Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
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Una red de sensores toma
el pulso a un bosque
California
despliega el ejemplo más avanzado de vigilancia electrónica
medioambiental
La
miniaturización de los aparatos electrónicos, como los sensores,
los robots, los ordenadores y las cámaras, se está utilizando para
hacer avanzar la ciencia de la ecología. La vigilancia continua de
entornos naturales va a desplegarse en los próximos años por ecosistemas
terrestres y marinos para conocerlos y protegerlos mejor.
En plena naturaleza, en las montañas de San Jacinto, a lo largo
de un empinado cañón, los científicos están convirtiendo 120.000 metros
cuadrados de pinos y otros árboles de California en una visión futurista
de un estudio medioambiental. Están conectando más de 100 pequeños
sensores, robots, cámaras y ordenadores, que empiezan a esbozar un
retrato inusualmente detallado de este exuberante mundo, el hogar de
más de 30 especies singulares y amenazadas. Gran parte de la
instrumentación es inalámbrica. Dispositivos del tamaño de una baraja de
cartas -conocidos como motas, por las motas de polvo- pueden medir la
luz, la velocidad del viento, la lluvia, la temperatura, la humedad y la
presión barométrica, y así detectar la presencia de un cuerpo caliente o
seguir los progresos de un viento frío por el cañón. "Es muy agradable
estar en el bosque con un ordenador, conectarse a Internet y ver todas
estas motas en acción", afirma Eric A. Graham, biólogo de la Universidad
de California, Los Ángeles, que está estudiando el bosque, conocido como
la Reserva James. "Es una visualización en tiempo real de una gran zona.
Es una nueva ciencia".
Esta ciencia se está expandiendo, con una inversión total en Estados
Unidos de más de 780.000 millones de euros en redes de sensores,
no sólo previstos para tierra firme, sino para lugares como el río
Hudson y las profundidades del Pacífico. La ecología, históricamente una
ciencia menor, se está haciendo a la vez mucho más grande y mucho más
pequeña. La rápida miniaturización de las tecnologías para cámaras,
teléfonos móviles y ordenadores inalámbricos está permitiendo a los
científicos construir innovadoras redes de pequeños sensores que, según
dicen, darán origen a una nueva era de comprensión ecológica y, con el
tiempo, ayudarán a salvar el planeta. "Es tremendamente importante",
dice Deborah Estrin, directora del Centro de Redes de Sensores
Incorporados de UCLA. Afirma que los logros podrían competir con los de
la introducción de instrumentos como el microscopio. "Piensa en los
escáneres de onda milimétrica y TAC y en su impacto en la ciencia
médica", señala Estrin. "Eso es lo que estamos intentando conseguir".
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Es una
especialidad joven, pero los expertos dicen que el éxito obtenido en
ensayos como el del bosque de California demuestran la promesa de las
redes de pequeños sensores, a menudo inalámbricos, de bajo
coste, que se conectan mediante cables y redes de alta tensión.
En los próximos años y décadas, los científicos pretenden desplegar
millones de dispositivos de este tipo en grandes extensiones
durante largos períodos de tiempo, abriendo así nuevas ventanas a la
naturaleza. "El potencial de la ciencia medioambiental es increíble",
afirma Alexandra Isern, directora de programas de la National Science
Foundation. "Con esta tecnología, podemos empezar a entender qué es un
acontecimiento y qué es normal. Cada vez reconocemos más cómo funcionan
distintos procesos medioambientales a diferentes frecuencias. Para
comprenderlo, hay que realizar mediciones constantemente".
Los científicos esperan aprender más sobre contaminantes del suelo,
cambios en el terreno, flujos acuáticos, especies invasoras, ciclos
oceánicos, formación de continentes, los lugares en los que se almacena
el carbón atmosférico, los motivos por los que entran en erupción los
volcanes y el modo en que los virus y los fragmentos genéticos se mueven
por el medio ambiente. Las motas poseen procesadores informáticos y
sensores hechos a medida, son inalámbricas y se alimentan con baterías o
células solares, permitiendo a los científicos utilizarlas en lugares
remotos y transportarlas de un lado a otro.
