Belt Ibérica S.A. Analistas de Prevención

- Menú -

HOME

Noticias...
Se busca...
Eventos...
Legislación...
Bibliografía...
Artículos...

> MAPA del WEB <

Su opinión...

Envíenos la noticia o el comentario que desee.

 

 

Noticias Profesionales

  

Noticias

Martes, 19 de julio de 2005


Seguridad de la Información y Protección de Datos

Un «gran hermano» para recuperar la seguridad

La UE intensifica las medidas de vigilancia tras el 7-J - Miles de «ojos» electrónicos siguen a los ciudadanos y avivan el debate entre protección e intimidad

 

Los atentados terroristas al corazón de la capital británica han obligado a desplegar nuevas medidas de seguridad. La UE ha acordado almacenar las llamadas de teléfono y los mensajes de internet. seguridad. La Unión Europea ha acordado almacenar las llamadas ade almacenar las llamadas telefónicas y los mensajes de Internet reabre el debate sobre el derecho a la intimidad frente a la seguridad.

«La mañana del 7 de julio, Hasib Mir Hussain subió las escaleras de la estación de Luton poco antes de tomar el tren con destino a King´s Cross. En su espalda portaba una abultada mochila y en su joven rostro –tenía 18 años– podía leerse una firme intención. Así lo captaron las cámaras de seguridad de la estación londinense, unas imágenes con las que Scotland Yard ha podido identificar a este terrorista que, poco después, se inmoló en el autobús de la línea 30.

El terrorismo ha vuelto a derramar sangre sobre la Democracia. Los atentados contra Londres revelan, una vez más, que los muros de las ciudades no son infranqueables para los fanáticos y que las medidas de seguridad no pueden evitar el ruido de las bombas. Paradójicamente, de entre todas las naciones, Gran Bretaña es la más vigilada del planeta. Unas 300 veces al día, una cámara filma y almacena el rostro de un londinense en la calle, en las tiendas, restaurantes, metros... Gracias a estos ojos electrónicos, Londres investiga ahora las imágenes de 5.000 videocámaras.

Gráfico: La Razón
Para ampliar, por favor, pulse sobre la imagen

Más vigilados que nunca. La seguridad ha vuelto a fallar y la Unión Europea ya ha tomado medidas, como el acuerdo de dar luz verde en octubre a una norma que obligue a almacenar los datos de las llamadas telefónicas y mensajes de internet. El controvertido debate sobre si prima el derecho a la intimidad respecto al de seguridad vuelve a ser noticia. Manuel Coma, investigador en el Área de Defensa y Seguridad del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales, indica que la ola de atentados asestó un duro golpe al prestigio de los servicios secretos británicos, puesto en duda en varias ocasiones. Recordemos la intromisión en el Palacio de Buckingham de un periodista o la entrada de armas ficticias en la sala de reuniones de los Comunes, incidentes que llevan a «apretar las tuercas» de la seguridad cada vez más. «No existe un sistema de seguridad perfecto. La norma de la UE supone un sacrificio para la intimidad y la libertad, pero no se inspeccionarán a todas horas los datos, sino que se utilizará para volver sobre ello cuanto sea necesario».

Adaptar en España el acuerdo del almacenamiento de datos, asegura el portavoz de la Asociación de Jueces Francisco Vitoria, Manuel Torres Vela, «requiere autorización judicial» y «cambios normativos en nuestro país». Siempre que se preserve la garantía de que sea esta autoridad la que permita analizar al detalle esos datos –explica–, el derecho a la intimidad personal y a la propia imagen quedaría salvaguardado, ya que la Constitución permite que esos derechos puedan ser limitados con autorización judicial. A pesar de ello, el juez confiesa que es «un tema polémico» que habría que estudiar con «mucha cautela» por si pudiera producirse algún otro tipo de vulneración. Lo que es un hecho, confirma Torres Vela, es que hoy estamos más vigilados que nunca: «Cada vez son más restricciones a la libertad en provecho de la seguridad, pero ésa es la pretensión de cualquier estado que vive los fenómenos del terrorismo islamista».

Entre las medidas de vigilancia de nuestro país, donde las empresas de seguridad facturan al año 2.000 millones de euros, las videocámaras son las más llamativas.

