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Miércoles, 20 de julio de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Retenes, la infantería de la lucha contraincendios en el monte

No son tan llamativos como los hidroaviones o las avionetas. Su trabajo, metidos en el monte, les hace pasar desapercibidos.

 

Sin embargo, sucesos como el del domingo ponen de manifiesto no sólo el peligro, sino también la importancia de las brigadas para apagar los fuegos

No son tan espectaculares como un hidroavión o una avioneta con un «bambi» —el recipiente para coger agua—, servicios de extinción aéreos que suelen marcar, a menudo, la magnitud de un incendio. No. Lo suyo es la brega cuerpo a cuerpo con el fuego, atacando sus flancos pie en tierra desde todos los puntos posibles.

«Los retenes son la infantería en la lucha contra las llamas», explican desde la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla-La Mancha. De su actuación depende gran parte del éxito en la extinción de estos siniestros, pero esta caballería es un medio más, que necesita de unos medios suficientes y una respuesta rápida y coordinada por parte de las autoridades responsables.

Según estas fuentes consultadas por ABC, el vehículo de extinción, bien las habituales autobombas de doble cabina u otro todoterreno similar, está formado por seis o siete especialistas (incluido el conductor) dirigidos por un capataz. Además, los agentes forestales van equipados con un Equipo de Protección Individual que les da cierta protección en esta desigual lucha entre el hombre y el fuego.

Este jefe está coordinado, añaden desde la Consejería de la Junta, «con un técnico de extinción» a partir del cual se inicia una columna de mando que termina en un puesto avanzado en el que se juntan los tres niveles de la Administración.

Si hay dificultades de comunicación —algo que ocurre no pocas veces en mitad de los bosques— entonces los retenes funcionan como comandos autónomos, pues los capataces suelen ser los agentes forestales que acumulan más años de experiencia en estos menesteres.

El viento, una de las amenazas
La fuerza del viento es una de las amenazas de estas cuadrillas formadas por agentes forestales, como desgraciadamente ha quedado claro en la tragedia de Guadalajara. En este caso, les tendió una emboscada, pese a la maestría que suponía contar con Pedro Almansilla, coordinador provincial en esta materia, que a sus 53 años llevaba media vida apagando incendios.

Estar en todos los lugares
Precisamente, el estar en todos los lugares es otro de sus fuertes. «Cuando se acude a las brigadas aerotransportadas en helicóptero tenemos la posibilidad de llevar agua», aseguran estas mismas fuentes del Gobierno regional castellano-manchego.

Pero estos infantes contraincendios no serían nada sin el líquido elemento, por eso van equipados con un depósito, una bomba y un juego de mangueras con las que evitar que el monte acabe abrasado.

También, y por contradictorio que parezca, pueden llevar armas de fuego con los que evitar que las llamas comuniquen varios focos. Todo vale si con ello se logra acabar con uno de los problemas que tiene el monte en España cuando llegan los días de verano.

Los once fallecidos del incendio de Guadalajara: un retén experimentado con dos veteranos al frente

Nueve de los 11 fallecidos el domingo en el incendio llevaban al menos cuatro temporadas trabajando en la lucha contra el fuego. La juez entregó anoche los cuerpos a las familias

Los cadáveres de los 11 integrantes del retén de Cogolludo que perecieron el domingo por la tarde en Riba de Saelices, en la provincia de Guadalajara, mientras trataban de frenar el avance de un enorme incendio que había comenzado el día anterior se encontraban ayer en el tanatorio Santa María de la Antigua, en la capital alcarreña. El tremendo fuego había abrasado hasta ayer por la tarde unas 13.000 hectáreas.

Este grupo, que perdió la vida cuando intentaba escapar del fuego, tenía una acreditaba experiencia en la extinción de fuegos. Los dos jefes del retén llevaban muchos años luchando contra fuegos y la mayoría de los restantes miembros del equipo, mucho más jóvenes, llevaba más de cuatro años desempeñando ese mismo trabajo.

Lo que sigue intenta resumir algo de las vidas de las 11 víctimas, a quienes ayer quisieron recordar sus familiares, amigos y conocidos.

Pedro Almansilla, 53 años, jefe del reten. 34 años apagando incendios.

Pedro Almansilla era el jefe del retén de Cogolludo. Tenía una gran experiencia, como lo demuestra el que llevara 34 años en la lucha contra los incendios forestales. Estaba contratado por la Consejería de Medio Ambiente de Castilla-La Mancha. Vecino de Cifuentes, estaba casado y tenía dos hijas, Erika y Goreti, de 26 y 31 años.

Almansilla fue alertado por un vecino de Riba de Saelices de que era peligroso bajar el talud, pero prefirió seguir adelante. Según este vecino, el jefe del retén llegó a decir que los valientes eran los primeros en morir.

