Seguridad Colectiva y Defensa Nacional
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La misión más difícil:
hablan los militares de Irak
Los mandos del
Ejército español involucrados en aquella intervención defienden su
trabajo y reconstruyen por primera vez los detalles de la misión y las
circunstancias de la retirada
Los militares españoles
han acumulado durante años fama internacional por su participación como
fuerzas de paz o en labores de reconstrucción en diferentes
crisis en multitud de escenarios. Ninguna actuación anterior,
sin embargo, había sido tan discutida como la de Irak. En este primer
capítulo ellos mismos explican cómo se produjeron algunos hechos
controvertidos.
Hay una guerra de Irak contada por los medios de comunicación
occidentales y otra por los medios árabes. Hay una guerra de Irak
interpretada por el Gobierno de Estados Unidos y otra por la mayoría de
los Gobiernos de Europa. Existen diferentes guerras según la cuenten
chiíes, suníes, kurdos, habita
ntes del norte, del
centro o del sur de Irak, incluso del norte, del centro o del sur de
Bagdad. En España hay una versión de la guerra de Irak, de su origen y
sus efectos, construida por la izquierda y otra por la derecha.
Ningún
acontecimiento internacional desde la caída del muro de Berlín ha
despertado tanta controversia, crítica tan feroz y defensa tan
apasionada, como la decisión norteamericana de invadir Irak dando lugar
a una larga tragedia cuyo final apenas se comienza a vislumbrar tras las
elecciones del pasado mes de enero.
Durante varios meses, entre los mejores testigos de esa tragedia
estuvieron los militares españoles enviados por el Gobierno de José
María Aznar pese a la masiva contestación popular. Ellos tienen también
su propia versión sobre la guerra de Irak y ahora, cerca de cumplirse un
año desde su salida de aquel país, la cuentan por primera vez.
EL PAÍS ha hablado con los principales jefes militares destinados a
Irak durante los 10 meses que duró lo que, unánimemente, ha sido
descrito por ellos mismos como la más compleja, peligrosa y polémica
misión exterior en la que ha participado nunca el Ejército español. Los
militares recuerdan con orgullo su actuación en ese conflicto, no
discuten las razones por las que fueron enviados ni las razones por las
que se les ordenó retirarse, y aunque saben que su actuación estuvo
rodeada de una enorme polémica en España, defienden su trabajo en Irak
y, en términos generales, preferirían haber seguido allí.
No
participamos en una guerra
La guerra
de los generales y mandos españoles en Irak, en primer lugar, no fue una
guerra: todos destacan su extensa contribución a la reconstrucción del
país, una vez que las tropas invasoras habían tomado formalmente control
de la situación, pero niegan cualquier implicación suya en las
operaciones militares propiamente dichas y en la represión del posterior
alzamiento rebelde.
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NOMBRE: Luis
Feliu
EDAD: 65 años
GRADUACIÓN: Teniente general
FUNCIÓN DURANTE LA GUERRA DE IRAK: Representante militar en la
Autoridad Provisional de la Coalición
EN LA ACTUALIDAD: Retirado |
El
teniente general Luis Feliu, que fue el representante de España en
la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA, en sus siglas en inglés),
vivió muy de cerca los momentos en los que se tomó la decisión de actuar
en Irak. "Siempre estuvo muy claro", opina, "que nuestra labor iba a ser
de reconstrucción". "El Gobierno intentó desde el principio mantenerse
alejado de los focos más conflictivos. De hecho, su intención inicial
era la de enviar soldados únicamente a Diwaniya, pero los
norteamericanos nos pidieron que nos ocupáramos también de Nayaf, que
sabíamos que era más peligroso". El Gobierno de entonces trataba de
satisfacer el deseo de los norteamericanos de contar con un aliado más
en Irak y, al mismo tiempo, de evitar cualquier riesgo para los soldados
españoles. En el más estrafalario ejemplo de esa política permanece en
la memoria de los militares la referencia del entonces ministro de
Defensa, Federico Trillo, a la "zona hortofrutícola" en la que tendrían
que operar los españoles.
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NOMBRE:
Alfredo Cardona
GRADUACIÓN: General de Brigada
EDAD: 54 años
MISIÓN EN IRAK: Jefe de la Brigada Plus Ultra I
EN LA ACTUALIDAD: General jefe del Mando de Operaciones
Especiales |
El
general Alfredo Cardona, a quien Trillo encargó el viernes 11 de
julio, después del Consejo de Ministros, mandar la primera expedición de
1.300 hombres y mujeres a Irak, asegura que la misión que recibió era
muy clara: "Mantener la estabilidad en la zona y contribuir a la
vertebración del sistema político local". "La estructura militar que
llevamos era para una operación de tipo humanitario. Nunca estuvo
contemplada la posibilidad de entrar en una guerra", añade el general
José Manuel Muñoz, último jefe de las tropas españolas.
