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Martes, 26 de julio de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

«Operación Kratos»: disparar a matar

Scotland Yard estrenó esta semana un plan secreto diseñado desde hace un año

 

Al filo de las diez de la mañana del pasado viernes, Scotland Yard estrenó un plan secreto en el que llevaban trabajando más de un año: la llamada «Operación Kratos». Cuando este protocolo entró en funcionamiento, los agentes recibieron una consigna bien sencilla: si un supuesto suicida rodeado de potenciales víctimas se negaba a cumplir sus órdenes, debían disparar a matar, preferentemente a la cabeza. De ahí que los policías de paisano que persiguieron a un joven en la estación de Stockwell no dudaran en acribillarle con cinco disparos cuando intentó subir a un tren repleto de pasajeros.

Scotland Yard dio su visto bueno definitivo a la «Operación Kratos» hace aproximadamente un año. Para redactar este plan, consultaron con expertos israelíes, los más acostumbrados a este tipo de situaciones de máxima tensión. Su consejo fue claro: sólo un tiro en el cráneo garantiza que el sospechoso quede incapacitado de inmediato y, por tanto, no pueda detonar sus explosivos. Desde entonces, esta drástica medida ha ingresado en el repertorio policial británico, aunque sólo para su aplicación en ocasiones excepcionales. El paso resulta especialmente significativo si tenemos en cuenta que la mayoría de los agentes (los llamados «bobbies») ni siquiera van armados durante sus patrullas cotidianas. Según las normas de la «Operación Kratos», bautizado con el nombre del dios griego de la fuerza, un alto cargo policial está disponible las 24 horas para autorizar el despliegue de escuadrones de la división de Scotland Yard SO19, entrenados en la detección de supuestos terroristas suicidas.

Gráfico: La Razón
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Estos doce equipos de seis especialistas están en permanente alerta y pueden actuar de inmediato, si la situación así lo requiere. Cada agente va armado con una pistola Glock 17 y una metralleta semiautomática Heckler & Koch MP5. Además, disponen de munición especial de baja velocidad, que permanece en el cuerpo del sospechoso y reduce las posibilidades de herir a los viandantes. Una vez sobre el terreno, los especialistas tienen un sustancial margen de maniobra para emplear la fuerza que consideren necesarias. Según las normas de la Asociación de Jefes de Policía, revisadas en febrero, un agente sólo puede abrir fuego «cuando sea absolutamente necesario» y si está totalmente «convencido de que otras medidas menos vigorosas no pueden protegerle a él o a otras personas de un inminente riesgo de muerte o lesiones graves […] teniendo en cuenta los criterios de necesidad, racionalidad y proporcionalidad».

Si es posible, deben identificarse como policías armados, avisar de su intención de emplear sus pistolas y dar tiempo al sospechoso para cumplir sus órdenes, siempre que ello no suponga poner en riesgo la seguridad de la población. En la mayoría de los casos, los agentes suelen apuntar al torso de los sospechosos, puesto que un tiro en esta parte del cuerpo, relativamente fácil de alcanzar a media distancia, suele ser suficiente para inmovilizarles. Sin embargo, si creen enfrentarse a una persona dispuesta a inmolarse, lo recomendado es apuntar a la cabeza, aunque haya más posibilidades de errar el tiro. Así, se intenta incapacitar de inmediato al supuesto suicida, sin darle la oportunidad de que accione sus explosivos, y también evitar que el disparo detone accidentalmente un posible artefacto adosado a su cuerpo. «Una vez que un agente decide disparar, debe disparar a matar», explicó un alto cargo de Scotland Yard al diario «The Guardian». «Si empiezas a pensarte si disparar en la pierna o en la cabeza, el sospechoso puede revolverse».

Según Scotland Yard, la «Operación Kratos» se puso en marcha el pasado jueves cuando un sospechoso salió de un edificio en Stockwell, que estaba siendo sometido a vigilancia después los atentados fallidos del jueves pasado. El joven, de apariencia asiática, se dirigió a la estación de metro y, después de apercibirse de la presencia policial, saltó los tornos y se precipitó por las escaleras mecánicas. Los agentes le siguieron y, tras comprobar que llevaba un grueso abrigo que podría esconder un artefacto explosivo, aplicaron el protocolo de presuntos suicidas. Después de pedirle sin éxito que se detuviera, decidieron abatirle de cinco tiros a quemarropa cuando se disponía a subir al tren, ante las miradas aterrorizadas de decenas de pasajeros.

Al parecer, el hombre no era uno de los cuatro responsables de los atentados fallidos del jueves y ni siquiera estaba «directamente vinculado» a los mismos. Además, la Prensa británica aseguró ayer que en ningún caso se trataba de un terrorista suicida, pues no portaba un artefacto explosivo. Sin embargo, esto no significa necesariamente que los agentes se saltaran las normas y, por tanto, puedan ser procesados. La Policía, por su parte, ya ha anunciado que someterá el incidente a una investigación interna, después de reconocer que probablemente se equivocaron de hombre.

La ira de la comunidad musulmana
Las exigencias de "Operación Kratos" suponen que Scotland Yard asuma un elevado riesgo de provocar la muerte a inocentes, como al parecer ocurrió el viernes , por lo que su aplicación ha ocasionado una agitada polémica. Para el alcalde de Londres, Ken Livingstone, se trata del precio por mantener la seguridad. "Si estás tratando con personas que podría ser un terrorista suicida y se mantiene consciente, existe el riesgo de que consiga detonar explosivos o cualquier artefacto que tenga", señaló Livingstone, que alabó la rápida acción de la Policía. "Por tanto, en estas circunstancias es totalmente necesario adoptar una política de disparar a matar". Sin embargo, las asociaciones islámicas han expresado su temor a que esta estrategia acabe provocando numerosas muertes de miembros de su comunidad. El  Consejero Musulmán británico, por ejemplo, aseguró que ha recibido centenares de llamadas de jóvenes que temen salir a la calle con una mochila, por si son confundidos. Por eso, su portavoz, Inayat Bunglawala, exigió a la Policía que investigue a fondo lo sucedido.

"Pueden tener motivos para pegar cinco tiros a alguien, pero deben explicarlos con claridad", declaró a la BBC. Además, para algunos expertos la consigna de "disparar a matar" podría ser perjudicial a largo plazo, pues podría irritar más a las comunidades islámicas.

Fuente: La Razón
24.07.05

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