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Miércoles, 15 de junio de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Crece la alarma entre los joyeros por la extrema violencia de la última ola de asaltos

El sector sufre un atraco cada tres días y unas pérdidas anuales de nueve millones, mientras que los robos a punta de pistola sustituyen a los «mazazos» y «alunizajes»

 

Hartazgo, impotencia y descontento. Así se resume la situación en la que se encuentra el sector de joyeros, plateros y relojeros de la región. Los delincuentes no les dan ninguna tregua. Ayer mismo, a las 11 de la mañana, cuando el cuerpo sin vida del joyero de Móstoles no había recibido aún sepultura, dos individuos armados asaltaron el establecimiento Palero, situado en Montecarmelo. La víctima intentó evitarlo, por lo que fue golpeada con la culata de una de las pistola que esgrimieron y sufrió una brecha. Le tuvieron que dar varios puntos de sutura. Aunque sustrajeron objetos de escasa cuantía, lo sucedido evidencia los riesgos que corren estos comerciantes derivados de la inseguridad que sufren desde hace 10 años.

El malestar es notable desde el asesinato de Antonio Sancho, natural de Ávila, el jueves pasado, cuando ni siquiera opuso resistencia. Como se recordará el confiado dueño abrió a tres suramericanos, ya que uno de ellos le había visitado esa mañana. El grupo no se conformó con desvalijar el local, sino que uno de ellos segó la vida del propietario, delante de quienes estaban en el interior, incluido su hijo. Y a traición: de un tiro por la espalda con una recortada.

Vuelve la extrema violencia

Las medidas de protección del local: alarma, blindaje y cámaras de videograbación, no sirvieron, ni sirven de nada cuando un despiadado individuo esgrime una recortada y encañona a su desprotegida víctima. Ésta sólo les dijo que se llevaran cuanto quisieran pero que no hicieran daño a nadie. La Policía busca ahora a los asaltantes, caracterizados por actuar con inusitada violencia, y se baraja la posibilidad de que sean colombianos, aunque no encajan las armas de largo calibre que portaban.

Los problemas del gremio de joyeros no son, pues, nuevos, aunque sí lo es el «modus operandi» de los delincuentes: han vuelto a actuar a punta de pistola, ejerciendo una violencia gratuita, recuperando los métodos de actuación del periodo 1998- 2000, el más negro del sector, con unos 200 delitos anuales.

Ahora, tras un periodo de relativa calma, los asaltos están experimentando un repunte en el último mes y medio con nueve asaltos en los últimos 24 días -Alcobendas (2), Móstoles (3) y uno en Majadahonda, en Tres Cantos, en Pinto y en Fuencarral-El Pardo, el último-. Hasta la fecha se han producido menos robos que en 2004 -40-, pero las pérdidas son más abultadas: seis millones de euros.

En el punto de mira

Esta cifra contrasta con el centenar de delitos cometidos de media en los últimos ocho años, con un monto anual de unos nueve millones de euros -1.500 millones de pesetas-, según explicó a ABC el secretario general del gremio de joyeros, plateros y relojeros Armado Rodríguez.

El sector siempre ha estado en el punto de mira de los delincuentes. Ha variado el modo de actuar y las nacionalidades de los infractores. Los robos con fuerza e intimidación fueron el modo de actuación en uso hasta principios del año 2000, con asaltos en las viviendas de estos comerciantes incluidos, que culminaron en secuestros y en la primera víctima mortal del sector -un joyero que pereció descuartizado en un descampado en 1997-, lo que llevó a estos trabajadores a organizarse y salieron a la calle para reivindicar medidas contra la ola de asaltos que sufrían.

Los autores eran delincuentes de origen colombiano, en su mayoría, que usaban armas de fuego y blancas. Los golpes a estas bandas mafiosas pusieron fin a estas actuaciones. A este periodo le siguió otro caracterizado por los «butrones», y por los asaltos a golpe de maza o «alunizajes», los métodos estrella.

Los protagonistas: delincuentes nacionales jóvenes e incluso menores, marroquíes y del Este de Europa. Cometían sus golpes a bordo de ciclomotores y coches que empotraban contra los escaparates de locales situados en las zonas más céntricas de la capital. Ahora la delincuencia se ha trasladado a la periferia y a locales modestos.

«Sólo la presión ciudadana puede hacer actuar al Gobierno»
El presidente del Gremio de Joyeros, Plateros y Relojeros, José Luis García Luben, manifestó ayer el «sentimiento de indignación» de la profesión. «Lo que ha ocurrido nos puede pasar a todos. La manifestación que queremos convocar va a ser un clamor no sólo de los joyeros, sino también de todos los comerciantes». Luben aseguró que están hartos de la inseguridad y de la ola de asaltos que sufren desde hace ocho años.

