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Lunes 17 de enero de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

"Discutamos las tesis de los agresores"

José María Ridao, escritor y diplomático

 

José María Ridao (Madrid, 1961), licenciado en Filología Árabe y Derecho, es diplomático -en la actualidad, embajador de España ante la UNESCO- y escritor. La editorial Tusquets, en su colección Kriterios, acaba de publicar su última reflexión "sobre la legitimación de la violencia", un volumen titulado La paz sin excusa.

foto: El País

Pregunta. Su nuevo libro ¿puede leerse como una crítica a la obsesión por buscarse unos orígenes?

Respuesta. De lo que se trata es de establecer el vínculo que permite pasar de esa reivindicación de unos orígenes -religiosos, étnicos, históricos, culturales...- a justificar la utilización de la violencia en nombre de la superioridad de un Dios, una raza, un pueblo o una civilización. Hablo de la necesidad del pacifismo, del pacifismo tal y como lo presentó Erasmo de Rotterdam, que no dirigía sus argumentos a las víctimas sino a los agresores. Hay que debatir los argumentos de estos últimos, demostrar su falacia, hacerla evidente ante la opinión pública y sólo aceptar la necesidad de la violencia cuando estamos ante un caso de legítima defensa.

P. A menudo el agresor no escucha los razonamientos de la víctima, actúa de mala fe o presenta pruebas falsas, como Powell en la ONU.

R. El problema de la buena o mala fe es secundario, como cuando se alega haber cometido un error por ignorancia. Estamos hablando de política y conviene delimitar la esfera de ésta, no dejar que la invadan los juicios morales, las consideraciones históricas u otras argumentaciones exteriores a su naturaleza. Cuando un Gobierno se equivoca, ni que sea de buena fe, es responsable por incompetente. Su misión consiste en gestionar el interés colectivo y hacerlo procurando causar el menor sufrimiento posible. En contra de lo que se ha dicho, el hecho de que se pudiera demostrar que los argumentos de Powell eran falsos, como lo eran también las fotos que presentó ante la ONU, no desacredita a ésta, pues fue en su seno donde se discutió si existía o no una amenaza de armas de destrucción masiva. Y la ONU no aprobó la intervención militar en Irak, que se ha llevado a término sin el respaldo de la institución...

P. ...que es muy criticada...

R. ...y que necesita ser reformada pero no creada de nueva planta. La ONU nació para evitar el enfrentamiento entre naciones, sobre todo las que estaban presentes en los órganos decisorios, y EE UU, Francia, Gran Bretaña, China y la Unión Soviética no entraron en guerra. La misión de la ONU no era impedir la existencia de las dictaduras, como dicen algunos de sus detractores, pues basta con ver que entre los miembros fundadores está la URSS de Stalin para saber que nunca se pensó que los cascos azules fueran a inmiscuirse en los "asuntos internos" de cada país. Hoy los países que pueden ser un peligro para la paz mundial, que pueden declararle la guerra a su vecino, no están representados en el Consejo de Seguridad, y ese es un problema, pero hay que evitar que la ONU deje de tener como objetivo la preservación de la paz para trocarla por "seguridad", es decir, que pase de ocuparse en hacer imposible el estallido guerrero a procurar que éste sea favorable a las actuales potencias y a las nuevas misiones que pretenden definir, como la prevención del terrorismo.

P. Su libro relativiza la supuesta amenaza islamista y hace un elogio del arabismo español.

R. El elogio queda circunscrito a dos grandes arabistas españoles, Asín Palacios y Juan Vernet, que me temo son excepciones dentro de la tradición hispana de estudios árabes, que tenía como principal objetivo demostrar la superioridad de la civilización cristiana sobre el islam y procurar una coartada político-cultural que justificase el colonialismo español en Marruecos. Asín Palacios entendió que la Divina Comedia de Dante Alighieri era una obra muy influida por relatos que provenían de la tradición árabe, esa misma Divina Comedia que se ha presentado como obra fundadora del espíritu europeo, creación original del genio exclusivamente italiano; Vernet ha estudiado lo que Europa le debe al Islam de España, los descubrimientos científicos que el Renacimiento hizo suyos cuando venían de otros horizontes.

