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Viernes, 21 de enero de 2005


Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

Alerta ante la contaminación provocada por el lanzamiento de cohetes rusos

Un estudio de 'Nature' concluye que el combustible que cae de las naves en Baikonur es muy tóxico. La incidencia de enfermedades en esta región se ha duplicado

 

El lanzamiento durante años de decenas de cohetes desde el cosmódromo de Baikonur, en la ex república soviética de Kazajistán, está provocando un reguero de graves enfermedades entre la población local, a causa de la contaminación causada por el combustible altamente tóxico de las lanzaderas.

Los investigadores de Vector, el Centro Estatal de Investigación de Virología y Biotecnología de Novosibirsk, en Siberia, afirman que las enfermedades afectan al sistema endocrino y a la sangre de miles de personas, fundamentalmente niños que viven en las áreas afectadas donde cae el combustible no quemado junto a las distintas etapas del cohete, según se van desprendiendo de la lanzadera.

Según los datos epidemiológicos efectuados entre 1.000 niños de dos áreas contaminadas entre los años 1998 y 2000, los menores presentan el doble de enfermedades que necesitan tratamiento, sobre los 330 niños también examinados de otras áreas no contaminadas. La revista científica Nature informa hoy sobre este informe médico.

El cosmódromo de Baikonur es un centro gestionado por la agencia rusa Rosaviakosmos. Desde esta base no sólo se lanzan los satélites de esa nacionalidad, sino también los de la NASA y la Agencia Espacial Europea, que contienen satélites de distintos países, entre ellos España.

Toneladas de combustible

Normalmente se opera con cohetes de la clase Protón, los más grandes de la tecnología rusa, capaces de poner varias toneladas de carga en el espacio, así como enviar las naves Soyuz con astronautas, como en el caso del español Pedro Duque en octubre de 2003, a la Estación Espacial Internacional (ISS).

Pero para cada lanzamiento precisan de decenas de toneladas de un combustible muy potente como el dimetil hidracina líquido, conocido como heptil, que es uno de los agentes químicos más tóxicos realizados por el hombre. Es varias veces más mortal que el gas fosgeno, un arma química prohibida.

Según afirma Fabio Carmelli, ingeniero del Centro de Investigación Tecnológico Espacial Europeo de Noordwijk, en Holanda, «bastaría diluir una cuchara sopera de hidracina en una piscina para matar a quien bebiera ese agua».

A diferencia de otros lugares de lanzamiento de cohetes espaciales, como Cabo Cañaveral, en Florida, o Kourou en la Guayana Francesa, donde las lanzaderas despegan hacia el océano, los cohetes de Baikonur pasan por diferentes regiones del sur de Siberia, que aunque estén poco habitadas, mantienen núcleos de población que ya ha expresado en diversas ocasiones sus quejas ante la caída de unas 2.000 toneladas de chatarra de los depósitos con residuos de combustible, que contaminan los alrededores e incluso han provocado incendios forestales.

Sin embargo, las quejas de los habitantes de Khakasia, Altai y Tuva, y de las organizaciones ecologistas caen en saco roto. Según Sergey Zykov, el epidemiólogo que ha dirigido la investigación, los directivos de Rosaviakosmos no son nada receptivos a los resultados del estudio. La falta de sensibilidad puede ser debida a la importante fuente de ingresos que significan los lanzamientos espaciales, por los que se cobran unos 25 millones de dólares.

Servicios secretos

Esa actitud negativa cuenta incluso con la colaboración del Gobierno ruso, que ha puesto a los agentes del FSB (sucesores de la KGB) a investigar a los críticos de Baikonur. El ecologista Sergey Pashenko, del Instituto de Cinética Química y Combustión de la Contaminación, ha afirmado que ha sido arrestado en dos ocasiones y que parte de sus equipos le fueron confiscados.

Rosaviakosmos, por su parte, rechaza frontalmente todas las conclusiones del estudio de Zykov. El portavoz de esta empresa, Vyacheslav Davidenko, asegura que ellos nunca han encontrado nada.

La Agencia Espacial Rusa rechazó el estudio epidemiológico.«Ninguna influencia directa se ha establecido entre las actividades espaciales y la salud de la población», señalaron. La nota publicada ayer apunta a que algunas de las zonas del estudio están bajo la influencia del polígono nuclear de Semipalatinsk, donde hubo 500 explosiones nucleares durante 40 años, hasta que se cerró en 1991.

Ni la NASA ni la ESA aceptan ningún tipo de responsabilidad en estos problemas. La NASA ha confirmado que conocía el tema, pero que se han realizado «progresos positivos». La ESA dice que ellos sólo compran el servicio. Pero Nature se pregunta en un editorial si no habrá llegado el momento de realizar una investigación independiente.

Fuente: El Mundo
13.01.05

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