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Viernes, 17 de junio de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Cámaras para vigilar a los niños en la piscina desde casa

Algunas viviendas incorporan ya estos sistemas de seguridad

 

Con la llegada del buen tiempo y del periodo vacacional, muchos padres respirarían tranquilos si, desde su casa o su oficina, pudieran ver por un 'agujerito' dónde están y qué hacen sus hijos durante todo el día. Esta posibilidad, lejos de ser sólo un deseo, se ha convertido en una realidad gracias a las opciones que brindan las tecnologías.

En los últimos años se han desarrollado modernos sistemas de vigilancia que, además de prevenir la acción de los 'cacos', velan por la seguridad de los inquilinos evitando incidentes dentro de la propia casa. Este planteamiento ha dejado anticuadas las tradicionales alarmas y cámaras de vigilancia y ha abierto el camino a fórmulas mucho más sofisticadas.

Foto: El MundoEstos sistemas, que se están empezando a instalan en las zonas comunes de las urbanizaciones y en las piscinas con el fin de tener a los niños bajo control, permiten vigilar, a través de la pantalla del televisor o del ordenador de casa, todo lo que ocurre dentro del recinto de la urbanización.

La instalación básica parte de una cámara que registra todos los movimientos. Ésta va conectada a un circuito cerrado de televisión o a un servidor. De esta forma, los vecinos de la comunidad podrán conectarse, introduciendo su clave y contraseña personal, a una web que recoge la grabación en tiempo real de lo que ocurre en el jardín.

Control «vía» móvil

Las fórmulas más avanzadas ya envían la imagen 'en directo' a través del teléfono móvil. «En este caso las cámaras tradicionales se combinan con detectores de presencia y sistemas de emisión de alarmas, de forma que si ocurre un suceso 'anormal' la central registra el incidente y envía un mensaje al usuario con la imagen de lo ocurrido», señala Alfredo Villalba, director general de Inmomática, una de las empresas especializadas en este tipo de circuitos.

Así, en caso de que los sensores detecten la caída de un objeto al agua, el usuario, tras recibir el mensaje con la imagen, puede comprobar si realmente se ha producido una incidencia o se trata de una falsa alarma, según explica Villalba.

Para los que no puedan estar pendientes de una cámara de vídeo a todas horas, Inmomática ha ideado otra fórmula que permite 'ver' con los oídos'.' Se trata de un tipo de micrófono que detecta el chapoteo en el agua, de forma que si alguien se cae a la piscina, el aparato detecta el sonido y emite una señal de aviso.

Aunque este tipo de productos aún no se ha generalizado, algunas promotoras ya los han incorporado a las nuevas construcciones. Es el caso de Urbalia, que ha dotado a una de sus residenciales de un servicio de videovigilancia a través de un circuito cerrado de televisión. Otras empresas como Urbanicsa o Progeinsa han incluido sistemas de vigilancia con 'webcam' en algunos conjuntos de viviendas.

En cuanto al desembolso que requieren estos circuitos, la cifra está en torno a los 2.000 euros, que es lo que cuesta un 'kit' básico de vigilancia para una piscina, formado por una cámara, un grabador y un detector de movimiento, según explica Fernando Sánchez Doncel, director de Sistemas de C-7 Seguridad, una empresa que también comercializa sistemas de vigilancia a través del envío de imágenes por móvil.

El problema, a juicio de Carlos Sánchez-Herrero, experto en domótica de Grupo Pinar y vicepresidente de la comisión del Hogar Digital, es que la tecnología aplicada al ámbito doméstico aún no se ha extendido. «El reto es socializar el hogar digital, potenciando las instalaciones sencillas y baratas, asequibles para todos. Hay tecnología suficiente para que hasta las viviendas protegidas puedan disponer en sus zonas comunes de un sistema de vigilancia digital», añade este experto en domótica.

A su juicio, el coste de una instalación básica de vigilancia puede rondar los 1.000 euros, lo que «supone una cuota mínima para cada miembro de la comunidad».

El recelo por la intimidad es una de las razones por las que estas fórmulas no se han extendido más. «La gente muchas veces rechaza estos circuitos porque suponen una intromisión en la intimidad, sobre todo si se trata de espacios como jardines o piscinas, donde los vecinos van a tomar el sol y a bañarse», señala Sánchez Doncel.

En la polémica sobre si lo que debe primar es la seguridad o la intimidad, la decisión final la debe tomar la comunidad de vecinos. Según Sánchez-Herrero, el reto para todas las promotoras debe ser garantizar la seguridad estableciendo de forma generalizada estos sistemas, aunque luego sean los propietarios los que decidan.

Fuente: El Mundo
10.06.05

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