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Miércoles, 19 de enero de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Las nuevas medidas de seguridad cambian la fisonomía de las grandes ciudades argentinas

La fisonomía de las calles de Buenos Aires y sus populosos suburbios cambió drásticamente en la última década al compás del incremento de la violencia, que llevó a los vecinos a contratar policía privada y establecer nuevas normas de seguridad.

 

Crisis económicas que empobrecieron a la población, falta de asistencia del Estado en materia de seguridad y bolsones de corrupción en la policía de la provincia de Buenos Aires, la de mayor población de Argentina, hicieron florecer una industria apenas desarrollada un par de décadas atrás.

Vecinos de la Capital Federal y de los alrededores que viven en barrios de clases media y alta contrataron personal de seguridad privada, que los cuida de los asaltos a las casas y de los atracos callejeros a mano armada.

Ya forman parte del paisaje urbano las casillas enclavadas en las esquinas de los barrios de clase media alta, desde donde los solitarios vigilantes controlan los movimientos de cualquier persona extraña al vecindario.

Se calcula que solamente en la provincia de Buenos Aires existen unos 45.000 vigilantes privados pertenecientes a 750 agencias habilitadas, una cantidad de hombres casi igual a la de la policía bonaerense, la mayor fuerza de seguridad del país.

La seguridad privada está regulada por una ley sancionada en 1999, que le otorga a las policías el poder de contralor.

Sin embargo, existen empresas clandestinas no autorizadas por el Estado que ponen en riesgo tanto la seguridad de los vecinos como la de los propios hombres de seguridad porque toman personal sin la adecuada capacitación, según reconoce la secretaría de Planificación y Logística de la Provincia.

La policía bonaerense detectó en los primeros cinco meses de 2004 que un 90% de las 550 inspecciones realizadas a agencias de seguridad dieron como resultados irregularidades en el servicio.

En tanto, el balneario bonaerense de Pinamar (350 km al sur), uno de los más exclusivos de Argentina, dispuso para esta temporada de verano cámaras de video en los accesos a la ciudad para desalentar la posibilidad de secuestros, habida cuenta de que allí descansan acaudalados empresarios.

Según la consultora privada Nueva Mayoría, los delitos se incrementaron en un 160% en Argentina en el período 1991-2002 y en el 2003 se habrían cometido 4.088 delitos diarios, aunque no hay cifras oficiales.

Añade que 9 de cada 10 delitos se cometen contra las personas y la propiedad y que 7 de cada 10 ocurren en Capital Federal, el conglomerado de Buenos Aires, y las ciudades de Santa Fe, Córdoba y Mendoza.

Las discotecas también buscan seguridad en los llamados "patovicas" (vigilantes privados de gran porte físico) cuya eficiencia es cuestionada por las repetidas denuncias que los acusan de lesionar a jóvenes parroquianos.

El club River Plate renovó en los años 90 su sistema de seguridad para resguardar a los directivos de los "barrabravas" (simpatizantes violentos) pero hubo luego una gran polémica cuando el periodismo se enteró de que la empresa contratada estaba formada por ex militares destituídos por insurrecciones a repetición entre 1986 y 1990.

Empresarios que antes se conformaban con mudarse a un barrio cerrado o a un country viajan ahora con custodia porque temen ser víctimas de un secuestro extorsivo en plena calle, una modalidad delictiva relativamente moderna en Argentina.

El blindaje de automóviles cobró importancia a fines de los años 90 y principios de esta centuria cuando los delincuentes armados se tornaron más violentos.

Fuentes del RENAR (Registro Nacional de Armas) que controla a los 8 talleres de blindaje habilitados en Capital y Buenos Aires dijeron a la AFP que la cantidad de automóviles reforzados ha disminuido en el último año.

Muchos de los coches blindados son importados, la mayoría de ellos VW y Audi, y su costo supera holgadamente los 100.000 dólares, contra el promedio de 25.000 dólares que sale reforzar un automóvil mediano en los talleres argentinos.

Pero por el alto costo, los vehículos con blindaje no superan el medio millar en el país.

Las alarmas para coches son ahora comunes y vienen incorporadas a los 0 km, mientras que un considerable número de casas incorporaron ese sistema electrónico en los últimos años.

Fuente: Univisión (Argentina)
15.01.05

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