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Jueves, 17 de marzo de 2005


Seguridad Alimentaria y Protección Biotecnológica

Seguridad Pública y Protección Civil

La pesadilla del ántrax por correo vuelve a atemorizar Washington

Miedo en EEUU con la llegada de cartas con esporas de ántrax

 

El miedo a que Estados Unidos sufra una nueva ofensiva de bioterrorismo en forma de cartas cargadas con mortales esporas de ántrax prosperó ayer en la capital federal, a la vista de los análisis preliminares de muestras recogidas en instalaciones postales que canalizan el aluvión diario de sobres y paquetes remitidos al Departamento de Defensa y a otras institucionales oficiales en Washington. La primera tanda de análisis realizados por especialistas militares ha dado positivo, pero todavía se desconoce la virulencia de estas detectadas bacterias de carbunco.

El Departamento federal de Salud ha indicado que laboriosas pruebas adicionales se están realizando en los laboratorios castrenses situados en una base militar a las afueras de la capital, en la zona de Maryland. A la espera de análisis definitivos, las autoridades federales, estatales y locales del área metropolitana de Washington contemplan la posibilidad de lanzar una alerta sanitaria entre doctores, clínicas y hospitales para detectar posibles contagios, que diagnosticados a tiempo pueden ser tratados con efectividad.

Estos resultados positivos han obligado al cierre de tres instalaciones postales situadas en las inmediaciones del Pentágono, en el Distrito de Columbia y en el condado de Fairfax, Virginia. En esta última dependencia oficial, varios centenares de empleados sufrieron ayer una temporal cuarentena cuando uno de los sensores instalados para vigilar el tráfico postal detectó indicios de ántrax. Desde los ataques con carbunco tras el 11-S en Estados Unidos, buena parte del correo destinado a organismos públicos en Washington es irradiado como medida preventiva.

Instrucciones sanitarias

Como parte de estos temores resucitados, los trabajadores en contacto directo con este correo bajo sospecha han recibido la recomendación médica de someterse a tratamientos de antibióticos durante tres días. Las ochocientas personas retenidas temporalmente en Fairfax, antes de recobrar su libertad de movimiento, también han recibido instrucciones de lavar la piel expuesta, ducharse al llegar a casa, limpiar sus gafas y joyas, además de guardar sus ropas en bolsas de plástico hasta conocer el resultado definitivo de las muestras recogidas.

El doctor Gregg Pane, responsable sanitario del Ayuntamiento de Washington, ha indicado que las decisiones tomadas hasta el momento «son un prudente curso de acción, no creo que haya causa para la alarma, el pánico o la preocupación indebida. Pero aún así, hemos movilizado nuestra reserva estratégica de antibióticos para disponer de suficientes fármacos en caso necesario». Scott McClellan, portavoz de la Casa Blanca, también ha insistido en la necesidad de esperar a resultados definitivos.

Múltiples falsas alarmas

Pese a estos mensajes tranquilizadores, las falsas alarmas se multiplicaron ayer en Washington. Una carta con polvos sospechosos dirigida a unas dependencias del Fisco, el temido Internal Revenue Service, obligó a su desalojo y a la intervención de los bomberos. Pero los primeros análisis descartaron la presencia de sustancias químicas o biológicas. Otra intervención similar tuvo lugar en la sede de la CNN en Washington.

En octubre de 2001, una ofensiva de bioterrorismo con sobres cargados con esporas de carbunco fue lanzada contra diversos objetivos en Washington, Florida y Nueva York. Ataques que se cobraron cinco vidas e hicieron enfermar a diecisiete personas, incluido un bebé. Obligando a costosas operaciones de descontaminación. Esa ofensiva terrorista, iniciada en Nueva Jersey e investigada exhaustivamente por el FBI, continúa siendo un misterio. En octubre de 2003, dos cartas con ricina venenosa fueron enviadas al Departamento de Transportes y a la Casa Blanca, pero fueron detectadas antes de alcanzar su destino. El año pasado, restos de ricina también fueron encontrados en la sede del Senado, obligando a otra masiva operación de descontaminación.

Ante este tipo de inquietantes amenazas, los principales hospitales en la zona metropolitana de Washington -al igual que el Metro- han optado por instalar costosos detectores en sus instalaciones con ayuda de subvenciones del Gobierno federal. En temporadas de alerta elevada, unidades móviles del Pentágono y del Servicio Secreto también realizan análisis en diversos puntos de la capital.

Fuente: ABC
16.03.05

Suplemento temático: Bioterrorismo

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