Seguridad Pública y Protección Civil
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Cámaras para vigilar a
los niños en la piscina desde casa
Algunas viviendas
incorporan ya estos sistemas de seguridad
Con la
llegada del buen tiempo y del periodo vacacional, muchos padres
respirarían tranquilos si, desde su casa o su oficina, pudieran ver por
un 'agujerito' dónde están y qué hacen sus hijos durante todo el día.
Esta posibilidad, lejos de ser sólo un deseo, se ha convertido en una
realidad gracias a las opciones que brindan las tecnologías.
En los
últimos años se han desarrollado modernos sistemas de
vigilancia que, además de prevenir la acción de los 'cacos', velan
por la seguridad de los inquilinos evitando incidentes dentro de
la propia casa. Este planteamiento ha dejado anticuadas las
tradicionales alarmas y cámaras de vigilancia y ha abierto el camino a
fórmulas mucho más sofisticadas.
Estos
sistemas, que se están empezando a instalan en las zonas comunes de las
urbanizaciones y en las piscinas con el fin de tener a los niños bajo
control, permiten vigilar, a través de la pantalla del televisor o
del ordenador de casa, todo lo que ocurre dentro del recinto de la
urbanización.
La instalación básica parte de una cámara que registra todos los
movimientos. Ésta va conectada a un circuito cerrado de televisión o a
un servidor. De esta forma, los vecinos de la comunidad podrán
conectarse, introduciendo su clave y contraseña personal, a una web que
recoge la grabación en tiempo real de lo que ocurre en el jardín.
Control
«vía» móvil
Las
fórmulas más avanzadas ya envían la imagen 'en directo' a través del
teléfono móvil. «En este caso las cámaras tradicionales se combinan
con detectores de presencia y sistemas de emisión de alarmas, de forma
que si ocurre un suceso 'anormal' la central registra el incidente y
envía un mensaje al usuario con la imagen de lo ocurrido», señala
Alfredo Villalba, director general de Inmomática, una de las empresas
especializadas en este tipo de circuitos.
Así, en caso de que los sensores detecten la caída de un objeto al
agua, el usuario, tras recibir el mensaje con la imagen, puede
comprobar si realmente se ha producido una incidencia o se trata de una
falsa alarma, según explica Villalba.
Para los que no puedan estar pendientes de una cámara de vídeo a todas
horas, Inmomática ha ideado otra fórmula que permite 'ver' con los
oídos'.' Se trata de un tipo de micrófono que detecta el chapoteo en el
agua, de forma que si alguien se cae a la piscina, el aparato detecta el
sonido y emite una señal de aviso.
Aunque este tipo de productos aún no se ha generalizado, algunas
promotoras ya los han incorporado a las nuevas construcciones.
Es el caso de Urbalia, que ha dotado a una de sus residenciales de un
servicio de videovigilancia a través de un circuito cerrado de
televisión. Otras empresas como Urbanicsa o Progeinsa han incluido
sistemas de vigilancia con 'webcam' en algunos conjuntos de viviendas.
En cuanto al desembolso que requieren estos circuitos, la cifra está en
torno a los 2.000 euros, que es lo que cuesta un 'kit' básico de
vigilancia para una piscina, formado por una cámara, un grabador y un
detector de movimiento, según explica Fernando Sánchez Doncel, director
de Sistemas de C-7 Seguridad, una empresa que también comercializa
sistemas de vigilancia a través del envío de imágenes por móvil.
El problema, a juicio de Carlos Sánchez-Herrero, experto en domótica de
Grupo Pinar y vicepresidente de la comisión del Hogar Digital, es que
la tecnología aplicada al ámbito doméstico aún no se ha extendido.
«El reto es socializar el hogar digital, potenciando las instalaciones
sencillas y baratas, asequibles para todos. Hay tecnología suficiente
para que hasta las viviendas protegidas puedan disponer en sus zonas
comunes de un sistema de vigilancia digital», añade este experto en
domótica.
A su juicio, el coste de una instalación básica de vigilancia puede
rondar los 1.000 euros, lo que «supone una cuota mínima para cada
miembro de la comunidad».
El recelo por la intimidad es una de las razones por las que estas
fórmulas no se han extendido más. «La gente muchas veces rechaza
estos circuitos porque suponen una intromisión en la intimidad,
sobre todo si se trata de espacios como jardines o piscinas, donde los
vecinos van a tomar el sol y a bañarse», señala Sánchez Doncel.
En la polémica sobre si lo que debe primar es la seguridad o la
intimidad, la decisión final la debe tomar la comunidad de vecinos.
Según Sánchez-Herrero, el reto para todas las promotoras debe ser
garantizar la seguridad estableciendo de forma generalizada estos
sistemas, aunque luego sean los propietarios los que decidan.
Fuente: El Mundo
10.06.05
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