Papel
de contención de EE UU
Los
oficiales españoles se expresan en todo momento conscientes del uso y
valoración política que pueden haberse dado a su misión, pero no
perciben su presencia en Irak, en el plano estrictamente
técnico-militar, como un respaldo a la guerra o a Estados Unidos. El
general Feliu, que asistía cada día a reuniones con el máximo
responsable militar de la Coalición, el general norteamericano Ricardo
Sánchez, y el jefe de la CPA, Paul Bremer, no oculta la decepción y
malestar que le causaban la desorganización e improvisación de que era
testigo y afirma que "la estrategia norteamericana se intuía desde el
principio como un fracaso". En privado, los oficiales españoles critican
los métodos empleados por sus colegas estadounidenses en el campo de
batalla y creen que, durante su estancia allí, el Ejército español no
sólo no intervino de forma ofensiva en los combates, sino que contuvo
algunas acciones desproporcionadas por parte de los norteamericanos y
consiguió mantener estable y en calma la zona bajo su control.
La misión española en Irak tuvo un conocido y abrupto final que -sin que
ninguno de los mandos en activo quiera emitir juicios que desborden los
límites de disciplina a los que están obligados- no fue bien entendido
por los militares. Antes que las razones políticas esgrimidas por el
presidente José Luis Rodríguez Zapatero para decidir la salida de las
tropas, los militares tienen en cuenta a los cientos de iraquíes
entrenados como soldados allí y previsiblemente expuestos desde el
repliegue español a la sangrienta represalia de los insurgentes, valoran
el revés que su salida supuso para la supervivencia de los soldados
centroamericanos con los que habían convivido durante meses y perciben,
en general, el daño sufrido por la imagen del Ejército al dejar sin
concluir la misión a la que se habían comprometido. "Doy gracias a Dios
por no haber tenido que hacer frente personalmente a la vergüenza de la
retirada", opina el teniente general Feliu, actualmente retirado.
Una salida
precipitada, argumentan los generales, siempre genera una cierta
frustración, sobre todo cuando se tenía la percepción de que la misión
era positiva. "Lo que hicimos allí sirvió para algo: dimos seguridad
a los ciudadanos, reconstruimos fábricas, mejoramos la situación
sanitaria, la energía eléctrica, el reparto de combustible, apoyamos
para crear una estructura de poder local... Hicimos muchas cosas y bien",
recuerda el general Cardona, que hoy está al frente del Mando de
Operaciones Especiales. Las tropas españolas reconstruyeron más de cien
escuelas, una veintena de hospitales y otros tantos edificios
municipales, detuvieron a algunos peligrosos delincuentes y destruyeron
más de 60.000 bombas, minas y artefactos explosivos. "Cumplimos nuestro
contrato en medio de grandes riesgos, pero con la satisfacción de todos.
Y nos fuimos únicamente porque nos dieron la orden de irnos", opina el
general Fulgencio Coll, que sucedió a Cardona en el mando de las tropas
españolas como jefe de la brigada Plus Ultra II.
Toda la labor en Irak quedó, sin embargo, oscurecida por las dudas sobre
su legitimidad y, sobre todo, por el extraordinario debate que provocó
su conclusión. El general Muñoz, que mandó la operación de repliegue, no
manifiesta ninguna frustración por el hecho mismo de la retirada, sino
por la situación en que quedó Irak. "La misión es la que es, se cumple y
punto. Lo más difícil fue ver a la gente iraquí que había colaborado con
nosotros y que a partir de ese momento no sabíamos qué iba a ser de
ellos. Y puedo asegurar que, entre la gente que yo vi, la mayoría de los
iraquíes querían trabajar en paz y colaborar con la Coalición", opina
Muñoz, actual jefe de la Brigada de la Legión.
"No
escuché ninguna crítica"
La
retirada de las tropas españolas estuvo rodeada de algunas leyendas
sobre las burlas que tuvieron que soportar de parte de los otros
soldados de la Coalición o de actos de boicoteo por parte de las fuerzas
norteamericanas. Todos esos episodios, que no han
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NOMBRE: José
Manuel Muñoz
GRADUACIÓN: General de Brigada
EDAD: 56 años
MISIÓN EN IRAK: Jefe de la Unidad de Apoyo al Repliegue
EN LA ACTUALIDAD: General jefe de la Brigada de la Legión
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podido ser
probados por otras fuentes, han sido desmentidos por los mandos
españoles. "Nuestros mandos polacos -España estaba integrada en una
división a cuyo frente estaba un general de Polonia- nos dijeron que
entendían perfectamente que nos debíamos a las decisiones políticas. No
escuché ninguna crítica ni de parte de los norteamericanos ni de los
demás miembros de la Coalición. Lo único que preocupó a nuestros socios
fue la rapidez con que lo tuvimos que hacer", recuerda el general Coll,
que hoy manda la División Mecanizada Brunete número 1.
