Seguridad
Corporativa y Protección del
Patrimonio
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Topos en las empresas
No lleva gabardina,
ni sombrero, ni cigarrillo en los labios, pero a tu lado puede haber un
detective. Las compañías contratan a investigadores para saber si la
competencia les está robando ideas
Seguro que
nadie en Valeo, uno de los mayores fabricantes de piezas de coches en
Francia, sospechaba de la nueva becaria de origen chino, Li Li, de 22
años. Pero cuando hace un mes fueron descubiertos archivos en su
ordenador que la implicaban en un caso de espionaje industrial, más de
un directivo se echó las manos a la cabeza.
Las empresas no sólo
tiene que luchar contra sus competidores. Algunas se han dado cuenta de
que tienen al enemigo en casa: empleados infiltrados que tratan de
obtener información confidencial para venderla a otras compañías
rivales. Las armas para luchar contra estos topos son escasas, aunque
los detectives secretos empiezan a ponerse de moda, tanto en las grandes
empresas como en las pymes. "Entre mis clientes tengo empresas que
cotizan en bolsa", afirma César Martín, director de Castellana
Detectives, una agencia de investigadores que tiene su sede en Madrid y
prevé la apertura de nuevas oficinas en Barcelona y Sevilla.
Una de las tácticas
más
peligrosas, pero más demandadas actualmente es la
infiltración de un
investigador en la propia compañía. Se emplea en ocasiones muy
excepcionales, porque requiere un detective a tiempo completo. "Una de
las pruebas más importantes para la resolución de unos robos que estaba
padeciendo una compañía de logística la obtuvo la detective al irse de
copas con los empleados", apunta Martín. No es fácil ser un infiltrado,
ya que se necesita saber de qué se está hablando para engañar al
sospechoso. Y no es barato. Una hora de trabajo suele costar entre 70 y
100 euros.
Caso resuelto
El año pasado, las
agencias resolvieron 66.000 casos de todo tipo, según los datos de la
Asociación Profesional de Detectives Privados de España. El negocio que
ha generado son 480 millones de euros. El 80% de las consultas
pertenecen al ámbito empresarial y el 20% restante responde a peticiones
particulares por temas relacionados con infidelidades conyugales o
cuestiones de menores.
El sector se encuentra en
un proceso de transformación. El detective actual ya no responde al
prototipo de la novela negra, sino que se trata de un profesional que ha
estudiado carreras como Derecho y que ha pasado un periodo de formación
de tres años en un Instituto de Criminología, según dice Javier
Iglesias, director de la agencia Rausa, que tiene ocho investigadores
especializados en empresas. El espionaje industrial es uno de los
ejemplos más extremos a los que puede enfrentarse un investigador. Ante
indicios sospechosos, el cliente puede empezar a sospechar que un
competidor le ha instalado un micrófono, asegura Martín. "Mi trabajo es
verificar si la sospecha es real", aclara Martín. "Una vez detectados
los micros, planteo al cliente la posibilidad de quitarlos o dejarlos
para pasar al competidor información falsa", comenta.
Los problemas
relacionados con el absentismo laboral y las falsas bajas laborales son
dos de los asuntos que más se demandan por parte de las empresas. "No es
normal que se pida la intervención de un investigador, a no ser que se
trate de casos graves", explica Guillermo Huelin, Director
General de Operaciones de Belt Ibérica S.A., consultora de prevención.
"Recuerdo un
caso en el que un hombre se había dado de baja porque decía que tenía
fuertes dolores de espalada, y le grabamos durante dos horas cargando
sacos de cemento", cuenta Martín. Esa grabación fue utilizada por la
defensa de la empresa en un tribunal para demostrar que se estaba
cometiendo fraude.
El enemigo está en
casa
Otro asunto muy demandado
es la detección de empleados infieles. "En una compañía de cosmética
alemana sospechaban que algunos trabajadores se estaban aprovechando del
negocio", comenta Javier Iglesias. Los indicios demostraron que las
sospechas eran ciertas. La reclamación de una clienta que se había visto
afectada por el uso de un producto que era "muy similar" al que fabrica
la compañía les puso sobre la pista. "Empezamos a investigar a los
empleados y nos dimos cuenta de que había cinco trabajadores que se
habían montado una empresa paralela y sacaban beneficios de la
falsificación casi perfecta, del producto", dice Iglesias.
Uno de los métodos más
empleados para demostrar si existe delito es el seguimiento al
individuo, grabando sus movimientos. "Suelen durar dos o tres días, que
son suficientes para demostrar o aportar pruebas concluyentes para
nuestros clientes", asegura Martín.
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Cuidado con el despacho |
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Los
detectives también son tekis
Los detectives
privados necesitan un soporte tecnológico altamente sofisticado.
Javier Sandoval, fundador de Diseño de Tecnología y Sistemas,
trata de fabricar el último grito en cámaras ocultas y sistemas
de audio para que el detective consiga su propósito. Según
cuenta Sandoval, las empresas son "las que más demandan nuestros
servicios". Hoy en día se p ueden
colocar una cámara oculta en un despacho y controlarla por
control remoto. Además, se fabrican prendas de vestir que llevan
una minicámara incorporada. En el negocio de Javier
inventar constantemente nuevos métodos, "porque las cámaras
ocultas que se muestran en los programas de televisión han
puesto a todos alerta", relata el responsable de Diseño de
Tecnologías y Sistemas.
Hoy se pueden
hacer escuchas en un coche manipulando el GPS, algo legal si el
vehículo es de la empresa que contrata los servicios. La última
moda en las compañías es imitar lo que hizo el Vaticano durante
las elección del Papa en la Capilla Sixtina: un barrido de
audio en los despachos para dejar fuera de circulación
cualquier micrófono. El mecanismo detecta mediante ondas
radiomagnéticas la presencia de micros. Los profesionales como
Javier siempre tiene el equipo listo. |
Fuente: Actualidad
Económica
Junio de 2005
Experto:
Las enseñanzas del asunto Valeo, por Miguel
Ormatexea (23.05.05)
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