Seguridad Pública y Protección Civil
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¿Fueron realmente
suicidas?
Nuevos hallazgos
cuestionan la hipótesis de que los terroristas se inmolaron
Scotland Yard sigue creyendo que Londres sufrió la semana pasada el
primer atentado suicida de Europa. Sin embargo, en los últimos días se
ha topado con algunos cabos sueltos que apuntan en una dirección
bien distinta: que los integrantes del comando no supieran que ellos
también morirían en el ataque.
Esta hipótesis resulta
estremecedora: el «cerebro» de la operación podría haber hecho creer
a los terroristas que tras activar las bombas dispondrían de unos
minutos para huir. Con sus muertes habría evitado que los jóvenes
«soldados» revelaran la identidad del «cerebro» y todos los detalles de
la trama si eran detenidos por la Policía.
La reconstrucción de las
cuatro explosiones no ha logrado resolver algunos enigmas planteados por
la teoría del suicidio. Se desconoce, por ejemplo, por qué los
terroristas compraron un billete de ida y vuelta desde la estación de
tren de Luton hasta King's Cross, el nudo de transportes desde el que
lanzaron los atentados, si iban a morir al hacer estallar las bombas.
Los cuatro jóvenes también adquirieron vales de aparcamiento para varias
horas, cuando no debería preocuparles en absoluto ser multados si
planeaban inmolarse en los ataques.
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Mochilas. Por otra
parte, las imágenes de las cámaras de seguridad han demostrado que los
cuatro islamistas portaban sus bombas en mochilas y no adosadas al
cuerpo, como es habitual en los ataques suicidas. Así, los jóvenes
creían que, tras activar las bombas, podrían dejarlas en los trenes y
bajarse en la siguiente estación, como ocurrió en Madrid durante el
11-M. Esto también explicaría por qué los terroristas detonaron sus
artefactos en dos estaciones emplazadas en barrios musulmanes como
Edgware Road y Aldgate East, pues podrían haber pensado que las bombas
no estallarían en ese preciso momento. Además, según el diario «Daily
Mirror», ninguno de los pasajeros recuerda haber oído gritos de «Allah
Akhbar» (Alá es grande), la consigna que muchos terroristas suelen
proclamar antes de inmolarse. El análisis forense de los atentados
también ha sorprendido a los especialistas en terrorismo islamista.
Tanto en los tres metros
como en el autobús han aparecido documentos personales de los
terroristas como sus tarjetas de crédito o carnés de conducir, lo que
permitió a la Policía identificarles rápidamente y lanzar sus
redadas contra otros supuestos integrantes de la trama. Sin embargo, lo
habitual en estos casos es que los suicidas traten de complicar la labor
policial para dar tiempo a sus cómplices a borrar las huellas de su
participación en la masacre.
Una posible explicación
es que los cuatro jóvenes quisieran que los forenses no tuvieran ningún
problema en identificarles para así pavonearse de su «hazaña» entre sus
conocidos. Sin embargo, el método más extendido entre los suicidas es
grabar un vídeo o escribir una carta en la que explican sus motivos.
Este habitual mensaje póstumo que no ha aparecido hasta ahora, es otro
motivo de inquietud para Scotland Yard.
De momento, los
investigadores siguen dando prioridad a la tesis del suicidio y achacan
estos extraños comportamientos a la inexperiencia de los cuatro
terroristas. Sin embargo, cortar cualquier pista posterior sobre el
comando habría tenido indudables ventajas para el «cerebro» de la
operación, que coincidió con la reunión de los líderes del G-8.
Por un lado, se
aseguraba que los terroristas no se echaban atrás ante la perspectiva de
una muerte segura. Y, además, su desaparición impediría a la Policía
arrestarles y obtener información de la masacre, como ya les pasó a los
investigadores del 11-M tras la muerte de la célula islamista en Leganés.
«Quienquiera que esté detrás de esta operación no quería malgastar a sus
mejores hombres en una misión suicida», dijo ayer una fuente de los
servicios secretos al «Mirror». «En cambio, empleó hombres de escasa
formación, fáciles de reclutar, que podrían haber pensado que iban a
salir con vida».
El MI5 siguió a Khan.
Ayer también se supo que los servicios secretos del MI5 siguieron el
pasado año al mayor de los terroristas suicidas –Mohammad Sidique Khan–,
aunque constataron que no era una amenaza en esos momentos, según
informa hoy el diario «The Sunday Times». El MI5 llegó a la conclusión
de que Khan no era una amenaza para la seguridad nacional y que no era
necesario que estuviera bajo vigilancia. El diario indica que el MI5
prestó atención en este profesor de origen paquistaní (casado, con una
hija de ocho meses y su mujer embaraza de cuatro años en el momento del
suicidio) en el marco de la investigación de un presunto plan para
explotar un camión-bomba a las afueras de Londres. La Policía declinó
hacer comentarios a esta noticia y el portavoz del Ministerio de
Interior no respondió a las preguntas del periódico.
Fuente: La Razón
17.07.05
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