Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
 |
|
| |
 |
|
|
La Amazonia devastada
La masiva destrucción
de selva brasileña pone en entredicho la capacidad del Gobierno de Lula
para preservar el mayor pulmón medioambiental del mundo
La
pérdida el año pasado de 26.000 kilómetros cuadrados de selva amazónica
en Brasil (una superficie similar a la de Galicia) ha causado
conmoción dentro y fuera del país. La enorme devastación ha puesto de
relieve que ni las promesas ni los esfuerzos realizados por el gobierno
de izquierdas del presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, están
consiguiendo parar la hemorragia de ese pulmón de oxígeno de la
humanidad, el mayor bosque tropical del mundo, que conserva además la
mayor riqueza de biodiversidad del planeta. Si no se logra la contención
de esa hemorragia de la selva -que ya ha sido deforestada en un 17,5%
según el Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF)-, la región se convertirá,
antes de 50 años, en un desierto o, en el mejor de los casos, en un
inmenso granero de soja y un pastizal de ganado vacuno, con todas las
secuelas ambientales que ello comportaría, no sólo para
Brasil sino para el mundo. La Amazonia continúa siendo la manzana de la
discordia en Brasil, un campo de batalla entre preservación ecológica y
desarrollo.
Vilmar Locatelli, asesor de la Comisión Nacional de la Amazonia, afirma
que, según estudios realizados por satélite, el ritmo de
deforestación de la selva y el aumento del efecto invernadero
"pueden causar serias alteraciones en el clima amazónico". Y añade: "Sin
la selva, las lluvias pueden verse reducidas entre un 20% y un 30% y la
temperatura media subir de 3 a 5 grados".
 |
|
Fotografía
aérea, realizada en septiembre de 2004, de bosques roturados en
Novo Progreso, Para (Brasil), para plantar soja. |
¿Quiénes son los culpables? El Gobierno se ha defendido por boca del
secretario de Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente, João Paulo
Capobianco, afirmando que el Plan de Prevención y Control de la
Deforestación de la Amazonia (lanzado por el presidente Lula el año
pasado, en el que participan 13 ministros y cuyo responsable es el
ministro de Presidencia, el poderoso José Dirceu) aún no ha podido dar
sus frutos "porque lleva sólo unos meses en funcionamiento". En nombre
de la oposición ha respondido uno de los mayores líderes de la defensa
del medio ambiente, el diputado del Partido Verde (PV) Fernando Gabeira,
quien asegura que el problema es que el famoso plan "no está funcionando
por falta de recursos y porque el ministro Dirceu aún no ha pisado la
Amazonia".
Para los analistas, el gran problema que se le plantea a Brasil es cómo
conciliar el actual desarrollo económico del país (centrado en el
agronegocio, sobre todo en el cultivo de soja y de ganado vacuno),
con una defensa a ultranza de sus bosques, de su madera preciosa, de
sus ríos sin contaminar (posee el 23% del agua potable del mundo), de su
biomasa y de sus inmensos yacimientos de minerales preciosos,
principalmente diamantes.
La Amazonia es un territorio de cinco millones de kilómetros cuadrados,
con sólo 275 fiscales para vigilarla -un fiscal por cada 18.000
kilómetros cuadrados-, una región codiciada por todos, incluidas las 27
multinacionales que actúan en el área.
En este momento, Brasil es el segundo exportador de soja del mundo,
después de Estados Unidos, y uno de los mayores vendedores de carne
vacuna. El consumo de carne brasileña en Europa y de soja para pienso es
una de las causas de ese vertiginoso aumento de la deforestación de la
Amazonia, según David Kaimowitz, director general del Centro
Internacional de Investigaciones sobre Bosques (Cifor). La Unión Europea
importa de Brasil casi el 40% de las 578.000 toneladas de carne bovina
consumida cada año en el Viejo Continente. El número de cabezas de
ganado en Brasil supera ya los 60 millones, de las cuales más del 30% se
encuentra en la Amazonia. Brasil controla hoy el 20% del mercado de
carne vacuna del mundo.
