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Lunes, 20 de junio de 2005


Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

Mosquitos transgénicos contra la malaria

Eliminar a los mosquitos que transmiten la malaria con otros incapaces de propagar el parásito es una estrategia que, combinada con fármacos y una vacuna, puede hacer retroceder el avance del paludismo, enfermedad que cada año afecta a más de 300 millones de personas

 

Entre 300 y 400 millones de personas contraen la malaria cada año, una enfermedad que mata a casi dos millones, la mitad niños menores de cinco años. Desde hace unos años se observa una mayor conciencia social de que hay que frenar la infección, pero los esfuerzos siempre parecen insuficientes. De hecho, las previsiones apuntan a que en el año 2010, aproximadamente la mitad de la población mundial estará en riesgo de contraer la malaria, estimaciones basadas en que “el parásito responsable de la enfermedad, el Plasmodium, está presente en más de 90 países, que están registrando un aumento progresivo de la población”, según el catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense de Madrid, Juan José Picazo.

Foto: www.afro.who.int

La magnitud del problema lleva a los expertos a insistir en que hay que cercar al paludismo con distintas estrategias: fármacos, vacunas, insecticidas... Una de las propuestas más innovadoras es la de utilizar mosquitos transgénicos. “Son insectos modificados genéticamente para que no puedan actuar como portadores del Plasmodium”, explicó ayer Janis Lazdins-Helds, del Programa Especial para la Investigación y Entrenamiento en Enfermedades Tropicales de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Nueva vacuna

La investigación genética ha permitido secuenciar el genoma del Anopheles gambiae, en el que se han detectado los genes que reducen la transmisión natural de los parásitos causantes de la malaria. “Los mosquitos transgénicos ya están listos para ser soltados. La idea es que estos insectos se impongan al Anopheles normal, con lo que se reduciría extraordinariamente la propagación del parásito que causa el paludismo. Sin embargo, esta decisión puede alterar los ecosistemas. Ya no es una cuestión médica exclusivamente. Nos encontramos con que hay que incorporar las ciencias sociales a la enfermedad”, destacó ayer el experto de la OMS, que participó en la reunión Malaria, un reto para la Humanidad, celebrada en Madrid.

Aunque la estrategia anterior puede resultar muy efectiva para controlar la propagación de la infección, la obtención de una vacuna es una vía más convencional y en la que ya se han realizado numerosos intentos.

Los resultados habían sido siempre negativos, entre otras razones por la complejidad del parásito, por su capacidad para adaptarse al sistema inmune de las personas y por su facilidad para mutar. Sin embargo, el pasado mes de octubre la revista The Lancet publicaba los resultados de un ensayo en fase II con la vacuna RTS,S/ASO2A, desarrollada por GSK, en el que se constataba una eficacia del 58% frente a la forma grave de la enfermedad. Pero lo más importante del estudio es que se ha probado en niños, en los que la mortalidad por paludismo es muy alta.

El próximo paso será probarla en niños menores de un año, y “ya se está desarrollando el protocolo de administración. Si comprobamos que esta vacuna protege a los menores de un año, y que la protección dura hasta que sobrepasen la edad de cinco años, habremos dado un paso fundamental en la lucha contra la malaria”, aseguró ayer Pedro Alonso, coordinador del ensayo con la vacuna de GSK y director del Centro de Investigación en Salud de Manhiça en Mozambique, donde se llevan a cabo las pruebas.

Aunque todavía quedan varias fases del ensayo clínico para poder patentar la vacuna, el optimismo entre la comunidad científica es general. Ripley Ballou, de GSK Biologicals, comentó que la compañía espera registrar la vacuna en 2010, a pesar de que todavía falta llevar a cabo los ensayos clínicos en fase III, necesarios para dar el paso administrativo. “Los resultados que tenemos hasta ahora no nos hacen suponer que vayamos a tener un fallo importante”. La confianza de la compañía es tal que Joe Cohen, uno de los diseñadores de la vacuna, aseguró que “GSK está empezando el desarrollo de una instalación para la producción de millones de dosisque serán necesarias en los próximos años”.

