Europa, unida frente al terrorismo
Mientras Europa no
tome conciencia de la grave amenaza que representa el terrorismo
islamista no será capaz de poner los medios necesarios para combatirlo.
A cada gran atentado,
como el 11-S de Nueva York, el 11-M de Madrid, y ahora el 7-J de
Londres, le ha seguido el tradicional ritual de los dirigentes de la UE
para expresar su rotunda condena, solidarizarse con las víctimas y
comprometerse a reforzar la lucha contra el terrorismo, palabras que por
desgracia se olvidan cuando dejan de humear las bombas.
Decía Churchill que la convivencia en democracia es la garantía de
que cuando alguien llama a la puerta de la calle a las seis de la
mañana, se tiene la seguridad de que es lechero. Y así es, la libertad es un
incuestionable derecho inherente a la democracia. Pero no es
incompatible con que la masacre de Londres sirva de una vez por todas
para despertar la responsabilidad que tienen los gobiernos de garantizar
la seguridad de sus ciudadanos.
Para ello es necesario desterrar absurdos complejos que impiden
desarrollar una labor eficaz, de forma que se establezca un equilibrio
justo entre las libertades y aquellas limitaciones que empiezan a ser
necesarias para afianzar la seguridad. La opinión pública debe
entender que a veces es necesario sacrificar parte del bienestar, que las
restricciones y los controles son inevitables para combatir el instinto
asesino de los terroristas y preservar la seguridad colectiva. La
masacre de Londres ha servido al menos para que los ministros de
Interior y de Justicia de la UE hayan conseguido desbloquear una
negociación que llevaba meses atascada, y parezcan decididos a poner en
práctica iniciativas destinadas a combatir la creciente amenaza
terrorista.
Los ministros defienden una norma comunitaria que contemple un periodo
de tiempo –probablemente un año– en el que las operadoras de telefonía y
los servidores de Internet deberán retener los datos en las
comunicaciones telefónicas y electrónicas para facilitar la persecución
de los terroristas. Se trata de una medida cuestionada por quienes
consideran que atenta contra la privacidad, pero necesaria en la actual
sociedad de la información.
El establecimiento de una orden europea transfronteriza para la
obtención de pruebas, el bloqueo de la financiación de grupos
terroristas, el intercambio de información, el control sobre la doctrina
de los imanes en las mezquitas, la impermeabilización de las fronteras a
la inmigración –España debe tomar buena nota– y la cooperación judicial,
policial y de inteligencia, deberían también formar parte del
relanzamiento de una ambiciosa agenda europea antiterrorista, que
permita ofrecer una eficaz respuesta común a los terroristas.
Fuente: Expansión
15.07.05
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