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Martes, 7 de junio de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Grabar palizas con el móvil se convierte en el «pasatiempo» de moda en el Reino Unido

Una enferma de cáncer y el viceprimer ministro británico, últimas víctimas del «happy slapping»

 

Después de recibir sus periódicas sesiones de quimioterapia, a Caroline Monk le gustaba recobrar fuerzas caminando por Primrose Hill, un parque del norte de Londres. Una tarde, sin embargo, un chico interrumpió su habitual paseo y la derribó de un certero golpe en la cabeza. Cuando recobró la consciencia, Caroline se vio rodeada por un grupo de adolescentes encapuchados que, durante unos minutos que se le hicieron eternos, la insultaron, se rieron de su calvicie y, para redondear la humillación, grabaron su sufrimiento con sus móviles.

«Cuando la gente va por ahí torturando a gente con cáncer y llamándoles “calvorotas”, te hace preguntarte en qué tipo de planeta vivimos», explicó recientemente su novio, el presentador de televisión Mathew Wright. Caroline, de 35 años, se convirtió así en la penúltima víctima de la nueva moda entre los adolescentes británicos más descarriados: el llamado «happy slapping», cuya traducción aproximada sería «tortazo feliz». Las reglas del «juego» son tan sencillas como crueles: eligir a una víctima y la someten a vejaciones de toda índole. Mientras, uno de ellos guarda el ataque para la posteridad con la videocámara de su teléfono móvil.Foto: http://www.20minutos.es

Al cabo de unas horas, las imágenes de la agresión están disponibles en diversos foros especializados de Internet, que también sirven para que los «happy slappers» alardeen de sus actividades y organicen sus futuros golpes. A pesar de la chulería con la que publicitan sus agresiones, los pandilleros rara vez acaban en la comisaría, pues pocas víctimas se atreven a denunciar los hechos. Algunos afectados temen represalias, mientras que otros prefieren mantener en secreto la humillación de haber recibido una paliza de manos de chavales que, en muchos casos, apenas han cumplido los 12 o 13 años.

Desde hace 6 meses. Según la cadena de televisión BBC, el «happy slapping» surgió hace unos seis meses entre los adolescentes del sur de Londres. Al principio, los ataques no eran excesivamente violentos: más que dañar físicamente a sus víctimas, las pandillas buscaban reírse de ellas.

Su principal inspiración eran programas de televisión como «Jackass» o «Dirty Sanchez», en los que los protagonistas gastan bromas pesadas a viandantes, además de someterse ellos mismos a todo tipo torturas voluntarias.

Con el paso del tiempo, la tendencia se ha expandido al resto del país. Con centenares de «slappers» compitiendo por obtener las imágenes más impactantes, la espiral de violencia se ha acelerado y ahora algunas pandillas no abortan sus agresiones hasta que la víctima se queda inconsciente. Los «aficionados» a este «pasatiempo», ahora, además de cubrir sus rostros con capuchas y pasamontañas, concentran sus acciones en zonas sin cámaras de seguridad, como parques o grandes aparcamientos al aire libre, lo que dificulta aún más la labor policial.

Sólo en el sistema de transportes londinense, los servicios de seguridad han investigado unos 200 ataques similares en lo que va de año. Aunque la Policía aún no ha recopilado datos específicos sobre el problema a escala nacional, todo apunta a que se producen varios centenares de casos cada mes. Los tabloides británicos se han obsesionado con el «happy slapping» y reciben con gruesos titulares cada nueva agresión. Para algunos, sin embargo, el interés de la Prensa por este fenómeno resulta excesivo y ha contribuido a generar una atmósfera de temor injustificado, puesto que la mayoría de las víctimas apenas sufre daños físicos de gravedad.

El «happy slapping» ha alcanzado incluso al viceprimer ministro, John Prescott. Durante la reciente campaña electoral, el político laborista admitió que hace unos meses estuvo a punto de recibir una paliza en un área de servicio de una autopista. «Me vi rodeado por unos diez chavales con capuchas», explicó Prescott a la BBC. «Lo que más me llamó la atención es que tenían una especie de videocámara para rodarlo todo». Afortunadamente sus guardaespaldas regresaron a tiempo.

Una vez detectada la nueva moda, el gran debate es cómo atajar esta ola de violencia antes de que se produzca la primera víctima mortal. Algunos centros comerciales, por ejemplo, no permiten a los adolescentes llevar capuchas y una escuela del sur de Londres, Saint Martin-in-the-Fields, ya ha prohibido el uso de móviles. Sin embargo, todas estas iniciativas son meros parches para un desajuste social más profundo, la denominada «conducta antisocial», uno de los problemas que más preocupan a los ciudadanos británicos y para la que el recién reelegido primer ministro, Tony Blair, ya ha prometido combatirla con una nueva «cultura del respeto» en el país, para lo que ha presentado un ambicioso paquete legislativo centrado en la lucha contra la pequeña delincuencia.

Fuente: La Razón
05.06.05

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