Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
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Los ojos que vigilan la
tierra
Los satélites se
han convertido en instrumentos muy eficaces para ayudar al ser humano en
campos tan distintos como la agricultura, el medio ambiente, la
investigación científica, la prevención de desastres o la meteorología,
una capacidad poco conocida, pero cada vez más real.
Nos miran desde el
cielo. Pueden captar con un detalle sorprendente lo que ocurre en
nuestro planeta y son una fuente de beneficios enorme para los
habitantes de la Tierra, que, sin embargo, generalmente sólo se acuerdan
de ellos al consultar el mapa del tiempo. Se trata de los satélites,
una constelación de aparatos de alta tecnología espacial que giran
alrededor de la esfera terrestre y hacen más fácil la vida de los seres
humanos.
“Hay muchos tipos de satélites. Quizá los más conocidos son los de
observación de la Tierra. Se dedican a hacer fotos de una gran
complejidad, de las que se pueden extraer muchos datos de utilidad.
Luego están los satélites de navegación, lo que
vulgarmente se conoce como GPS, que nos dan posicionamientos y nos
informan de dónde están las cosas. Finalmente están los satélites de
comunicaciones. Son como un espejo que hay en el espacio. Se envía una
señal desde la Tierra que rebota y cae en un punto muy alejado del
planeta”, explica Jesús Gonzalo, responsable del Departamento de
Estudios y Misiones Espaciales de INSA (Ingeniería de Servicios
Aeroespaciales), una empresa que depende del Instituto Nacional de
Técnica Aeroespacial (INTA).
Utilidad
Descendiendo al terreno de lo concreto, los satélites afectan a la
vida de las personas. Además de permitir al hombre conocer con
anticipación el clima, se emplean para prevenir catástrofes
naturales. En España funciona desde el año pasado un sistema de
vigilancia de incendios forestales mediante satélites, conocido como
Remfiresat. También se utilizan para prever inundaciones o movimientos
sísmicos.
“En el caso de los incendios forestales, si uno detecta que en un punto
determinado la sequedad va en aumento más que otros años, el riesgo de
incendio es alto. Las imágenes de los satélites saben descubrir
riesgos donde el ojo no ve ningún problema”, comenta Gonzalo.
Los satélites se emplean tanto para la fase de prevención, como para
otras: la detección del lugar conflictivo, la lucha contra el problema y
la evaluación de daños posterior. La precisión de estos
aparatos permite detectar movimientos de centímetros en
las placas tectónicas. Cuando estos movimientos se acumulan acaban
desencadenando un terremoto, por lo que se pueden establecer con
antelación las zonas de riesgo.
Sin embargo, todo esto tiene un problema: “Aunque las imágenes de
satélite son muy útiles, sólo recibimos del orden de tres o cuatro al
día, no más. Están separadas entre sí horas y, por tanto, no es fácil
tener inmediatez”, indica Gonzalo. La única solución para mejorar este
déficit es la puesta en órbita de más satélites. Por ejemplo, en el
programa que vigila los incendios forestales en España, las dos imágenes
diarias de los satélites no permiten combatirlos nada más iniciarse,
aunque ayudan a las tareas de extinción. Según los cálculos de los
expertos bastarían doce satélites pequeños para tener un pase cada 25
minutos, lo que permitiría detectar el fuego al poco tiempo de
producirse. Éste es un proyecto pendiente de financiación por parte
de la Agencia Espacial Europea (ESA, en sus siglas inglesas).
Otras labores
El medio ambiente también se puede beneficiar de estos vigilantes de
la Tierra. En unas semanas, la ESA lanzará al espacio Cryosat, un
satélite que va a estudiar los efectos del calentamiento del planeta.
Para ello, tomará imágenes de los polos para determinar la velocidad del
deshielo de estas zonas. Otra aplicación, que se desarrolla
especialmente en los países nórdicos, es la del radar, que
permite hacer un seguimiento de las mareas negras cuando se produce el
vertido de un petrolero en el mar. Esta técnica, que se utilizó con el
desastre del Prestige, hace posible controlar las
masas de petróleo y las pequeñas manchas y saber hacia dónde se dirigen.
“La nueva generación de satélites, heredados de los espías, tienen una
resolución de un metro ó 50 centímetros. Se emplean para cartografía,
para estudiar el estado de una zona o para planos de gran detalle”,
señala Gonzalo. De hecho, si un edificio se ha visto afectado por una
catástrofe y ha desparecido, uno puede demostrar con imágenes de
satélite que poseía una casa en ese lugar para cobrar un seguro.
España sólo ha lanzado hasta ahora tres satélites. El último,
Nanosat, se puso en órbita hace unos días, aunque sus usos son
meramente científicos, ya que permitirán la realización de experimentos
en el espacio. Sin embargo, cualquier país puede usar los satélites de
otro, bien sea pagando por unas imágenes concretas, bien instalando una
antena para recibir la señal, cuando se trata de satélites de emisión
continua.
Aunque aportan datos esenciales para la vida de los hombres, los
satélites todavía no han demostrado todo su potencial y los expertos
señalan que en el futuro, el ser humano notará más su influencia en el
día a día.
Fuente: Expansión
07.01.05
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