Seguridad Pública y Protección Civil
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Agujeros en la seguridad
de Singapur
Del brío de las
primeras jornadas, en las que nadie escapaba al detector de metales
varias veces al día, se ha pasado a una visible relajación por parte de
la Policía de Singapur
Las
aparentes extremas medidas de seguridad de Singapur se van
desinflando. Del brío de los primeros días, en los que pasaban por
el detector de metales hasta las palomas, se ha pasado a una cierta
relajación, excesiva, para quien tenga acreditación. Depende del
policía o militar y de las ganas con las que les pilles. Por la mañana
era imposible entrar al recinto donde se hará la votación, Swissotel,
con una botella de un litro de agua.

No, no se
confundan, no nos dejaban sin beber, nos las cambiaban por cuatro
botellas pequeñas. Era imposible explicar al policía que con el cambio
nos daban la oportunidad de acertar más veces si lo que pretendíamos era
arrojarlo a alguien. Bueno, era posible, pero la respuesta es que le
daríamos, pero le haríamos menos daño.
Sin
embargo, por la tarde accedimos al mismísimo recibidor del hotel con una
mochila que no revisó nadie, ni pasó por el detector de metales.
Mi cámara de fotos podía ser un kilo de explosivos que habría podido
depositar en los pies de cualquiera de los mandamases que rondaba por el
recinto. Más o menos, una centena de altísimos cargos.
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Un
policía de Singapur, atento con un rifle en la mano |
Curioso es
también el caso del baño que está justo en la frontera del recinto del
COI y un centro comercial. Es el más cercano en la primera planta, pero
una vez que se sale –la distancia son apenas treinta centímetros– se
pasa a territorio comanche y para entrar hay que volver a pasar los
controles. Tampoco aquí vale de nada dialogar: el guardia sonríe, tú
le miras, él te mira y tú acabas en la cola con tu mochila.
Los coches son el último eslabón de esta cadena. En la puerta del
recinto hay una barrera de seguridad mecánica. Los guardias
revisan cada vehículo, pero ni es un chequeo concienzudo, ni usan
detectores de explosivos, ni hay perros adiestrados. La seguridad
en la cumbre del COI no es, por tanto, tan estricta e infalible como
quieren los miembros del máximo organismo olímpico en las ciudades
candidatas. En ese caso los delegados olímpicos no aceptan fallos y
consideran muy importante todo lo relacionado con evitar posibles
atentados terroristas.
En este
asunto, al proyecto moscovita le ha surgido un nuevo problema. El
comandante de la guerrilla chechena, Shamil Basáyev, advir- tió ayer de
que en caso de que Moscú resulte elegida los deportistas no se
sentirán seguros. «Nadie puede garantizar la seguridad de los
deportistas. Y de que bombardearemos Moscú a nadie le puede caber
ninguna duda», declaró Basáyev, el terrorista más buscado por Moscú.
Fuente: La Razón
06.07.05
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