Belt Ibérica S.A. Analistas de Prevención

- Menú -

HOME

Noticias...
Se busca...
Eventos...
Legislación...
Bibliografía...
Artículos...

> MAPA del WEB <

Su opinión...

Envíenos la noticia o el comentario que desee.

 

 

Noticias Profesionales

  

Noticias

Jueves, 28 de julio de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Los soldaditos de Putin

Desde la llegada de Putin, los campamentos de verano militares han recuperado su esplendor. Chicos de 16 años bañan su verano de patriotismo

 

«¡El cielo nos llama: ése es nuestro lema! ¡La fe en la gente: nuestra mejor arma!». Una docena de arrapiezos uniformados de verde grita la doble consigna aprendida de memoria en medio de un fuerte viento que se lleva sus palabras y tambalea la estampa de los más escuálidos.

Foto: El Mundo

«¡Firmes!», ordena en vano el entrenador de vuelos, un experimentado piloto y veterano de Afganistán que preside la inauguración -por sexto verano consecutivo- del campamento aeronáutico para menores de Chéjov. Situada a unos 70 kilómetros al sur de Moscú, la localidad cambió su antiguo nombre de Lopasnia por el de Chéjov en 1954, en honor al escritor homónimo ruso y padre del cuento moderno, que vivió muy cerca de este lugar, en el poblado Melijovo.

El componente patriótico flota en el aire. Cuando uno de los menores es requerido para izar la bandera tricolor rusa, que ondea baja en un mástil junto a las aulas de instrucción, una funcionaria aprieta el botón play en un casete del que afloran las notas rotundas del himno ruso. La música (que no la letra) fue recuperada en 2001 de la versión original soviética, compuesta para Stalin por Alexander Alexandrov en 1943. Al fondo, tres aviones Antonov-2 apalancados sobre la hierba salvaje rompen la línea del horizonte plano en una estampa que, aderezada con las notas del himno, parece sacada de la II Guerra Mundial. Completan la escena una maqueta de avión sin morro ni alas (en cuyo interior se simulan los vuelos) y una suerte de noria horizontal con engarces para sujetar los correajes de los paracaídas en los entrenamientos.

Con edades que oscilan entre los 13 y los 16 años, los muchachos llegan dispuestos a volar del nido... desde 700 metros de altura.«Ahora no tengo miedo, pero cuando nos levantemos en el aire voy a pensármelo dos veces», confiesa a EL MUNDO Andrei, un quinceañero al que le gustaría ingresar en la escuela de cadetes.

«Me resulta muy grato ver cómo llegan relevos dignos para quienes decidieron continuar las tradiciones militares y convertirse en hombres auténticos», espeta el jefe militar a los muchachos durante la presentación. «Todos nosotros aspiramos a desarrollar aquí la valentía, la fe en la victoria, y la fuerza de voluntad», le responde el jefe de los chicos con tono artificioso y marcial.En medio del acto solemne, un mozalbete pelirrojo y un larguirucho con gafas se hacen muecas silenciosas.

Junto a los saltos en paracaídas y clases de pilotaje, los chicos son instruidos en tiro al blanco y reciben clases de conducción. Muchas familias eligen esta opción como la mejor alternativa para ocupar el ocio veraniego de sus hijos, que desde que se levantan (a las 8.00 horas) hasta que se acuestan (a las 21.00 horas), permanecen ocupados con gimnasia, clases, instrucción y entrenamientos de vuelo. En toda Rusia existen unos 60 campamentos de este tipo.

Desde la llegada de Putin al poder hace un lustro, estos campamentos para menores adjuntos a unidades militares han recuperado su brillo perdido tras la caída la URSS. En 1999 Putin dio su primer paso al frente en la recuperación de la didáctica militar en las escuelas. Por un decreto firmado el 31 de diciembre de 1999 -el mismo día en que tomó posesión del cargo de presidente tras la dimisión de Boris Yeltsin- fue recuperada una asignatura militar obligatoria para las escuelas (que incluye un acuartelamiento de pocos días donde los alumnos aprenden a desfilar y a disparar un kalashnikov). En 2001 se aprobó un programa educativo en el que la promoción del patriotismo ocupa un lugar privilegiado.

Cuando se apagan los últimos sones del himno («Nos llena de fuerza la fe en la patria. Así ha sido, es y será por siempre»), interviene la madre del mozo Vasili Kovaliov en nombre de los padres. «Quisiera agradecer la organización de este campamento para niños que tiene como objetivo inculcar a nuestros hijos la valentía y la capacidad de ayudar al prójimo en los momentos difíciles», dice con la solemnidad acartonada de los mítines soviéticos, mientras algunos padres graban el momento con cámara de vídeo. «Esperamos que durante su estancia aquí los chicos maduren y se hagan más fuertes. Y quién sabe si les ayudará a algunos a elegir una profesión militar...», añade la madre, que deja el deseo en el aire para que los chicos cojan la indirecta al vuelo. Sin embargo, lo único que los muchachos quieren agarrar son los mandos del avión. «Nos gusta esto. Pero sobre todo queremos volar», aseguran los adolescentes, que lucen en el hombro escudos pintados con rotulador con un paracaídas azul como motivo central.

Herederos de los campos de pioneros, la versión soviética de los boy scouts (caracterizados por su pañuelo rojo anudado al cuello y sus exaltaciones del abuelito Lenin), estos campamentos son financiados en la Rusia poscomunista por el presupuesto estatal a través de las administraciones regionales. Los sindicatos y algunas empresas privadas también los costean parcialmente.

En el caso de Chéjov, se trata de la empresa de maquinaria energética Energomash, que contribuye al mantenimiento del campamento local.«No hay nada más rentable que invertir en los niños», afirma convencido el jefe del campamento.

En los planes del Gobierno para fomentar la educación militar se contemplan campamentos especiales y gratuitos para niños conflictivos, para los que arrastran problemas de salud o de integración familiar.«A este tipo de niños se les dispensa una alimentación aumentada y cuentan con orientadores y una mayor cantidad de médicos en el campamento», explica una funcionaria del Ministerio de la Protección Social que pide no ser identificada.

En otros campamentos más elitistas, los padres costean parcialmente la estancia. Es el caso de la colonia Orlionok (Aguilucho), a orillas del Mar Negro, que durante la época comunista estuvo reservada a los hijos del poder.

Fuente: El Mundo
22.07.05

© BELT.ES  Copyright. Belt Ibérica, S.A. Madrid - 2004. belt@belt.es