Para cultivo de soja y para pasto de ganado se talan millones de
árboles. El 80% de la madera usada sólo en el estado de São Paulo es de
procedencia ilegal. Los expertos calculan que por cada árbol caído se
destruyen otros 10, y que seis de ellos ni siquiera son aprovechados.
La defensa de la Amazonia estaba presente con fuerza en el programa
electoral del presidente Lula, quien puso al frente del Ministerio del
Medio Ambiente a Marina Silva, que, hija de una familia pobrísima del
norte y analfabeta hasta los 16 años, llegó dentro del sindicato hasta
senadora. Sin embargo, el presidente Lula defendió desde el principio
que la Amazonia no podía convertirse en un "santuario intocable", y
que debía llevarse a cabo allí un "desarrollo económico sostenible", es
decir, compatible con la preservación de su diversidad y riqueza
natural. "No queremos prohibir, queremos reglamentar, hacer las cosas
civilizadamente", dijo Lula.
El gobierno Lula tomó toda una serie de medidas para intentar frenar la
ocupación ilegal de la selva amazónica amenazada. Para ello incentivó un
sistema modernísimo de vigilancia aérea, capaz de detectar los
incendios, la deforestación y la ocupación ilegal. Exigió el
empadronamiento de todos los propietarios de más de 300 hectáreas para
demostrar que eran tierras legítimamente adquiridas y no bajo la
ilegalidad. Se dispuso a conceder 13 millones de hectáreas de áreas
públicas de la Amazonia para un uso económico sostenible en diez años,
para intentar evitar las invasiones ilegales y la ocupación de tierras
públicas. Y al mismo tiempo se planteó la creación de decenas de parques
naturales, dentro de la selva amazónica, para blindarlos del pillaje.
Los resultados, sin embargo, tardan en aparecer.
La ministra Silva, que ha perdido casi todas las batallas dentro del
Gobierno y del Parlamento, comenzando por la guerra contra los
transgénicos, prefirió tras el anuncio de los últimos datos sobre
destrucción de la naturaleza echar la culpa a la sociedad civil tanto
brasileña como extranjera, que, según ella, "critica la deforestación de
la Amazonia, pero continúa consumiendo productos que contribuyen a dicha
deforestación".
Lo que le resulta difícil a Brasil es explicar cómo, poseyendo la
legislación más exigente y moderna sobre defensa de la naturaleza y de
sus santuarios, no consigue poner un freno a su devastación, ni
parar las pistolas que asesinan a cuantos se oponen a dicha destrucción,
como lo demostró la reciente ejecución a sangre fría de la religiosa
norteamericana naturalizada brasileña Dorothy Mae Stang, que llevaba 40
años luchando contra el pillaje y la desvastación de la Amazonia, cuya
muerte sacó a la luz internaconal la dificultad real de poner en
práctica la ley, ante las connivencias entre terratenientes, policías,
políticos locales y jueces corruptos en una trama de impunidad contra la
que se dan de bruces, desde hace decenas de años, los esfuerzos de todos
los gobiernos. Según datos de la Comisión Pastoral de la Tierra, del
Episcopado de Brasil, entre 1985 y 2004 se registraron 1.349 asesinatos
de personas empeñadas contra los saqueadores de la Amazonia. Sólo 75 de
esos asesinatos fueron juzgados, y sólo 15 personas fueron condenadas. Y
todas han apelado la sentencia.
Refiriéndose a los responsables de la deforestación, el diario O Globo
afirmaba en su editorial del martes pasado: "Son siempre los mismos,
como es siempre la misma la ineficiencia del Gobierno en la preservación
del mayor patrimonio natural del país".
|
Internacionalizar
el santuario |
La última
alarma sobre la destrucción de la selva la dio Pascal Lamy,
nombrado el pasado jueves director de la Organización Mundial
del Comercio (OMC). Lamy pidió que Brasil "sea castigado" por el
nuevo aumento de la deforestación de la Amazonia, un santuario
con 30.000 especies de plantas, 2.500 de árboles, 3.000 tipos de
peces diferentes, un tercio de la madera tropical del planeta, y
donde se registran cada año más de 300.000 incendios, buena
parte dolosos, obra de ganaderos, agricultores y madereros. Lamy
pidió también la internacionalización de la Amazonia. "No se
trata", dijo, "de que Brasil pierda la propiedad del territorio,
pero sí de que se busquen reglas de gestión colectiva de la
Amazonia".