P. Se muestra muy crítico con el empleo actual del término "cultura".

R. Es que cuando se habla de cultura antes hay que ponerse de acuerdo acerca de qué estamos hablando. ¿La cultura como lo opuesto a la ignorancia? Si es así, entonces hay que precisar qué conocimientos nos son válidos, qué es lo que una persona culta no puede dejar de conocer. Un ciudadano culto sabe de Voltaire, Shakespeare y Cervantes pero no es frecuente que se sienta en falta si no conoce a Ibn Jaldun. También existe una idea de cultura que la convierte en sinónimo de tradición y contrapone una tradición a otra, casi siempre a favor de la propia, claro. O hay un gran entusiasmo por lo "multicultural" entendido como comunitario y relativista. La multiculturalidad es lo opuesto a la ciudadanía de la misma manera que la cultura-tradición es sinónimo de abrirle la puerta al determinismo, convierte a los hombres en inasimilables. En vez de progresar la libertad del hombre frente a los condicionantes se defiende su sumisión ante ellos.

P. ¿El ingreso de Turquía en la UE puede servir para mejor definir la Europa del futuro?

R. Si el debate se hace con categorías políticas, sí. Por ejemplo, hay que saber si la UE está dispuesta a llevar a cabo una política de cohesión con un país de 70 millones de habitantes y con un nivel de PIB que corresponde al 30% de la media comunitaria. Hay que observar como evoluciona Turquía en materia de separación de poderes, seguir sus transformaciones en materia de derechos de la mujer, pero lo que no hay que hacer es cuestionarse sobre si se trata de la entrada de 70 millones de musulmanes. La civilización o la cultura no deben ocupar el espacio que corresponde al debate político. Existe una reflexión de Popper que plantea muy bien el problema: "Hay que moralizar la vida política pero no hacer moral con la política".

P. Pero estamos en plena lucha contra el "eje del Mal".

R. Los neoconservadores afirman que estamos ante una situación nueva, que hemos entrado en una nueva era y que nada de lo conocido antes vale. Es todo tan nuevo que podemos incluso olvidarnos de debates que habíamos dado por cerrados, como el de si el fin justifica los medios. En la nueva era se puede declarar una guerra para imponer la democracia, como antes se podía colonizar y explotar un país en nombre del progreso de la ciencia o esclavizar un continente para convertir a los indios al Dios de los cristianos.

P. En su ensayo hay una serie de temas en torno a los que articula su pensamiento.

R. Existen cuestiones políticas que son de gran actualidad y que el mundo intelectual tiene la obligación de debatir. Por ejemplo, esa desviación democrática que supone la aplicación discrecional de la ley, el que quieras regular por ley el comportamiento de la mayoría sólo para impedir la actuación de una minoría. Se hacen cada vez más leyes especiales, como la de extranjería. O también veo con preocupación la tendencia a ampliar el círculo de las víctimas, que en muchos casos es algo justo, pero que tiene como correlato aumentar el círculo de los verdugos. ¡Ahora se quiere que los pueblos tengan que pedir perdón por lo que hicieron sus antepasados, por ejemplo! En democracia la responsabilidad penal no es transferible. Los de Al Qaida participan de esa lógica inquisitorial, que prolonga la culpa en el tiempo y la hace colectiva. Nos pueden matar a todos porque todos somos culpables. Y todo eso coincide con la proliferación de los aniversarios, de las conmemoraciones, con un culto cada vez más importante del pasado, con la sacralización del llamado "deber de memoria". Son problemas de la sociedad moderna que merecen ser discutidos antes de que nos engullan.

Fuente: El País
28/12/2004

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