Los programas espía de nueva generación explotan el punto más débil de
la seguridad informática: el factor humano
Pueden infiltrarse
en su ordenador
Se acercaba la Navidad
del año 1987 cuando Isaac Sheffer, un estudiante de informática de la
Universidad Hebrea de Jerusalén, descubría que el programa que preparaba
como proyecto para una asignatura había aumentado de tamaño en el disco
duro: le sobraban 1.813 bytes. Extrañado, volvió a activar el programa
para asegurarse de que funcionaba correctamente. Al comprobar de nuevo
su tamaño, el código había crecido otros 1.813 bytes. Fue en
experimentos sucesivos cuando Sheffer concluyó que un virus informático
había contaminado su ordenador. Y los de su Universidad. Y los del
Gobierno israelí. Y los de casi todo el país: el virus llevaba más de un
año propagándose y estaba diseñado para borrar toda la información que
encontrase, como una bomba de relojería, el 13 de mayo de 1988. Viernes
13, cuadragésimo aniversario de la desintegración de Palestina.
Por venganza
A mediados de mayo de
2005, casi 18 años después de la aparición del segundo virus informático
de la historia, el escritor israelí Amnon Jackont encontraba publicado
en Internet un fragmento inédito del libro que estaba escribiendo. Días
más tarde recibía de su banco un extracto con transacciones que él no
había realizado. Jackont entendió a partir de estos indicios que un
intruso había asaltado su ordenador, y decidió comunicar a la policía el
nombre del principal sospechoso: Michael Haephrati, programador israelí
de 41 años residente en Londres y ex marido de la hijastra del escritor.
Con su posterior arresto por parte de Scotland Yard se ponía fin a la
mayor operación de espionaje industrial perpetrada en Israel, en la que
el incidente de Jackont apenas habría resultado relevante de no haber
sido el desencadenante de la detención de Haephrati.
Responsables de las
operadoras telefónicas Bezeq y Pele-Phone; los importadores de BMW y
Volkswagen, y ejecutivos de YES, la principal cadena de televisión por
satélite de Israel, son algunos de los 18 implicados actualmente en
custodia, junto con Michael Haephrati y su mujer, Ruth Brier-Haephrati,
de 28 años. El programador confeccionaba aplicaciones espía a medida
según los encargos de detectives privados, que intermediaban en nombre
de las empresas implicadas. Posteriormente, los propios detectives eran
los encargados de infiltrar los programas espía en los ordenadores que
deseaban monitorizar, mediante técnicas de ingeniería social. Gitit
Pincas, periodista israelí del diario económico Globes, sería la primera
víctima de esta red de espionaje, a raíz de una serie de informes
negativos publicados acerca de la multinacional Amdocs. Tras haber
sometido a diversos empleados a la prueba del polígrafo, directivos de
la empresa tomaron la decisión de contratar a un detective privado para
averiguar el origen de la información a la que Pincas había tenido
acceso. Semanas más adelante, la periodista recibía una llamada anónima
ofreciéndole una revelación exclusiva a través del correo electrónico;
los documentos llegaron, pero Pincas no consiguió abrirlos y, a falta de
noticias por parte de su confidente, decidió aparcar el asunto y
olvidarlo.
Nunca imaginó que aquellos documentos aparentemente vacíos eran, en
realidad, la cáscara bajo la que se ocultaba el programa espía mediante
el que se pudieron sustraer documentos confidenciales y correspondencia
privada de su ordenador.
En el Reino Unido, el Centro para la Coordinación de la Seguridad de las
Infraestructuras Nacionales (NISCC) lanzaba, a mediados de este mes de
junio, una alerta sin precedentes a raíz de los ataques informáticos
recibidos por 300 organismos oficiales británicos. "Nunca habíamos visto
nada semejante", afirmó Roger Cumming, portavoz del NISCC. "Ya no se
trata de hackers desde su dormitorio; son ataques muy bien organizados y
estructurados con el cometido de obtener información de una serie de
organismos oficiales de manera muy específica".
En una entrevista concedida hace ocho meses a Ciberp@ís, Vincent
Gullotto, director del departamento de investigación de la empresa
antivirus McAfee, explicaba que no descartaba la posibilidad de un
asalto informático a nivel institucional: "Las redes de los Gobiernos
son vulnerables a los virus, tal y como los conocemos hoy día. Sin ir
más lejos, un patógeno llamado Slammer atacó a mediados de este año un
agujero de seguridad de los servidores SQL. Hay Gobiernos, países,
ciudades, que manejaban sus bases de datos con SQL".
Pero poco se puede hacer sin la colaboración del usuario. Los actuales
troyanos espía son herederos de Back Orifice, un programa concebido para
el manejo de ordenadores a control remoto, cuyo uso se popularizó a
finales de los noventa como forma de acceso ilegítima a sistemas ajenos.
Bastaba con que un internauta convenciese a otro para activar el
programa; Back Orifice abría una puerta trasera en Windows y permanecía
a la espera de instrucciones del atacante: borrar archivos, leer el
correo, espiar contraseñas o sustraer documentos. "Hace cinco años",
comenta Mister Sandman, autor español de virus informáticos, ya
retirado, "programé un troyano que se hacía pasar por una aplicación
capaz de componer poesía haiku. Y, de hecho, cumplía con lo prometido y
generaba poemas con sentido de forma aleatoria. Pero, a la vez, se
instalaba en el sistema y se propagaba a otras direcciones de correo sin
que el usuario pudiese darse cuenta". El troyano era absolutamente
inofensivo e incluso se borraba a sí mismo del sistema una vez cumplido
su ciclo de reproducción. "No pretendía más que demostrar que el éxito
de los troyanos depende de la parte más débil de la seguridad
informática: el ser humano", afirma el autor. "De poco vale instalar los
sistemas más complejos de alarma en una casa, mientras su propietario
siga sintiendo curiosidad por abrir la puerta a ese desconocido que ha
llamado a su timbre".
|
Caballos
desbocados en la Red |
COMO CUENTAN
LA HISTORIA y la literatura, los troyanos no imaginaron, hace
más de tres milenios, que el enorme caballo de madera que los
griegos les habían regalado pudiese ocultar una avanzada de
soldados enemigos. Es ese el origen del término troyano (de trojan, forma abreviada en inglés de trojan horse, caballo de
Troya), con el que se designa actualmente en informática a los
programas diseñados para robar o destruir información a
distancia, camuflados bajo la apariencia de una aplicación
benigna o de un documento de interés para la víctima.
Pero los troyanos no son un fenómeno reciente. Giorgio Talvanti,
especialista italiano en seguridad informática, explica que "ya
a primeros de los noventa se produjo en España un ataque masivo
a partir de un troyano, que se hacía pasar por un documento
informativo sobre el sida para instalarse en el ordenador y
eliminar todos sus datos". "Los caballos de Troya", continúa,
"son casi tan antiguos en la historia de la informática como los
propios virus".
"Al igual que éstos, llevan casi dos décadas de evolución a sus
espaldas; mientras que los primeros prototipos eran meras
secuencias de comandos que borraban información del usuario, en
los últimos años han llegado a convertirse en aplicaciones
programadas de manera específica para espiar determinados
ordenadores y obedecer instrucciones de su programador: desde
leer el correo hasta robar contraseñas y números de cuentas
bancarias, la máquina tomada por el troyano está a merced del
asaltante", explica con contundencia Talvanti. |
Fuente: El País
26.06.05
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