«Hay un dolor general en todo el comercio. Estamos rotos», dijo en las puertas del cementerio de Alcorcón. Aseguró que cuentan con el apoyo de la Confederación del Comercio Especializado (Cocem), que aglutina a 50.000 profesionales, al que espera se sumen el de la Confederación Empresarial Madrileña (Ceim). «La seguridad la tienen que garantizar las instituciones, no nosotros», por lo que tomaremos «medidas para que el Gobierno actúe».

El secretario del gremio, Armando Rodríguez, recordó que «el clima de inseguridad lo vive todo el comercio; todos los sectores se han puesto en contacto con nosotros». Eso sí, apostilló, ni una sola llamada del Ayuntamiento de la capital ni de la Comunidad, aunque sí del alcalde de Móstoles, Esteban Parro, y de la Delegación del Gobierno, así como de los pequeños y medianos comerciantes.

Rodríguez, pese a todo, se mostró pesimista: «No creo que la movilización vaya a servir para nada; sólo si continúa la presión de la ciudadanía los gobernantes actuarán». La protesta estará abierta a todos los madrileños en general, a los que invitó a que se sumen a la movilización, puesto que los ciudadanos, dijo Rodríguez, «son los que sufren más problemas de inseguridad». El gremio reclama un cambio legislativo que introduzca «la prisión preventiva» para los sujetos que sean reincidentes en robos o atracos. «Lo que falta -insistió Luben- es voluntad política».

 

«Tenemos mucho miedo a estar detrás del mostrador»
Medio millar de personas despidieron ayer al joyero de Móstoles. Entre ellos, 200 compañeros que viven esa tragedia como propia. «Nos puede pasar a cualquiera», decían. Un aplauso cerrado despidió el entierro, junto a miles de pares de ojos arrasados por el llanto

«Hoy, todos somos Antonio». Esta frase y la emoción contenida, atrapada en el estómago, fueron la tónica ayer, al mediodía, entre todos cuantos acudieron a despedir a la última víctima de la violencia: un comerciante que se ha pasado toda su vida -tres décadas- al frente de su negocio, una joyería situada en el populoso municipio de Móstoles, y que la perdió durante un atraco.

Medio millar de personas acudió al cementerio de Alcorcón para arropar a su gran y numerosa familia, además de a la propia- su esposa, sus tres hijos y sus siete hermanos-. Y es que sus numerosos vecinos, amigos,y hasta los dos centenares de compañeros del gremio, se sentían miembros de ella. Antonio se había ganado a pulso una merecida fama de trabajador infatigable que, con su esfuerzo, había logrado montar sus dos negocios -el que fue el escenario de su triste final, y otro, situado en Alcorcón- a los que «mimaba porque amaba su profesión por encima de todas las cosas», decía su apesadumbrado amigo José.

Prueba de lo popular y querido que fue, eran las coronas de flores, agolpadas al lado de la que ya es su última morada. Los 70 comercios mostoleños de ramo no abrieron en señal de luto por lo sucedido. Querían rendirle homenaje y a la vez, expresar un clamor: «Que tomen las medidas que sean necesarias para evitar más muertes», afirmaba Francisco.

Cuando el féretro recibió sepultura -sus familiares cambiaron de opinión y desecharon la incineración-, un largo, cerrado y sentido aplauso rompió el silencio que presidió el sepelio, dando paso a los sollozos y a la rabia. «¡Hijos de puta!», gritó uno de los hermanos de la víctima visiblemente alterado. Su mujer no resistió tanto dolor y fue sacada de allí, mientras los más allegados se abrazaban.

«Esto es muy duro, siento impotencia e indignación. Nos hemos quedado vacíos. Mi hermano no tenía nada suyo, era tremendamente cariñoso. Ejerció de padre con nosotros -era el mayor-», explicó Priscila. Perdieron a su progenitor en un accidente cuando eran niños. «Hemos luchado mucho y ¡mira que precio ha tenido que pagar! -añadió-. ¿Qué si tenía miedo? Ninguno. Él decía que todo el mundo era bueno, que ironía...». Conchita, prima del fallecido, recalcó que «son justas las movilizaciones de los comerciantes. Lo último es matar».

Ya en el exterior, sus compañeros se apiñaban en corrillos. «Ahora voy a tener miedo, pánico, a estar detrás del mostrador. ¿Qué hago, cierro la tienda? Sólo llevo dos años, yo ya no puedo estar así cada vez que vea entrar a alguien, con el temor a que saque un arma. Sólo queremos que las autoridades nos hagan caso . Nos estamos jugando la vida», recalcó Josefa. Y como ella José Luis. Y Goyo. Y Manuel. «Yo no puedo pagarme seguridad privada como hacen las grandes superficies. Que cambien las leyes, que hagan algo por favor», concluyó Matías.

Fuente: ABC
12.06.05

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