De carácter extrovertido y con gran sentido del humor, el domingo pasado no le tocaba trabajar, pero decidió sumarse al equipo para estar al frente del dispositivo. Todas las autoridades regionales han destacado su gran profesionalidad.

Foto: El PaísAlberto Cemillán, 37 años, segundo jefe de la dotación. Alberto Cemillán, de 37 años, era vecino de Arbancón y trabajaba como segundo jefe de la dotación del grupo. Siguió la vocación de su padre, que también fue agente forestal. Estuvo en Madrid trabajando durante un tiempo en la Empresa Municipal de Transportes (EMT), pero su verdadera pasión, el campo, le hizo volver dos años después a sus orígenes. Ésta era su campaña número 13 en la lucha contra el fuego.

Cemillán Estaba casado y tenía dos hijas, de ocho y nueve años. Era un gran amante de la naturaleza y le encantaba salir a montar en bicicleta en sus horas libres.

Foto: El PaísJesús Jubrias Navarro, 43 años. Ésta era la cuarta campaña de Jesús como retén forestal en la provincia de Guadalajara. Vivía en el municipio de Jadraque. De carácter abierto y jovial, había dejado su trabajo en la hostelería tras el cierre del Mesón Jadraqueño, según publicó en su edición de ayer el diario Nueva Alcarria.

Estaba casado y tenía dos hijos: un varón de 15 años y una chica de 13. Pertenecía a varios colectivos vecinales y asociativos de la provincia.

José Rodenas, 52 años. Vecino de Cogolludo desde hacía unos 10 años, al igual que el retén, Rodenas trabajaba en las labores de extinción de los incendios forestales desde hacia cuatro temporadas.

En los dos últimos años se había dedicado a conducir uno de los dos camiones autobombas que estallaron en el siniestro del retén. Compartía casa con otra persona desde hacía unos cinco años.

Foto: El PaísMercedes Vives Parra, 32 años. Fue la única mujer que pereció en la tragedia del pasado domingo. Separada y con dos hijos, ésta era la primera campaña en la que Vives participaba en la lucha contra el fuego en los bosques.

Vecina de Humanes, había trabajado en un taller de maquinaria que tiene uno de sus hermanos en esta localidad alcarreña. Al igual que el resto de sus compañeros, que la llamaban "la rubia", estaba preparada y capacitada para ejercer el trabajo en el retén, según fuentes de la Consejería de Medio Ambiente de Castilla-La Mancha.

Manuel Mantecas, 24 años. Trabajaba en el retén forestal desde hacía cuatro temporadas. De hecho, su gran ilusión era convertirse en bombero. Vecino de Marchamalo, Mantecas terminó estudiando Formación Profesional en la rama de electricidad, lo que también le valdría como oficio en la oposición de bombero.

Entró de guardia en el retén el sábado pasado a las diez de la noche. Una de sus pasiones era la música.

Jorge César Martínez Villaverde, 24 años. Vecino de Madrid, era la cuarta temporada en la que trabajaba en los retenes forestales, según fuentes del Gobierno regional castellano-manchego. Sin embargo, sus amigos y conocidos elevan esta cifra hasta las siete temporadas, desde los 17 años.

Su gran pasión era el deporte, en especial, el fútbol. Estaba estudiando Educación Física en el INEF en Madrid. De carácter muy abierto y bohemio, no le tocaba trabajar el domingo pasado. De hecho, pensaba regresar a Madrid para ver a su novia, pero fue movilizado en el último momento para participar en el incendio desatado la víspera. Con este trabajo se sacaba un dinero para el resto del año. Era hijo único.

Marcos Martínez García, 24 años. Hijo de la delegada de Educación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en Guadalajara, era su cuarta temporada en los retenes forestales. De hecho, residía en la capital con el resto de su familia. Estudiante de Historia, Martínez se caracterizaba por su carácter afable y su gran amor a la naturaleza. Algunos compañeros de su madre señalaron que ésta se encontraba desecha por la inesperada muerte de su hijo.

Sergio Casado Iritia, 23 años. Era su primera campaña en los trabajos de extinción de fuegos en verano. Nacido en Guadalajara, residía en la localidad de Cabanillas del Campo. Entre sus aficiones destaca todo tipo de deportes, en especial la escalada. Fue monitor de este deporte en la Universidad de Alcalá y profesor de vela en la Escuela de la Diputación de Guadalajara. Estaba soltero.

Foto: El PaísLuis Solano Montesinos, 35 años. Vecino de Guadalajara, su gran pasión era la fotografía, pese a que la tradición dentro de su familia era la abogacía. De carácter bohemio y simpático, a Solano le encantaba el campo. Algunos de sus conocidos le calificaron como un experto como pocos. Ésta era su cuarta temporada en los retenes forestales.