La respuesta tajante del Gobierno Lula a Lamy se produjo a
través del ministro de Asuntos Exteriores, Celso Amorim, quien
afirmó que Brasil tiene sobre la Amazonia "un derecho de
soberanía nacional intocable". Brasil siempre temió que
especialmente Estados Unidos pudiera un día arrogarse el derecho
de internacionalizar la Amazonia alegando que el país no
consigue defender la integridad de ese santuario ecológico de
interés mundial.
En el mundo político brasileño, quien más se ha opuesto a la
internacionalización de la Amazonia ha sido el intelectual del
Partido de los Trabajadores (PT), el senador Cristovam Buarque,
ex gobernador de Brasilia y ex ministro de Educación de Lula.
Buarque, autor de más de 40 libros, escribió: "Como brasileño,
estoy contra la internacionalización de la Amazonia, a pesar de
la degradación ambiental de ese patrimonio. Como humanista, sin
embargo puedo imaginarla. Pero entonces, que se
internacionalicen también todas las reservas de petróleo del
mundo, todos los museos y toda la infancia para que deje de
pasar hambre y tenga derecho a la educación".
Interrogado por este periódico sobre si, tras la pérdida de
26.000 kilómetros cuadrados más de selva en 2004, sigue
manteniendo su rechazo a la internacionalización, Buarque dijo:
"Empiezo a tener dudas, porque esa destrucción significa la
incapacidad de todos nuestros gobernantes para defender
semejante patrimonio nacional y mundial". |
|
Blário Maggi, Gobernador de
Mato Grosso |
|
"Mi empresa
no ha deforestado ni una hectárea amazónica"
A Blário Borges
Maggi, de 50 años, le llaman el rey de la soja. Es el mayor
productor de soja del mundo. Su familia controla el Grupo Amaggi,
un gigantesco grupo empresarial del Estado brasileño de Mato
Grosso que factura más de 600 millones de dólares y cultiva
50.000 hectáreas de soja, 12.000 de maíz y 2.500 de algodón.
Produce 2,2 millones de toneladas de soja, un 5,3% de la
producción nacional. Maggi es el enemigo número uno de los
ecologistas, que le culpan de ser el mayor deforestador de la
Amazonia. Licenciado en Agronomía, está considerado como una
especie de Silvio Berlusconi de Brasil, es decir, un empresario
que intenta implantar en la Administración pública los criterios
de eficiencia de la empresa privada. Elegido en 2002 con el 51%
de los votos, gobernador de Mato Grosso en el izquierdista
Partido Popular de Brasil (PPS), Maggi ha acumulado un enorme
poder.

En 2002, Maggi
apoyó la elección de Lula para la presidencia del país, aunque
en unas recientes declaraciones a la revista Isto É ha criticado
al Gobierno federal alegando que "no funciona, está parado". Y
ya sueña alto: ha dejado entender que podría intentar en 2010 la
escalada a la conquista de Brasilia, presentándose como
candidato a las elecciones presidenciales. Maggi respondió por
escrito a las preguntas de este periódico.
Pregunta. La prensa internacional y varias ONG acusan al
grupo empresarial de su familia, Amaggi, de ser uno de los
mayores responsables de la destrucción de la Amazonia, con el
objetivo de aumentar el cultivo de soja.
Respuesta. Quiero destacar, en primer lugar, que, en los últimos
10 años, el Grupo Amaggi no ha deforestado una sola hectárea
amazónica. La expansión de su producción se ha debido más bien
al aumento de productividad, conseguido con la utilización de
tecnología cada vez más avanzada y con la incorporación de áreas
de cultivo que ya habían sido abiertas por los antiguos
propietarios. Además, dos tercios de la soja producida por el
Grupo Maggi está en tierras fuera de la selva amazónica.
