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Jueves, 14 de julio de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

«El atentado de Londres deja en evidencia la falta de proyecto antiterrorista de Occidente»

Giovanni Sartori, estudioso de la política y profesor emérito

 

El domicilio romano de Giovanni Sartori llama la atención por la proliferación de libros, recortes de periódicos y medicamentos. También porque la mesa del despacho aloja como un altar pagano el prodigio de la Olivetti lettera 22, una máquina de escribir portátil que el politólogo toscano utiliza cotidianamente desde hace 50 años.

Foto: El País

El teclado, el carro y la tinta han alumbrado 30 libros, decenas de ensayos, miles de artículos y decenas de textos universitarios. Porque Sartori ha sido y es fundamentalmente un profesor. En Harvard, en Stanford, en Columbia y en la Universidad de Florencia, su ciudad natal y su referencia cultural de la ironía, de la provocación y del sarcasmo, tal como se desprende de la conversación mano a mano. «¿De qué quiere que hablemos?», pregunta Sartori consciente de la amplitud humanística del saber propio. Inevitable empezar por el atentado de Londres.

PREGUNTA.- ¿Cuál ha sido su impresión de este rebrote terrorista?

RESPUESTA.- Es una demostración de poder. Una exhibición sanguinaria y mediática que deja en evidencia la falta de respuesta y de proyecto antiterrorista de Occidente. Mi impresión es que estos señores del G8 todavía no se han tomado en serio la gravedad del problema. ¿Van a hacerlo ahora?

P.- En caso afirmativo, ¿qué soluciones cree usted posibles?

R.- Hay un problema de fondo que consiste en el modo en que la tecnología ha multiplicado hasta el infinito el poder de los agresores. Antes existían el cañón y la fortaleza. Ahora sólo existe el cañón, de modo que la vulnerabilidad occidental es extrema. Carecemos de defensa ante el impacto del terrorismo. Hemos creado una tecnología de la que no sabemos defendernos. Y no sólo. El terrorismo islámico ha descubierto la capacidad de golpear con sentido de la oportunidad. En Londres ha aprovechado la convocatoria del G8 y el despliegue mediático para divulgar el mensaje del miedo. Como en Madrid descubrió que podía cambiar o acelerar la política de un país al abrigo de las elecciones.¿No era la retirada de los soldados de Irak cuanto exigían los terroristas?

P.- Usted dijo entonces que la decisión de Zapatero fue cobarde.

R.- ¿De qué servía marcharse una vez creado el problema? Bush se equivocó y Zapatero más aún, víctima del ciego pacifismo. Huir del problema no es resolverlo. Consumado el desastre de la Guerra de Irak, era peor abandonar el país porque se abren los riesgos de un nuevo frente islámico radical. Todo esto demuestra que Occidente ha infravalorado o malinterpretado el problema del terrorismo islámico. Debemos admitir además que ya no somos una civilización fuerte. Hemos perdido la capacidad de resistencia a fuerza de regodearnos en el propio bienestar.

P.- Ya sabe que muchos de sus colegas consideran que la raíz del problema es precisamente la desigualdad. Y que la desigualdad es el instrumento de manipulación del terrorismo.

R.- La raíz del problema no es la desigualdad económica ni el hambre. Es el fanatismo religioso, el fundamentalismo, la exacerbación. Inútil buscarles otras explicaciones a los actos bárbaros y a las masacres. No entro en ese juego.

P.- Coincide plenamente con Oriana Fallaci. Sin embargo, ha discrepado de ella en el terreno del referéndum sobre la Ley de Fecundación Artificial en Italia.

