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Jueves, 3 de marzo de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

  «El tipo que montó las bombas del 11-M era muy bueno, sabía bien lo que hacía»

Pedro, el Tedax que desactivó la mochila bomba de Vallecas 

 

«Las bombas exigían de capacitación técnica. Estaban muy bien confeccionadas. En su sencillez estaba su genialidad. El sistema era eficaz y muy seguro» - «La investigación no se ha cerrado. Hay muchas incógnitas. Lo del teléfono no lo sabe nadie. Es la gran incógnita: ¿quién montó las bombas con teléfonos?» - «No tengo el dato de que ETA haya podido utilizar Goma 2 asturiana. Pero ETA siempre ha echado mano de lo que ha podido. Si pudieron, lo hicieron»

Foto: El MundoEs Pedro, a secas. Su apellido y su rostro no pueden ser desvelados porque se trata de un objetivo prioritario de ETA. Este hombre de 43 años, que habla por primera vez en un periódico, fue el que desactivó la bomba número 13 de las que provocaron la matanza del 11 de Marzo de 2004.

Fue en la madrugada del día 12, a solas y con sus propias manos. Gracias a su gesto de valentía se pudo avanzar a toda velocidad en la investigación y detener a la mayoría de los terroristas.

Pedro lleva más de 22 años en la policía, 12 de ellos como experto en desactivación de explosivos. Es uno de los mejores Tedax de España (el país europeo con mayor experiencia en ese campo) y ha participado en la investigación de más de 30 atentados de ETA. La mitad de su vida profesional la ha pasado en el País Vasco.

Está soltero y el 11 de Marzo decidió jugarse la vida porque era la única forma de poder tener «más información sobre los asesinos».

Este es su testimonio:

Pregunta.- ¿Qué fue lo primero que pensó cuando llegó a la estación de Atocha en la mañana del 11 de Marzo?

Respuesta.- Cuando ví todo aquello, aunque no tenía ningún dato, sólo por intuición, pensé que se trataba de un atentado islamista.

P.- ¿Por qué llegó a esa conclusión?

R.- Por el modus operandi. Era en hora punta, las 7.40. Trabajadores, estudiantes, el tren atestado de gente,.. ¿Quién coño puede hacer eso sin aviso previo, de esa forma indiscriminada? ETA no hace eso, no suele hacer eso...

P.- Es decir, que aún sin saber todavía el tipo de explosivo utilizado, usted descartaba a ETA.

R.- Claro, por el tipo de atentado. A mí me vino a la mente inmediatamente el 11-S, sólo que trasladado a los trenes. Era un disparate. ETA nunca ha llegado a eso. Cuando cometieron el atentado de Hipercor, avisaron. Lo que pasa es que lo hicieron con poco tiempo, pero avisaron. Hubo incluso discrepancias en la cúpula de ETA y sus líderes se pelearon porque no lo habían hecho bien.

P.- Hubo dos intentos de desactivación que resultaron fallidos.¿Por qué?

R.- Bien, porque hay veces que cuando se intenta desactivar un artefacto, neutralizarlo, nosotros lo llamamos NOD (Neutralización o Desactivación), se produce una detonación involuntaria. No todas las bombas se pueden desactivar, no es una ciencia exacta. La desactivación tiene algo de cirugía; hay veces que se nos va la carga explosiva. La cuestión clave es la sensibilidad del explosivo. Pero permítame que no entre en más detalles para no dar pistas a los terroristas.

P.- Durante las primeras horas de la mañana del día 11 se mantuvo la tesis desde el Ministerio del Interior de que el explosivo utilizado por los terroristas había sido Titadine, marca habitualmente empleada por ETA. ¿Pudo usted detectar en los trenes algún resto de explosivo?

R.- Nosotros no lo supimos en ningún momento. Tomamos muestras de las superficies que habían estado supuestamente en contacto con el explosivo. Esos restos, una vez analizados, suelen dar los componentes del tipo de sustancia que forma o que determina el explosivo.

P.- ¿Y eso se pudo saber esa mañana?

R.- Nosotros no lo supimos durante todo el día.

P.- ¿Ni siquiera por aproximación?

R.- Lo que puedo decir es que a mí el tren de Téllez me olía a dinamita. Después de una detonación, la dinamita, por los componentes que tiene, deja un olor característico, y a mí me olía a dinamita.

P.- ¿Cómo distingue un experto, una vez que se ha producido una explosión, si se trata de Goma 2 o de Titadine?

R.- Una vez que se ha producido la explosión, a bote pronto es imposible. Hay que analizarlo. Sin análisis, es imposible determinarlo. Absolutamente imposible.

P.- ¿El Titadine y la Goma 2 tienen un olor parecido?

R.- Sí, sin duda, es el mismo. Distinguir entre Titadine, Goma 2 o la Gelamonit portuguesa es imposible hasta que no se analiza. Incluso analizándolo, es muy complicado determinar si ha sido Titadine o si ha sido Goma 2. Porque los componentes son los mismos. Lo que da la analítica son datos específicos de sustancias que componen el explosivo. Pero los datos son los mismos en cualquier dinamita.

