Seguridad
Alimentaria y Protección Biotecnológica
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La multiplicación de
priones "in vitro", nueva demostración de que son infecciosos
Los priones,
las proteínas que resultan infecciosas cuando están mal plegadas, siguen
fascinando a los científicos
Aunque están cada vez
más seguros de que son los priones los únicos causantes de
encefalopatías como la de las vacas locas, la de Creutzfeldt-Jakob en
humanos o el scrapie de las ovejas, los investigadores aún no han
conseguido demostrarlo con una certeza total. La competitividad
científica para lograrlo es muy alta, y cualquier paso en esa dirección
genera pequeñas tormentas en la comunidad. El último, del que es coautor
el español Joaquín Castilla, ha consistido en inducir una encefalopatía
en hámsteres sanos mediante priones obtenidos con una nueva técnica
parecida a la famosa reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Mientras
unos alaban el trabajo, otros lo toman con cautela.
Los priones, si efectivamente son la causa de las encefalopatías, serían
el único agente no vivo conocido capaz de infectar un organismo, algo
que se considera asombroso. Desde que Stanley Prusiner propuso esa
teoría de la proteína única a principios de los ochenta los avances en
el conocimiento de estas proteínas patógenas han sido "impresionantes",
dice en conversación telefónica desde Zurich Adriano Aguzzi, del
Instituto de Neuropatología del Hospital Universitario y líder de uno de
los grupos más activos en esta área. Pero también "queda mucho por
hacer", dice.

No se sabe aún, por ejemplo, "cómo se replican, ni cómo llegan al
cerebro, ni cómo producen el daño que producen cuando llegan", prosigue Aguzzi. Los priones patógenos contagian a la proteína sana y así se van
multiplicando, pero el mecanismo no se conoce. Tampoco se sabe cómo
viajan por la sangre, ni cómo detectarlos allí. El problema de la
detección es importante para la clínica: aún no hay una prueba lo
bastante sensible como para detectar priones cuando el animal está vivo.
Otro misterio sin resolver es qué función cumple la forma sana del prión
-la proteína plegada correctamente- en el organismo, y eso que debe de
ser importante: son proteínas muy conservadas a lo largo de la
evolución, presentes no sólo en mamíferos sino también en levaduras. En
estos organismos precisamente se ha visto que los priones pueden
transmitir información de forma que cambie el aspecto del organismo
infectado sin que se modifiquen sus genes, y que ese cambio es
reversible cuando los priones desaparecen -las levaduras pueden curarse
de su infección con priones. "Que para cambiar el fenotipo de una
levadura no haga falta cambiar el genotipo, que baste con transmitir el
prión de levadura, es extraordinario", dice Castilla.
No obstante, una de las cuestiones principales sigue siendo demostrar la
teoría de la proteína única. La manera de hacerlo de una vez por todas
sería sintetizar in vitro un prión y lograr infectar con él un
organismo. Pero eso está resultando muy difícil de conseguir, al menos
en mamíferos -sí se ha hecho en levadura-. Aunque se sabe cómo hacer
artificialmente que la forma sana adquiera la forma patógena, estos
priones artificiales no resultan infectivos. Sí lo es, sin duda, el
tejido cerebral con priones naturales de animales enfermos, pero los
críticos argumentan que tal vez haya en ese material otros agentes
infecciosos desconocidos.
El grupo con el que han trabajado Castilla, actualmente en la
Universidad de Texas, Paula Saá (Universidad Autónoma de Madrid) y
Claudio Soto, también de la Universidad de Texas, ha abordado el
problema con un enfoque distinto a los usados hasta ahora. Ellos han
publicado recientemente su trabajo en la revista Cell, han empleado la
técnica llamada PMCA (Protein Misfolding Cyclic Amplification)
desarrollada por Soto, que amplifica priones de forma que recuerda a la
PCR -que amplifica ADN-.
Se parte de un homogeneizado de cerebro con priones, y de proteínas
sanas; la idea es que los primeros van contagiando a las segundas
durante varios ciclos, de forma que acaba habiendo más y más priones
patógenos. Así, "en un primer pase de PMCA si partimos, por ejemplo, de
mil moléculas patógenas, al final del proceso tendré un millón de
moléculas patógenas nuevas", explica Castilla. Tras cada ronda de PMCA
los priones se diluyen, de forma que queden cada vez menos de los
originales, los naturales. Las diluciones y los pases continúan hasta
que "matemáticamente", asegura Castilla, no puede quedar ningún prión
original.
El paso siguiente es infectar animales sanos con los nuevos priones
obtenidos con la PCR de priones. Los autores los inyectaron en hámsteres
sanos, que efectivamente enfermaron, con periodos de incubación
diferentes dependiendo de la dosis: alrededor de 160 días. Se considera
una infectividad alta, aunque menor que la de los priones originales.
Los autores tienen una explicación para eso: "Un prión es en realidad un
agregado de proteínas mal plegadas. El tamaño, la forma, la estabilidad
y otros parámetros que desconocemos de estos agregados son la clave para
entender la infectividad. Un mismo prión más o menos agregado puede ser
más o menos infeccioso. Y creemos que el tamaño de los agregados
formados in vitro, después del proceso de PMCA, posiblemente difiere del
inóculo original", dice Castilla. El grupo está ya analizando agregados
naturales y los generados in vitro para estudiar su infectividad.
¿Podría considerarse este trabajo la prueba final de que los priones son
los únicos causantes de las encefalopatías espongiformes? Está "muy
cerca" de serlo pero aún no lo es, escriben en un comentario en Cell Wen-Quan
Zou y Pierluigi Gambetti, del Centro Nacional de Vigilancia de
Enfermedades Priónicas estadounidense. Y la razón la da el propio
Castilla: "Los menos afines a la teoría de proteína única consideran que
también pueden estar amplificándose
otros componentes al mismo tiempo que los priones. Y aunque en teoría es
cierto, es prácticamente imposible. Es difícil imaginar que un lípido,
un azúcar, o un nucleótido se pueda replicar en ausencia de una célula
viva". Pero claro, hay que demostrarlo. Zou y Gambetti proponen cómo
hacerlo: amplificar priones no procedentes de homogeneizado de cerebro,
sino totalmente sintéticos.
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Técnica para investigar
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| No todos los expertos valoran igual el trabajo de Castilla y Soto. Para
Aguzzi es "un avance muy importante", pero cree que hay que esperar a
que alguien replique los resultados. Él mismo lo intentó con un trabajo
anterior de Soto también con la PMCA -ahora se ha mejorado-, sin éxito.
Más crítico es Giuseppe Legname, investigador del grupo de Prusiner que
el año pasado publicó un trabajo que también demostraba casi la teoría
única. Infectó con un prión sintético a ratones transgénicos en los que
la proteína susceptible de convertirse en prión se expresaba mucho más
de lo normal, con lo que los animales eran más susceptibles de
desarrollar la enfermedad. Los ratones enfermaron, pero tardaron
bastante más de lo esperado. Muchos dijeron que tal vez los priones
inyectados no fueran realmente infecciosos, sino que desencadenaron una
enfermedad que los ratones habrían desarrollado igualmente dada su
predisposición. Legname ha dicho a la revista The Scientist: "Ellos empezaron con
material infeccioso, y nosotros no. Es una aproximación alternativa para
demostrar que se pueden hacer priones, pero decir que son priones
sintéticos es muy difícil". De lo que pocos dudan es de la utilidad de
la nueva técnica para investigar. |
Fuente: El País
25.05.50
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