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Martes, 19 de julio de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

¿Fueron realmente suicidas?

Nuevos hallazgos cuestionan la hipótesis de que los terroristas se inmolaron

 

Scotland Yard sigue creyendo que Londres sufrió la semana pasada el primer atentado suicida de Europa. Sin embargo, en los últimos días se ha topado con algunos cabos sueltos que apuntan en una dirección bien distinta: que los integrantes del comando no supieran que ellos también morirían en el ataque.

Esta hipótesis resulta estremecedora: el «cerebro» de la operación podría haber hecho creer a los terroristas que tras activar las bombas dispondrían de unos minutos para huir. Con sus muertes habría evitado que los jóvenes «soldados» revelaran la identidad del «cerebro» y todos los detalles de la trama si eran detenidos por la Policía.

La reconstrucción de las cuatro explosiones no ha logrado resolver algunos enigmas planteados por la teoría del suicidio. Se desconoce, por ejemplo, por qué los terroristas compraron un billete de ida y vuelta desde la estación de tren de Luton hasta King's Cross, el nudo de transportes desde el que lanzaron los atentados, si iban a morir al hacer estallar las bombas. Los cuatro jóvenes también adquirieron vales de aparcamiento para varias horas, cuando no debería preocuparles en absoluto ser multados si planeaban inmolarse en los ataques.

Gráfico: La Razón
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Mochilas. Por otra parte, las imágenes de las cámaras de seguridad han demostrado que los cuatro islamistas portaban sus bombas en mochilas y no adosadas al cuerpo, como es habitual en los ataques suicidas. Así, los jóvenes creían que, tras activar las bombas, podrían dejarlas en los trenes y bajarse en la siguiente estación, como ocurrió en Madrid durante el 11-M. Esto también explicaría por qué los terroristas detonaron sus artefactos en dos estaciones emplazadas en barrios musulmanes como Edgware Road y Aldgate East, pues podrían haber pensado que las bombas no estallarían en ese preciso momento. Además, según el diario «Daily Mirror», ninguno de los pasajeros recuerda haber oído gritos de «Allah Akhbar» (Alá es grande), la consigna que muchos terroristas suelen proclamar antes de inmolarse. El análisis forense de los atentados también ha sorprendido a los especialistas en terrorismo islamista.

Tanto en los tres metros como en el autobús han aparecido documentos personales de los terroristas como sus tarjetas de crédito o carnés de conducir, lo que permitió a la Policía identificarles rápidamente y lanzar sus redadas contra otros supuestos integrantes de la trama. Sin embargo, lo habitual en estos casos es que los suicidas traten de complicar la labor policial para dar tiempo a sus cómplices a borrar las huellas de su participación en la masacre.

Una posible explicación es que los cuatro jóvenes quisieran que los forenses no tuvieran ningún problema en identificarles para así pavonearse de su «hazaña» entre sus conocidos. Sin embargo, el método más extendido entre los suicidas es grabar un vídeo o escribir una carta en la que explican sus motivos. Este habitual mensaje póstumo que no ha aparecido hasta ahora, es otro motivo de inquietud para Scotland Yard.

De momento, los investigadores siguen dando prioridad a la tesis del suicidio y achacan estos extraños comportamientos a la inexperiencia de los cuatro terroristas. Sin embargo, cortar cualquier pista posterior sobre el comando habría tenido indudables ventajas para el «cerebro» de la operación, que coincidió con la reunión de los líderes del G-8.

Por un lado, se aseguraba que los terroristas no se echaban atrás ante la perspectiva de una muerte segura. Y, además, su desaparición impediría a la Policía arrestarles y obtener información de la masacre, como ya les pasó a los investigadores del 11-M tras la muerte de la célula islamista en Leganés. «Quienquiera que esté detrás de esta operación no quería malgastar a sus mejores hombres en una misión suicida», dijo ayer una fuente de los servicios secretos al «Mirror». «En cambio, empleó hombres de escasa formación, fáciles de reclutar, que podrían haber pensado que iban a salir con vida».

El MI5 siguió a Khan. Ayer también se supo que los servicios secretos del MI5 siguieron el pasado año al mayor de los terroristas suicidas –Mohammad Sidique Khan–, aunque constataron que no era una amenaza en esos momentos, según informa hoy el diario «The Sunday Times». El MI5 llegó a la conclusión de que Khan no era una amenaza para la seguridad nacional y que no era necesario que estuviera bajo vigilancia. El diario indica que el MI5 prestó atención en este profesor de origen paquistaní (casado, con una hija de ocho meses y su mujer embaraza de cuatro años en el momento del suicidio) en el marco de la investigación de un presunto plan para explotar un camión-bomba a las afueras de Londres. La Policía declinó hacer comentarios a esta noticia y el portavoz del Ministerio de Interior no respondió a las preguntas del periódico.

Fuente: La Razón
17.07.05

* Especial Atentado 11-M.
*
11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

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