«El atentado de Londres deja en evidencia la falta de proyecto
antiterrorista de Occidente»
Giovanni Sartori,
estudioso de la política y profesor emérito
El
domicilio romano de Giovanni Sartori llama la atención por la
proliferación de libros, recortes de periódicos y medicamentos. También
porque la mesa del despacho aloja como un altar pagano el prodigio de la
Olivetti lettera 22, una máquina de escribir portátil que el politólogo
toscano utiliza cotidianamente desde hace 50 años.

El teclado, el carro y la tinta han
alumbrado 30 libros, decenas de ensayos, miles de artículos y decenas de
textos universitarios. Porque Sartori ha sido y es fundamentalmente un
profesor. En Harvard, en Stanford, en Columbia y en la Universidad de
Florencia, su ciudad natal y su referencia cultural de la ironía, de la
provocación y del sarcasmo, tal como se desprende de la conversación
mano a mano. «¿De qué quiere que hablemos?», pregunta Sartori consciente
de la amplitud humanística del saber propio. Inevitable empezar por el
atentado de Londres.
PREGUNTA.- ¿Cuál ha sido su impresión de este rebrote terrorista?
RESPUESTA.- Es una demostración de poder. Una exhibición sanguinaria y
mediática que deja en evidencia la falta de respuesta y de proyecto
antiterrorista de Occidente. Mi impresión es que estos señores del G8
todavía no se han tomado en serio la gravedad del problema. ¿Van a
hacerlo ahora?
P.- En caso afirmativo, ¿qué soluciones cree usted posibles?
R.- Hay un problema de fondo que consiste en el modo en que la
tecnología ha multiplicado hasta el infinito el poder de los agresores.
Antes existían el cañón y la fortaleza. Ahora sólo existe el cañón, de
modo que la vulnerabilidad occidental es extrema. Carecemos de defensa
ante el impacto del terrorismo. Hemos creado una tecnología de la que no
sabemos defendernos. Y no sólo. El terrorismo islámico ha descubierto la
capacidad de golpear con sentido de la oportunidad. En Londres ha
aprovechado la convocatoria del G8 y el despliegue mediático para
divulgar el mensaje del miedo. Como en Madrid descubrió que podía
cambiar o acelerar la política de un país al abrigo de las
elecciones.¿No era la retirada de los soldados de Irak cuanto exigían
los terroristas?
P.- Usted dijo entonces que la decisión de Zapatero fue cobarde.
R.- ¿De qué servía marcharse una vez creado el problema? Bush se
equivocó y Zapatero más aún, víctima del ciego pacifismo. Huir del
problema no es resolverlo. Consumado el desastre de la Guerra de Irak,
era peor abandonar el país porque se abren los riesgos de un nuevo
frente islámico radical. Todo esto demuestra que Occidente ha
infravalorado o malinterpretado el problema del terrorismo islámico.
Debemos admitir además que ya no somos una civilización fuerte. Hemos
perdido la capacidad de resistencia a fuerza de regodearnos en el propio
bienestar.
P.- Ya sabe que muchos de sus colegas consideran que la raíz del
problema es precisamente la desigualdad. Y que la desigualdad es el
instrumento de manipulación del terrorismo.
R.- La raíz del problema no es la desigualdad económica ni el hambre. Es
el fanatismo religioso, el fundamentalismo, la exacerbación. Inútil
buscarles otras explicaciones a los actos bárbaros y a las masacres. No
entro en ese juego.
P.- Coincide plenamente con Oriana Fallaci. Sin embargo, ha
discrepado de ella en el terreno del referéndum sobre la Ley de
Fecundación Artificial en Italia.
R.- Soy amigo de infancia de Oriana. Los dos somos florentinos. Nos
hemos visto mucho en Nueva York. Ultimamente no tanto porque se ha
vuelto un poco neurótica y se ha enclaustrado. Y yo he defendido incluso
el libro de La rabia y el orgullo, aunque no me gusta su registro agudo.
