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Viernes, 28 de enero de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

¿Se están convirtiendo los Ejércitos en ONG´s?

Las fuerzas armadas europeas se embarcan cada vez más en tareas humanitarias, y algunos temen que se desvirtúe su papel.

 

Decía el general prusiano Karl Von Clausewitz, famoso por su libro De la Guerra, que “el soldado es reclutado, armado, entrenado, duerme, come y marcha exclusivamente para luchar en el momento y el lugar adecuados”. Desde entonces –el siglo XIX–, ha llovido mucho.

Hoy los militares acarrean chapapote, colocan sacos de tierra para que no se desborde el cauce de los ríos, nadan para salvar vidas en catástrofes naturales, reparten alimentos, atienden y trasladan a los heridos...

¿Se están convirtiendo los ejércitos en remedos de ONG? Si bien es cierto que desde el fin de la Guerra Fría han proliferado las operaciones humanitarias –las misiones de paz bajo el paraguas de Naciones Unidas se han multiplicado casi por siete–, las opiniones de los expertos están divididas. Manuel Coma, investigador del Real Instituto Elcano, considera que las fuerzas armadas occidentales “no se han transformado esencialmente, aunque sí lo han hecho algunas de sus funciones”. Es más, añade Coma, “ningún Ejército ha creado unidades específicas; lo hace ad hoc, contradiciendo el propio principio militar de coherencia”.

Florentino Portero, analista del Grupo de Estudios Estratégicos, tiene una visión más pesimista: “las fuerzas armadas son cada vez más una ONG, o más en concreto un híbrido entre la Cruz Roja Internacional y la policía”. Portero considera que el Ejército son “fuerzas de combate para defender la soberanía nacional, que es su función constitucional”.

Ambos expertos, sin embargo, coinciden en que la implicación en las tareas humanitarias es más bien un fenómeno europeo. Y ello tanto por factores presupuestarios como ideológicos.

Desde la caída del Muro de Berlín, los países europeos han recortado sustancialmente los gastos en defensa. “Salvo Francia y Reino Unido, los Estados han preferido cobrar los dividendos de la paz, con lo que el diferencial militar con Estados Unidos se ha ido agrandando”, dice Coma. Otra limitación, que empuja a los europeos a participar en este tipo de actuaciones, es la falta de capacidad de proyección.

De los casi dos millones de soldados en el continente europeo, sólo 60.000 están desplegados en el extranjero. Es decir, la ayuda norteamericana es una condición sine qua non.

Además, los expertos insisten en que la política exterior europea es más bien contraria al uso de la fuerza. “En Europa, dice Portero, tras muchos años de protectorado norteamericano, se piensa que la paz es un bien permanente”.

A los militares, en general, no parece gustarles este tipo de misiones. “Socava su legitimidad”, dice Mota. Las ventajas de las operaciones humanitarias son que mejoran la percepción de las fuerzas armadas y que son económicamente rentables. “En España los sueldos en el extranjero casi se triplican lo que no ocurre en Estados Unidos”. Además, los despliegues humanitarios también contribuyen a espolear la industria de defensa europea.

El impacto de estas actividades sobre los Ejércitos es variable. Los americanos se quejan de que las unidades que regresan a casa necesitan grandes inversiones en formación para refrescar las habilidades de hacer la guerra. Pero para aquellas fuerzas armadas de escasos recursos, las misiones humanitarias se han convertido en la excusa perfecta para mantenerse vivas.

Con todo, el debate sobre el los ‘Ejércitos humanitarios’, que ganó muchos enteros después de la disolución de la guerra fría y la subsiguiente fe en un nuevo orden internacional, se está decantando a favor de aquellos que consideran que los ejércitos seguirán siendo ejércitos en el sentido de Von Clausewitz. Y ello porque la guerra de Irak ha demostrado que la guerra clásica no ha acabado.

El enfado –y los celos– de las ONG
La progresiva introducción de los ejércitos en tareas humanitarias ha suscitado ciertas suspicacias –acaso también celos– entre las organizaciones no gubernamentales, que ven en ellas su dominio natural.

Algunas ONG, que proliferaron tras la Segunda Guerra Mundial en una etapa histórica que ha dejado millones de refugiados y desplazados, critican que las fuerzas armadas no intervienen realmente por razones sociales sino por motivos políticos e intervencionistas. También se pone en duda su capacidad de prestar ayuda dado su modus operandi militar, más rígido y menos experimentado en estas actividades.

El Ejército, por su puesto, también tiene ventajas como una mayor capacidad logística y de respuesta rápida, y más habilidades en ingeniería. Muchas organizaciones, sin embargo, consideran que los ejércitos occidentales no deberían convertirse en organizaciones humanitarias.

Fuente: Expansión
15.01.05

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