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Martes, 14 de junio de 2005


Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

El desierto avanza en España

El proceso de empobrecimiento del suelo, que afecta a un tercio de España, se debe a las variaciones climáticas, una combinación de altas temperaturas y lluvias escasas

 

La desertización es el resultado de una agresiva deforestación y degradación del medio que lleva consigo una total pérdida de la cubierta vegetal y de la fertilidad del suelo. Según algunas estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), una extensión similar a la de toda América (unos 33 millones de kilómetros cuadrados) se encuentra en riesgo de desertización.

En la actualidad, el problema de la pérdida del suelo por erosión aparece siempre entre las cinco o seis grandes amenazas ambientales. En la Conferencia de la ONU de Río de Janeiro, en 1992, se cifró en 292.000 millones de dólares lo que habría que gastar en 20 años para detener el proceso; y en 107.000 millones de dólares para un programa medio de medidas correctoras mínimas que habría que aplicar en 81 países en vías de desarrollo.

Foto: www.edu.aytolacoruna.es

Continentes secos

África es el continente más afectado por la desertización. Los expertos sostienen que el 73% de las zonas áridas del continente está seriamente dañado, proporción que en Asia alcanza el 71%, el 25% en América Latina, y el Caribe y cerca del 65% en los países mediterráneos.

Aunque los países africanos son los que deben hacer frente a las mayores pérdidas, el Pnuma calcula que la desertización priva a China de 6.500 millones de dólares anuales, de unos 800 millones a Brasil y de 350 millones a España. Según el programa de la ONU, para revertir esa tendencia sería necesario “realizar esfuerzos eficaces durante veinte años y contar con un presupuesto anual global de entre 10.000 y 20.000 millones de dólares”.

La descompensación entre los recursos naturales y su capacidad de regeneración es fruto del cambio climático y de la explotación agrícola de carácter industrial implantada en las últimas décadas.

La necesidad de ampliar las zonas de cultivo para obtener más productos y mayores beneficios económicos de forma inmediata ha degenerado en la utilización abusiva de maquinaria pesada, pesticidas e invernaderos. Los efectos son desoladores: falta de agua, pérdida de vegetación y suelo y ausencia absoluta de biodiversidad en los terrenos afectados.

“Las talas abusivas de árboles, por intensas que fueran, no implicarían por sí solas la desaparición definitiva del bosque si no estuviera apoyada por otras causas, como el intenso pastoreo o los fuegos repetidos”, explica Juan Ruiz de la Torre, catedrático emérito de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de Madrid.

Los expertos coinciden en que el desequilibrio entre la actividad humana y los recursos naturales no sólo pueden achacarse a consecuencias climáticas: “El problema no es sólo del tiempo, porque el verdadero responsable es la mano del hombre, con talas, incendios, sobrepastoreo y el abandono de las tierras agrarias”, explica Ramón Vallejo, director del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (Ceam).

España, árida

En Europa, la erosión del suelo es cada vez mayor. Cerca de 115 millones de hectáreas están afectadas por la erosión hídrica y 42 millones sufren erosión eólica. Según un informe de la ONU, España es el país más árido de Europa. Junto a ésta, Portugal, Italia, Turquía y Grecia forman el llamado grupo del Mediterráneo Norte y están consideradas como las zonas más afectadas por la desertización, un problema que afecta aproximadamente a 250 millones de personas.

Un seis por ciento del suelo de la Península Ibérica se ha degradado irreversiblemente, y un tercio de la superficie padece una alta tasa de terreno desértico. Los datos del Plan Nacional contra la Desertización alertan de la extrema gravedad del proceso en Alicante y Gran Canaria, que se encuentran en grado de total desertización, según un dictamen técnico del Ministerio de Medio Ambiente. En situación de máxima alerta –por encima del setenta por ciento del suelo convertido en un secarral– están otras diez provincias: Murcia, Tarragona, Almería, Valencia, Castellón, Jaén, Granada, Tenerife y Málaga.

Mejores condiciones

Al luchar contra la desertización, se mejoran las condiciones generales en zonas como la cuenca del Mediterráneo, una de las áreas de máximo riesgo ante el calentamiento de la Tierra, que conlleva mayor peligro de incendios forestales, de deforestación y de salinización, señalan los expertos.

Según Vallejo, “la acción del hombre está en el origen de muchos problemas. Normalmente es perjudicial de dos modos: por la sobreexplotación de los recursos o por su utilización inadecuada”.

La riqueza de un país y la pervivencia de sus habitantes, en peligro

La desertificación es un fenómeno peligroso para la riqueza de un país y la pervivencia de sus habitantes. Se trata de un proceso que reduce la productividad y el valor de los recursos naturales del suelo como resultado de las actuaciones humanas no adecuadas y de la variabilidad climática.

Estos factores provocan que “el suelo pierda su fertilidad y se vuelva árido; se reduce la biomasa, se altera el régimen hídrico y aumenta la erosión”, indica Francisco López Bermúdez, catedrático de Geografía Física de la Universidad de Murcia. Todo esto convierte en inútiles para el cultivo las tierras afectadas.

Acabar con el proceso de degradación de la tierra no es fácil, a juicio de los expertos en desertificación , aunque existen algunas medidas que pueden contribuir a frenarlo. “La restauración forestal es importante; se trata de mejorar el suelo y sus propiedades.

Es conveniente que sea con árboles o arbustos autóctonos, que son los que se adaptan mejor y tienen menos riesgos de provocar efectos colaterales”, comenta Ramón Vallejo, director del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (Ceam). Sin embargo, la reforestación no siempre es posible: “El árbol es un gran consumidor de agua. Si en una zona hay déficit de este líquido, la repoblación puede ser perjudicial”, indica Francisco López Bermúdez.

Existen otras fórmulas de combatir la desertificación: “Es preciso conocer la calidad del agua que se usa para consumo agrario y controlar la actividad del ganado”, señala Juan Sánchez. A escala mundial, la Organización de las Naciones Unidas impulsó un Convenio Internacional de Lucha contra la Desertificación, al que se ha adherido España, y por el que los países firmantes se comprometen a tomar medidas para frenar este fenómeno. Naciones Unidas estima que el proceso de degradación de los suelos supone unos gastos de más de 44.500 millones de euros anuales en todo el mundo.

África es el continente más afectado, pero el Mediterráneo Norte tiene un apartado especial dedicado en el Convenio. También la Unión Europea prepara una directiva marco que se unirá a los esfuerzos del Programa de Acción Nacional contra la Desertficación (Pand) del Ministerio de Medio Ambiente.

 
Fuente: Expansión
10.06.05

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