Seguridad Pública y Protección Civil
 |
|
| |
 |
|
|
«Unas 4.400 personas
fueron eliminadas con los vuelos de la muerte»
Adolfo Scilingo Ex
militar argentino procesado por genocida
El ex
militar argentino Adolfo Scilingo, juzgado estos días por la Audiencia
Nacional española por los delitos de genocidio y torturas, describe los
vuelos de la muerte con los que la Armada argentina eliminaba a los
disidentes en la dictadura (1976-1983).

Ante los
desmentidos y contradicciones en los que ha incurrido durante sus
comparecencias de los dos último días ante la Audiencia española,
reproducimos la entrevista que el periodista de Onda Cero Radio Carlos
Herrera realizó al capitán argentino el 7 de octubre de 1997 en la
prisión de Carabanchel.
Pregunta.–
¿Se siente usted más seguro en esta cárcel de Carabanchel que en las
calles de Buenos Aires?
Respuesta.–
Sin ninguna duda. Porque por supuesto no me agrada estar donde estoy,
pero las tensiones que sufría permanentemente, a través de amenazas,
cartas y seguimientos, me mantenían en un estado de tensión tremendo.
P.– Le
intentaron matar hace poco.
R.–
Me secuestraron y me agredieron fundamentalmente para que no volviese a
tocar el tema de los desaparecidos.
P.–
¿Qué le hizo a usted cambiar y declarar todo lo que sabe?
R.–
Todo fue un proceso en el que yo de forma reservada declaré a las
autoridades de la Armada que yo quería aclarar la situación de una vez
por todas porque la situación de los desaparecidos era inaceptable en
Argentina.
P.–
¿Qué métodos de tortura empleaba la Escuela Mecánica de la Armada?
R.–
Yo no participaba en las torturas, pero en ellas se empleaban descargas
eléctricas.
P.–
¿Usted podía conciliar el sueño tras contemplar la cara de los
torturados?
R.–
Yo no participaba directamente, puesto que yo desempeñaba funciones
logísticas. Tuve unos problemas a nivel personal que me presionaron a
tal punto que... Lo que no hizo la autoridad naval lo hice yo.
P.–
¿Quién dirigió la operación de los llamados «vuelos de la muerte»?
R.–
El almirante Massera y un gabinete especial que lo asesoraba.
P.–
¿Cuántas personas viajaban en cada uno de los vuelos?
R.–
El número era variable. Entre quince y treinta personas una vez por
semana y se acoplaba los fines de semana algún vuelo más. En total el
número de desaparecidos por este sistema asciende a 4.400 personas.
P.– ¿A
las personas se las tiraba vivas o muertas al mar?
R.–
Se las tiraba con una gran dosis de anestesia.
P.–
¿Qué les decían ustedes cuando les ponían la inyección?
R.–
No, se la ponían los médicos navales. Irónicamente, los sacerdotes
navales la consideraban una muerte liviana.
P.–
¿Viajaba un médico en ese avión?
R.–
Viajaba un médico naval que se retiraba de la cabina antes de que fuesen
arrojados al agua.
P.–
¿Para no violar el juramento hipocrático?
R.–
Una actitud muy cínica.
P.– ¿A
cuántas personas ha detenido usted?
R.–
Prefiero terminar la declaración con Baltasar Garzón.
P.–
Usted calcula que fueron arrojadas alrededor de 4.000 personas. ¿Desde
qué altura?
R.–
No sé exactamente la altura, pero serían unos 2.000 metros.
P.– ¿A
mucha distancia de la costa?
R.– A una
hora de vuelo.
P.–
¿Usted estuvo a punto de caer en unos de esos vuelos?
R.–
Sí, estuve a punto de caer en uno de esos vuelos.
P.–
¿Qué fue lo que ocurrió?
R.–
Patiné. Había mucha tensión en el vuelo, porque había gente que no sabía
cuál era la misión y eso provocó que yo patinara y casi cayera.
P.–
¿Qué es lo que pensó usted al día siguiente de esa salvajada?
