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Miércoles, 6 de julio de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Agujeros en la seguridad de Singapur

Del brío de las primeras jornadas, en las que nadie escapaba al detector de metales varias veces al día, se ha pasado a una visible relajación por parte de la Policía de Singapur

 

Las aparentes extremas medidas de seguridad de Singapur se van desinflando. Del brío de los primeros días, en los que pasaban por el detector de metales hasta las palomas, se ha pasado a una cierta relajación, excesiva, para quien tenga acreditación. Depende del policía o militar y de las ganas con las que les pilles. Por la mañana era imposible entrar al recinto donde se hará la votación, Swissotel, con una botella de un litro de agua.

Foto:www.singapore-discount-hotels.com

No, no se confundan, no nos dejaban sin beber, nos las cambiaban por cuatro botellas pequeñas. Era imposible explicar al policía que con el cambio nos daban la oportunidad de acertar más veces si lo que pretendíamos era arrojarlo a alguien. Bueno, era posible, pero la respuesta es que le daríamos, pero le haríamos menos daño.

Sin embargo, por la tarde accedimos al mismísimo recibidor del hotel con una mochila que no revisó nadie, ni pasó por el detector de metales. Mi cámara de fotos podía ser un kilo de explosivos que habría podido depositar en los pies de cualquiera de los mandamases que rondaba por el recinto. Más o menos, una centena de altísimos cargos.

Un policía de Singapur, atento con un rifle en la mano

Curioso es también el caso del baño que está justo en la frontera del recinto del COI y un centro comercial. Es el más cercano en la primera planta, pero una vez que se sale –la distancia son apenas treinta centímetros– se pasa a territorio comanche y para entrar hay que volver a pasar los controles. Tampoco aquí vale de nada dialogar: el guardia sonríe, tú le miras, él te mira y tú acabas en la cola con tu mochila.

Los coches son el último eslabón de esta cadena. En la puerta del recinto hay una barrera de seguridad mecánica. Los guardias revisan cada vehículo, pero ni es un chequeo concienzudo, ni usan detectores de explosivos, ni hay perros adiestrados. La seguridad en la cumbre del COI no es, por tanto, tan estricta e infalible como quieren los miembros del máximo organismo olímpico en las ciudades candidatas. En ese caso los delegados olímpicos no aceptan fallos y consideran muy importante todo lo relacionado con evitar posibles atentados terroristas.

En este asunto, al proyecto moscovita le ha surgido un nuevo problema. El comandante de la guerrilla chechena, Shamil Basáyev, advir- tió ayer de que en caso de que Moscú resulte elegida los deportistas no se sentirán seguros. «Nadie puede garantizar la seguridad de los deportistas. Y de que bombardearemos Moscú a nadie le puede caber ninguna duda», declaró Basáyev, el terrorista más buscado por Moscú.

Fuente: La Razón
06.07.05

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