Frutos de la colaboración

Regina Rabinovich, directora de Enfermedades Infecciosas de la Fundación Bill y Melinda Gates, que ha destinado 150 millones de dólares para el programa Iniciativa para la Vacuna contra la Malaria (MVI), insistió en que “el desarrollo de vacunas y fármacos debe ir paralelo a la financiación para que se conviertan en una realidad. Hay que instaurar políticas y planificar las líneas de actuación. En malaria se está produciendo un avance sin precedentes”.

Pedro Alonso insisitió en la necesidad de unir esfuerzos frente a una enfermedad “extraordinariamente compleja, mucho más que el virus del sida. Nos enfrentamos a un reto técnico, científico y logístico”. Los primeros frutos de la colaboración entre grupos de trabajo públicos y privados es, precisamente, la vacuna RST,S/ASO2.

Alonso trabaja desde hace más de una década en el continente africano, experiencia que le lleva a afirmar que la gran brecha entre los países pobres y los desarrollados es el llamado gap 10/90, que significa : “Sólo el 10% de los recursos mundiales de investigación se dedica a lo que causa el 90% de las enfermedad y muerte en el mundo, mientras que el 90% del presupuesto de investigación se destina a lo que apenas causa el 10% de la morbimortalidad. Es un desequilibrio enorme”.

Estrategias eficaces
La regresión de la malaria en los países en desarrollo durante la década de 2001 a 2010 es uno de los Objetivos del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas. Pero los datos no revelan que la carga global de malaria en términos de morbimortalidad hayan cambiado entre los años 2000 y 2004. Con todo, sí se han producido progresos alentadores. Desde el año 2002, en que se constituyó el Fondo Mundial de Lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria, se han asignado 940 millones de dólares al paludismo en dos años hasta llegar a 1.800 millones en cinco.

Un informe de la ONU del pasado día 3, destaca que los tratamientos preventivos para el paludismo están teniendo cada vez más alcance, y se ha reducido el número de casos de víctimas mortales de la enfermedad. El informe recoge la eficacia de las estrategias de control que incluyen fumigaciones con insecticida, la destrucción de las larvas del mosquito, el uso de mosquiteros y los tratamientos farmacológicos.

Entre las terapias que se han revelado más eficaces para controlar la infección están las basadas en artemisina, cuya demanda ha pasado de dos millones en 2003 a los 70 millones en la actualidad. Para impulsar el cultivo de la artemisia, la OMS ha reunido esta semana en Tanzania a todos los agentes implicados en el desarrollo de estas terapias: desde los agricultores hasta los fabricantes de los productos farmacéuticos.

 

Un problema emergente
En la actualidad, la malaria es una enfermedad propia de los países con menos recursos económicos. Pero eso no siempre ha sido así. En los países del Norte de Europa, el paludismo no se consideró erradicado hasta la I Guerra Mundial, mientras que en los del Sur, la infección permaneció hasta la II Guerra Mundial. España dio por erradicado el paludismo en 1964 y desde entonces no se ha producido ningún caso autóctono. Sin embargo, en los últimos años los países desarrollados están asistiendo a un progresivo aumento del número de enfermos de malaria, que han contraído la infección bien en algún viaje a zonas donde la enfermedad es endémica, o como consecuencia de la inmigración.

Sólo en la Comunidad de Madrid, se han declarado entre 1998 y 2003 un millar de casos de malaria importada, explica Rogelio López-Vélez, del Servicio de Medicina Tropical del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid. “El 60% de todos los casos de malaria que se registran en Europa son entre inmigrantes. Hay que prestar especial atención a este colectivo, más si tenemos en cuenta que el 12% de los donantes de órganos en España son inmigrantes”.

López-Vélez insiste en que los viajeros deben tomar antimaláricos de forma preventiva si van a viajar a lugares exóticos y “si tienen fiebre a la vuelta de su viaje, siempre hay que pensar en que puedan tener malaria, una infección que en el 12% de casos es grave”.

Fuente: Expansión
10.06.05

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