Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
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Alerta ante la
contaminación provocada por el lanzamiento de cohetes rusos
Un estudio de 'Nature'
concluye que el combustible que cae de las naves en Baikonur es muy
tóxico. La incidencia de enfermedades
en esta región se ha duplicado
El
lanzamiento durante años de decenas de cohetes desde el cosmódromo de
Baikonur, en la ex república soviética de Kazajistán, está provocando un
reguero de graves enfermedades entre la población local, a causa
de la contaminación causada por el combustible
altamente tóxico de las lanzaderas.
Los
investigadores de Vector, el Centro Estatal de Investigación de
Virología y Biotecnología de Novosibirsk, en Siberia, afirman que las
enfermedades afectan al sistema endocrino y a la sangre de miles de
personas, fundamentalmente niños que viven en las áreas afectadas
donde cae el combustible no quemado junto a las distintas etapas del
cohete, según se van desprendiendo de la lanzadera.
Según los datos epidemiológicos efectuados entre 1.000 niños de dos
áreas contaminadas entre los años 1998 y 2000, los menores presentan el
doble de enfermedades que necesitan tratamiento, sobre los 330 niños
también examinados de otras áreas no contaminadas. La revista científica
Nature informa hoy sobre este informe médico.
El cosmódromo de Baikonur es un centro gestionado por la agencia rusa
Rosaviakosmos. Desde esta base no sólo se lanzan los satélites de esa
nacionalidad, sino también los de la NASA y la Agencia Espacial Europea,
que contienen satélites de distintos países, entre ellos España.
Toneladas de combustible
Normalmente se opera con cohetes de la clase Protón, los más
grandes de la tecnología rusa, capaces de poner varias toneladas de
carga en el espacio, así como enviar las naves Soyuz con astronautas,
como en el caso del español Pedro Duque en octubre de 2003, a la
Estación Espacial Internacional (ISS).
Pero para cada lanzamiento precisan de decenas de toneladas de un
combustible muy potente como el dimetil hidracina líquido, conocido
como heptil, que es uno de los agentes químicos más
tóxicos realizados por el hombre. Es varias veces más mortal que
el gas fosgeno, un arma química prohibida.
Según afirma Fabio Carmelli, ingeniero del Centro de Investigación
Tecnológico Espacial Europeo de Noordwijk, en Holanda, «bastaría diluir
una cuchara sopera de hidracina en una piscina para matar a quien
bebiera ese agua».
A diferencia de otros lugares de lanzamiento de cohetes espaciales, como
Cabo Cañaveral, en Florida, o Kourou en la Guayana Francesa, donde las
lanzaderas despegan hacia el océano, los cohetes de Baikonur pasan por
diferentes regiones del sur de Siberia, que aunque estén poco habitadas,
mantienen núcleos de población que ya ha expresado en diversas ocasiones
sus quejas ante la caída de unas 2.000 toneladas de chatarra de los
depósitos con residuos de combustible, que contaminan los alrededores e
incluso han provocado incendios forestales.
Sin embargo, las quejas de los habitantes de Khakasia, Altai y Tuva, y
de las organizaciones ecologistas caen en saco roto. Según Sergey Zykov,
el epidemiólogo que ha dirigido la investigación, los directivos de
Rosaviakosmos no son nada receptivos a los resultados del estudio. La
falta de sensibilidad puede ser debida a la importante fuente de
ingresos que significan los lanzamientos espaciales, por los que se
cobran unos 25 millones de dólares.
Servicios secretos
Esa actitud negativa cuenta incluso con la colaboración del Gobierno
ruso, que ha puesto a los agentes del FSB (sucesores de la KGB) a
investigar a los críticos de Baikonur. El ecologista Sergey Pashenko,
del Instituto de Cinética Química y Combustión de la Contaminación, ha
afirmado que ha sido arrestado en dos ocasiones y que parte de sus
equipos le fueron confiscados.
Rosaviakosmos, por su parte, rechaza frontalmente todas las conclusiones
del estudio de Zykov. El portavoz de esta empresa, Vyacheslav Davidenko,
asegura que ellos nunca han encontrado nada.
La Agencia Espacial Rusa rechazó el estudio epidemiológico.«Ninguna
influencia directa se ha establecido entre las actividades espaciales y
la salud de la población», señalaron. La nota publicada ayer apunta a
que algunas de las zonas del estudio están bajo la influencia del
polígono nuclear de Semipalatinsk, donde hubo 500 explosiones nucleares
durante 40 años, hasta que se cerró en 1991.
Ni la NASA ni la ESA aceptan ningún tipo de responsabilidad en estos
problemas. La NASA ha confirmado que conocía el tema, pero que se han
realizado «progresos positivos». La ESA dice que ellos sólo compran el
servicio. Pero Nature se pregunta en un editorial si no habrá llegado el
momento de realizar una investigación independiente.
Fuente: El Mundo
13.01.05
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