Ella es una soprano y yo un bajo. Pero decía muchas cosas ciertas. Ahora
bien, su artículo contra la investigación de los embriones y contra las
técnicas de fecundación artificial es simplemente inaceptable. Apareció
con gran relieve en el Corriere della Sera y yo intervine porque no
quería que el mensaje del periódico fuera el de Oriana. Lo hice por
neutralidad. Ha escrito bellísimos libros, pero este artículo era
paranoico. Los partidarios de la investigación de células madre no somos
Hitler ni Frankenstein, como ella decía. Espero que reflexione. Que
evite esos modos canallescos. Y que acepte un pequeño juego dialéctico.
Cuando me como un huevo de avestruz, no me he comido el avestruz entero.
Y del mismo modo un embrión no es un ser humano.
P.- El caso es que el resultado del referéndum ha dado la razón a la
Fallaci y al cardenal Ruini. ¿Tiene la impresión de que la Iglesia ha
decidido pasar a la acción, a movilizarse políticamente?
R.- Ya lo creo. Ha habido una injerencia. En este referéndum hemos visto
una Iglesia fanática y fundamentalista, invadiendo profundamente las
prerrogativas del Estado laico. Ha descubierto en este plebiscito una
capacidad de movilización política que seguirá usando y que muchos
partidos van a intentar aprovechar electoralmente para hacerse con el
voto católico. La Iglesia querrá interferir. Tranquilos, sólo en Italia.
La Iglesia se llama universal, pero es muy italiana. Quiero decir que
los italianos somos las primeras víctimas. También intenta la Iglesia
hacer cosas fuera, pero nada serio. Por eso propongo que el Papado se
traslade nuevamente a Aviñón. Parece que allí no quieren ir los
pontífices. Aunque hace fresco, es muy bonito y no hay tráfico. La
Iglesia quiere expandirse, pero no lo consigue. Ya hemos visto los
bastonazos que se ha llevado de Zapatero en España. Otra cuestión es
América Latina, sobre todo Brasil y México, donde está reivindicándose
sin la menor conciencia esa llamada absurda a la procreación.
P.- La bomba demográfica. Usted lo ha explicado en La Tierra explota.
R.- Es una irresponsabilidad. La Iglesia se ha casado con la ética de
los principios y no con la ética de la responsabilidad. La ética de los
principios se impone cueste lo que cueste. La ética de la
responsabilidad se atiene a las consecuencias de las acciones. Por eso
la Iglesia católica es irresponsable. Más aún cuando se minimiza la
influencia de la bomba demográfica. Hace 100 años éramos 2.000 millones;
ahora somos el triple y continuamos creciendo. A un ritmo de dos Españas
anuales. Es una locura. Producimos daños en el sistema ecológico que la
naturaleza no tiene tiempo de reparar. Y de ahí nace el concepto de
desarrollo no sostenible. Lo sería si hubiera una regeneración. La
contaminación está modificando el clima. De ahí proviene la sequía, sin
olvidar el exceso de consumo. Necesitamos más agua. Y, como no hay
suficiente, se resiente la producción agrícola, de modo que la cadena se
complica extraordinariamente. La aceleración de la población se acompaña
de la industrialización de sociedades nuevas. Antes los chinos iban en
bicicleta. Ahora van en coche. Y, en 10 años, China contaminará mucho
más que Estados Unidos. Porque necesitará energía, carbón... No nos
gusta aceptar la gravedad de los hechos. Hay costes ecológicos e
intereses que los combaten. Es un problema de estupidez y de inercia. No
se puede detener la industria y no se detiene. La doctrina económica en
boga antepone el evangelio del desarrollo. Afirmando que el desarrollo
es la curación del desarrollo. Falta perspectiva, conciencia. Y se
miente. Hemos sabido que la Administración Bush manipulaba los informes
sobre el impacto contaminante de la industria. Hemos llegado a la
mentira de Estado para disimular la gravedad de la verdad. Es necesario
un control de la natalidad, por mucho que al presidente americano, un
cristiano converso, le beneficie electoralmente compartir la llamada a
la procreación de la Iglesia. Bush es muy cristiano, incluso parece que
se lo cree. Qué lástima. Hubiera preferido que Bush hubiera continuado
siendo un borrachín. Hubiera sido mucho mejor presidente. Pero ha
encontrado a Dios en su camino de redención.
