Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
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Mosquitos transgénicos
contra la malaria
Eliminar a los
mosquitos que transmiten la malaria con otros incapaces de propagar el
parásito es una estrategia que, combinada con fármacos y una vacuna,
puede hacer retroceder el avance del paludismo, enfermedad que cada año
afecta a más de 300 millones de personas
Entre 300
y 400 millones de personas contraen la malaria cada año, una enfermedad
que mata a casi dos millones, la mitad niños menores de cinco años.
Desde hace unos años se observa una mayor conciencia social de que hay
que frenar la infección, pero los esfuerzos siempre parecen
insuficientes. De hecho, las previsiones apuntan a que en el año 2010,
aproximadamente la mitad de la población mundial estará en riesgo de
contraer la malaria, estimaciones basadas en que “el parásito
responsable de la enfermedad, el Plasmodium, está presente en más de 90
países, que están registrando un aumento progresivo de la población”,
según el catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense de
Madrid, Juan José Picazo.

La
magnitud del problema lleva a los expertos a insistir en que hay que
cercar al paludismo con distintas estrategias: fármacos, vacunas,
insecticidas... Una de las propuestas más innovadoras es la de utilizar
mosquitos transgénicos. “Son insectos modificados genéticamente para que
no puedan actuar como portadores del Plasmodium”, explicó ayer Janis
Lazdins-Helds, del Programa Especial para la Investigación y
Entrenamiento en Enfermedades Tropicales de la Organización Mundial de
la Salud (OMS).
Nueva
vacuna
La
investigación genética ha permitido secuenciar el genoma del Anopheles
gambiae, en el que se han detectado los genes que reducen la transmisión
natural de los parásitos causantes de la malaria. “Los mosquitos transgénicos ya están listos para ser soltados. La idea es que estos
insectos se impongan al Anopheles normal, con lo que se reduciría
extraordinariamente la propagación del parásito que causa el paludismo.
Sin embargo, esta decisión puede alterar los ecosistemas. Ya no es una
cuestión médica exclusivamente. Nos encontramos con que hay que
incorporar las ciencias sociales a la enfermedad”, destacó ayer el
experto de la OMS, que participó en la reunión Malaria, un reto para la
Humanidad, celebrada en Madrid.
Aunque la estrategia anterior puede resultar muy efectiva para controlar
la propagación de la infección, la obtención de una vacuna es una vía
más convencional y en la que ya se han realizado numerosos intentos.
Los resultados habían sido siempre negativos, entre otras razones por la
complejidad del parásito, por su capacidad para adaptarse al sistema
inmune de las personas y por su facilidad para mutar. Sin embargo, el
pasado mes de octubre la revista The Lancet publicaba los resultados de
un ensayo en fase II con la vacuna RTS,S/ASO2A, desarrollada por GSK, en
el que se constataba una eficacia del 58% frente a la forma grave de la
enfermedad. Pero lo más importante del estudio es que se ha probado en
niños, en los que la mortalidad por paludismo es muy alta.
El próximo paso será probarla en niños menores de un año, y “ya se está
desarrollando el protocolo de administración. Si comprobamos que esta
vacuna protege a los menores de un año, y que la protección dura hasta
que sobrepasen la edad de cinco años, habremos dado un paso fundamental
en la lucha contra la malaria”, aseguró ayer Pedro Alonso, coordinador
del ensayo con la vacuna de GSK y director del Centro de Investigación
en Salud de Manhiça en Mozambique, donde se llevan a cabo las pruebas.
Aunque todavía quedan varias fases del ensayo clínico para poder
patentar la vacuna, el optimismo entre la comunidad científica es
general. Ripley Ballou, de GSK Biologicals, comentó que la compañía
espera registrar la vacuna en 2010, a pesar de que todavía falta llevar
a cabo los ensayos clínicos en fase III, necesarios para dar el paso
administrativo. “Los resultados que tenemos hasta ahora no nos hacen
suponer que vayamos a tener un fallo importante”. La confianza de la
compañía es tal que Joe Cohen, uno de los diseñadores de la vacuna,
aseguró que “GSK está empezando el desarrollo de una instalación para la
producción de millones de dosisque serán necesarias en los próximos
años”.
