Seguridad
Corporativa y Protección del
Patrimonio
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Cartas al director:
Laporta, en calzoncillos
José Mª García-Hoz
(Madrid)
Terminal C del aeropuerto
del Prat, sábado 9 de julio, 15.15 horas. Europa todavía vive
conmocionada por la masacre de Londres. Como en todos los grandes
aeropuertos europeos, el barcelonés del Prat funciona con alerta
máxima: más sensibilidad en los detectores de metales, más personal
de vigilancia, evidente o camuflado, estricto cumplimiento de los
protocolos de seguridad.
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Joan Laporta, Presidente del
F.C. Barcelona |
Con todo, como cualquier sábado a primera hora de la tarde, el
aeropuerto sestea: menos vuelos que en los días de cada día, menos
pasajeros, más tranquilidad. Pasar los controles de seguridad/policía
lleva apenas un par de minutos. Joan Laporta, el trionfant presidente
del Barcelona C. F., rodeado de media docena de escoltas y
colaboradores, pasa el detector de metales con el descuido
rutinario de quien ha cumplido el trámite en muchas ocasiones. El
arco pita. Laporta, contrariado por el descuido, vuelve atrás y saca
de los bolsillos algunas llaves y monedas. El segundo intento acaba
también en pitido de alarma. En el tercero, ya sin reloj y sin
bolígrafos, vuelve a sonar el timbre impertinente.
Joan Laporta pierde definitivamente los nervios. Esas mierdas de
aparatos no saben quién es él. Empieza a gritar y a proferir insultos
hacia el personal de seguridad: ¡Cabrones, siempre me hacéis lo
mismo! ¡Me tenéis hasta los cojones! ¡Si queréis que me quede en
pelotas lo vais a conseguir! Entre gritos e imprecaciones, el presidente
del Barcelona F. C. se saca los zapatos y los tira por el aire, más allá
del arco de seguridad; antes de que los desconcertados escoltas puedan
impedirlo, se desabrocha el cinturón, se saca los pantalones y los mete
en una cesta para que pasen el detector de metales en los equipajes.
Enfurecido y enrabietado, un personaje público en paños menores -cutres
calzoncillos slip de punto gris- arma un lío. La gente que circula
por allí no se lo puede creer. El desconcierto del público obliga al
guardia civil a pedir el DNI a un personaje al que seguramente admira y
en todo caso conoce muy bien. Nuevos gritos e insultos ponen en marcha
el principio de autoridad. «Señor Laporta, acompáñeme, por favor»,
dice un guardia civil que prefiere aguantar las imprecaciones de
personaje tan principal que vivir el oprobio de no reaccionar al verse
insultado en público. El presidente del Barcelona F. C. y el guardia
pasan un par de minutos al resguardo de las miradas de la gente, en el
interior de una precaria caseta, habilitada para registros de urgencia.
Joan Laporta sale con los pantalones en su sitio y la misma indignación
con la que entró. El guardia, con la esperanza de que aquella pantomima
de registro sirva para acabar con el incidente.
Poco antes del incidente, en la pequeña cola de los que íbamos a pasar
el control de seguridad, detrás de Laporta estaba un servidor. También
conmocionado por la matanza de Londres y por la fiesta familiar del día
anterior, al principio decidí no dar importancia al asunto: estamos
todos nerviosos. A medida que aumentaban los decibelios, volaban los
zapatos y empezaba el parcial strip tease, sin éxito traté de sumarme a
los escoltas del presidente del Barcelona F. C., que vanamente
recomendaban calma a su jefe.
Cuando Joan Laporta, adecuadamente vestido y calzado, se dirigía a la
sala de espera de Business Clas de Iberia, le reproché: «¡Vaya ejemplo!
¡Vaya ejemplo de comportamiento cívico que nos ha brindado al común
de la ciudadanía!». El presidente del Barcelona F. C. no volvió la
cabeza; pero cuando, a mi vez, entré en la sala Business, Joan Laporta
se dirigió a mí desafiante: «¡Qué me miras! ¿Te he hecho algo?».
Articulé una respuesta quizás sin sentido: «pues sí, ha faltado usted al
buen gusto, a las normas de educación y convivencia más elementales».
Progresivamente alterado me espetó: «¿Qué pasa? ¿Te has excitado?». En
aquel momento los acompañantes del presidente del Barcelona F. C.
consiguieron que Joan Laporta se callara antes de que continuara
explicitando su homofobia.
Fuente: ABC
11.07.05
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