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Viernes, 4 de marzo de 2005


Gestión y Protección del Conocimiento

Un paleontólogo alemán, acusado de falsear datos sobre los neandertales

La Universidad de Francfort denuncia las investigaciones del profesor Protsch sobre los homínidos. Aventuró teorías sin saber usar el carbono-14

 

El profesor alemán Reiner Protsch acaba de conseguir su sueño de pasar a la Historia de la Antropología. Ahora bien, no por sus descubrimientos (como quería y estaba a punto de hacerlo), sino por su sarta de embustes, recientemente destapados, que van a obligar a revisar gran parte de la Historia del Hombre Moderno.
Reiner Protsch saltó a la fama cuando reveló que los fragmentos de un cráneo descubierto en un yacimiento de turba, cerca de Hamburgo, databan de hacía 36.000 años.

La revelación conmocionó a los investigadores, pues ello supuso que tenían ante sí el vínculo entre el hombre moderno y el neandertal. Es más, el profesor Protsch se atrevió a defender, a partir de su hallazgo, que ambos (hombre moderno y neandertal) habían coexistido, llegando incluso ambos homínidos a tener descendencia.

«Ahora todo eso son simples tonterías. ¡Basura!», exclamaba este fin de semana Thomas Terberger, el antropólogo de la Universidad de Greifswald (Este de Alemania) que ha revelado al mundo las falacias de Protsch.

Así, el cráneo de 36.000 años, considerado como el del alemán más antiguo del mundo, y bautizado como el Hahnhöfersand man, resulta pertenecer a un simple mortal de apenas 7.500 años.

«Tiene que haber una revisión absoluta sobre los estudios antropológicos de hallazgos de hace más de 10.000 y 40.000 años», alertó Terberger.

Y es que el farsante profesor de la Universidad de Francfort no se contentó con manipular los datos del Hahnhöfersand man, sino del Binshof-Speyer (que resulta ser sólo del 1.300 antes de Cristo y no de hace 21.300 años, como dijo Protsch) o del Paderborn-Sande man (datado en el 27.400 antes de Cristo y fallecido realmente en el 1750 ¡después de Cristo!).

«Pedimos disculpas por todo el daño causado por alguien que ha sido profesor de esta Universidad», se ha lamentado Rudolf Steinberg, presidente de la Universidad de Francfort, en declaraciones al diario Frankfurter Allgemeine Zeitung.

La Universidad en la que este profesor, de 66 años, estuvo hasta hace escasos meses y enseñó durante los 30 anteriores de su vida, organizó una comisión de investigación para comprobar si la denuncia del antropólogo Terberger contra su colega Protsch era auténtica, confirmando con horror que tales «manipulaciones y falsedades» habían tenido lugar desde el despacho de Prost.

Esta comisión determinó además que Protsch mintió en reiteradas ocasiones (copiando también estudios de otros científicos y dando por auténticos falsos fósiles), con el único fin de hacerse famoso y ganar el máximo rendimiento económico posible.

Y fue precisamente durante un intento de hacerse con miles de euros cuando sus colegas y hasta la misma policía empezaron a sospechar que el reputado antropólogo escondía algo tras sus brillantes descubrimientos.

El profesor Protsch intentó vender a un traficante estadounidense su colección de 278 cráneos de chimpancés a cambio de 70.000 euros, lo que levantó las sospechas de varios profesores, e incluso agentes, que seguían de cerca sus movimientos.

«La historia es tan increíble que al principio no nos la creíamos», confesaba un profesor de la Universidad de Francfort. «Al final, he de reconocer que no nos costó aceptar que era verdad y, a pesar de que nos afectara en gran medida, no pudimos reprimir una carcajada», añadía el antropólogo, confirmando que los colegas de Protsch dudaban de la autenticidad de sus dotes académicas desde hacía bastante tiempo.

«Yo comencé a sospechar de él en 2001», confirmó el profesor Terberger, quien hábilmente consiguió enviar, ese año, un fragmento del famoso cráneo en cuestión a la Universidad de Oxford y comprobar cómo el sobresaliente antropólogo germano era un simple timador.

Sin embargo, lo que da a entender en su artículo el director de la Universidad de Francfort es que una mezcla de miedo, ignorancia y mal entendida solidaridad provocaron que los colegas de Protsch no le destaparan, aunque como consecuencia de ello, la Historia de la Antropología se llenara de informaciones falsas.

«Esa comisión ha sido en realidad un Tribunal de la Inquisición», se ha limitado a decir el mismísimo Protsch al rotativo Frankfurter Neue Presse.

«No tienen ni una sola evidencia contra mí», ha añadido Protsch, aclarando que si se demuestra realmente que algún dato aportado por él es falso, él no tiene la culpa, pues seguro que esta información le habría sido facilitada por alguno de sus ineptos ayudantes. Una curiosa defensa y acusación, cuando entre su serie de mentiras se ha descubierto que ni siquiera sabía cómo manejar la máquina para realizar las pruebas del carbono -14.
Ahora bien, sus relojes de oro, Porsches y habanos son 100% realidad.

Falsificó hasta su propio apellido

El antropólogo germano que conmocionó al mundo con sus hallazgos y que ahora lo ha vuelto a sacudir a la opinión pública tras descubrirse que todo era mentira, había falsicado hasta su propio apellido.

Esto es, el profesor Reiner Protsch von Zieten, como le gustaba insistir en que le llamaran, no era un 'von Zieten' descendiente de los húsares, sino de un diputado nazi llamado simplemente Wilhelm Protsch, tal y como el avezado semanario 'Der Spiegel' destapó el pasado mes de octubre.

Otra de las falacias del profesor Protsch fue el contar a sus alumnos que había examinado los huesos de Adolf Hitler y Eva Braun, cuando en realidad lo único que había hecho (y por lo que ahora también se le persigue) fue destruir un elevado número de documentos de la Universidad de Francfort, en los que se detallaban las atrocidades médicas cometidas por los nazis durante el Tercer Reich.

Y más ficciones: un apartamento en Nueva York, otro en Florida y otro más en California, fiestas con Arnold Schwarzenegger y Steffi Graf... y otros encuentros con famosos.

Hasta su propio doctorado en la Universidad de California (Los Angeles) puede ser un producto de su imaginación, pues la prensa alemana contaba ayer que en Francfort no se recuerda que Protsch aportase documento alguno que justificase sus estudios de posgrado en alguna de las universidades de Estados Unidos.

«Esto también es culpa de un montón de gente que miró hacia otro lado», aseguraba Rudolf Steinberg, el director de la Universidad de Francfort, en un artículo en el periódico 'Frankfurter Allgemeine Zeitung'.

 

Fuente: El Mundo
22.02.05

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