Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Seguridad
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La calidad alimentaria
vigilada por microchip
La microelectrónica
se está abriendo camino en el campo de la seguridad alimentaria a través
del proyecto europeo Good Food que, de la mano del CSIC, coordina el
trabajo de 29 socios de diez países Estados miembros.
En el
marco del proyecto europeo Good Food, dirigido a desarrollar tecnología
para mejorar la seguridad alimentaria, el Consejo Superior de
Investigaciones Científicas (CSIC) ha realizado una amplia encuesta
entre diversas empresas del sector alimentario europeo para concretar
cuáles son los residuos que hay que detectar y eliminar con prioridad de
los alimentos.
El
proyecto se centra en cuatro grupos de productos tipo: la leche y sus
derivados, el vino, el pescado y las frutas. El CSIC encabeza el plan
Good Food, integrado por 29 socios de diez Estados miembros de la Unión
Europea, donde la presencia de los países mediterráneos es superior
debido al gran peso que la agricultura tiene en sus economías.
Carlos
Cané, investigador del CSIC e integrante del equipo español, ha
explicado a Diario Médico que "la iniciativa se coordina desde España en
el Centro Nacional de Microelectrónica del CSIC, de Barcelona. Se
calcula que anualmente participarán 3.000 personas de los diez países,
lo que demuestra que es un proyecto ambicioso, potente e importante, en
el que trabajamos investigadores, biólogos, informáticos, físicos,
ingenieros y expertos en comunicaciones".
Tras el
primer año de trabajo, los expertos han obtenido de manos de los máximos
representantes del sector alimentario en Europa el listado
de las principales sustancias que hay que controlar en los
cuatro grupos elegidos.
"Las empresas lácteas han revelado a través de las encuestas que los
residuos más cuestionables son los antibióticos
bectalactamos, cloranfenicol, tetraciclinas, sulfonamidas, macrólidos y
aminoglicosidos, utilizados con frecuencia en el ganado", ha indicado
Cané.
Desde el sector vitivinícola, las fuentes consultadas han incidido en la
necesidad de controlar en el vino los pesticidas 2, 4, 6 triclorofenol,
la simazina, la atrazina y el clozolinato, junto con el moho Aspergillus,
típico de la uva, el Penicillium expansum, propio de las manzanas, y las
micotoxinas generadas por estos mohos (ochratoxina A y patulina).
En el caso de la fruta, las principales sustancias que conviene analizar
son el etileno y el amoniaco. Finalmente, en cuanto al pescado,
las empresas especializadas han concluido que la trimetilamina (TMA), el
amoniaco y el nitrógeno básico volátil (TVB-N) son los gases que actúan
como indicadores de la pérdida de frescura.
Microelectrónica
Con el
listado de residuos que hay que controlar ya definido, y
conscientes de que la aplicación de la microelectrónica puede ir
mucho más allá del campo de la informática, la telefonía móvil, la
automoción y la biomedicina, los investigadores del centro catalán que
participan en el proyecto europeo están trabajando paralelamente en el
desarrollo de unos microchip que servirán para realizar
los controles de seguridad y calidad de los alimentos. Es la segunda
parte de este ambicioso programa, que ha recibido casi 18 millones de
euros de la Comisión Europea para financiar sus cuatro años de vida.
Detectores de sustancias
Según
Cané, "el objetivo es crear los microchip con sensores
químicos, físicos y biológicos, que puedan detectar tanto sustancias
químicas -antibióticos, pesticidas y micotoxinas- como organismos vivos
(patógenos y hongos). Las ventajas son múltiples aunque hay que
destacar su bajo coste y consumo de reactivos, su portabilidad, su fácil
manejo y la rapidez de respuesta". Y es que si hasta ahora el análisis
de calidad de la leche tardaba unos 30 minutos, la nueva técnica
permitirá obtener los resultados en un par de minutos, con una
fiabilidad del cien por cien, evitando, además, el traslado
de las muestras a los centros de estudio.
"Con la tecnología microelectrónica podemos disponer de un sistema
portátil que nos sirve en los tres momentos más relevantes del
proceso de producción de los alimentos: después de su recolección,
tras su transporte a los centros de consumo y en el momento previo a ser
comprados por el consumidor; el test se hace mucho más rápido y el coste
es menor que en los laboratorios", ha recordado el experto.
Fuente: Diario Médico
05.01.04
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