P. ¿No se sienten, pues, culpables de nada?
R. El Grupo Amaggi actúa con total respeto a la legislación
ambiental brasileña, y en tanto que soy gobernador de Mato
Grosso puedo decir que mi Gobierno no se siente mínimamente
responsable de eventuales deforestaciones irregulares en la
Amazonia, y asimismo los casos de deforestación ilegal han sido
puntualmente castigados con multas impuestas a los responsables
a partir de denuncias a la fiscalía. Quiero, además, recordar
que el Gobierno de Mato Grosso puede sólo tener control fiscal
de las propiedades mayores de 300 hectáreas: el resto es
responsabilidad del Gobierno central.
P. Se le adjudica la afirmación de que la Amazonia podría ser
utilizada hasta en un 40% para el agronegocio.
R. No es verdad. Lo que yo dije es que Mato Grosso tiene un
potencial de crecimiento de un 40%, si utiliza áreas con
vocación agrícola, la mayor parte fuera de la selva amazónica.
La posición del Gobierno de Mato Grosso consiste en que todas
las instancias del país deben contribuir a permitir un
desarrollo económico sostenible, que respete nuestra producción
y riqueza nacionales preservando nuestros recursos naturales.
Hoy, según la ley, se puede utilizar para la agricultura y la
producción agropecuaria un 20% de las propiedades situadas en la
Amazonia y un 65% en las áreas fuera de la selva. Cualquier
cambio de esas normas pertenece al Congreso Nacional.
P. ¿Por qué entonces ha sido usted tan criticado, tanto como
productor de soja como por el hecho de ser gobernador del Estado
de Amazonia que ha producido en el último año el 40% de los
26.000 kilómetros cuadrados de deforestación?
R. Le repito que tanto el Grupo Amaggi como el Gobierno de Mato
Grosso hemos actuado con respeto absoluto a la legislación
ambiental. Lo que ocurre es que Mato Grosso registra un récord
de productividad, que amplía cada día su presencia en los
mercados internacionales: y eso acaba hiriendo intereses
comerciales de otros países. De ahí que seamos víctimas de
campañas que intentan denigrar nuestra imagen. Mato Grosso no va
a aceptar esa imagen de ser el villano del medio ambiente, y
vamos a seguir ejerciendo nuestro derecho de promover el
desarrollo, de aumentar la producción y de mejorar la calidad de
vida de nuestro pueblo.
P. ¿Usted estaría de acuerdo con la internacionalización de
la Amazonia, dadas las dificultades que Brasil manifiesta para
lograr preservar ese gran santuario ecológico?
R. Esa tesis de ir a una internacionalización es totalmente
absurda e inaceptable, ya que hiere el principio de la soberanía
nacional. Los brasileños tienen plena capacidad para establecer
reglas claras sobre la utilización de sus recursos naturales.
Cualquier alteración de las reglas de la ocupación de la
Amazonia debería ser aprobada por el Congreso Nacional y verse
acompañada por políticas de compensaciones internacionales a
Brasil. |
Fuente: El País
28.05.05
Noticias relacionadas
*
El impacto ecológico de
la corrupción (20.04.05)
*
Cómo
desertizar un continente (03.02.05)
*
La deforestación de la Amazonía agrava el
calentamiento de la Tierra (30.08.04)
*
España y Portugal son los países de la Unión
Europea a los que más les afecta el cambio climático (26.08.04)
*
Entrevista: Klaus Hasselmann, experto en
clima (24.06.04)
*
Luz
verde a la Estrategia del Clima con el apoyo mayoritario del Consejo
Nacional (16.02.04)
*
El que contamine, que pague (09.02.04)
*
Medio Ambiente presenta el primer plan para luchar
contra el cambio climático (20.01.04)
*
Veranos europeos más calurosos y secos por el cambio climático
(19.01.04)
*
Para 2050, un 37% de las especies podría extinguirse por el cambio
climático (16.01.04)
|