La voz de alarma surgió el domingo cuando su madre no recibió la tradicional llamada de su hijo. La familia se puso en alerta al ver que le podía haber ocurrido algo. La triste noticia se confirmó horas más tarde.

Pertenecía a la Agrupación Fotográfica de Guadalajara, donde tenía previsto exponer en enero próximo una muestra sobre las fiestas tradicionales de su provincia. Había recibido diversos premios por sus trabajos. Su padre fue alcalde de Guadalajara y presidente de la Diputación.

Julio Ramos Vallado, de 28 años. Vecino de Balconete, era su octava temporada en el retén contra incendios (Castilla-La Mancha asegura que es la cuarta). Gran conocedor de la naturaleza y del campo, su pasión eran los animales. Tenía previsto dejar esta actividad cuando terminara la temporada, el 15 de septiembre, pero el fuego segó su vida antes de poder realizar su sueño.

 

 

 

Las brigadas están al borde del agotamiento tras cuatro días de lucha sin descanso

Responsables técnicos de los equipos de extinción creen que el siniestro fue tan devastador porque se juntaron las condiciones más desfavorables posibles

Los hombres y mujeres que luchan contra el devastador incendio declarado el pasado sábado en Riba de Saelices (Guadalajara), provocado por una negligencia y que ha costado la vida a once agentes forestales, están al límite de su resistencia física. Son ya muchas horas sin apenas descanso, de enorme tensión que va dejando huella en unas personas que literalmente se han jugado el pellejo por salvar de las llamas un paraje natural de enorme belleza que, además, es el principal patrimonio de los vecinos de la zona.

En las modestas instalaciones del retén heliotransportado de Corduente, en los aledaños del Parque Natural del Alto Tajo, la actividad era ayer frenética. Se trata de la base de operaciones de todos los helicópteros que trabajan en el incendio y en el rostro de los pilotos se reflejaba el cansancio acumulado. El ritmo de trabajo ha sido desde el primer momento infernal, ya que han hecho 22 horas de vuelo en apenas dos días y medio. Los descansos se han limitado a los estrictamente reglamentarios -cada dos horas se debe hacer una parada de veinte minutos-, y a la necesidad de que haya visibilidad, que a pesar de todo se aprovecha al máximo, ya que se empieza a las siete y media de la mañana y se acaba a las diez de la noche.

«Habrá que estar muy vigilantes»

El piloto de helicóptero destinado de forma permanente allí se mostraba a primeras de la tarde de ayer optimista tras hablar con sus compañeros: «Ya no hay un frente de fuego, sino varios focos y zonas de gran humareda que es preciso refrescar. Pero aunque hoy quede controlado, el riesgo será alto en los próximos 15 días. Habrá que estar muy atentos, no podemos bajar la guardia ahora, porque sería un desastre».

A esas mismas horas, la preocupación se centraba en dos focos situados en Salas y Cobeta. A lo largo de la noche del lunes se había abierto allí un cortafuegos de 80 metros de ancho y varios kilómetros de largo, pero aún existía el riesgo de que las llamas lo saltasen. Los medios aéreos, por tanto, se concentraron allí, ya que los expertos sabían que si el fuego lo superaba alcanzaría, en sólo unas horas, el corazón del Parque Natural del Alto Tajo, y a la espantosa tragedia humana ya consumada se uniría otra ecológica, de consecuencias todavía imprevisibles. Sin embargo, anoche se informó de que el foco de Cobeta había quedado controlado y que sus 200 vecinos, los últimos en ser desalojados a consecuencia de este siniestro, podían volver a sus casas.

El piloto del helicóptero de la base de Corduente fue el primero en llegar el sábado a la zona. Despegó a las tres menos diez de la tarde y veinte minutos después ya sobrevolaba La Riba de Saelices: «Las llamas habían superado una loma de monte bajo y alcanzado la ladera norte, de pinar. El fuego era de copa y el viento de 50 kilómetros por hora. Además las temperaturas eran altas», explicó a ABC este profesional, que tiene veinte años de experiencia en la lucha contra los incendios forestales.

«El coordinador de la Junta de Castilla iba conmigo y a la vista de la situación ordenó la movilización de maquinaria pesada -lleva mucho tiempo su traslado hasta pie de fuego- y de las brigadas forestales», añadió el piloto. También en esas primeras horas se iba a incorporar un segundo helicóptero, con base en Jadraque, pero finalmente tuvo un problema técnico y no pudo hacer la descarga de agua. Por ello, se incorporó un tercer aparato, que participó en la extinción ya desde el mismo sábado.

Fuentes: El País
ABC
Belt Ibérica S.A.
20.07.05

Experto: Once muertos son demasiados, por Rafael Vidal (19.07.05)

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