Seguridad
Industrial y Prevención de Riesgos
Laborales
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Diez mil accidentes
laborales al año son causados por la contaminación de los productos
químicos
La contaminación
está cada vez más presente dentro de los edificios. Los objetos que
manejamos a diario pueden contener sustancias tóxicas
Un planeta
sin contaminantes y libre de toda exposición tóxica es una utopía que el
ser humano ha visto alejarse cada vez más en los últimos años. El hombre
tiene que pagar esos costes, innecesarios a veces, para poder alcanzar
el progreso del que se beneficia. Pero, lejos de lo que todo el mundo
piensa, esos peligros no sólo nos acechan en los espacios abiertos, sino
que gran parte de ellos se encuentran dentro de nuestras casas, en el
colegio o en nuestros lugares de trabajo.
En 2003, según un informe de Comisiones Obreras, el 22 por ciento de los
trabajadores inhalaban algún tipo de sustancia tóxica, cinco puntos más
de lo que sucedía en 1987. Una situación que se ha ido agravando a pesar
de las regulaciones que se han desarrollado en esta materia (sobre todo
las provenientes de Bruselas) y que ha llevado a crear un nuevo término
para la contaminación interior: síndrome del «sick building», el
edificio enfermo.
Hoy, la Unión Europea se dispone a aprobar una normativa de aplicación
directa a todos los países miembros que vendría a controlar la
producción y uso de artículos tóxicos. A este reglamento lo han llamado
Reach y supone un intento por ampliar la información que se ofrece sobre
cada artículo que utilizamos. Con todo, está ya siendo polémico antes de
entrar en vigor.
Reach, la aduana de la química
La propuesta de Reglamento surgió en octubre de 2003 del Consejo de
Ministros Europeo para unificar y sustituir las más de 40 directivas
comunitarias que existen al respecto. Reach instituye un sistema de
Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de Sustancias Químicas,
creando para ello la Agencia Europea de Sustancias y Preparados
Químicos. Pero aún es un proyecto que necesita de la ratificación del
Parlamento Europeo, prevista para después del verano. De salir adelante,
obligará a las empresas que fabrican e importan productos químicos a
evaluar los riesgos derivados de su utilización y a adoptar las medidas
necesarias para gestionar cualquier riesgo identificado.
La Comisión Europea será la encargada de dar la autorización, la aduana,
valorando el nivel de riesgo y el posible interés socieconómico del uso
de esa sustancia. En el caso en el que sea posible, Reach propone una
sustitución de todo elemento contaminante por aquel que no lo sea, hecho
que las industrias químicas han considerado como un «sobrecoste».
Nombres, no números
La otra cara de la moneda son las víctimas, intoxicados de uno u otro
modo, que en la mayoría de los casos eran totalmente desconocedores de
los riesgos que entrañaba el uso de tales sustancias. Muchos de ellos
luchan ahora por medios legales contra las empresas para las que
trabajaban en busca de un reconocimiento económico para poder tratar las
secuelas que estos productos les han dejado.
Carmen Gómez resultó intoxicada por pesticidas en su puesto de trabajo.
Esta trabajadora de la Tesorería General de la Seguridad Social en Granollers afirma que «allí, y en otras muchas oficinas más, fumigaban
preventivamente, sin ser necesario». La exposición a ese ambiente
viciado en un «espacio hermético» le llevó a desarrollar un cáncer del
que ha sido recientemente operada. Ahora es la presidenta de la
Asociación Adquira, con sede en Barcelona. En ella se reúnen varios
afectados por exposición a estas sustancias tóxicas en lugares de
trabajo con el fin de defender sus derechos y prevenir más accidentes
químicos.
Graves enfermedades
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) asegura que cada año
mueren 440.000 personas por ir a trabajar, siendo los productos químicos
los protagonistas de unos 10.000 accidentes laborales en ese mismo
periodo de tiempo. Ejemplo de ello son los casos que Carmen ha conocido
a través de la fundación que preside. «Dos de mis compañeras, jóvenes
todavía, murieron de cáncer, y ahora sabemos el porqué. Otros muchos
estamos muy enfermos, a mí me acaban de operar de un cáncer de
endometrio, hay una persona con un cáncer de garganta, y varios casos de
leucemias raras». Este es el balance que la presidenta de Adquira nos
ofrece. «Y por si esto no fuera suficiente, tenemos que luchar contra el
«gigante» Estado para demostrar en los tribunales lo que ellos niegan
que haya sucedido», concluye con rotundidad.
Octavio Cardona también está en la lucha. Se intoxicó «poco a poco», en
su trabajo en un hipermercado. Diez años que le provocaron cansancio
extremo, taquicardias o pérdidas de visión entre otros males. «Todos los
médicos me decían que tenía gripe o gastroenteritis. Me preguntaban si
en mi trabajo usaba químicos. Yo respondí que no, porque no relacionaba
los productos que manejaba con sustancias que pudiesen hacer daño»,
añade.
Un cáncer por fumigar
A Lola Fernández le detectaron un tumor en el pulmón tiempo después de
que empezara a sentirse mal en 1999. Ella y sus trece compañeras de
trabajo sufrieron una intoxicación de organofosforados por
limpiar en habitaciones recién fumigadas, agravada por los productos de limpieza.
«Tuve que esperar mucho tiempo hasta que un médico me dio un diagnóstico
acertado de lo que ocurría» asegura.
Mario Arias o Laura Fernández (miembros también de la asociación Adquira)
son otros nombres que podríamos añadir a esta lista de afectados, en la
que entramos todos, por una contaminación que no se ve.
Fuente: ABC
18.07.05
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