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Martes, 5 de julio de 2005


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

Topos en las empresas

No lleva gabardina, ni sombrero, ni cigarrillo en los labios, pero a tu lado puede haber un detective. Las compañías contratan a investigadores para saber si la competencia les está robando ideas

 

Seguro que nadie en Valeo, uno de los mayores fabricantes de piezas de coches en Francia, sospechaba de la nueva becaria de origen chino, Li Li, de 22 años. Pero cuando hace un mes fueron descubiertos archivos en su ordenador que la implicaban en un caso de espionaje industrial, más de un directivo se echó las manos a la cabeza.

Las empresas no sólo tiene que luchar contra sus competidores. Algunas se han dado cuenta de que tienen al enemigo  en casa: empleados infiltrados que tratan de obtener información confidencial para venderla a otras compañías rivales. Las armas para luchar contra estos topos son escasas, aunque los detectives secretos empiezan a ponerse de moda, tanto en las grandes empresas como en las pymes. "Entre mis clientes tengo empresas que cotizan en bolsa", afirma César Martín, director de Castellana Detectives, una agencia de investigadores que tiene su sede en Madrid y prevé la apertura de nuevas oficinas en Barcelona y Sevilla.

Una de las tácticas más peligrosas, pero más demandadas actualmente es la infiltración de un investigador en la propia compañía. Se emplea en ocasiones muy excepcionales, porque requiere un detective a tiempo completo. "Una de las pruebas más importantes para la resolución de unos robos que estaba padeciendo una compañía de logística la obtuvo la detective al irse de copas con los empleados", apunta Martín. No es fácil ser un infiltrado, ya que se necesita saber de qué se está hablando para engañar al sospechoso. Y no es barato. Una hora de trabajo suele costar entre 70 y 100 euros.

Caso resuelto

El año pasado, las agencias resolvieron 66.000 casos de todo tipo, según los datos de la Asociación Profesional de Detectives Privados de España. El negocio que ha generado son 480 millones de euros. El 80% de las consultas pertenecen al ámbito empresarial y el 20% restante responde a peticiones particulares por temas relacionados con infidelidades conyugales o cuestiones de menores.

El sector se encuentra en un proceso de transformación. El detective actual ya no responde al prototipo de la novela negra, sino que se trata de un profesional que ha estudiado carreras como Derecho y que ha pasado un periodo de formación de tres años en un Instituto de Criminología, según dice Javier Iglesias, director de la agencia Rausa, que tiene ocho investigadores especializados en empresas. El espionaje industrial es uno de los ejemplos más extremos a los que puede enfrentarse un investigador. Ante indicios sospechosos, el cliente puede empezar a sospechar que un competidor le ha instalado un micrófono, asegura Martín. "Mi trabajo es verificar si la sospecha es real", aclara Martín. "Una vez detectados los micros, planteo al cliente la posibilidad de quitarlos o dejarlos para pasar al competidor información falsa", comenta.

Los problemas relacionados con el absentismo laboral y las falsas bajas laborales son dos de los asuntos que más se demandan por parte de las empresas. "No es normal que se pida la intervención de un investigador, a no ser que se trate de casos graves", explica Guillermo Huelin, Director General de Operaciones de Belt Ibérica S.A., consultora de prevención. "Recuerdo un caso en el que un hombre se había dado de baja porque decía que tenía fuertes dolores de espalada, y le grabamos durante dos horas cargando sacos de cemento", cuenta Martín. Esa grabación fue utilizada por la defensa de la empresa en un tribunal para demostrar que se estaba cometiendo fraude.

El enemigo está en casa

Otro asunto muy demandado es la detección de empleados infieles. "En una compañía de cosmética alemana sospechaban que algunos trabajadores se estaban aprovechando del negocio", comenta Javier Iglesias. Los indicios demostraron que las sospechas eran ciertas. La reclamación de una clienta que se había visto afectada por el uso de un producto que era "muy similar" al que fabrica la compañía les puso sobre la pista. "Empezamos a investigar a los empleados y nos dimos cuenta de que había cinco trabajadores que se habían montado una empresa paralela y sacaban beneficios de la falsificación casi perfecta, del producto", dice Iglesias.

Uno de los métodos más empleados para demostrar si existe delito es el seguimiento al individuo, grabando sus movimientos. "Suelen durar dos o tres días, que son suficientes para demostrar o aportar pruebas concluyentes para nuestros clientes", asegura Martín.

Cuidado con el despacho

Los detectives también son tekis

Los detectives privados necesitan un soporte tecnológico altamente sofisticado. Javier Sandoval, fundador de Diseño de Tecnología y Sistemas, trata de fabricar el último grito en cámaras ocultas y sistemas de audio para que el detective consiga su propósito. Según cuenta Sandoval, las empresas son "las que más demandan nuestros servicios". Hoy en día se pFoto:www.pasoo.comueden colocar una cámara oculta en un despacho y controlarla por control remoto. Además, se fabrican prendas de vestir que llevan una minicámara incorporada. En el negocio de Javier inventar constantemente nuevos métodos, "porque las cámaras ocultas que se muestran en los programas de televisión han puesto a todos alerta", relata el responsable de Diseño de Tecnologías y Sistemas.

Hoy se pueden hacer escuchas en un coche manipulando el GPS, algo legal si el vehículo es de la empresa que contrata los servicios. La última moda en las compañías es imitar lo que hizo el Vaticano durante las elección del Papa en la Capilla Sixtina: un barrido de audio en los despachos para dejar fuera de circulación cualquier micrófono. El mecanismo detecta mediante ondas radiomagnéticas la presencia de micros. Los profesionales como Javier siempre tiene el equipo listo.

 

Fuente: Actualidad Económica
Junio de 2005

Experto: Las enseñanzas del asunto Valeo, por Miguel Ormatexea (23.05.05)

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