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La pesadilla del ántrax
por correo vuelve a atemorizar Washington
Miedo en EEUU con
la llegada de cartas con esporas de ántrax
El miedo a
que Estados Unidos sufra una nueva ofensiva de bioterrorismo en
forma de cartas cargadas con mortales esporas de ántrax prosperó
ayer en la capital federal, a la vista de los análisis preliminares de
muestras recogidas en instalaciones postales que canalizan el aluvión
diario de sobres y paquetes remitidos al Departamento de Defensa y a
otras institucionales oficiales en Washington. La primera tanda de
análisis realizados por especialistas militares ha dado positivo, pero
todavía se desconoce la virulencia de estas detectadas
bacterias de carbunco.
El Departamento federal de Salud ha indicado que laboriosas pruebas
adicionales se están realizando en los laboratorios castrenses situados
en una base militar a las afueras de la capital, en la zona de Maryland.
A la espera de análisis definitivos, las autoridades federales,
estatales y locales del área metropolitana de Washington contemplan
la posibilidad de lanzar una alerta sanitaria entre doctores,
clínicas y hospitales para detectar posibles contagios, que
diagnosticados a tiempo pueden ser tratados con efectividad.
Estos resultados positivos han obligado al cierre de tres instalaciones
postales situadas en las inmediaciones del Pentágono, en el Distrito de
Columbia y en el condado de Fairfax, Virginia. En esta última
dependencia oficial, varios centenares de empleados sufrieron ayer una
temporal cuarentena cuando uno de los sensores instalados para vigilar
el tráfico postal detectó indicios de ántrax. Desde los ataques con
carbunco tras el 11-S en Estados Unidos, buena parte del correo
destinado a organismos públicos en Washington es irradiado como medida
preventiva.
Instrucciones sanitarias
Como parte de estos temores resucitados, los trabajadores en contacto
directo con este correo bajo sospecha han recibido la
recomendación médica de someterse a tratamientos de
antibióticos durante tres días. Las ochocientas personas retenidas
temporalmente en Fairfax, antes de recobrar su libertad de movimiento,
también han recibido instrucciones de lavar la piel expuesta, ducharse
al llegar a casa, limpiar sus gafas y joyas, además de guardar sus ropas
en bolsas de plástico hasta conocer el resultado definitivo de las
muestras recogidas.
El doctor Gregg Pane, responsable sanitario del Ayuntamiento de
Washington, ha indicado que las decisiones tomadas hasta el momento «son
un prudente curso de acción, no creo que haya causa para la alarma, el
pánico o la preocupación indebida. Pero aún así, hemos movilizado
nuestra reserva estratégica de antibióticos para disponer de suficientes
fármacos en caso necesario». Scott McClellan, portavoz de la Casa
Blanca, también ha insistido en la necesidad de esperar a resultados
definitivos.
Múltiples falsas alarmas
Pese a estos mensajes tranquilizadores, las falsas alarmas se
multiplicaron ayer en Washington. Una carta con polvos sospechosos
dirigida a unas dependencias del Fisco, el temido Internal Revenue
Service, obligó a su desalojo y a la intervención de los bomberos. Pero
los primeros análisis descartaron la presencia de sustancias químicas o
biológicas. Otra intervención similar tuvo lugar en la sede de la CNN en
Washington.
En octubre de 2001, una ofensiva de bioterrorismo con sobres cargados
con esporas de carbunco fue lanzada contra diversos objetivos en
Washington, Florida y Nueva York. Ataques que se cobraron cinco vidas e
hicieron enfermar a diecisiete personas, incluido un bebé. Obligando a
costosas operaciones de descontaminación. Esa ofensiva terrorista,
iniciada en Nueva Jersey e investigada exhaustivamente por el FBI,
continúa siendo un misterio. En octubre de 2003, dos cartas con ricina
venenosa fueron enviadas al Departamento de Transportes y a la Casa
Blanca, pero fueron detectadas antes de alcanzar su destino. El año
pasado, restos de ricina también fueron encontrados en la sede del
Senado, obligando a otra masiva operación de descontaminación.
Ante este tipo de inquietantes amenazas, los principales
hospitales en la zona metropolitana de Washington -al igual que
el Metro- han optado por instalar costosos detectores en sus
instalaciones con ayuda de subvenciones del Gobierno federal. En
temporadas de alerta elevada, unidades móviles del Pentágono y del
Servicio Secreto también realizan análisis en diversos puntos de la
capital.
Fuente: ABC
16.03.05
Suplemento temático:
Bioterrorismo
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