Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
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Viaje a las entrañas de
una desaladora
Desde que se capta
agua del mar hasta que se convierte en apta para el consumo humano, se
desarrolla un proceso que dura menos de una hora y que ha evolucionado
en los últimos años para elevar su eficiencia energética
Parece una
instalación industrial con una nave amplia y varios depósitos a su
alrededor. Pero, en realidad, es una fábrica de agua obtenida
directamente desde el mar tras un proceso que la convierte en apta para
el consumo humano y el uso industrial agrícola.
Ésta es la descripción básica de una desaladora, la planta que se ha
convertido en la principal baza de la nueva política de aguas. ¿Cómo
funcionan estas instalaciones? ¿Cuál es su historia? ¿Cómo han
evolucionado tecnológicamente? Una visita al interior de una desaladora
permite responder a todas estas peguntas.
En busca de localización
Estas plantas están siempre ubicadas cerca del mar, cuando se dedican a
desalar agua marina, a una distancia de entre unas pocas decenas de
metros a 3 kilómetros. Cuanto más lejos esté de la costa, mayor será la
presión necesaria para captar el agua y, por lo tanto, el consumo
energético será superior, lo que encarecerá todo el proceso.
De hecho, la búsqueda de una localización idónea para una desaladora y
los pozos para captar el agua es una de las mayores complicaciones de
estas instalaciones, ya que a los problemas para encontrar un lugar
adecuado desde el punto de vista del bombeo de agua se unen los
necesarios permisos medioambientales que los ayuntamientos deben
conceder. Éste es uno de los motivos que alarga la tramitación
administrativa en los concursos de desalación.
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Planes del Ejecutivo
En la actualidad, el Gobierno ya ha adjudicado la redacción de los
proyectos informativos y estudios de viabilidad de la veintena de
desaladoras con las que planea resolver el problema de escasez de agua
de Levante y Andalucía. El Ministerio de Medio Ambiente confía en
licitar la construcción de las plantas antes de final de año. Sin
embargo, ya ha habido casos en España en los que la búsqueda de la
localización de una desaladora puede durar más de un año.
La otra modalidad de estas instalaciones son desaladoras de agua
salobre, que existen en el interior de España, en regiones como
Castilla-La Mancha.
En España, la primera desaladora se construyó en 1965 en Lanzarote
(Canarias), con la tecnología de evaporación, que hoy apenas se utiliza
y que se ha sustituido por la ósmosis inversa. Se trata de un fenómeno
que ya existe en la propia naturaleza. Ósmosis es el proceso natural por
el que cualquier vegetal absorbe sales del suelo. Desalar el agua
consiste precisamente en lo contrario: eliminar la sal del agua.
En 1971, fue cuando vio la luz en España la
primera planta por ósmosis
inversa, situada en Gran Canaria. Casi 35 años después, las empresas
españolas (constructoras e ingenierías) son líderes mundiales en esta
tecnología, que ya instalan en países como Argelia o Emiratos Árabes.
España es el quinto país por número de desaladoras en el mundo, con un
total de 900 plantas, que tienen una capacidad de 1,45 millones de
metros cúbicos al día.
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El progreso tecnológico ha permitido, además, abaratar estas plantas,
que hoy día tienen un coste de unos 720 euros por cada mil metros
cúbicos de agua producida.
Inversión
Por ejemplo, una desaladora tipo de 50.000 metros cúbicos por día supone
una inversión media de unos 36 millones de euros. La mayor que existe en
España es la de Carboneras, en Almería, con una capacidad de 125.00
metros cúbicos por día. En cuanto a la duración media de una planta, es
de entre 8 y 10 años.
¿Qué se encuentra al entrar en una desaladora? Lo primero es ver los
pozos costeros de captación, situados en un punto muy cercano al mar. A
veces, incluso puede ocurrir que estos pozos estén fuera del terreno de
la planta, si ésta se encuentra alejada de la costa.