De hecho,
los norteamericanos prestaron a los españoles muchas de las plataformas
y contenedores que eran necesarios para el transporte de los vehículos
desde la base de Diwaniya hasta Kuwait. Y contribuyeron con apoyo aéreo
y suministro de combustible para garantizar la seguridad y la rapidez de
la retirada, pese a que ésta supondría el retorno a la zona de los
soldados del Segundo Regimiento de Caballería norteamericano, que estaba
a punto de regresar a sus cuarteles en EE UU después de un año en Irak.
El general Muñoz asegura que los mandos norteamericanos
colaboraron y comprendieron la situación. "A nadie le gusta, pero lo
entendieron", dice.
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NOMBRE: Luis
Alejandre
GRADUACIÓN: General de Ejército
EDAD: 64 años
FUNCIÓN DURANTE LA GUERRA: Jefe del Estado Mayor del Ejército y
miembro de la Junta de Jefes de Estado Mayor
EN LA ACTUALIDAD: En la reserva |
Los
mayores problemas de la retirada se presentaron, probablemente, en
Madrid. Según la versión de los jefes militares, el nuevo ministro de
Defensa, José Bono, quería que el repliegue se efectuase cuanto antes,
sin reparar en algunas dificultades técnicas que aconsejaban una
actuación más cautelosa. "Tenía un cierto desconocimiento inicial de lo
que tenía entre manos, quería que ese mismo lunes (la retirada se
anunció el domingo 18 de abril) empezara a salir la gente", afirma
el
teniente general Luis Alejandre, que era entonces general de
Ejército jefe del Estado Mayor del Ejército y miembro de la Junta de
Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.
Un
domingo de tensión
Aunque
anteriormente se le había adelantado ya que Zapatero tenía intención de
cumplir su más famosa promesa electoral sin dilación, Alejandre fue
informado oficialmente el día 18 por la mañana de que el presidente
anunciaría la retirada horas más tarde. Inmediatamente abandonó la isla
de Menorca, donde pasaba el fin de semana, y se trasladó a Madrid. En su
conversación con el ministro de Defensa, Alejandre, que meses después
sería relevado por sorpresa en el mando, recordó que España tenía
firmado un memorándum con 32 países por el que se comprometía a avisar
de su salida de Irak al menos con un mes de antelación. De hecho, ese
mismo día, el jefe del Ejército llamó al responsable de la Coalición
militar en Irak, el general Ricardo Sánchez, y a otros mandos militares
de países centroamericanos para comunicarles las
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NOMBRE:
Fulgencio Coll
GRADUACIÓN: General de División
EDAD: 56 años
MISIÓN EN IRAK: Jefe de la Brigada Plus Ultra II
EN LA ACTUALIDAD: Jefe de la División Mecanizada Brunete número
1 |
intenciones del Gobierno que había tomado posesión sólo un día antes.
"Yo comprendía las prisas. De hecho, cuando empezamos a hablar de plazos
le dije que era consciente de que el 14 de junio había elecciones [para
el Parlamento Europeo]", declara Alejandre. "Pero no debía aceptar que
ellos", añade, en referencia a Bono y sus colaboradores, "decidieran
cómo había que hacer las cosas en el orden técnico. Nunca les pedí
explicación sobre el qué. Cuando me comunicaron la retirada no moví una
ceja. Pero les dije que lo lógico era que el cómo lo decidiéramos
nosotros".
Cuando el repliegue fue anunciado se estaba en vísperas de la
sustitución, después de los correspondientes tres meses en la zona, de
los 1.300 hombres y mujeres de la Plus Ultra II por una nueva fuerza de
refresco. La orden inicial del Gobierno fue que ese relevo fuese
suspendido y que las tropas estacionadas en ese momento en Irak
prolongaran su estancia unas semanas más para organizar la retirada.
Los mandos
militares se opusieron a ese proyecto porque pensaron que cargar sobre
soldados cansados y no preparados mentalmente la responsabilidad de una
operación tan compleja como una retirada en un terreno hostil conllevaba
un enorme riesgo. "Era imposible proceder al repliegue en esas
circunstancias", afirma Alejandre. "El general Coll me hablaba de
soldados que se habían hecho a un tipo de misión y que recibían enormes
presiones familiares desde España. Algunos círculos militares llegaron a
aludir al desastre de Anual. Un repliegue en esas condiciones habría
sido enormemente peligroso", considera Alejandre.