Algunos de sus emplazamientos serán permanentes. Esa continuidad se
considera vital para comprender mejor cómo están alterando los humanos
el planeta. "El objetivo es la investigación a largo plazo del impacto
temporal, climático o humano. Es un gran cambio", señala Robert S.
Detrick, de la Institución Oceanográfica Woods Hole.
La nueva ola está impulsada por la miniaturización de la electrónica
y el desarrollo de nuevos materiales que permiten radios,
ordenadores, sensores y baterías incluso más pequeños. Otro factor es la
National Science Foundation (NSF) que ha invertido ya más de 80 millones
de euros para promover la planificación e investigación de nuevas redes
de sensores, y prevé más de 8.000 millones de euros en grandes proyectos
ecológicos, principalmente observatorios. Y otro factor más es el
Departamento de Defensa. En los años noventa, su Agencia de Proyectos de
Investigación Avanzada financió a universidades para que redujeran
módulos informatizados para muchos tipos de sensores a tamaño
liliputiense (en un caso más pequeño que una moneda de un céntimo). El
equipo los bautizó motas y polvo inteligente.
A decenas de miles de kilómetros de California, los científicos están
iniciando una actividad similar, pero más húmeda. Diseñan robots,
sensores inalámbricos y ordenadores flotantes en un esfuerzo por
comprender más y mejorar la calidad del agua del río Hudson. El
proyecto, conocido como RiverNet, consiste en unas dos docenas de
instrumentos en total. Financiado por la NSF, pretende rastrear los
residuos de fertilizantes de las granjas, el calor procedente de las
plantas energéticas, el crecimiento de las algas y contaminantes como
los bifenilos policlorados. "Supongamos que tenemos un vertido
contaminante", propone Sandra A. Mierzwicki-Bauer, del Instituto
Politécnico Rensselaer de Troy, Nueva York. "Esto nos permite realizar
un seguimiento inmediato para poder responder mucho más rápidamente y
mitigar los daños".
Mejorar el control
Más allá de esas demostraciones reside un mundo en ciernes de redes
muy extensas que combinan motas y equipos portátiles con tecnologías más
amplias para mejorar la profundidad, duración y alcance del control. El
proyecto EarthScope de la NSF, de 160 millones de euros, está
construyendo 3.000 estaciones que rastrearán temblores leves, calcularán
la deformación de la corteza terrestre y realizarán mapas
tridimensionales del interior de la Tierra desde la corteza hasta el
núcleo. Unos 2.000 instrumentos más serán móviles -inalámbricos o
alimentados por energía solar o eólica- y se trasladará una ola de
dispositivos desde California a todo el país en el transcurso de una
década. El objetivo es descubrir los secretos de cómo se formó y
evolucionó el continente, revolucionando el estudio de volcanes,
sistemas de fallas, depósitos minerales y terremotos. Iniciado en 2003,
EarthScope se completará en 2008 y proseguirá hasta 2023. "Es la mayor
empresa de la historia de la geociencia", afirma Gregory E. van der Vink,
de EarthScope, con sede en Washington. "Se trata de equipar
Norteamérica".
El mundo biológico tiene su propio megaproyecto, La Red Nacional de
Observatorios Ecológicos, o NEON, por sus siglas en inglés, cuya
construcción se espera que comience en 2007. Uno de los objetivos es
realizar un seguimiento de especies invasoras, que provocan unas
pérdidas agrícolas de más de 80.000 millones de euros al año. Otra es
pronosticar cambios en la biosfera que pueden acompañar a las
variaciones climáticas.
Tal vez el proyecto que supone más retos sea Neptune. Colocará
casi 3.200 kilómetros de cables salpicados de sensores, cámaras y robots
inalámbricos a través de las oscuras profundidades del Pacífico, desde
California hasta Canadá. Cruzaría la placa de Juan de Fuca, el bloque de
corteza que bulle con terremotos, volcanes submarinos, colonias de
gusanos tubo y organismos exóticos que se desarrollan en ardientes
fisuras. Neptune costará unos 160 millones de euros, aproximadamente un
tercio aportado por Canadá. Su objetivo es estudiar todo el entorno
oceánico desde debajo del lecho marino hasta la superficie, para
responder a preguntas fundamentales.
Fuente: El País
01.06.05
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