Seguridad Pública y Protección Civil
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El 'Cóndor' sobrevuela la
noche madrileña
Los helicópteros
del Cuerpo Nacional de Policía vigilan la ciudad durante las 24 horas
del día. Sus agentes trabajan de cerca con las patrullas de tierra para
perseguir a los delincuentes
Incluso
cuando no pasa nada, su trabajo les gusta. Son capaces de cruzar
Madrid de punta a punta en tres minutos; su despacho es un
helicóptero, y desde allí Madrid cambia mucho. La perspectiva es
totalmente diferente a 200 metros de altura.
El Servicio de Medios Aéreos de la Dirección General de la Policía, o
Equipo Cóndor, como se le conoce, lleva 25 años surcando el cielo de
Madrid. Y de toda España, pero esta noche el vuelo es sobre la
metrópoli, que parece dormida. Sólo los servicios de emergencia y
seguridad están autorizados para sobrevolar la ciudad, excepto en casos
puntuales.
La vista
desde arriba es tan distinta que basta un pequeño despiste para no saber
dónde estamos. Leo y Carlos llevan los mandos del helicóptero, un
EC-135, (Eco Charlie, lo llaman ellos). Este aparato va camino de
convertirse en el sustituto de los BO-105, que llevan décadas con la
policía.
El
nuevo EC-135 es moderno y tiene sistemas más seguros. Leo y Carlos
han tenido que reciclarse y estudiar para poder utilizar este nuevo
aparato, pese a que ya llevan muchos años volando. En su caso, igual que
en el de las 50 personas que trabajan con ellos, se mezcla la vocación
de volar con la de ser agente de policía. Benjamín es técnico de
mantenimiento en tierra y operador de sistemas en el aire; es decir,
repara los helicópteros en el hangar, pero también maneja las cámaras
del EC-135. Con él se completa la tripulación normal para salir a
trabajar.
En el vuelo de esta noche no hay prevista ninguna operación, y por ahora
no se ha solicitado la presencia del Cóndor para ningún suceso. Lo
habitual es que trabajen en manifestaciones, persecuciones y grandes
concentraciones de gente, como partidos de fútbol y conciertos. Pero
aunque no haya nada previsto, hay que salir a patrullar.
Leo y Carlos van a los mandos, mientras Benjamín maneja una moderna
cámara que va incorporada al helicóptero. Con la cámara, uno casi
puede ver la cara a las personas desde arriba, a una altura de 600 pies
(unos 200 metros). Además, uno de los dos pilotos aprovecha para manejar
el foco cuando se encuentran con algo sospechoso.
Desde
arriba da la impresión de que no se va a ver nada, y más aún porque es
de noche. Pronto se olvida esa sensación, porque hay cosas que destacan
mucho. Por ejemplo: enseguida se ve un accidente, con dos ambulancias,
bomberos y la Guardia Civil, que atienden a un conductor que se ha
salido de la carretera. Las sirenas se ven desde más de un kilómetro de
distancia. Llegar allí no cuesta nada: el Cóndor alcanza sin problema
los 260 kilómetros por hora.
«Las
claves para orientarse en la ciudad son las grandes
referencias: el Pirulí, las Torres Kio, el Doce de Octubre... Y
todos los edificios altos. A partir de ellos ya puedes saber dónde
estás», explica Carlos. Durante un recorrido normal, los pilotos se
acercan a las zonas más conflictivas, siempre a la escucha de la
emisora, por si pasara algo.
Antes, cuando sobrevolaban poblados chabolistas como las Barranquillas o
el Salobral, mucha gente empezaba a tirar bolsas de droga a la hoguera,
pero ahora ya se han acostumbrado a verlos, porque todas las noches -y
los días- el Cóndor vuela sobre Madrid. Esta noche, Leo detiene el
helicóptero en el aire sobre las Barranquillas, mientras Carlos pasea la
luz del foco entre las chabolas. Casi no hay movimiento. Se observan las
fogatas, los coches, las luces.Se ve desolado.
Muchas veces, la tarea nocturna de estos pilotos ha sido perseguir a
los aluniceros, que no dudan en huir a toda velocidad por cualquier
autopista. «Casi siempre acaban teniendo un accidente», explica Leo. Él
ya ha visto muchas persecuciones, y sabe que el apoyo del helicóptero a
las patrullas que van por tierra ha sido decisivo para controlar los
alunizajes en la capital.
«La labor de disuasión del Cóndor es fundamental para que los
delincuentes se sientan intimidados», comenta horas antes del vuelo
el Jefe de Mantenimiento del Servicio de Medios Aéreos de la DGP. Cuando
ellos vuelan, la delincuencia disminuye. Pero su tarea no es sólo
preventiva. Ayudan a buscar pruebas, a localizar sospechosos o a
investigar lugares.
«Además,
realizamos tareas de asistencia y protección civil, como traslados de
personas o de ayuda en caso de emergencia.Aunque cada vez lo hacemos
menos, porque las comunidades autónomas ya tienen sus propios
helicópteros», añade este inspector jefe.
En Cuatro Vientos, donde tienen su base, también realizan las
reparaciones de todos los aparatos de la DGP, porque además de las
competencias de Madrid, en su base están los servicios centrales.
Al sobrevolar el Windsor, Carlos recuerda el incendio, porque esa noche
le tocó volar a él: «No sabíamos que se estaba quemando, pero vimos el
incendio desde el aire y fuimos para allá. Desde arriba, ayudamos a
organizar los cordones de seguridad, porque en la calle podía
parecer que estaban lejos, pero la gente estaba al lado del edificio».
Como ésta, los miembros del Equipo Cóndor tienen cientos de anécdotas.
En los 25 años que llevan trabajando han volado en todo tipo de
situaciones. En Madrid no tienen tiempo para aburrirse, porque aunque no
pase nada, el mero hecho de volar por la ciudad es un privilegio.
Fuente: El Mundo
08.06.05
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