El general Coll coincide en que sus tropas, después de un fuerte
desgaste, no se encontraban en las mejores condiciones para afrontar una
operación de repliegue. Además, en el momento de ordenarse la salida, la
situación de los soldados españoles en Irak había variado ya
notablemente respecto a meses anteriores: las labores de reconstrucción
del país habían sido reducidas y el esfuerzo principal se dedicaba ya a
la autoprotección.
Múqtada
al Sáder entra en escena
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NOMBRE:
Alberto Asarta
GRADUACIÓN: Coronel
EDAD: 53 años
MISIÓN EN IRAK: Segundo jefe de la Brigada Plus Ultra II
EN LA ACTUALIDAD: Jefe del Regimiento de Infantería Mecanizada
Castilla 16, Badajoz |
Desde poco
antes de ese mes de abril de 2004, el Ejército del Mahdi, dirigido por
el joven extremista religioso Múqtada al Sáder, había extendido su
influencia en Nayaf y había comenzado a desafiar a la autoridad de la
Coalición. Los militares españoles tuvieron que hacer uso a partir de
ese momento de sus mejores dotes de persuasión. Las diferencias entre
sus métodos y los de los norteamericanos quedaron bruscamente en
evidencia.
El general Cardona había marcado desde el principio unas reglas
de trato amigables con el extremismo religioso: "Les transmití a los
líderes religiosos que no éramos fuerzas de ocupación, ordené a mi gente
no beber ni comer en público durante la fiesta del Ramadán, prohibí
utilizar perros en las patrullas y en las vigilancias -el perro es un
animal que ofende la dignidad de los creyentes islámicos- y en general
sacrificábamos nuestra seguridad con el fin de respetar sus costumbres".
El general Cardona comparecía una vez por semana ante las pantallas de
la televisión local para ofrecer confianza a la población y mostrar
interés por sus problemas. Periódicamente se reunía con líderes tribales
y representantes religiosos. "Entendimos rápidamente que se trataba de
un pueblo muy nacionalista. Nos advirtieron de que les parecía muy bien
nuestra presencia allí en aquel momento, pero que no pensáramos en
eternizarnos en Irak".
El contacto con el propio Múqtada al Sáder, verdadera pesadilla de la
Coalición durante varios meses, fue más difícil. Ninguno de los mandos
españoles llegó a hablar personalmente con él. Sólo pudieron enviarle
mensajes a través de intermediarios, pero las relaciones fueron
razonablemente cordiales hasta las últimas semanas de la estancia
española en Irak. Como prueba del clima que se había conseguido crear en
cierto periodo, uno de los colaboradores de Al Sáder e interlocutor de
los españoles, el imán Fadel, le entregó al general Cardona un Corán de
regalo al ser sustituido.
Los
primeros enfrentamientos
Las
primeras dificultades de importancia con las milicias chiíes se
produjeron al comienzo de la primavera de 2004, cuando los soldados
españoles establecieron controles para evitar el tránsito clandestino de
armas. Nunca se produjeron enfrentamientos directos, pero el clima de
tensión crecía cada día. El general Coll trató de tranquilizar a Al
Sáder con un mensaje en el que, después de advertirle que no podía
aceptar el movimiento de hombres armados por el territorio bajo su
control, le daba garantías de que no tenía intención de atacar ni
desmantelar al Ejército del Mahdi. "Es cierto que en el mes de marzo el
Ejército del Mahdi crecía deprisa, nosotros nos encontrábamos en medio y
comenzaban a vernos como fuerzas de ocupación, pero nuestra política era
la de no provocar con nuestra actuación una reacción todavía más hostil
de los grupos rebeldes, y así se lo hacíamos saber a los demás miembros
de la Coalición", recuerda el general Coll.
Éste fue un primer asunto de discrepancia con el mando norteamericano.
"Nuestras reglas de enfrentamiento eran muy defensivas", añade Coll.
"Los norteamericanos nos pedían cosas que no podíamos cumplir, porque
nuestra misión no incluía ese tipo de acciones de carácter ofensivo".
"Nuestra misión era de estabilización, no de lucha contra la
insurgencia", recuerda el general Feliu. Pero sus homólogos de
Estados Unidos, acuciados en aquel momento por el crecimiento continuo
de las bajas y el empantanamiento de un conflicto que creían haber
resuelto en unas pocas semanas, no compartían esa opinión, como el
tiempo se encargaría muy pronto de demostrar.
Fuente: El País
14.03.05