Seguridad Colectiva y Defensa Nacional
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El Museo del Ejército
echa el cierre
Estudiosos y
melancólicos podrán hoy visitarlo por última vez antes de que sea
trasladado al Alcázar de Toledo - A partir de mañana sólo algunos
privilegiados podrán acceder a la sala en visitas privadas que ya están
concertadas
Hoy, desde
las dos en punto de la tarde, el museo del ejército cerrará al
público general sus puertas. Ya es conocido por todos que el noble
edificio que desde 1841 han ocupado colecciones históricas compuestas
por objetos tan célebres como la Tizona del Cid o la minuciosa serie de
soldados de plomo y madera de 30.000 piezas, pasarán en el plazo de un
par de meses a formar parte de la colección de armas que se expone en el
interior del Alcázar de Toledo.

Ayer,
sobre las dos de la tarde, las caras de las personas que salían del
número 1 de la calle Menéndez Núñez lo decían todo. Eran posiblemente
los penúltimos visitantes que verán estas piezas en la capital: a partir
de mañana sólo entrarán al museo visitas privadas, que podrán disfrutar
de las armas que aún no se hayan trasladado a Toledo.
Habitualmente, visitan el museo cada día alrededor de cien personas,
cifra que se duplicaba los fines de semana. Ante el cierre inminente de
la sala, las visitas se han quintuplicado. Sólo ayer, según explicó
Pilar, una de las trabajadoras del museo, pasaron entre las piezas de la
sala de artillería del siglo XIV casi 600 personas. «Es una pena», decía
esta funcionaria, mientras retiraba de la puerta unos carteles.
«No me
parece bien esto, ¿para qué se lo llevan ahora?», se preguntaba en las
escalinatas de entrada al edificio una de las visitantes que acababa de
salir. Junto a ella, María, otra señora a la que el traslado del museo
le parecía algo «pésimo»: «Han empezado a darle vida con actividades y
más exposiciones hace un par de años y ahora se lo llevan», se quejaba
la misma mujer. Alfonso, otro de los visitantes, también quiso mostrar
su malestar con el traslado: «A pesar de que yo soy de Toledo, prefiero
que el museo continúe abierto aquí», dijo.
El punto
de vista profesional lo puso Daniel, un historiador que también salía
del edificio: «El museo está partido –explicó–, tenían que unirlo en
el lugar más emblemático y ése es el Alcázar». «Aquí no está mal,
pero para unirlo sería necesario que quitasen de Toledo la mitad que
falta, pero así dejarían el Alcázar vacío», añadió.
Hasta
después del verano no comenzará la mudanza definitiva porque su
nuevo emplazamiento, en el que las piezas contarán con un nuevo
planteamiento expositivo, aún continúa en obras. «Esto tiene un traslado
de dos años y pico o tres», explicó Emi, otra de las trabajadoras del
museo. Emi y su compañera Pilar aún continuarán trabajando en el
edificio junto al resto del personal que lo ha hecho hasta ahora:
«Llevaremos el control de las piezas que se van sacando y guardando en
cajas», dijo Emi con un tono un tanto meláncólico.
Han
sido muchos años tras las paredes de este emblemático
edificio, el único resto en pie del Palacio del Buen Retiro,
destruido durante la francesada, y muchas son las anécdotas que les han
ocurrido con los visitantes. «La Tizona del Cid salió en un programa de
televisión y uno de los visitantes vino preguntando por la espada de
Saber y Ganar», explicó Pilar entre risas.
Detrás de
todos visitantes apareció Julio, un experto conocedor del museo del
ejército que colabora como guía voluntario explicando a los grupos de
turistas la historia de las piezas de esta sala. De momento a él tampoco
le faltará el trabajo, a pesar del interés mostrado por algunas de las
personas que ayer visitaron el museo por volver hoy a la sala, él
explicó a este periódico que hoy atenderá a un grupo de italianos. «Me
gustaría más que siguiese aquí, pero continuarán habiendo visitas
privadas para ver lo que vaya quedando», dijo.
Sala
del Prado. A partir de hoy el edificio acogerá una pequeña sala para
exposiciones temporales y seguirá en funcionamiento la biblioteca, a la
espera de su cierre definitivo. En el futuro se instalará bajo esos
mismo techos una parte de las colecciones del Museo del Prado con la
idea de recrear el antiguo Salón de Reinos tal y como lo concibió el
Conde Duque de Olivares, con los cuadros de batallas realizados, entre
otros, por Diego Velázquez.
Madrid
pierde así uno de sus museos más antiguos, inaugurado en 1803 en otra
sede, y el primero en abrir sus puertas al público. Primo de Rivera
y después Franco trazaron planes para desalojar el Museo del Ejército
sin éxito. Pero quien finalmente se salió con la suya fue el ex
presidente José María Aznar, con un de proyecto de 1998 que sigue en pie
con el actual Gobierno. En los últimos años, la Asociación de Amigos del
Museo del Ejército presentó alegaciones que no prosperaron, pese a
contar con el apoyo de todas las Reales Acadamias y de los grupos del
PSOE y de Izquierda Unidad en la Asamblea madrileña, que tampoco
lograron sacar adelante una iniciativa para paralizar el traslado. Donde
realmente cayó como un jarro de agua fría fue en los círculos militares.
Queda ya
muy poco pero todos los que lo deseen aún están a tiempo de acudir hoy
al museo entre las diez y las dos de la tarde. Muchos serán seguro los
que se hayan quedado con las ganas de conocer este histórico museo. A
pesar de esto, las estatuas que en su día se tallaron para decorar el
Palacio Real continuarán en la terraza exterior de este antiguo
hospedaje de reyes recordando lo que significó este museo.
Fuente: La Razón
30.06.05