P.- No está solo. Crece el fundamentalismo cristiano en EEUU.El 57%
de los americanos rechaza las teorías evolucionistas amparándose en la
tesis del creacionismo. Han intervenido incluso algunas universidades
demonizando la herencia de Darwin.
R.- Existe la América de las grandes ciudades y de las costas, altamente
industrializada y sofisticada. Como existe en medio una enorme pradera
donde reside una vieja sociedad que se ha detenido en la realidad de
hace dos siglos. Es ahí donde Darwin no tiene sitio y donde algunas
universidades pueden cuestionar la teoría de la evolución de las
especies. Es una América enorme y arcaica. Además de supersticiosa. Hay
un revival religioso, pero no me refiero al del contraevolucionismo. El
revival, en realidad, tiene su explicación en una realidad: hemos creado
un vacío espiritual demasiado grande en la sociedad del bienestar. Nos
hemos empobrecido espiritualmente, de modo que nacen estos movimientos
religiosos. El dinero y el bienestar no nos están haciendo felices.
P.- Mucho menos la televisión. Usted sostiene en Homo videns que el
hombre se está transformando a cuenta de contemplarla.
R.- La televisión está transformando al hombre. Hemos pasado del homo
sapiens al homo videns. Aquél entendía el mundo a través del concepto y
de la abstracción. Este lo intenta desde la imagen. La televisión está
destruyendo el pensamiento abstracto. Porque las nociones no tienen un
aspecto visible. El Estado no lo veo. La Justicia no la veo. La
democracia no puede construirse en una imagen. Ahora los videoniños y
los videoadultos identifican la realidad con la imagen. Entienden sólo
lo que ven. Y es un enfoque gravísimo, porque las imágenes son una
simplificación de la realidad.
P.- Usted sostiene que la televisión es una de las razones que ha
condicionado el alejamiento entre el hombre y la política.
R.- Hablemos de videocracia y de asnocracia. Porque la televisión es
comercial. Y el dinero se hace fomentando el show, no con los debates ni
con los programas de ciencia, de saber, de cultura. El televidente tiene
delante la cultura de la estupidez, del cotilleo, de la tontería. De
modo que el daño a la sociedad es enorme. La televisión amputa la
realidad. Te la filtra a su antojo. Gracias a la televisión desconocemos
el mundo. Y ahí entra en juego la repercusión de la que hablaba antes:
la política está en crisis porque el nivel de conocimiento del ciudadano
ha descendido y porque también lo ha hecho el de la clase política, cada
vez más sensible al impacto mediático, demagógico, carismático, formal,
en suma, populista. En este contexto, casi todas las nuevas
constituciones, con excepción de la española, son una peor que la otra.
Son máquinas que no pueden funcionar. Una constitución sirve como
instrumento para disciplinar y limitar el ejercicio del poder. No te
deben decir qué cosas hacer, sino cómo hacerlas. Las constituciones
latinoamericanas, por ejemplo, son auténticas telenovelas.
P.- ¿Y qué le ha sucedido a la Constitución Europea?
R.- La Constitución Europea se ha construido mal. Hay políticos que
quieren pasar a la Historia a cualquier precio. Y Giscard d'Estaing
tenía prisa. El paso a la Europa de los 25 ha sido precipitado,
demasiado rápido. Porque es una realidad que existe una Europa a dos
velocidades. Y sincronizarlas requiere tiempo. Hacerlo de golpe,
incluyendo a los países pobres del Este es un ejercicio bastante
irresponsable. La ampliación ha sido prematura, excesiva y equivocada.
Creo además que los mecanismos de ponderación de los países componentes
no son equilibrados. Corremos el riesgo de hacer unas naciones europeas.
No, no somos iguales, como no pueden aceptarse como variables
indiscutibles los criterios de población o el PIB. Además, la maquina de
las decisiones no funciona. Es demasiado pesada. Hemos saltado de un
sistema de comité -un grupo de 15- a un parlamentino. El salto de 15 a
25 modifica la naturaleza de la criatura que se ha creado. De ahí
proviene la ingenuidad y la incompetencia de esta constitución. Es mala.
