Seguridad Pública y Protección Civil
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Miedo en las calles de
Londres
La gente vaga por
la ciudad, colapsada, sin medios para regresar a sus hogares
Las
escenas de caos y confusión que se vieron el 7-J en Londres se
han repetido en las inmediaciones de la estación de Warren Street dos
semanas después de los atentados que sacudieron la capital británica. En
la calle ha extendido el miedo y la confusión.
La estación de Warren Street ha sido
el lugar donde ha estallado el artefacto de más potencia, aunque, según
la policía, la gravedad de los incidentes es menor que el 7-J. También
ha habido explosiones en las estaciones de Shepherd's Bush, Warren
Street y Oval y en un autobús en Hackney Road.
La confusión se ha instalado en los alrededores de Warren Street. Los
atascos de tráfico en toda la ciudad son gigantescos debido a que el
centro de Londres ha sido cortado y el servicio de metro ha quedado
interrumpido.
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Especialistas de sustancia
químicas entran en la estación de Warren Street. |
El número de periodistas que se han
acercado a la zona se ha multiplicado con el paso de los minutos, pero
la información sigue siendo escasa. "La policía no da ningún dato, no
hablan con nadie", se queja un reportero local.
Mientras, la preocupación aumenta entre las personas que se agolpan en
Warren Street. Un equipo policial de agentes especialistas en sustancias
químicas ha entrado en la estación de metro, lo que ha contribuido a
extender los temores entre los curiosos. Constantemente llegan hasta la
zona acordonada por la policía coches patrulla y todoterreno de color
negro. En el cielo, están presentes los helicópteros.
El alcalde de Londres, Ken Livingstone, ha pedido a través de la radio a
todos los ciudadanos que regresen a sus casas y que no acudan a trabajar
hasta que se aclare qué ha sucedido exactamente. Los londinenses están
cumpliendo este llamamiento en calma, pero con dificultades.
Las calles, llenas
Las calles están llenas de gente, que vagan ante la imposibilidad de
acceder a medios de transporte que les trasladen hasta casa. Algunas
personas se sientan en las aceras y otras arrastran maletas. En el
ambiente se respira un ambiente de tensa calma. Hay tranquilidad, pero
también inquietud y sobre todo enfado.
La indignación domina el testimonio de Jennifer Bless, una mujer
británica de unos 40 años. "Habría que matar a todos los terroristas",
afirma llena de ira, después de estar dando vueltas por las calles sin
medios para poder volver a su hogar, en el norte de Londres, donde la
esperan sus dos hijos.
Indignado también se expresa Juneel Mezel, aunque por otro motivo. Nació
en Londres, pero su origen es bangladesí. Su aspecto físico lo confirma.
"Soy más británico que muchos británicos", comenta orgulloso antes de
revelar cómo desde el 7-J la gente le mira distinto. "Es una pena que
culpen a tantos por una minoría", se lamenta enfadado.
El temor y la desconfianza prenden en Michael Wigley, un contable
de mediana edad que confirma las dificultades para volver a su casa.
Confiesa que tiene miedo porque no sabe a ciencia cierta si lo sucedido
es "tan grave como la otra vez". Se consuela diciendo que no hay tanta
policía, ni tantas ambulancias, pero la preocupación sigue en su ánimo.
Españoles
Leire, una estudiante española de 19 años cuya residencia se encuentra
al lado de Warren Street y que en los momentos de máxima tensión se
dirigía a ella, ha contado a elmundo.es cómo a eso de las 12.30 (hora
local) la policía ha comenzado a desalojar la calle y un McDonalds de la
zona.
"La gente salía corriendo con miedo y la policía lo ha acordonado todo
sin dar explicaciones", cuenta Leire. "Llevamos dos horas sin poder
entrar a la residencia y no sabemos qué pasa", añade.
La joven española explica también cómo en un primer momento no pudieron
contactar con sus padres en España, porque las líneas de teléfono
estaban bloqueadas. "Al final hemos podido llamar, pero después de un
buen rato", recuerda.
También Lorena, una valenciana que trabaja en el restaurante Amaretto,
en Tottenham Court Road, una calle aledaña a Warren Street, relataba que
la Policía les retuvo en el fondo del local y no les dejaban acercarse a
las ventanas.
"Toda la calle está acordonada y han entrado varios policías con perros
inspeccionando el restaurante", comentaba. "La gente está nerviosa,
llamando a sus familias, pero no son tan viscerales como en España".
Lorena ha cogido la línea Central Line a las 09.30 horas de la mañana y
ya desde entonces dice que sucedía algo raro porque en cada parada el
metro se demoraba unos diez minutos. "Han dicho que había una alarma por
fuego en la estación de Shepherd's Bush...yo creo que ya sospechaban
algo".
Fuente: El Mundo
21.07.05
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