La Ley de Videovigilancia aprobada en 1997 permitió su instalación en lugares públicos para velar por la seguridad ciudadana. Sin embargo, debido al consenso del que disfrutó la norma al ser un instrumento contra el terrorismo, nadie la recurrió ante el Tribunal Constitucional a pesar de que varias voces del propio organismo consideraron que había «visos de inconstitucionalidad» y que suponía «una injerencia en la intimidad». La implantación de estos aparatos se ha extendido desde entonces por toda la geografía española. «Es preocupante la presencia cada vez más habitual de vigilancia no reglamentada o distribuida de manera global», lamenta Alberto Escudero-Pascual, doctor en Seguridad y Privacidad en la Sociedad de la Información por el Royal Institute Technology de Estocolmo, quien señala que «en nombre de la seguridad se justifica todo». Un sentimiento que experimentamos al salir de casa; al bajar al aparcamiento o introducirnos en el metro; entrar en un centro comercial o en un estadio de fútbol; caminar por la vía pública o conducir por la carretera. Y es que, a excepción de las comisarías, en la mayor parte de los lugares –bancos, museos, edificios públicos, estaciones de tren, aeropuertos– alguien nos observa por una cerradura digital.

Las únicas cámaras registradas en España son las que colocan las fuerzas de seguridad para vigilar la vía pública, el resto están fuera de control. Fuentes del sector de seguridad privada estiman que son cientos de miles, pero realizar un censo resulta imposible, ya que las empresas no facilitan datos alegando confidencialidad.

Uno de los aspectos más criticados de la videovigilancia es que la mayoría de la gente no sabe que la están filmando, algo que vulnera la Ley de Protección de Datos (LOPD), que obliga a colocar un cartel en el que se informe de la grabación y a destruir las cintas en el plazo máximo de un mes. Pocas personas son conscientes de que sobre nuestras cabezas sobrevuelan también satélites que nos fotografían obteniendo imágenes de gran definición. Sobre España sobrevuelan dos, uno en Madrid y otro en Málaga. Como reconocen los expertos, el riesgo que conlleva es una fuga de datos con fines comerciales.

Redes de espionaje. Con el desarrollo de la tecnología aumenta el control. «Se nos vigila con aparatos tan cotidianos como un teléfono, una tarjeta de crédito o un ordenador, que nos conectan involuntariamente con personas que nos observan desde el otro lado, un lado que ni siquiera sabemos que existe», dice Emili Altur, abogado especialista en Derecho Informático. Es el caso de Echelon, un sistema militar de espionaje creado durante la Guerra Fría por la Agencia Nacional de Seguridad norteamericana junto a Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda para averiguar los secretos del bloque comunista. Medio siglo después, esta gran oreja anglófona sigue interceptando 2.000 millones de comunicaciones cada día, ya sean telefónicas, por fax o por correo electrónico, según reveló al Parlamento Europeo el investigador Duncam Campbell, quien acusó a Washington y Londres de espiar a los países comunitarios.

España es una «receptora pasiva» del Echelon, denuncia Altur, quien asegura que los socios de Echelon usan la información captada para sus propios fines comerciales, y pone un ejemplo: «La Boeing utilizó el Echelon para desbancar un contrato multimillonario de compra de aeronaves a Airbus por parte de Arabia Saudí».

Cámaras que siguen nuestros pasos, satélites que nos controlan desde el espacio, redes de vigilancia de parte a parte del planeta. ¿Es nuestra vida un Gran hermano de alta tecnología? La profecía de Orwell en su obra «1984» empieza a cumplirse: «Siempre esos ojos que miraban, vigilantes. En vigilia o en el sueño, en el trabajo o comiendo, en casa o en la calle, no había privacidad posible».

"Las multas más bestiales"
El hecho de que alguien nos observa es hoy una realidad. Otra cosa es con la finalidad que se haga, si se emplea con fines criminalísticos o para terceras causas. "Hasta ahora las libertades primaban en los textos constitucionales, pero de unos años aquí, sobre todo con la excusa del terrorismo, está primando la seguridad jurídica. Sin ir más lejos, EEUU ha encarcelado recientemente a una periodista por negarse a revelar sus fuentes. Hoy, bajo el prisma y el paraguas de la seguridad las libertades se ven restringidas", expresa el abogado Emili Altur. No obstante, los españoles gozamos de una legislación de protección de datos privilegiada: "España es el número uno en Europa en tema de privacidad y la protección de datos, tiene leyes muy restrictivas y proteccionistas del titular del dato y la persona en concreto, todo lo contrario que EEUU. Las sanciones más bestiales se encuentran en la legislación española. Ni la francesa ni la alemana contemplan multas como las nuestras que, por fuga de datos consentida pueden alcanzar hasta los cien millones de pesetas.

Fuente: La Razón
17.07.05

* Suplemento temático: LOPD
*
Especial Atentado 11-M.
*
11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

Noticias relacionadas:

* Especial: Terror en Londres

© BELT.ES  Copyright. Belt Ibérica, S.A. Madrid - 2004. belt@belt.es