Pero aun así no siento la responsabilidad de rechazarla. Yo no votaría
no como han hecho los franceses.
SU PROPIO MUNDO
«Prefiero no ver la televisión; me hace peor persona»
P.- ¿Es verdad que tiene en el cajón un libro de economía de 300
páginas?
R.- Completamente cierto. Y he decidido que nunca voy a publicarlo.
Primero porque me da muchísima pereza escribir las notas a pie de
página. Y después porque no quiero abrir un nuevo frente de enemigos. Me
refiero a los economistas, que serían depredadores terribles.
P.- ¿Qué hace un televisor en la casa de Sartori, demiurgo del homo
videns?
R.- Es un electrodoméstico que permanece casi siempre apagado. De vez en
cuando lo enciendo para ver un partido de fútbol, pero no suelo verla
porque me hace peor persona. En cambio, me gusta ir a los debates y a
los programas porque es un modo de mejorarla [se ríe Sartori] y de
recomendar que la verdadera cultura está en los libros.
P.- ¿Cuántos conforman su biblioteca?
R.- Digamos que unos 20.000, pero no los he leído todos. Importa que
estén ahí, dispuestos a abrirse cuando a uno le hacen falta. Seguramente
mi vida le parecerá aburrida a muchas personas, pero a mí me gusta.
Hablo, escribo, estudio. Y leo. Mejor dicho, sé leer. La lectura es
insustituible en mi vida. O sea, que soy una especie amenazada. Pero
entiendo que hay que defender la cultura de la palabra, del símbolo, de
la abstracción. Ya digo, soy un bicho bastante raro, ¿no?
P.- Pero bastante reconocido. ¿Cómo ha digerido el Príncipe de
Asturias de las Ciencias Sociales?
R.- No nos engañemos. Estoy orgullosísimo. Porque tiene mucho prestigio
y porque a la vanidad de uno le gusta que reconozcan el trabajo que ha
hecho. Este ha sido un año de bonanza. Me han colmado de premios,
títulos, honoris causa. No debo haber hecho las cosas mal.
P.- ¿Cuántas horas duerme?
R.- Las que me permite mi trabajo. No tengo nada de tiempo libre, como
se dice. Ni me hace falta. Como tampoco recuerdo nunca mis sueños. Y
debo de tenerlos, pero se me olvidan.
P.- ¿La última vez que ha ido a misa?
R.- Deje, deje. Aunque no soy ningún comecuras. Siempre y cuando no me
toquen los costados. Porque entonces me agito. Las sociedades
liberal-democráticas han nacido en oposición a las guerras de religión y
a la Iglesia católica. Hemos construido un mundo ético-político laico.
Fundado sobre la expresión de la voluntad popular. Que no significa
abominar de Dios. Simplemente no obedezco la autoridad del Papa. Porque
creo en la división entre el Estado y la Iglesia. Gracias a Dios...
LA CUESTIÓN
P.- ¿Por qué le obsesiona el gigante chino?
R.- Gran parte de Europa ha sido proteccionista. Fundamentalmente en la
agricultura, que es la salvaguardia del territorio. Por eso ha
prevalecido el principio del subsidio y de la defensa. Pues bien, ahora
se presenta el problema de la competencia de China y de la India. Allí
el costo del trabajo es 20 ó 30 veces menor. De modo que estamos
amenazados y lo estaremos más cuando crezcan en esos países los recursos
tecnológicos. No tenemos nada que venderles ni podemos obtener un
producto en sus condiciones.¿Somos conscientes de este fenómeno? Ahí
está fallando la liberalización. Porque se liberaliza el coste de los
productos, pero no el coste del trabajo. Estamos ciegos. No advertimos
esa cara oculta de la globalización. Llegaremos a niveles preocupantes
de desocupación en Europa a no ser que se establezca una línea defensiva
y proteccionista. En espera de que los costes del trabajo de China
suban. O sea, dentro de 50 años.
Fuente: El Mundo
09.07.05
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