entre diversas empresas del sector alimentario europeo para concretar cuáles son los residuos que hay que detectar y eliminar con prioridad de los alimentos.

El proyecto se centra en cuatro grupos de productos tipo: la leche y sus derivados, el vino, el pescado y las frutas. El CSIC encabeza el plan Good Food, integrado por 29 socios de diez Estados miembros de la Unión Europea, donde la presencia de los países mediterráneos es superior debido al gran peso que la agricultura tiene en sus economías.

Carlos Cané, investigador del CSIC e integrante del equipo español, ha explicado a Diario Médico que "la iniciativa se coordina desde España en el Centro Nacional de Microelectrónica del CSIC, de Barcelona. Se calcula que anualmente participarán 3.000 personas de los diez países, lo que demuestra que es un proyecto ambicioso, potente e importante, en el que trabajamos investigadores, biólogos, informáticos, físicos, ingenieros y expertos en comunicaciones".

Tras el primer año de trabajo, los expertos han obtenido de manos de los máximos representantes del sector alimentario en Europa el listado de las principales sustancias que hay que controlar en los cuatro grupos elegidos.

"Las empresas lácteas han revelado a través de las encuestas que los residuos más cuestionables son los antibióticos bectalactamos, cloranfenicol, tetraciclinas, sulfonamidas, macrólidos y aminoglicosidos, utilizados con frecuencia en el ganado", ha indicado Cané.

Desde el sector vitivinícola, las fuentes consultadas han incidido en la necesidad de controlar en el vino los pesticidas 2, 4, 6 triclorofenol, la simazina, la atrazina y el clozolinato, junto con el moho Aspergillus, típico de la uva, el Penicillium expansum, propio de las manzanas, y las micotoxinas generadas por estos mohos (ochratoxina A y patulina).

En el caso de la fruta, las principales sustancias que conviene analizar son el etileno y el amoniaco. Finalmente, en cuanto al pescado, las empresas especializadas han concluido que la trimetilamina (TMA), el amoniaco y el nitrógeno básico volátil (TVB-N) son los gases que actúan como indicadores de la pérdida de frescura.

Microelectrónica

Con el listado de residuos que hay que controlar ya definido, y conscientes de que la aplicación de la microelectrónica puede ir mucho más allá del campo de la informática, la telefonía móvil, la automoción y la biomedicina, los investigadores del centro catalán que participan en el proyecto europeo están trabajando paralelamente en el desarrollo de unos microchip que servirán para realizar los controles de seguridad y calidad de los alimentos. Es la segunda parte de este ambicioso programa, que ha recibido casi 18 millones de euros de la Comisión Europea para financiar sus cuatro años de vida.

Detectores de sustancias

Según Cané, "el objetivo es crear los microchip con sensores químicos, físicos y biológicos, que puedan detectar tanto sustancias químicas -antibióticos, pesticidas y micotoxinas- como organismos vivos (patógenos y hongos). Las ventajas son múltiples aunque hay que destacar su bajo coste y consumo de reactivos, su portabilidad, su fácil manejo y la rapidez de respuesta". Y es que si hasta ahora el análisis de calidad de la leche tardaba unos 30 minutos, la nueva técnica permitirá obtener los resultados en un par de minutos, con una fiabilidad del cien por cien, evitando, además, el traslado de las muestras a los centros de estudio.

"Con la tecnología microelectrónica podemos disponer de un sistema portátil que nos sirve en los tres momentos más relevantes del proceso de producción de los alimentos: después de su recolección, tras su transporte a los centros de consumo y en el momento previo a ser comprados por el consumidor; el test se hace mucho más rápido y el coste es menor que en los laboratorios", ha recordado el experto.

Fuente: Diario Médico
05.01.04

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