R.–
Yo me quise confesar y no encontré apoyo de los sacerdotes porque
dijeron que no había ningún tipo de pecado. Habíamos cumplido con el
precepto bíblico de eliminar la hierba mala del trigal. Y caí en el
alcohol a partir de ese momento hasta que me recuperé hace dos años.
P.– ¿Alguno de los
torturados estaba consciente, gritaba, sabía lo que pasaba?
R.–
Todos estaban absolutamente dormidos. Lo que ocurre es que en varios
vuelos se suscitaron problemas por actitudes automáticas.
P.– 4.000 personas de
30.000 desaparecidos.
R.–
Esa información es cierta, pero 4.400 es la cifra que corresponde a la
Armada.
P.– ¿Cuándo supo su
familia lo que había hecho?
R.–
Siete años después.
P.– ¿Qué le dijo?
R.–
Pude decirle poco como consecuencia de los problemas que yo tenía a
nivel naval que me llevaron a solicitar el retiro obligatorio al ser
inaceptable que la Armada siguiera haciendo eso.
P.– ¿Pudo explicárselo
a alguien?
R.–
No, pero creo que fue una actitud cobarde hasta que acabé afrontando la
situación.
P.– ¿Cuántos militares
argentinos piensan como usted?
R.–
Ahora soy el único. Pienso que hay muchos, pero la actitud del
presidente evita que se de esta posibilidad.
P.– La única
posibilidad para que se reabran los caso, porque en Argentina la Ley de
Punto Final lo prohíbe, es en España el juez Garzón.
R.–
Yo tengo mucha fe en que la investigación del juez Garzón siga adelante
a través de la mayor clarificación. O sea, que se investigue como
genocidio, porque si no estaríamos juzgando nuevamente lo que ya se
juzgó en Argentina. Espero que mi declaración ayude al juez a llegar a
esclarecer la verdad.
P.– ¿De qué vive usted
ahora?
R.–
El Gobierno argentino a través de una falsa causa que duró dos años y
cuarenta y cinco días durante los cuales estuve en prisión me han sacado
hasta el último peso. Vivo de mis hijos y mi familia, que trabajan.
P.– ¿Qué le dicen los
familiares de los desaparecidos que se encuentran con usted frente a
frente en la calle?
R.–
No, no he tenido problemas en Argentina. Al contrario, ésta es una
posibilidad para que se sepa la verdad. De todas manera, no creo que
estén muy conforme con lo que yo hice.
P.– Pero sí con que
esté usted ahora mismo arrepentido.
R.–
Colaborando para que la investigación continúe, pese a que esto en modo
alguno me disculpa ante ellos.
P.– El vuelo de la
muerta era lo más terrible que se hacía en la dictadura.
R.–
Yo tengo mis dudas si no era la vida diaria de lo que tenían.
P.– ¿Qué sabe usted de
los niños desaparecidos?
R.–
Esa investigación tiene en Argentina todos los elementos para que siga
adelante. No está prescrita, pero lamentablemente la Justicia argentina,
dominada por muchos jueces corruptos amparados por el poder político
impiden que esto siga adelante. Los niños fueron dados a familias de la
Armada para que no se contaminaran con ideas extremistas. Fíjese que ya
han pasado veinte años y estos chicos ya tienen edad suficiente para
tomar decisiones y saber la verdad.
P.– ¿Qué condena cree
que merece?
R.–
La que corresponde. No puedo tomar decisiones por un juez.
P.– ¿Los relatos que
hemos conocido para secuestrar a personas son ciertos?
R.–
Correcto. Lo que pasa es que en ese momento pensábamos que lo que se
estaba haciendo era una guerra, que realmente fue un genocidio. Murieron
miles de inocentes, lo que que justifica que no se anime a la Armada
argentina a decir la verdad.
P.– ¿Hubo alguna
imagen de los vuelos que le impresionó
especialmente?
R.–
Los cuerpos amontonados para ser arrojados al mar todos juntos en una
actitud muy similar a la del nazismo. Yo creo que fue más cínico y más
sofisticado.
P.– Después de estas
declaraciones, ¿peligra más su vida?