Frutos
de la colaboración
Regina
Rabinovich, directora de Enfermedades Infecciosas de la Fundación Bill y
Melinda Gates, que ha destinado 150 millones de dólares para el programa
Iniciativa para la Vacuna contra la Malaria (MVI), insistió en que “el
desarrollo de vacunas y fármacos debe ir paralelo a la financiación para
que se conviertan en una realidad. Hay que instaurar políticas y
planificar las líneas de actuación. En malaria se está produciendo un
avance sin precedentes”.
Pedro Alonso insisitió en la necesidad de unir esfuerzos frente a una
enfermedad “extraordinariamente compleja, mucho más que el virus del
sida. Nos enfrentamos a un reto técnico, científico y logístico”. Los
primeros frutos de la colaboración entre grupos de trabajo públicos y
privados es, precisamente, la vacuna RST,S/ASO2.
Alonso trabaja desde hace más de una década en el continente africano,
experiencia que le lleva a afirmar que la gran brecha entre los países
pobres y los desarrollados es el llamado gap 10/90, que significa :
“Sólo el 10% de los recursos mundiales de investigación se dedica a lo
que causa el 90% de las enfermedad y muerte en el mundo, mientras que el
90% del presupuesto de investigación se destina a lo que apenas causa el
10% de la morbimortalidad. Es un desequilibrio enorme”.
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Estrategias
eficaces |
La regresión
de la malaria en los países en desarrollo durante la década de
2001 a 2010 es uno de los Objetivos del Milenio de la
Organización de las Naciones Unidas. Pero los datos no revelan
que la carga global de malaria en términos de morbimortalidad
hayan cambiado entre los años 2000 y 2004. Con todo, sí se han
producido progresos alentadores. Desde el año 2002, en que se
constituyó el Fondo Mundial de Lucha contra el sida, la
tuberculosis y la malaria, se han asignado 940 millones de
dólares al paludismo en dos años hasta llegar a 1.800 millones
en cinco.
Un informe de la ONU del pasado día 3, destaca que los
tratamientos preventivos para el paludismo están teniendo cada
vez más alcance, y se ha reducido el número de casos de víctimas
mortales de la enfermedad. El informe recoge la eficacia de las
estrategias de control que incluyen fumigaciones con
insecticida, la destrucción de las larvas del mosquito, el uso
de mosquiteros y los tratamientos farmacológicos.
Entre las terapias que se han revelado más eficaces para
controlar la infección están las basadas en artemisina, cuya
demanda ha pasado de dos millones en 2003 a los 70 millones en
la actualidad. Para impulsar el cultivo de la artemisia, la OMS
ha reunido esta semana en Tanzania a todos los agentes
implicados en el desarrollo de estas terapias: desde los
agricultores hasta los fabricantes de los productos
farmacéuticos. |
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Un problema
emergente |
En la
actualidad, la malaria es una enfermedad propia de los países
con menos recursos económicos. Pero eso no siempre ha sido así.
En los países del Norte de Europa, el paludismo no se consideró
erradicado hasta la I Guerra Mundial, mientras que en los del
Sur, la infección permaneció hasta la II Guerra Mundial. España
dio por erradicado el paludismo en 1964 y desde entonces no se
ha producido ningún caso autóctono. Sin embargo, en los últimos
años los países desarrollados están asistiendo a un progresivo
aumento del número de enfermos de malaria, que han contraído la
infección bien en algún viaje a zonas donde la enfermedad es
endémica, o como consecuencia de la inmigración.
Sólo en la Comunidad de Madrid, se han declarado entre 1998 y
2003 un millar de casos de malaria importada, explica Rogelio
López-Vélez, del Servicio de Medicina Tropical del Hospital
Ramón y Cajal, de Madrid. “El 60% de todos los casos de malaria
que se registran en Europa son entre inmigrantes. Hay que
prestar especial atención a este colectivo, más si tenemos en
cuenta que el 12% de los donantes de órganos en España son
inmigrantes”.
López-Vélez insiste en que los viajeros deben tomar
antimaláricos de forma preventiva si van a viajar a lugares
exóticos y “si tienen fiebre a la vuelta de su viaje, siempre
hay que pensar en que puedan tener malaria, una infección que en
el 12% de casos es grave”. |
Fuente: Expansión
10.06.05
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