R.- Soy amigo de infancia de Oriana. Los dos somos florentinos. Nos hemos visto mucho en Nueva York. Ultimamente no tanto porque se ha vuelto un poco neurótica y se ha enclaustrado. Y yo he defendido incluso el libro de La rabia y el orgullo, aunque no me gusta su registro agudo. Ella es una soprano y yo un bajo. Pero decía muchas cosas ciertas. Ahora bien, su artículo contra la investigación de los embriones y contra las técnicas de fecundación artificial es simplemente inaceptable. Apareció con gran relieve en el Corriere della Sera y yo intervine porque no quería que el mensaje del periódico fuera el de Oriana. Lo hice por neutralidad. Ha escrito bellísimos libros, pero este artículo era paranoico. Los partidarios de la investigación de células madre no somos Hitler ni Frankenstein, como ella decía. Espero que reflexione. Que evite esos modos canallescos. Y que acepte un pequeño juego dialéctico. Cuando me como un huevo de avestruz, no me he comido el avestruz entero. Y del mismo modo un embrión no es un ser humano.

P.- El caso es que el resultado del referéndum ha dado la razón a la Fallaci y al cardenal Ruini. ¿Tiene la impresión de que la Iglesia ha decidido pasar a la acción, a movilizarse políticamente?

R.- Ya lo creo. Ha habido una injerencia. En este referéndum hemos visto una Iglesia fanática y fundamentalista, invadiendo profundamente las prerrogativas del Estado laico. Ha descubierto en este plebiscito una capacidad de movilización política que seguirá usando y que muchos partidos van a intentar aprovechar electoralmente para hacerse con el voto católico. La Iglesia querrá interferir. Tranquilos, sólo en Italia. La Iglesia se llama universal, pero es muy italiana. Quiero decir que los italianos somos las primeras víctimas. También intenta la Iglesia hacer cosas fuera, pero nada serio. Por eso propongo que el Papado se traslade nuevamente a Aviñón. Parece que allí no quieren ir los pontífices. Aunque hace fresco, es muy bonito y no hay tráfico. La Iglesia quiere expandirse, pero no lo consigue. Ya hemos visto los bastonazos que se ha llevado de Zapatero en España. Otra cuestión es América Latina, sobre todo Brasil y México, donde está reivindicándose sin la menor conciencia esa llamada absurda a la procreación.

P.- La bomba demográfica. Usted lo ha explicado en La Tierra explota.

R.- Es una irresponsabilidad. La Iglesia se ha casado con la ética de los principios y no con la ética de la responsabilidad. La ética de los principios se impone cueste lo que cueste. La ética de la responsabilidad se atiene a las consecuencias de las acciones. Por eso la Iglesia católica es irresponsable. Más aún cuando se minimiza la influencia de la bomba demográfica. Hace 100 años éramos 2.000 millones; ahora somos el triple y continuamos creciendo. A un ritmo de dos Españas anuales. Es una locura. Producimos daños en el sistema ecológico que la naturaleza no tiene tiempo de reparar. Y de ahí nace el concepto de desarrollo no sostenible. Lo sería si hubiera una regeneración. La contaminación está modificando el clima. De ahí proviene la sequía, sin olvidar el exceso de consumo. Necesitamos más agua. Y, como no hay suficiente, se resiente la producción agrícola, de modo que la cadena se complica extraordinariamente. La aceleración de la población se acompaña de la industrialización de sociedades nuevas. Antes los chinos iban en bicicleta. Ahora van en coche. Y, en 10 años, China contaminará mucho más que Estados Unidos. Porque necesitará energía, carbón... No nos gusta aceptar la gravedad de los hechos. Hay costes ecológicos e intereses que los combaten. Es un problema de estupidez y de inercia. No se puede detener la industria y no se detiene. La doctrina económica en boga antepone el evangelio del desarrollo. Afirmando que el desarrollo es la curación del desarrollo. Falta perspectiva, conciencia. Y se miente. Hemos sabido que la Administración Bush manipulaba los informes sobre el impacto contaminante de la industria. Hemos llegado a la mentira de Estado para disimular la gravedad de la verdad. Es necesario un control de la natalidad, por mucho que al presidente americano, un cristiano converso, le beneficie electoralmente compartir la llamada a la procreación de la Iglesia. Bush es muy cristiano, incluso parece que se lo cree. Qué lástima. Hubiera preferido que Bush hubiera continuado siendo un borrachín. Hubiera sido mucho mejor presidente. Pero ha encontrado a Dios en su camino de redención.