P.- ¿La única diferencia entre la Goma 2 y el Titadine está en el color?

R.- Sí. Pero incluso en eso depende del país de que se trate.

P.- Digamos comparando la Goma 2 española con la Titadine francesa que robó ETA.

R.- Hay dos tipos de Titadine. El que fue sustraído en Bretaña, que era la Titadine 30, que es de color rojizo, vivo; y la que sustrajeron en Grenoble, que es de color anaranjado.

P.- Y la Goma 2, ¿de qué color es?

R.- Es beige puro y duro.

P.- Usted ha estado muchas veces en los escenarios de atentados de ETA. Cuando vio aquella masacre, ¿sintió algo especial?

R.- Sentí una vez más el horror, el que muchas veces he vivido, en este caso multiplicado.

P.- ¿Hay algún atentado en el que usted haya intervenido similar al del 11 de Marzo?

R.- Estuve en el atentado de ETA de Vallecas, por ejemplo, donde murieron cinco civiles que trabajaban para las Fuerzas Armadas. Fue horrible. Pero no hay punto de comparación. Porque el día 11 eran los andenes llenos de cadáveres, los trenes llenos de cadáveres, los teléfonos móviles sonando... Yo me encargué de la inspección técnica del tren de Téllez. Estuve revisando vagón por vagón, bolsa por bolsa, cualquier objeto susceptible de portar o que pudiera contener un artefacto explosivo. Oía los móviles de las personas que había por allí... de los cadáveres. Intentaba no mirar las caras, pero a veces no podía evitarlo porque algunos cuerpos estaban seccionados, rotos, destrozados. Sin embargo, debe ser una especie de mecanismo de defensa psicológico que tienes, pero no me afectó de una forma especial.

P.- O sea, que usted pudo hacer tu trabajo.

R.- Sí. Con frialdad, además. Me sorprendí a mí mismo. Yo pensaba para mí, 'joder, estoy en un nivel ya de superación del espanto que me permite concentrarme directamente en el trabajo'. Pero aquello era tremendo. En el tren de Téllez, si no recuerdo mal, había 64 cadáveres, y además en él se dio una circunstancia especial. Como estaba entrando en Atocha, cuando estallaron las bombas el tren estaba en movimiento y tenía las puertas cerradas. Nada más producirse las explosiones, la gente quiso salir, pero las puertas estaban bloqueadas. La angustia que pasaron debió ser espantosa. Todos los cadáveres, excepto dos, estaban dentro de los vagones.

P.- En la madrugada del 12 de marzo recibió el aviso de la Comisaría del Puente de Vallecas. Había aparecido una bolsa conteniendo lo que parecía ser una bomba.

R.- Llegamos a la una y media o dos menos cuarto de inspeccionar Atocha a nuestro centro en Moratalaz cuando entró la llamada de la Sala de Operaciones del 091, que es la que coordina a nivel operativo todo Madrid, todo este tipo de cuestiones.

Nos dijeron que en la Comisaría del Puente de Vallecas, entre los restos que procedían de la estación de El Pozo que no habían pasado por Ifema, cuando se estaban inspeccionando objetos para establecer correspondencias con víctimas o viajeros del tren había aparecido una bolsa en la que había un teléfono móvil del que partían unos cables que, a su vez, se introducían en una bolsa de plástico. Evidentemente, después de 10 explosiones y de dos bombas que se intentaron desactivar, esa era la número 13, sin duda. Entonces le dije al Jefe de Sala que procediera a desalojar la Comisaría del Puente de Vallecas. Nos trasladamos al lugar, solicité a un funcionario que me indicara la dependencia donde se encontraba la bolsa, la miré y le dije que me dejara a solas. Introduje un dedo dentro de la bolsa y vi que era del color y olor característicos de la dinamita Goma 2. Yo ya había intuido que el explosivo era dinamita, pero ahí estaba la prueba.

P.- Ahora que ha pasado casi un año, ¿podría decirnos por qué esa bomba no hizo explosión?

R.- Yo sé por qué no hizo explosión, pero eso es materia clasificada.

P.- Usted trasladó la mochila con la bomba al parque Azorín en Vallecas y la desmontó con sus propias manos, jugándose la vida.¿No había ningún otro medio técnico para evitar ese riesgo?

R.- Sinceramente, no. La experiencia de las dos bombas anteriores que se intentaron desactivar desaconsejaban utilizar otros métodos. Sabía de la importancia capital de lo que contenía esa bolsa, de lo que nos podía aportar conocer los componentes del artefacto. Sabía que nos iba a dar mucha información; por eso arriesgué mi vida.

P.- Cuando usted tomó esa decisión, ¿era consciente de la trascendencia que iba a tener la desactivación de la bomba? Es decir, ¿que no sólo se iba a determinar con absoluta precisión el tipo de explosivo, sino que se iba a detectar una tarjeta de móvil que iba a ser la clave de toda la investigación policial?