Bombeo
A través de estos pozos, que tienen entre 50 y 80 metros de profundidad,
una bomba capta el agua, que se somete a un primer prefiltrado y,
después, se lleva a un colector común que comunica todos los pozos. Un
proceso que no tarda más de treinta minutos.
El siguiente paso es el filtrado en unos depósitos para eliminar la
arena del agua, que ha llegado hasta los filtros desde los pozos a
través de un colector y una tubería principal.
El agua se somete a un proceso de pretratado y desinfección, con un
primer tratamiento químico y una desinfección para eliminar cualquier
contaminación orgánica e inorgánica. Este pretratamiento no lleva más de
un minuto y medio.
A estas alturas, el agua lleva un recorrido que le ha supuesto poco más
de media hora. “Como norma general todas las instalaciones hidráulicas
se diseñan de forma que las velocidades del agua en las tuberías estén
en torno a 1,5 metros por segundo”, explica Lorenzo Romero, jefe de
planta de la desaladora de Ibiza, gestionada por Aqualia (filial de
FCC).
Como consecuencia, por ejemplo, en la desaladora de Ibiza, “desde que
una gota de agua es captada en el pozo costero hasta que es entregada en
el depósito municipal trascurre un periodo de unos 55 minutos”, apunta
Romero. No obstante, el técnico de Aqualia aclara que “estos tiempos
varían en función de las distancias de captación (por la situación de
los pozos) y la entrega”.
En todo caso, la ósmosis inversa, el proceso inmediatamente posterior al
pretratamiento, dura tan sólo quince segundos. Ha llegado el momento de
separar el agua dulce del agua salada, a través de unas membranas
semipermeables, similares a unos filtros milimétricos, que dejan pasar
sólo el agua y no la sal.
Plantas más eficientes
¿Cómo se consigue? A través de una fuerte presión, que permite filtrar
las sales. De cada cien litros de agua que entran en una planta, sólo se
obtiene agua pura apta para el consumo humano en un 40% (es decir, 40
litros) si procede del mar y en un 60% si proviene de aguas subterráneos
o ríos. Por ejemplo, por cada litro de agua del Mediterráneo, se puede
sacar 36 gramos de sal.
La fuerte presión para desalar el agua exige un elevado consumo
energético. La factura eléctrica puede suponer hasta el 48% de los
costes totales de una desaladora.
El rendimiento medio de las plantas ha ido mejorando al pasar de entre 5
y 6 kilovatios por metro cúbico de agua producido hasta 4 kilovatios. En
los últimos diez años, además, las desaladoras han introducido turbinas
nuevas, que permiten elevar la recuperación energética desde niveles de
entre el 18% y el 20% hasta entre el 30% y el 35%.
Para elevar su eficiencia y recuperar la energía que puede
desperdiciarse como consecuencia de la fuerte presión durante la ósmosis
inversa, las empresas que construyen y explotan las plantas suelen
instalar sistemas de cogeneración junto a la desaladora.
El agua ya desalada entra finalmente en un sistema de remineralización y
desinfección. Este tratamiento químico y su envío al depósito municipal
de aguas, para su posterior distribución a los hogares a través de la
red de abastecimiento urbano, puede tardar unos 22 minutos si, por
ejemplo, el depósito está a unos dos kilómetros de la planta.
Este viaje genera, además, un vertido, denominado salmuera, que es el
resto del agua (entre un 55% y un 60% del total) con una elevada
concentración en sal, lo que le convierte en un residuo con efectos
contaminantes si se vierte en el suelo o cerca de la costa, con
potenciales daños sobre los ecosistemas marinos. Por eso, la salmuera se
devuelve al mar, a través de unas tuberías hasta un punto alejado de la
costa, donde se vierte. Y así el agua salada vuelve al mismo sitio de
donde la planta la captó.
Fuente: Expansión
04.06.05
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