Seguridad de la Información y Protección de Datos
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Cómo no escoger una
contraseña (y cómo sí)
El móvil de Paris
Hilton y las amenazas a la seguridad
Pobre
Paris Hilton; después de hacerse famosa por un vídeo erótico privado
escapado a la Red, y de rentabilizar su fama en un 'reality'
surrealista, la insípida rubia ha vuelto a los titulares por una
importante metedura de pata. Resulta que los contenidos de su
teléfono/agenda electrónica han acabado en Internet, incluyendo los
números privados de no pocas celebridades y alguna que otra imagen de
porno aficionado. Y la culpa, no nos equivoquemos, ha sido toda de la
torpeza de la señorita Hilton... aquí no ha habido más 'hacking' que el
social. El incidente destaca, sí, las vulnerabilidades del modelo de
almacenamiento remoto de información, pero sobre todo nos enseña que hay
que elegir bien las contraseñas que usamos; el eslabón más débil de la
cadena de la seguridad somos nosotros.
Por muy segura que sea nuestra puerta de nada servirá si nos dejamos
la llave puesta. En esencia, éste es el problema de Paris Hilton con
su teléfono: que se dejó la llave puesta. Y que los sistemas de
seguridad de su agenda/teléfono, como todos los que usan contraseñas,
son demasiado permisivos. Tienen que funcionar con seres humanos,
que tenemos una lamentable tendencia a olvidar contraseñas.
Por eso se tienen que incluir formas de recuperar contraseñas olvidadas,
esencialmente una segunda contraseña más fácil de recordar. Éste fue el
error de la señorita Hilton: usar como contraseña de recuperación el
nombre de su querido chihuahua, públicamente conocido. Llamar 'cracker'
al responsable es sobrestimar sus habilidades, porque no necesitó usar
ningún tipo de habilidad informática, sólo un poco de sentido común.
Generalizando lo que dice el especialista en seguridad informática Bruce
Schneier, quien piense que la tecnología va a resolver su problema de
seguridad no entiende la tecnología, o no entiende su problema.
La seguridad es una cadena que falla en cuanto un eslabón no funciona.
Añadir defensas electrónicas y físicas de nada sirve si después nos
dejamos la ventana abierta, la llave en la cerradura o la contraseña
apuntada en un 'post-it' sobre el ordenador. Por no citar las
pésimas contraseñas que seleccionamos.
La mayoría de las contraseñas que utilizamos las reventaría un 'cracker'
medio decente en minutos. Un simple ataque de fuerza bruta
(combinaciones de caracteres al azar), por no citar un ataque de
diccionario (palabras comúnmente usadas como seña), es capaz de
abrir cuentas de correo web, accesos bancarios, entradas de blog...
Cualquier palabra con sentido que se le pueda ocurrir usar como
contraseña probablemente está en un diccionario de ataques.
Cualquier combinación de menos de 8 letras que no contenga números y
símbolos, mezclando mayúsculas y minúsculas, no es una contraseña
segura.
Así, cada vez es más común usar contraseñas que son una
frase completa (passphrases), como lo son las páginas que
ayudan a generarlas (como Diceware). Al navegador Firefox se le puede
incluso instalar una extensión (Secure Password Generator) para
ayudarnos a crear contraseñas seguras. Las empresas y organismos
estatales que necesitan altos niveles de certidumbre ya utilizan
sistemas mixtos de identificación, con contraseña y objeto (carné,
insignia, etc). Pero las insignias se pierden u olvidan en cada, y las
contraseñas se siguen olvidando o eligiendo mal; por eso se plantean
alternativas.
Mirando el futuro, tenemos que acostumbrarnos a escoger bien.
Para un sistema informático, y mientras la biometría no venga a
salvarnos (si es que lo hace), nuestra contraseña nos identifica.
Somos esa palabra, o conjunto de caracteres: nuestro dinero, nuestro
correo electrónico, nuestro teléfono y nuestra agenda dependerán de
ello. Quién sabe; pronto la lista se extenderá para incluir la puerta de
casa, el coche, tal vez la lavadora... Una contraseña robada,
o adivinada por un criminal o simple gamberro, supondrá mucho más
que una inconveniencia: será una catástrofe. La señorita Hilton ha
tenido suerte, después de todo, ya que las consecuencias de su descuido
no han pasado de la vergüenza pública. Dentro de unos años la cosa
podría ser mucho peor, para cualquiera de nosotros, famosos o no. La
higiene en la Red empieza por la contraseña...
Fuente: El Mundo
28.02.05
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