Seguridad
Colectiva y Defensa Nacional
Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Seguridad
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La robotización de la
guerra
A comienzos de
2006, el Pentágono iniciará la fabricación de un tanque que no necesita
conductor. También se han diseñado máquinas paracaidistas capaces de
descender de un avión y entrar en combate
El envío de 18 vehículos robóticos de
EEUU a Irak es sólo el primer paso de una revolución tecnológica
que pretende crear ejércitos de autómatas 'inteligentes'
Año 2025. La
Humanidad continúa solucionando sus problemas por la fuerza, pero en los
campos de batalla apenas hay sangre, sudor y lágrimas, sino más bien
cables, circuitos y chatarra electrónica. Las naciones tecnológicamente
más avanzadas han reclutado a unos soldados disciplinados como el que
más, que se estimulan con algoritmos en vez de arengas y que no dudan en
dejarse su piel metálica contra el enemigo: el mando aún pertenece a
personas, pero los robots hacen el trabajo sucio.
Al menos esta es la
visión del Proyecto Alpha, un grupo de expertos del Ejército
estadounidense que ya ha avisado del tipo de guerras que podríamos
contemplar de aquí a dos décadas, con máquinas aniquilándose unas a
otras en primera línea de fuego. Lo hemos visto en Terminator o en La
guerra de las galaxias, pero lo cierto es que «el futuro podría estar
más cerca de lo usted piensa», según advierte Ron Schafer,
relaciones públicas del Mando Conjunto de las Fuerzas de EEUU.
De hecho, en la
actualidad hay 18 robots preparados para ir la Guerra de Irak durante la
próxima primavera. Aunque ya se han empleado máquinas similares para
detectar explosivos o buscar supervivientes entre las ruinas, estos
serán los primeros autómatas en disparar contra el enemigo: un
batallón de clones en primera línea de fuego que no pide sueldo ni
pensiones, no filtra información a la prensa y no falla un solo disparo
(evidentemente, tampoco disfruta humillando prisioneros).

Pero estos soldados
automáticos no son sino la avanzadilla de todo un arsenal de nuevas
tecnologías diseñadas expresamente para la guerra. A los 18 nuevos
robots, que se llaman Swords (espadas) y han sido creados por la pequeña
empresa Foster Miller, pronto se unirán en las filas del Ejército
estadounidense los R-Gators, pequeños tanques inteligentes que no
necesitan conductor y cuya fabricación a pleno rendimiento está prevista
para comienzos del próximo año. En cualquier caso, los ingenios
robóticos no resultarán una novedad en Irak, donde aviones automáticos
de diversas clases y tamaños han realizado ya misiones de reconocimiento
del terreno e incluso algunos han participado en batallas disparando sus
misiles.
Vehículos exploradores
De hecho, los vehículos Talon, los mismos que han servido de soporte
para crear los nuevos robots, se han empleado hasta ahora para
transportar armamento o adelantarse a los soldados y avisar si hay
peligro.

La empresa iRobot,
creadora de los R-Gators, también ha participado en las guerras de
Afganistán e Irak con sus pequeños vehículos exploradores, pero
entre sus planes para el futuro figuran máquinas aún más ingeniosas y
destructivas. Así, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de
Defensa (DARPA), de EEUU, está patrocinando el diseño de un batallón de
120 robots que imitan la conducta social de los insectos para trabajar
en equipo.
Estos pequeños autómatas, llamados Swarm (enjambre), se
comunican entre sí mediante rayos infrarrojos y son capaces de
recorrer largas distancias usando a otros robots como señales,
agruparse en torno a un objeto e introducirse en un edificio para
explorarlo. El DARPA también pretende desarrollar batallones de
máquinas paracaidistas que puedan descender desde un avión para entrar
en combate e ingenios que sean capaces de trepar por las paredes usando
energía electrostática.

Otro robot que está esperando ya su
turno para entrar en combate es el tanque Mule (mula), que
tiene un peso de dos toneladas y media y ha sido construido por la
empresa Lockheed Martin para transportar armas. En cualquier caso, los
autómatas militares no sólo son útiles en el frente, ya que algunos de
estos ingenios se han empleado para desactivar bombas en Irlanda del
Norte o rescatar heridos tras los ataques a las Torres Gemelas.
El Telemax, por ejemplo, que
acaba de desarrollar la compañía Telerob, está diseñado para
encontrar y anular toda clase de explosivos en los rincones más
recónditos. Y hay vigilantes mecánicos, como el Robart, que evitan
las visitas no deseadas sin llegar a ser letales. Así, la última versión
de este robot, creado por la Marina estadounidense, es capaz de detectar
a los intrusos y dispararles dardos tranquilizantes o balas de fogueo.

Además, el Departamento
de Defensa de EEUU también está financiando algunas investigaciones
con brazos robóticos, unas extremidades mecánicas que se mueven con
el pensamiento y que podrían ayudar no sólo a las personas con parálisis
sino también a los militares que pierdan sus extremidades en combate.
Por otra parte, los sistemas de Inteligencia Artificial podrían
resultar muy útiles en situaciones de tensión que requieran una decisión
rápida, fría y racional. Por el momento, los cerebros mecánicos no
tienen capacidad para sustituir en el campo de batalla a los soldados,
aunque sí les pueden echar un cable en algunas situaciones. De hecho,
esta clase de programas se emplea habitualmente para simular condiciones
de combate e incluso para ayudar a los soldados a entender el idioma del
enemigo.
Pero los militares no serán los únicos que se beneficien de esta clase
de artilugios. Los reporteros de guerra también podrían disponer
en el futuro del Robojournalist, una especie de periodista
automático capaz de introducirse sin problemas hasta el corazón del
campo de batalla.
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Ejércitos invisibles de 'nanobichos' mortíferos |
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«El más formidable de los
ejércitos jamás visto sobre la Tierra está formado por una suerte de
soldados que, por su pequeño tamaño, resultan invisibles». Así describió
el médico Sir William Perry a los microbios en 1640, pero Eric Drexler,
el padre de la nanotecnología, recuperó la cita en su libro Engines of
creation (Las máquinas creadoras). Desde la publicación de este libro,
en 1986, muchos han visto en la manipulación de átomos un campo con un
inmenso potencial militar.
En Estados Unidos, desde primavera de 2003 está en marcha un centro para
la aplicación bélica de los últimos avances en nanotecnología,
gestionado por el Ejército estadounidense y el prestigioso Instituto
Tecnológico de Massachussets (MIT). Entre sus logros se encuentra un
nuevo chaleco antibalas más ligero y resistente, gracias a que su tejido
está trabajado a nivel molecular.
Pero EEUU no es la única potencia que ha mostrado un reciente interés
por el uso militar de la nanotecnología. Paul Hirst, catedrático de
Teoría Social en la Universidad de Londres, describió hace dos años al
Instituto de Defensa británico cómo podrían ser las guerras del futuro,
y habló de «máquinas biológicas mortales de vida limitada que podrían
ser lanzadas como munición para duchar al enemigo con millones de
nanorobots que, literalmente, se comerían vivos a los humanos». Ante
esta clase de visiones aterradoras, en el Reino Unido el Príncipe Carlos
se ha manifestado en múltiples ocasiones contra el desarrollo de la
nanotecnología, declarando su temor ante los peligros que entrañaría la
manipulación de átomos como baza militar.
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Fuente: El Mundo
26.01.05