R.–
Peligra mi vida, y fundamentalmente he librado una sentencia de muerte
para mi familia.
P.– ¿Qué le diría
usted al general Videla?
R.–
Que no hay una persona más basura que él.
P.– ¿A Videla o a
Massera?
R.–
Fue más cínico Massera, sobre todo porque sigue aspirando asumir cargos
públicos.
|
El libro
de los muertos de Scilingo |
|
En 1996, el ex militar
argentino arrepentido ahora de haberse arrepentido escribió un libro con
el relato pormenorizado de sus asesinatos. Apenas se imprimieron 100
ejemplares, que han desaparecido. CRONICA encontró uno
El teniente Vaca me fue
acercando los cuerpos dormidos y los fui empujando uno a uno al vacío».
Con estas palabras el ex militar argentino Adolfo Scilingo, arrepentido
ahora de haberse arrepentido, narra en un libro escrito de su puño y
letra, ¡Por siempre nunca más!, cómo llevó a la muerte a 30 personas
lanzándolas en vuelo a las aguas del Atlántico. Cerca de 2.000 detenidos
políticos fueron asesinados durante la dictadura argentina (1976-1983)
por este método, avalado por la Iglesia argentina, según el propio
Scilingo, por ser «más humanitario», por ejemplo, que los fusilamientos
de Pinochet en Chile.
 |
|
TORTURADO. En 1997,
unos secuestradores grabaron en su rostro iniciales de investigadores
del genocidio
|
A este ex capitán de
corbeta estas muertes «cristianas y humanitarias» le parecieron «poco
honrosas», pues no habían sido en combate, lo que le llevó a comenzar a
cuestionar la Unidad Operativa Antisubversiva más importante de la
Armada, donde había sido destinado. Ocho años después de la dictadura,
Scilingo no aguantó más su silencio y comenzó su periplo de confesiones
a la prensa y a la Justicia de su país buscando venganza contra sus
superiores, especialmente contra Emilio Massera, ex jefe de la Junta
Militar y máximo responsable de la Armada. Sintiéndose poco seguro en
Argentina, se presentó de forma voluntaria en 1997 ante el juez Garzón
con la aspiración de recibir protección como colaborador de la Justicia.
Ahora que en Madrid la Audiencia Nacional le está juzgando (se enfrenta
a 6.626 años de cárcel por genocidio, terrorismo y tortura), dice que
todo lo que contó es una farsa. «Vine para contar la fantasía más grande
del mundo para sensibilizar a la opinión pública y ayudar a Garzón...».
Pero el libro, titulado ¡Por siempre nunca más!, publicado por la
editorial La Plata, con una tirada de apenas 100 ejemplares, lo escribió
en 1996, y por más que reniegue también de él -dice que sólo puso su
nombre a cambio de 300 dólares-, su relato le perseguirá por siempre.
La orden de ejecutar los llamados vuelos de la muerte la recibieron los
jefes y oficiales navales e infantes de Marina en el cine Martín
Rivadavia de la base naval de Puerto Belgrano en 1976.«Durante algún
viaje en avión podría ocurrir que algunos subversivos no llegaran a
destino», cuenta Scilingo que les dijo el vicealmirante Luis María
Mendía. «Explicó que se había consultado a las autoridades eclesiásticas
y se había aprobado el método por considerarlo una muerte cristiana y
humanitaria». Meses después, en diciembre de 1976, Scilingo logró
destino como jefe de electricidad en la Escuela de Mecánica de la Armada
(ESMA), el mayor centro clandestino de detención. «Mis sueños estaban
cumplidos. Iría a la guerra, a combatir contra el enemigo que, solapado,
escondido y a traición, intentaba destruir los valores de la
argentinidad».
Todos los martes, Inteligencia proponía los listados de los que serían
«trasladados» al día siguiente. Traslado y se va para arriba eran «los
términos elegantes con que se definían las ejecuciones.Se realizaban los
miércoles y consistían en arrojar a aguas del Atlántico a los condenados
desde aviones Electra de la Aviación Naval, previo ser anestesiados. En
caso de necesidad se ampliaban vuelos los sábados. Cuando la urgencia lo
requería, se usaban lanchas que operaban desde el Apostadero Naval de
San Fernando y se fondeaban los cuerpos dormidos en aguas del Delta del
Tigre».
