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Miércoles, 8 de junio de 2005


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

Seguridad Pública y Protección Civil

Cámaras que protegen del abuso

CASOS como el del canguro y violador de bebés «Nanysex» desatan los miedos. Los padres empiezan a imitar las medidas de algunas modernas guarderías: vigilar con vídeos «on-line» a los niñeros de sus hijos

 

Sabemos que Soraya es una buena mujer pero ». Aquello que no termina de decir Carolina S.P., secretaria, madre de un niño de tres años, apunta al pánico. Su esposo, ejecutivo de ventas de una multinacional, fue quien tomó la iniciativa y colocó dos cámaras escondidas en casa. Imposible detectarlas en el reloj despertador. Menos aún en un conejo de peluche. Las compró en Internet, pagando con su tarjeta de crédito, por 495 euros cada una.

Para el matrimonio, treinteañeros aún, los visores son sus ojos cuando ellos no están en casa. ¿Pero a quién vigilan? A la niñera, claro. Emiten vía WI-FI a un receptor que transmite las 24 horas al día on-line. «Prefiero mirarla siempre. Sé que está mal lo que hago pero es lo único que me deja tranquila», se explica la madre. Tanto ella como su esposo suelen observar a su hijo desde sus respectivas oficinas cuando tienen algún tiempo libre.Al niño y, sobre todo, a su cuidadora, Soraya, una muchacha guatemalteca.La contrataron hace tres meses. Y nunca, admiten, ha hecho nada sospechoso. «Pero...»

Foto. EL MundoEl descubrimiento de la red de ciberpederastas y violadores de bebés liderada por Alvaro Iglesias (Nanysex) ha alimentado aún más la búsqueda de seguridad. ¿Psicosis desmedida, ilegalidad...? «Se supone que deberíamos decirle que la estamos grabando, pero si lo hacemos para qué hemos gastado tanto»

Una ventanita de poca resolución que transmite a seis cuadros por segundo reduce su miedo. «Copiamos lo que había hecho un compañero de trabajo. Me pareció lo mejor...».

No es un caso aislado. Allí donde hay niños empieza a imperar el temor. Las guarderías fueron de las primeras en apostar por la videovigilancia web. La red de escuelas infantiles Osobuco ya la utilizó en 1998. Hoy es un plus decisivo.

«Nuestras medidas de seguridad son una de las grandes razones por las que muchas parejas eligen Chiqui Tin como el centro infantil para sus pequeños», asegura Maricruz Nicolás, responsable del departamento de operaciones de educación de esta empresa. Chiqui Tin es una franquicia poderosa que posee 25 centros educativos infantiles en toda España. La escuela que tienen en Alcobendas (Madrid) es una exhibición del despliegue tecnológico que tienen todas sus instalaciones y de lo que parece será la norma en un futuro nada lejano. Tiene cámaras en todos los salones y áreas de juegos. Las profesoras están intercomunicadas con pinganillos.A cada crío se le colocan chips -en sus petos y babys- que lanzan una señal si alguno abandona el recinto.

La información que envían las cámaras confluye en un servidor.Teniendo acceso a él se pueden ver las imágenes de más de 250 en tiempo real. Aparecen los pequeños jugando, pintando, durmiendo, llorando en Barcelona, Madrid, Valencia, Asturias... Seis personas supervisan todo cuanto sucede. «Somos educadores no guardias de seguridad, eso marca claramente la diferencia; además todo es muy seguro. Los códigos de acceso se distribuyen como un pin bancario y nuestro sistema está totalmente encriptado», explican desde Chiqui Tin.

GRABACIONES PARA PAPA

Las imágenes de los niños -cuyas edades van desde los 3 meses a los 3 años- sólo son accesibles a los padres durante 90 minutos por día. Pero eso no implica que no puedan ver a su hijo cuando quieran. Se les graba cada minuto. Y el registro se conserva durante una semana. «Si un padre quiere ver cómo se hizo su niño una herida o si come bien, se les puede dar el DVD con esas imágenes».En total, el servidor central guarda 2.520.000 minutos de grabaciones disponibles.