P.- No está solo. Crece el fundamentalismo cristiano en EEUU.El 57% de los americanos rechaza las teorías evolucionistas amparándose en la tesis del creacionismo. Han intervenido incluso algunas universidades demonizando la herencia de Darwin.

R.- Existe la América de las grandes ciudades y de las costas, altamente industrializada y sofisticada. Como existe en medio una enorme pradera donde reside una vieja sociedad que se ha detenido en la realidad de hace dos siglos. Es ahí donde Darwin no tiene sitio y donde algunas universidades pueden cuestionar la teoría de la evolución de las especies. Es una América enorme y arcaica. Además de supersticiosa. Hay un revival religioso, pero no me refiero al del contraevolucionismo. El revival, en realidad, tiene su explicación en una realidad: hemos creado un vacío espiritual demasiado grande en la sociedad del bienestar. Nos hemos empobrecido espiritualmente, de modo que nacen estos movimientos religiosos. El dinero y el bienestar no nos están haciendo felices.

P.- Mucho menos la televisión. Usted sostiene en Homo videns que el hombre se está transformando a cuenta de contemplarla.

R.- La televisión está transformando al hombre. Hemos pasado del homo sapiens al homo videns. Aquél entendía el mundo a través del concepto y de la abstracción. Este lo intenta desde la imagen. La televisión está destruyendo el pensamiento abstracto. Porque las nociones no tienen un aspecto visible. El Estado no lo veo. La Justicia no la veo. La democracia no puede construirse en una imagen. Ahora los videoniños y los videoadultos identifican la realidad con la imagen. Entienden sólo lo que ven. Y es un enfoque gravísimo, porque las imágenes son una simplificación de la realidad.

P.- Usted sostiene que la televisión es una de las razones que ha condicionado el alejamiento entre el hombre y la política.

R.- Hablemos de videocracia y de asnocracia. Porque la televisión es comercial. Y el dinero se hace fomentando el show, no con los debates ni con los programas de ciencia, de saber, de cultura. El televidente tiene delante la cultura de la estupidez, del cotilleo, de la tontería. De modo que el daño a la sociedad es enorme. La televisión amputa la realidad. Te la filtra a su antojo. Gracias a la televisión desconocemos el mundo. Y ahí entra en juego la repercusión de la que hablaba antes: la política está en crisis porque el nivel de conocimiento del ciudadano ha descendido y porque también lo ha hecho el de la clase política, cada vez más sensible al impacto mediático, demagógico, carismático, formal, en suma, populista. En este contexto, casi todas las nuevas constituciones, con excepción de la española, son una peor que la otra. Son máquinas que no pueden funcionar. Una constitución sirve como instrumento para disciplinar y limitar el ejercicio del poder. No te deben decir qué cosas hacer, sino cómo hacerlas. Las constituciones latinoamericanas, por ejemplo, son auténticas telenovelas.

P.- ¿Y qué le ha sucedido a la Constitución Europea?

R.- La Constitución Europea se ha construido mal. Hay políticos que quieren pasar a la Historia a cualquier precio. Y Giscard d'Estaing tenía prisa. El paso a la Europa de los 25 ha sido precipitado, demasiado rápido. Porque es una realidad que existe una Europa a dos velocidades. Y sincronizarlas requiere tiempo. Hacerlo de golpe, incluyendo a los países pobres del Este es un ejercicio bastante irresponsable. La ampliación ha sido prematura, excesiva y equivocada. Creo además que los mecanismos de ponderación de los países componentes no son equilibrados. Corremos el riesgo de hacer unas naciones europeas. No, no somos iguales, como no pueden aceptarse como variables indiscutibles los criterios de población o el PIB. Además, la maquina de las decisiones no funciona. Es demasiado pesada. Hemos saltado de un sistema de comité -un grupo de 15- a un parlamentino. El salto de 15 a 25 modifica la naturaleza de la criatura que se ha creado. De ahí proviene la ingenuidad y la incompetencia de esta constitución. Es mala. Pero aun así no siento la responsabilidad de rechazarla. Yo no votaría no como han hecho los franceses.

