Seguridad
Alimentaria y Protección Biotecnológica
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Los priones del mal de
las «vacas locas» pueden afectar órganos insospechados
Un experimento
con ratones sugiere la posibilidad de que haya bovinos sin síntomas con priones infecciosos en órganos que entran en la cadena alimenticia
Las
proteínas infecciosas que causan la encefalopatía espongiforme bovina
(EEB), el mal de las «vacas locas», pueden propagarse
y acumularse en el
páncreas, hígado y riñones cuando existen procesos de inflamación
crónica, según revela un experimento con ratones publicado en «Science»
por científicos de varios países europeos. Esta investigación dirigida
por Adriano Aguzzi, del Hospital Universitario de Zurich, es relevante
porque sus resultados sugieren la posibilidad de que existan bovinos
infectados con los priones de la EEB que, por procesos inflamatorios,
tendían invadidos órganos que no son dianas habituales de esas proteínas
(tejidos nerviosos y linfáticos) y no se retiran de la cadena
alimenticia.
Desde que aparecieron los primeros casos en el continente europeo del
mal de las «vacas locas», hace ya cinco años, diversos materiales
considerados de riesgo (cerebro, médula espina, timo, nódulos linfáticos
y bazo) son eliminados de todos los bovinos que entran en la cadena
alimenticia con el fin de proteger la salud pública de los consumidores.

Proteína
mal plegada
Los investigadores saben que las encefalopatías espongiformes
transmisibles dañan selectivamente el sistema nervioso central, aunque
el agente infeccioso es detectable en los órganos linfáticos mucho
tiempo antes de que llegue al cerebro y aparezcan los síntomas clínicos
de la enfermedad. Ese agente causal es una proteína llamada
prión, que
se convierte en patógena por un defecto en su plegamiento. Una serie de
experimentos ha revelado que los priones precisan de determinados tipos
de células para multiplicarse por el organismo, pero los científicos
todavía desconocen casi todo de los mecanismos utilizados por esas
proteínas para su replicación periférica.
Para arrojar luz sobre esta cuestión, junto a científicos de la
Universidad de Yale y de la Unidad de Priones del Consejo de
Investigación Médica de Gran Bretaña, Adriano Aguzzi llevó a cabo
experimentos en los que se inoculó priones patógenos a ratones con cinco
diferentes enfermedades inflamatorias de los riñones, páncreas e hígado.
En todos los casos, esas inflamaciones linfocíticas crónicas propiciaron
la acumulación de los priones patógenos en esos órganos que hasta ahora
se consideraban libres del potencial infectivo de esas proteínas. Según
este equipo internacional, este proceso se habría producido por la
infiltración de células inmunitarias infectadas por priones. Anteriores
estudios habían apuntado que esas proteínas dañinas podrían ser atraídas
por las células del sistema inmune que están implicadas en los procesos
inflamatorios.
Los resultados deben confirmarse
Los resultados de este trabajo deben ser confirmados por otros equipos
para poder alcanzar conclusiones sólidas. Esos experimentos deberían
realizarse con cierta prontitud porque el trabajo de Adriano Aguzzi
sugiere que las medidas de protección de la cadena alimenticia pueden
ser insuficientes. En cualquier caso, todavía no puede llegarse a
conclusiones sólidas, dado que no hay información sobre la capacidad
infectiva de los priones acumulados en el hígado, páncreas y riñones
afectados por inflamaciones crónicas. En el trabajo científico participó
también Charles Weissmann, otro acreditado especialista en la
investigación de las enfermedades transmisibles causadas por los priones
patógenos.
Fuente: ABC
21.01.05
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