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Jueves, 16 de junio de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

El 'Cóndor' sobrevuela la noche madrileña

Los helicópteros del Cuerpo Nacional de Policía vigilan la ciudad durante las 24 horas del día. Sus agentes trabajan de cerca con las patrullas de tierra para perseguir a los delincuentes

 

Incluso cuando no pasa nada, su trabajo les gusta. Son capaces de cruzar Madrid de punta a punta en tres minutos; su despacho es un helicóptero, y desde allí Madrid cambia mucho. La perspectiva es totalmente diferente a 200 metros de altura.

El Servicio de Medios Aéreos de la Dirección General de la Policía, o Equipo Cóndor, como se le conoce, lleva 25 años surcando el cielo de Madrid. Y de toda España, pero esta noche el vuelo es sobre la metrópoli, que parece dormida. Sólo los servicios de emergencia y seguridad están autorizados para sobrevolar la ciudad, excepto en casos puntuales.

Foto. El Mundo

La vista desde arriba es tan distinta que basta un pequeño despiste para no saber dónde estamos. Leo y Carlos llevan los mandos del helicóptero, un EC-135, (Eco Charlie, lo llaman ellos). Este aparato va camino de convertirse en el sustituto de los BO-105, que llevan décadas con la policía.

El nuevo EC-135 es moderno y tiene sistemas más seguros. Leo y Carlos han tenido que reciclarse y estudiar para poder utilizar este nuevo aparato, pese a que ya llevan muchos años volando. En su caso, igual que en el de las 50 personas que trabajan con ellos, se mezcla la vocación de volar con la de ser agente de policía. Benjamín es técnico de mantenimiento en tierra y operador de sistemas en el aire; es decir, repara los helicópteros en el hangar, pero también maneja las cámaras del EC-135. Con él se completa la tripulación normal para salir a trabajar.

En el vuelo de esta noche no hay prevista ninguna operación, y por ahora no se ha solicitado la presencia del Cóndor para ningún suceso. Lo habitual es que trabajen en manifestaciones, persecuciones y grandes concentraciones de gente, como partidos de fútbol y conciertos. Pero aunque no haya nada previsto, hay que salir a patrullar.

Leo y Carlos van a los mandos, mientras Benjamín maneja una moderna cámara que va incorporada al helicóptero. Con la cámara, uno casi puede ver la cara a las personas desde arriba, a una altura de 600 pies (unos 200 metros). Además, uno de los dos pilotos aprovecha para manejar el foco cuando se encuentran con algo sospechoso.

Foto: El Mundo

Desde arriba da la impresión de que no se va a ver nada, y más aún porque es de noche. Pronto se olvida esa sensación, porque hay cosas que destacan mucho. Por ejemplo: enseguida se ve un accidente, con dos ambulancias, bomberos y la Guardia Civil, que atienden a un conductor que se ha salido de la carretera. Las sirenas se ven desde más de un kilómetro de distancia. Llegar allí no cuesta nada: el Cóndor alcanza sin problema los 260 kilómetros por hora.

«Las claves para orientarse en la ciudad son las grandes referencias: el Pirulí, las Torres Kio, el Doce de Octubre... Y todos los edificios altos. A partir de ellos ya puedes saber dónde estás», explica Carlos. Durante un recorrido normal, los pilotos se acercan a las zonas más conflictivas, siempre a la escucha de la emisora, por si pasara algo.

Antes, cuando sobrevolaban poblados chabolistas como las Barranquillas o el Salobral, mucha gente empezaba a tirar bolsas de droga a la hoguera, pero ahora ya se han acostumbrado a verlos, porque todas las noches -y los días- el Cóndor vuela sobre Madrid. Esta noche, Leo detiene el helicóptero en el aire sobre las Barranquillas, mientras Carlos pasea la luz del foco entre las chabolas. Casi no hay movimiento. Se observan las fogatas, los coches, las luces.Se ve desolado.

Muchas veces, la tarea nocturna de estos pilotos ha sido perseguir a los aluniceros, que no dudan en huir a toda velocidad por cualquier autopista. «Casi siempre acaban teniendo un accidente», explica Leo. Él ya ha visto muchas persecuciones, y sabe que el apoyo del helicóptero a las patrullas que van por tierra ha sido decisivo para controlar los alunizajes en la capital.

«La labor de disuasión del Cóndor es fundamental para que los delincuentes se sientan intimidados», comenta horas antes del vuelo el Jefe de Mantenimiento del Servicio de Medios Aéreos de la DGP. Cuando ellos vuelan, la delincuencia disminuye. Pero su tarea no es sólo preventiva. Ayudan a buscar pruebas, a localizar sospechosos o a investigar lugares.

Foto: El Mundo

«Además, realizamos tareas de asistencia y protección civil, como traslados de personas o de ayuda en caso de emergencia.Aunque cada vez lo hacemos menos, porque las comunidades autónomas ya tienen sus propios helicópteros», añade este inspector jefe.

En Cuatro Vientos, donde tienen su base, también realizan las reparaciones de todos los aparatos de la DGP, porque además de las competencias de Madrid, en su base están los servicios centrales.

Al sobrevolar el Windsor, Carlos recuerda el incendio, porque esa noche le tocó volar a él: «No sabíamos que se estaba quemando, pero vimos el incendio desde el aire y fuimos para allá. Desde arriba, ayudamos a organizar los cordones de seguridad, porque en la calle podía parecer que estaban lejos, pero la gente estaba al lado del edificio». Como ésta, los miembros del Equipo Cóndor tienen cientos de anécdotas. En los 25 años que llevan trabajando han volado en todo tipo de situaciones. En Madrid no tienen tiempo para aburrirse, porque aunque no pase nada, el mero hecho de volar por la ciudad es un privilegio.

Fuente: El Mundo
08.06.05

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