R.- No, yo sabía que si la bomba la desactivaba a mano íbamos a recuperar todos los componentes del artefacto, el explosivo, el teléfono móvil, el detonador, toda su estructura. Pero no era consciente, lógicamente, de la enorme trascendencia que tuvo después. Efectivamente, la tarjeta prepago del móvil arrastró en cascada la investigación, precipitó la detención de todos los terroristas.

P.- ¿ETA había utilizado antes bombas con móviles?

R.- En dos ocasiones. La primera fue en un atentado contra el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo, en San Sebastián. Si no recuerdo mal, fue en noviembre de 2000. Un día 11, curiosamente. Causó 10 heridos entre miembros de la Guardia Civil, Cuerpo Nacional de Policía y Ertzaintza. Se trataba de una bomba trampa escondida en una lanzadera que apuntaba al cuartel y en la que había dos granadas de perforación anticarro. La segunda vez fue en el cementerio de Zarauz, en enero de 2001, contra la cúpula del Partido Popular, que acudía allí en homenaje al concejal José Ignacio Iruretagoyena, asesinado por ETA.

P.- Es decir, que ETA en un periodo muy corto utilizó dos bombas con móviles.

R.- Pero hay una diferencia fundamental: el propio teléfono de la bomba de los islamistas hacía de temporizador y en las de ETA la señal era radiomandada.

P.- O sea, que lo utilizaban como un mando a distancia.

R.- La llamada era el sistema de activación del artefacto. Ellos llamaban con otro teléfono a un número determinado que activaba la bomba.

P.- ¿Por qué los terroristas del 11-M se molestaron en abrir los cartuchos y amasar la dinamita? ¿Por qué no cogieron los cartuchos y colocaron los teléfonos y los detonadores en las bolsas sin más?

R.- Los terroristas lo consideraron más, digamos, conveniente. Pero no puedo contestar a eso. Es materia clasificada.

P.- ¿Usted cree, después de haber analizado con detenimiento cómo se montaron esas bombas y el daño que produjeron, que las pudieron montar personas no expertas en el manejo de explosivos?

R.- No. Evidentemente, las bombas exigían de capacitación técnica, sin ningún género de dudas. O sea, no eran una chapuza. En absoluto. En varios medios se ha dicho que eran bombas deficientes en cuanto a concepción, elaboración, tratamiento, etcétera. Eso es falso. Las bombas estaban muy bien planificadas y confeccionadas. Eran sencillas, pero en su sencillez estaba la genialidad. El sistema era eficaz; muy, muy eficaz, y además era muy seguro. Estoy convencido de que el tipo que las montó era muy bueno. Sabía muy bien lo que hacía.

Se ha hablado mucho sobre la falta de seguridad para el terrorista de esos artefactos, pero eso no es verdad. Las bombas eran muy seguras. Si se les pone bien la fecha y la hora a la que tiene que sonar el despertador, no hay ningún problema. ¿Por qué? Porque se apaga el teléfono y el terrorista se asegura de que la batería no se descarga; y, en segundo lugar, porque evita que se reciban llamadas que hagan saltar el dispositivo antes de lo previsto.

P.- ¿Es decir, que el móvil que había en la mochila estaba apagado?

R- Sí, sí, claro. Me llamó la atención cuando cogí el teléfono. Es más, me desconcertó.

P.- ¿Pensó que podía haber fallado porque estaba apagado?

R.- Cuando ví el teléfono, lo primero que pensé fue en mi experiencia con las bombas de ETA. Me dije: 'Alguien va a llamar por teléfono y salgo por los aires'. Pero estaba apagado. Pensé que al teléfono se le había ido la batería, o que no funcionaba, o bien en una trampa desconocida de ETA, que las hace de puta madre. Sólo había dos opciones, o había fallado, o me la habían trampeado. Me dije: 'Los terroristas han dicho: 10 bombas para los pasajeros y las otras ahora para las Fuerzas de Seguridad, para ver si se las comen'. Estaba obsesionado con que fuera una trampa de los terroristas vascos.

P.- Es decir, que usted no tiene dudas de que las bombas del 11-M eran técnicamente eficientes y seguras.

R.- Sin duda. El sistema era cojonudo.

P.- ¿Quién cree usted que lo hizo?

R.- Ese es un asunto que tiene que resolver la investigación.

P.- ¿Qué cree usted que todavía no sabemos de lo que ocurrió el 11-M?

R.- Hay muchas cosas que no se saben. La investigación sigue, está abierta, no se ha cerrado. Hay muchas incógnitas, evidentemente...El mismo asunto del que hemos hablado, por ejemplo. Lo del teléfono no lo sabe nadie. Es la gran incógnita: ¿Quién montó las bombas con teléfonos?

P.- Algunas personas relacionadas con el 11-M como El Nayo, Lavandera, etcétera, han hablado de que Trashorras y Toro les comentaron que ellos tenían la intención de vender dinamita a ETA. ¿Hay algún indicio de que ETA haya podido utilizar Goma 2 procedente de Asturias?

R.- Yo no tengo ese dato y, no obstante, sería clasificado. Pero ETA siempre ha echado mano de lo que ha podido. Si tuvieron la oportunidad, seguro que lo hicieron.

Fuente: El Mundo
03.03.05

* Especial Atentado 11-M.

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