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Jueves, 27 de enero de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

El poder del narcotráfico en México

Los narcos dirigen desde la cárcel la guerra de la droga mientras el  Estado fracasa en la lucha contra el crimen organizado

 

El poder de los narcotraficantes en México traspasa los muros de las prisiones donde están recluidos algunos de los capos más destacados. Desde el interior de los penales se imparten órdenes para eliminar a rivales en una guerra sin cuartel que demuestra la incapacidad del Estado para enfrentar con éxito el crimen organizado. El penal de máxima seguridad de La Palma, en el Estado de México, ha sido escenario de ajustes de cuentas con armas de fuego que fueron introducidas impunemente en la cárcel, dejando en ridículo al sofisticado sistema de vigilancia.

El 31 de diciembre, el narcotráfico hizo alarde de su poderío y de las complicidades con que cuenta cuando un recluso acribilló con ocho balazos a Arturo Guzmán Loera, El Pollo. El asesinato se produjo en el locutorio, en presencia de vigilantes y de abogados que dialogaban con los internos, y fue un claro mensaje dirigido al hermano de la víctima, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, jefe del cártel de Sinaloa y considerado uno de los dos narcotraficantes más importantes de México. El Chapo protagonizó una fuga espectacular de la cárcel en enero de 2001, cuando el presidente Vicente Fox llevaba apenas 20 días en el Gobierno. Las autoridades tienen pocas dudas de que el sicario de turno ejecutó una orden del otro gran capo, Osiel Cárdenas Guillén, jefe del cártel del Golfo. ¿Quién y cómo introdujo el arma en el penal de máxima seguridad? De momento, el director de La Palma, Guillermo Montoya Salazar, ha sido destituido y está inculpado por presunto delito de delincuencia organizada.

Foto: El País

El periodista Jorge Carrasco, que ha investigado las redes del narcotráfico, advierte de que la libertad de acción de los cabecillas encarcelados es posible gracias a la corrupción que impera "en la capa intermedia de funcionarios, incluidos los directores de los penales que son cooptados por los delincuentes". Uno de los casos más inquietantes de la relación entre el Estado y el crimen organizado es el referente al grupo conocido como Los Zetas, desertores del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Ejército, que actúan como una banda de pistoleros al servicio del cártel del Golfo.

Carrasco está convencido de que "las autoridades mexicanas están totalmente desbordadas por la delincuencia organizada en los penales, porque no tienen el control de los mismos". Señala este especialista, que el actual director del organismo encargado de las cárceles federales, Carlos Tornero, es un académico reconocido en el campo del Derecho Penal, capaz de explicar a la perfección el fenómeno carcelario desde el punto de vista sociológico, pero totalmente desconocedor de lo que se cuece tras los muros.

El número de carteles que disputan el control del tráfico de droga en México varía según distintas fuentes oficiales. La Procuraduría General de la República (PGR), equivalente a la Fiscalía, estima que el narcotráfico es hoy cosa de dos grandes grupos, dirigidos por Joaquín Guzmán y Osiel Cárdenas. Otras informaciones judiciales cifran en ocho el número de carteles de la droga que operan en la geografía mexicana. El general retirado Barry McCaffrey, antiguo zar antidrogas de la Administración Clinton, ha rebatido ambas versiones a su paso por la capital mexicana. Asegura McCaffrey, con datos de la Agencia Antinarcóticos Estadounidense (DEA), que en la frontera norte de México operan unos 100 grupos delictivos dedicados al tráfico de droga que pertenecen a 30 grandes organizaciones criminales. Para el general, que actualmente es consultor externo de la Administración Bush, la guerra contra el narcotráfico es más mortífera que la guerra contra el terrorismo. Estas son sus cifras: 52.000 personas pierden la vida cada año a causa de las drogas, comparados con los 12.000 soldados estadounidenses que han muerto en Irak desde que empezó la guerra.

En los primeros tres años del Gobierno de Vicente Fox, la Procuraduría General de la República (PGR) concentró su actuación en descabezar a las principales organizaciones delictivas y en encarcelar a los jefes más importantes, lo que provocó una atomización de grupos delictivos. Sin duda, la acción más simbólica fue el golpe asestado en 2002 al cartel de Tijuana, de los Arellano Félix, uno de los grupos más violentos. Aquel periodo de detenciones de renombrados narcotraficantes pasó.

Pese a los golpes asestados por la PGR, el tráfico ilegal de drogas de México a EE UU es prácticamente el mismo que antes del Gobierno de Fox, según un informe elaborado por el servicio de investigación del Congreso de EE UU bajo el título Los esfuerzos en la lucha antidroga bajo el Gobierno de Fox, de diciembre de 2000 a octubre de 2004. Señala el trabajo que el 70% de la cocaína que entra en EE UU pasa por México, una estimación más alta que el 65% en 2002. México sigue siendo el país de tránsito del mayor volumen de droga con destino al vecino del Norte.

Fuente: El País
17.01.05

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