Existen opiniones encontradas con respecto al uso de este despliegue con matices de ciencia ficción en las guarderías. Los crackers -mercenarios informáticos- son los principales enemigos. Por temor a lo que ellos pudieran hacer con las imágenes, Los Osobuco, antaño propulsores de la videovigilancia on-line, decidieron abandonarla por precaución. «En principio quisimos desmitificar la idea del centro infantil como algo cerrado y mostrar que no teníamos nada que ocultar. Luego, al ver la posibilidad de que se manipulasen esas imágenes y sin que haya habido ningún incidente, optamos por retirarlas. No hubo ninguna razón pedagógica, sólo fue para prevenir», explica la psicóloga y directora, Pilar Roldán Muñoz.

La ola que se inició en Japón fruto de crímenes horrendos contra menores -se ha llegado a extremos donde los niños llevan dispositivos bajo la piel para supervisarlos- no se detiene. En EEUU, la parafernalia audiovisual a la que son sometidos sus críos ha permitido, en cambio, desenmascarar a cientos de agresores infantiles. Allí están convencidos de que las cámaras son el mayor arma contra la violencia infantil en casa. «Los últimos sucesos globales han aumentado la búsqueda de nuestros sistemas», afirma Julián Izquierdo, miembro del equipo de marketing de Mírame, uno de los líderes europeos del sector de videovigilancia on-line, que ha crecido más del 200% en los últimos 5 años.

A pesar de esto, los pros y los contras siguen estando ahí. Francisco Pérez, de Geutebrück España, se centra en lo segundo: «El 90% de los sistemas que se usan en casas no están permitidos por la ley. Nadie impide que se distribuyan. Los usuarios buscan la seguridad a bajo coste pero puede pasar lo contrario». Y las imágenes de los pequeños, terminar en manos de cualquier desaprensivo.Los piratas, por ejemplo, lo tienen más fácil cuando se utilizan redes inalámbricas -más sencillas de instalar pero más vulnerables- que abundan en el mercado negro. Sin ir más lejos, es el sistema que han montado en su propia casa Carolina y su esposo para vigilar a Soraya, hasta hoy inocente.

A la sombra del miedo paternal hay un fenómeno social económico que avanza a ritmo geométrico. Los ingresos anuales de empresas ibéricas del sector superan los 500 millones de euros. Sin embargo, en este entramado de codecs y webcams hay hechos que no tienen valor. Dos que se pueden reproducir en 640x480 pixels. Un directivo inglés interrumpió una reunión de negocios para ver en la red a su hija tener su primer día jugando en una guardería de Madrid. Un militar español que estaba en Bosnia podía ver a su pequeña crecer durante una hora, mientras él estaba entre escombros y balas. Algo de dulzura en esta gran pesadilla del ciberespacio.

PEDOFILOS «EN DESARROLLO»

Kazaa, e-mule, Imesh... Cualquier programa popular de intercambio de archivos es un banco, asequible y de fácil acceso, de pornografía infantil. En menos de tres horas, este periodista fue capaz de bajarse varios vídeos en los que se veían, entre otros horrores, a una niña de menos de 10 años violada por tres hombres o a dos chavales incluso más jóvenes practicando la sodomía. Tanta es la facilidad de acceder a este tipo de material que estudiosos del asunto han llegado a definir una categoría nueva de pedófilo, al que añaden el adjetivo «en desarrollo». Guillermo Cánovas, presidente de la Asociación contra la Prostitución Infantil, lo define así: «Se trata de un hombre, generalmente joven, que no se ha planteado su posible pedofilia hasta que no se la encuentra.Animado por la sensación de impunidad, desarrolla un grado de tolerancia cada vez mayor hacia imágenes de este estilo, confundiendo el delito con simple curiosidad o morbo. Muchos empiezan por la pornografía convencional y van en busca de sensaciones cada vez más fuertes».
Cuánta gente se ha bajado pornografía infantil resulta imposible de medir. Uno de los pocos datos lo proporciona la ONG Anesvad, que lanzó en 2002 Nymphasex, un anuncio en el que se sugería la existencia de material infantil en determinada dirección.Sólo en España, más de 50.000 personas picaron en menos de seis meses. Los aficionados a bajarse este tipo de archivos se refugian en su inmenso número, factor que dificulta la labor de la policía.Sin embargo, la impunidad de los pederastas «en desarrollo» puede estar tocando su fin. La mera tenencia de pornografía infantil es delito desde la reforma del Código Penal de 2004. Y los mecanimos para detectar a los usuarios se están sofisticando: «La realidad es que identificar a la persona que se esconde detrás de un ordenador es cada vez más fácil»

Fuente: El Mundo
05.06.05

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