Seguridad Pública y Protección Civil
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«Operación Kratos»:
disparar a matar
Scotland Yard
estrenó esta semana un plan secreto diseñado desde hace un año
Al filo de las
diez de la mañana del pasado viernes, Scotland Yard estrenó un plan
secreto en el que llevaban trabajando más de un año: la llamada
«Operación Kratos». Cuando este protocolo entró en funcionamiento,
los agentes recibieron una consigna bien sencilla: si un supuesto
suicida rodeado de potenciales víctimas se negaba a cumplir sus órdenes,
debían disparar a matar, preferentemente a la cabeza. De ahí que los
policías de paisano que persiguieron a un joven en la estación de
Stockwell no dudaran en acribillarle con cinco disparos cuando intentó
subir a un tren repleto de pasajeros.
Scotland Yard dio su
visto bueno definitivo a la «Operación Kratos» hace aproximadamente un
año. Para redactar este plan, consultaron con expertos israelíes, los
más acostumbrados a este tipo de situaciones de máxima tensión. Su
consejo fue claro: sólo un tiro en el cráneo garantiza que el
sospechoso quede incapacitado de inmediato y, por tanto, no pueda
detonar sus explosivos. Desde entonces, esta drástica medida ha
ingresado en el repertorio policial británico, aunque sólo para su
aplicación en ocasiones excepcionales. El paso resulta especialmente
significativo si tenemos en cuenta que la mayoría de los agentes (los
llamados «bobbies») ni siquiera van armados durante sus patrullas
cotidianas. Según las normas de la «Operación Kratos», bautizado con el
nombre del dios griego de la fuerza, un alto cargo policial está
disponible las 24 horas para autorizar el despliegue de escuadrones de
la división de Scotland Yard SO19, entrenados en la detección de
supuestos terroristas suicidas.
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Estos doce equipos de
seis especialistas están en permanente alerta y pueden actuar de
inmediato, si la situación así lo requiere. Cada agente va armado con
una pistola Glock 17 y una metralleta semiautomática Heckler & Koch MP5.
Además, disponen de munición especial de baja velocidad, que permanece
en el cuerpo del sospechoso y reduce las posibilidades de herir a los
viandantes. Una vez sobre el terreno, los especialistas tienen un
sustancial margen de maniobra para emplear la fuerza que consideren
necesarias. Según las normas de la Asociación de Jefes de Policía,
revisadas en febrero, un agente sólo puede abrir fuego «cuando sea
absolutamente necesario» y si está totalmente «convencido de que otras
medidas menos vigorosas no pueden protegerle a él o a otras personas de
un inminente riesgo de muerte o lesiones graves […] teniendo en cuenta
los criterios de necesidad, racionalidad y proporcionalidad».
Si es posible, deben
identificarse como policías armados, avisar de su intención de emplear
sus pistolas y dar tiempo al sospechoso para cumplir sus órdenes,
siempre que ello no suponga poner en riesgo la seguridad de la
población. En la mayoría de los casos, los agentes suelen apuntar al
torso de los sospechosos, puesto que un tiro en esta parte del cuerpo,
relativamente fácil de alcanzar a media distancia, suele ser suficiente
para inmovilizarles. Sin embargo, si creen enfrentarse a una persona
dispuesta a inmolarse, lo recomendado es apuntar a la cabeza, aunque
haya más posibilidades de errar el tiro. Así, se intenta incapacitar
de inmediato al supuesto suicida, sin darle la oportunidad de que
accione sus explosivos, y también evitar que el disparo detone
accidentalmente un posible artefacto adosado a su cuerpo. «Una vez que
un agente decide disparar, debe disparar a matar», explicó un alto cargo
de Scotland Yard al diario «The Guardian». «Si empiezas a pensarte si
disparar en la pierna o en la cabeza, el sospechoso puede revolverse».
Según Scotland Yard, la
«Operación Kratos» se puso en marcha el pasado jueves cuando un
sospechoso salió de un edificio en Stockwell, que estaba siendo sometido
a vigilancia después los atentados fallidos del jueves pasado. El joven,
de apariencia asiática, se dirigió a la estación de metro y, después de
apercibirse de la presencia policial, saltó los tornos y se precipitó
por las escaleras mecánicas. Los agentes le siguieron y, tras comprobar
que llevaba un grueso abrigo que podría esconder un artefacto explosivo,
aplicaron el protocolo de presuntos suicidas. Después de pedirle sin
éxito que se detuviera, decidieron abatirle de cinco tiros a quemarropa
cuando se disponía a subir al tren, ante las miradas aterrorizadas de
decenas de pasajeros.
Al parecer, el hombre
no era uno de los cuatro responsables de los atentados fallidos del
jueves y ni siquiera estaba «directamente vinculado» a los mismos.
Además, la Prensa británica aseguró ayer que en ningún caso se trataba
de un terrorista suicida, pues no portaba un artefacto explosivo. Sin
embargo, esto no significa necesariamente que los agentes se saltaran
las normas y, por tanto, puedan ser procesados. La Policía, por su
parte, ya ha anunciado que someterá el incidente a una investigación
interna, después de reconocer que probablemente se equivocaron de
hombre.
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La ira de la comunidad musulmana |
| Las exigencias de "Operación
Kratos" suponen que Scotland Yard asuma un elevado riesgo de
provocar la muerte a inocentes, como al parecer ocurrió el
viernes , por lo que su aplicación ha ocasionado una agitada
polémica. Para el alcalde de Londres, Ken Livingstone, se trata
del precio por mantener la seguridad. "Si estás tratando con
personas que podría ser un terrorista suicida y se mantiene
consciente, existe el riesgo de que consiga detonar explosivos o
cualquier artefacto que tenga", señaló Livingstone, que alabó la
rápida acción de la Policía. "Por tanto, en estas circunstancias
es totalmente necesario adoptar una política de disparar a
matar". Sin embargo, las asociaciones islámicas han expresado su
temor a que esta estrategia acabe provocando numerosas muertes
de miembros de su comunidad. El Consejero Musulmán
británico, por ejemplo, aseguró que ha recibido centenares de
llamadas de jóvenes que temen salir a la calle con una mochila,
por si son confundidos. Por eso, su portavoz, Inayat Bunglawala,
exigió a la Policía que investigue a fondo lo sucedido.
"Pueden tener motivos para
pegar cinco tiros a alguien, pero deben explicarlos con
claridad", declaró a la BBC. Además, para algunos expertos la
consigna de "disparar a matar" podría ser perjudicial a largo
plazo, pues podría irritar más a las comunidades islámicas. |
Fuente: La Razón
24.07.05
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