Un miércoles de junio de 1977 le avisaron que había sido asignado para
un vuelo. El capitán Jorge Eduardo Acosta, alias El Tigre, entró en el
sótano de la ESMA, donde había alineados 25 detenidos, a quienes
comunicó que iban a ser puestos a disposición del Poder Ejecutivo
nacional y trasladados a un penal del Sur. «Para que estuviesen alegres
hizo poner música y a los gritos les decía que bailaran. Todos
comenzaron a hacerlo. En determinado momento comunicó que todos serían
vacunados». Un médico entró y comenzó a aplicarles una primera dosis de
Penthotal. «Poco a poco los movimientos de los bailarines fueron más
lentos (...) Parecían zombis». Al llegar a Aeroparque (aeropuerto de
Buenos Aires), de noche, 13 fueron subidos a un Sky-Van, especie de
Hércules con forma de cajón, bimotor». Se había averiado el avión
previsto, que era mayor, y en el que habrían cabido todos.
Junto con los 13 trasladados estaban, además de Scilingo, jefe del
vuelo, el teniente Vaca, un suboficial, un cabo de Prefectura y el
médico naval, cuyas identidades no son reveladas por el ex militar. Ya
en vuelo, «el médico aplicó a cada detenido una sobredosis de Penthotal
y se fue a la cabina (...). Vaca y yo comenzamos a desvestir a cada uno.
Le avisé al piloto que estábamos listos. Las 13 personas estaban
desnudas, semisentadas y dormidas, apoyadas unas contra otras, del lado
izquierdo del avión. Igual a una escena de un campo de concentración de
la II Guerra Mundial.Desde la cabina ordenaron abrir la puerta trasera
(...). El suboficial mantendría la puerta sujeta con el pie de modo que
sólo dejara una abertura de unos 40 centímetros. Vaca me fue acercando
los cuerpos dormidos y los fui empujando uno a uno al vacío (...).En
determinado momento patiné en el piso de acero y casi caigo.Entre Vaca y
el suboficial lo impidieron. Terminamos con los que faltaban. Cerramos
la puerta. Avisé a la cabina y me senté donde minutos antes había 13
personas vivas».
Al llegar a la ESMA, Scilingo se bebió dos vasos de whisky -«no quería
pensar»- y al día siguiente fue a buscar al padre Luis Manseñido, a
quien le dijo que había hecho un vuelo. Según su relato, el sacerdote le
habló sobre la «importancia de eliminar la maleza. Nosotros debíamos
hacerlo para permitir que el trigo creciera. No había pecado. Tampoco
debía arrepentirme. Sólo había cumplido las órdenes de mis superiores,
que eran las órdenes de Dios (...). Ese día cambió mi vida. Nunca más
dormiría sin los efectos de algo, ya sea alcohol o sedantes».
Un mes después, cuando pensaba ir a pasar el fin de semana junto a su
familia en Bahía Blanca, fue asignado para uno de los vuelos extra de
los sábados. «Había 16 detenidos (...) Esta vez no hubo música ni baile.
Todo fue más sobrio (...). El vuelo tuvo una escala: Punta Indio. Se
embarcó un detenido que estaba en pésimas condiciones. No habló cuando
vio al resto dormido, pero tengo dudas si no presintió su próximo
destino. Hizo sus necesidades en su pantalón. El médico aplicó las
inyecciones y cuando hicieron efecto se desvistió a los detenidos. Un
suboficial me ató con una soga al lado de la puerta de emergencia de
popa estribor (atrás derecha) y luego con mucho cuidado la fue
retirando. Me acercaron a cada uno de los trasladados y una vez más
cumplí mi misión de hacerles traspasar la puerta rumbo a la
muerte...».Palabra de Scilingo.
|
Fuente: La Razón
19.01.05