SU PROPIO MUNDO

«Prefiero no ver la televisión; me hace peor persona»

P.- ¿Es verdad que tiene en el cajón un libro de economía de 300 páginas?

R.- Completamente cierto. Y he decidido que nunca voy a publicarlo. Primero porque me da muchísima pereza escribir las notas a pie de página. Y después porque no quiero abrir un nuevo frente de enemigos. Me refiero a los economistas, que serían depredadores terribles.

P.- ¿Qué hace un televisor en la casa de Sartori, demiurgo del homo videns?

R.- Es un electrodoméstico que permanece casi siempre apagado. De vez en cuando lo enciendo para ver un partido de fútbol, pero no suelo verla porque me hace peor persona. En cambio, me gusta ir a los debates y a los programas porque es un modo de mejorarla [se ríe Sartori] y de recomendar que la verdadera cultura está en los libros.

P.- ¿Cuántos conforman su biblioteca?

R.- Digamos que unos 20.000, pero no los he leído todos. Importa que estén ahí, dispuestos a abrirse cuando a uno le hacen falta. Seguramente mi vida le parecerá aburrida a muchas personas, pero a mí me gusta. Hablo, escribo, estudio. Y leo. Mejor dicho, sé leer. La lectura es insustituible en mi vida. O sea, que soy una especie amenazada. Pero entiendo que hay que defender la cultura de la palabra, del símbolo, de la abstracción. Ya digo, soy un bicho bastante raro, ¿no?

P.- Pero bastante reconocido. ¿Cómo ha digerido el Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales?

R.- No nos engañemos. Estoy orgullosísimo. Porque tiene mucho prestigio y porque a la vanidad de uno le gusta que reconozcan el trabajo que ha hecho. Este ha sido un año de bonanza. Me han colmado de premios, títulos, honoris causa. No debo haber hecho las cosas mal.

P.- ¿Cuántas horas duerme?

R.- Las que me permite mi trabajo. No tengo nada de tiempo libre, como se dice. Ni me hace falta. Como tampoco recuerdo nunca mis sueños. Y debo de tenerlos, pero se me olvidan.

P.- ¿La última vez que ha ido a misa?

R.- Deje, deje. Aunque no soy ningún comecuras. Siempre y cuando no me toquen los costados. Porque entonces me agito. Las sociedades liberal-democráticas han nacido en oposición a las guerras de religión y a la Iglesia católica. Hemos construido un mundo ético-político laico. Fundado sobre la expresión de la voluntad popular. Que no significa abominar de Dios. Simplemente no obedezco la autoridad del Papa. Porque creo en la división entre el Estado y la Iglesia. Gracias a Dios...

LA CUESTIÓN

P.- ¿Por qué le obsesiona el gigante chino?

R.- Gran parte de Europa ha sido proteccionista. Fundamentalmente en la agricultura, que es la salvaguardia del territorio. Por eso ha prevalecido el principio del subsidio y de la defensa. Pues bien, ahora se presenta el problema de la competencia de China y de la India. Allí el costo del trabajo es 20 ó 30 veces menor. De modo que estamos amenazados y lo estaremos más cuando crezcan en esos países los recursos tecnológicos. No tenemos nada que venderles ni podemos obtener un producto en sus condiciones.¿Somos conscientes de este fenómeno? Ahí está fallando la liberalización. Porque se liberaliza el coste de los productos, pero no el coste del trabajo. Estamos ciegos. No advertimos esa cara oculta de la globalización. Llegaremos a niveles preocupantes de desocupación en Europa a no ser que se establezca una línea defensiva y proteccionista. En espera de que los costes del trabajo de China suban. O sea, dentro de 50 años.

Fuente: El Mundo
09.07.05

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