Seguridad
Colectiva y Defensa Nacional
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¿Se están convirtiendo
los Ejércitos en ONG´s?
Las fuerzas armadas
europeas se embarcan cada vez más en tareas
humanitarias, y algunos temen que se desvirtúe su papel.
Decía el general
prusiano Karl Von Clausewitz, famoso por su libro De la Guerra, que “el
soldado es reclutado, armado, entrenado, duerme, come y marcha
exclusivamente para luchar en el momento y el lugar adecuados”. Desde
entonces –el siglo XIX–, ha llovido mucho.
Hoy los
militares acarrean chapapote, colocan sacos de tierra para que no se
desborde el cauce de los ríos, nadan para salvar vidas en catástrofes
naturales, reparten alimentos, atienden y trasladan a los heridos...
¿Se están convirtiendo los ejércitos en remedos de ONG? Si bien
es cierto que desde el fin de la Guerra Fría han proliferado las
operaciones humanitarias –las misiones de paz bajo el paraguas de
Naciones Unidas se han multiplicado casi por siete–, las opiniones de
los expertos están divididas. Manuel Coma, investigador del Real
Instituto Elcano, considera que las fuerzas armadas occidentales “no
se han transformado esencialmente, aunque sí lo han hecho algunas de sus
funciones”. Es más, añade Coma, “ningún Ejército ha creado unidades
específicas; lo hace ad hoc, contradiciendo el propio principio militar
de coherencia”.
Florentino Portero, analista del Grupo de Estudios Estratégicos,
tiene una visión más pesimista: “las fuerzas armadas son
cada vez más una ONG, o más en concreto un híbrido entre la Cruz Roja
Internacional y la policía”. Portero considera que el Ejército son
“fuerzas de combate para defender la soberanía nacional, que es su
función constitucional”.
Ambos expertos, sin embargo, coinciden en que la implicación en las
tareas humanitarias es más bien un fenómeno europeo. Y ello tanto por
factores presupuestarios como ideológicos.
Desde la caída del Muro de Berlín, los países europeos han recortado
sustancialmente los gastos en defensa. “Salvo Francia y Reino Unido, los
Estados han preferido cobrar los dividendos de la paz, con lo que el
diferencial militar con Estados Unidos se ha ido agrandando”, dice Coma.
Otra limitación, que empuja a los europeos a participar en este tipo de
actuaciones, es la falta de capacidad de proyección.
De los casi dos millones de soldados en el continente europeo, sólo
60.000 están desplegados en el extranjero. Es decir, la ayuda
norteamericana es una condición sine qua non.
Además, los expertos insisten en que la política exterior europea es
más bien contraria al uso de la fuerza. “En Europa, dice Portero,
tras muchos años de protectorado norteamericano, se piensa que la paz es
un bien permanente”.
A los militares, en general, no parece gustarles este tipo de misiones.
“Socava su legitimidad”, dice Mota. Las ventajas de las operaciones
humanitarias son que mejoran la percepción de las fuerzas armadas y que
son económicamente rentables. “En España los sueldos en el extranjero
casi se triplican lo que no ocurre en Estados Unidos”. Además, los
despliegues humanitarios también contribuyen a espolear la industria de
defensa europea.
El impacto de estas actividades sobre los Ejércitos es variable.
Los americanos se quejan de que las unidades que regresan a casa
necesitan grandes inversiones en formación para refrescar las
habilidades de hacer la guerra. Pero para aquellas fuerzas armadas de
escasos recursos, las misiones humanitarias se han convertido en la
excusa perfecta para mantenerse vivas.
Con todo, el debate sobre el los ‘Ejércitos humanitarios’, que ganó
muchos enteros después de la disolución de la guerra fría y la
subsiguiente fe en un nuevo orden internacional, se está decantando a
favor de aquellos que consideran que los ejércitos seguirán siendo
ejércitos en el sentido de Von Clausewitz. Y ello porque la guerra de
Irak ha demostrado que la guerra clásica no ha acabado.
El enfado –y los celos– de las ONG
La progresiva introducción de los ejércitos en tareas humanitarias
ha suscitado ciertas suspicacias –acaso también celos– entre las
organizaciones no gubernamentales, que ven en ellas su dominio natural.
Algunas ONG, que proliferaron tras la Segunda Guerra Mundial en una
etapa histórica que ha dejado millones de refugiados y desplazados,
critican que las fuerzas armadas no intervienen realmente por razones
sociales sino por motivos políticos e intervencionistas. También se
pone en duda su capacidad de prestar ayuda dado su modus operandi
militar, más rígido y menos experimentado en estas actividades.
El Ejército, por su puesto, también tiene ventajas como una mayor
capacidad logística y de respuesta rápida, y más habilidades en
ingeniería. Muchas organizaciones, sin embargo, consideran que
los ejércitos occidentales no deberían convertirse en organizaciones
humanitarias.
Fuente: Expansión
15.01.05
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