Seguridad
Corporativa y Protección del
Patrimonio
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La ‘ley del silencio’ en
el Puerto de Valencia
Una decena de
personas en libertad con cargos, cuentas bancarias de asociaciones de
transportistas intervenidas por el juez, una veintena de camiones
quemados, familias arruinadas...
Éste es el
triste balance que se ha registrado dentro y en los alrededores del
Puerto de Valencia en poco menos de un año. Hasta hace unos meses
era aparentemente un ejemplo de eficacia comercial y empresarial entre
su competidores del Mediterráneo pero su imagen se ha visto dañada por
el presunto uso de métodos irregulares en la prestación
del servicio de carga y descarga de contenedores, una de las áreas
de negocio portuario con mayor crecimiento en los últimos años.
Todas las denuncias, en manos del juzgado de instrucción número dos de
Valencia, tienen un denominador común: en el Puerto de Valencia los
transportistas no pueden desarrollar su trabajo con libertad; para
hacerlo necesitan una autorización, cuyo precio oscila entre 3.000 y
30.000 euros. Estos “números” o “identificaciones” las expiden tres
asociaciones: AIT, ELTC y Transcont. Además, no existe competencia. Las
asociaciones distribuyen un nota anual con las tarifas de referencia.
Quien intente trabajar por debajo de ese precio corre el peligro de
perder su empleo. Un riesgo que recuerda al que protagonizó Marlon
Brando en ‘La ley del silencio’, la película de Elia Kazan de 1954 en la
que se reflejan los negocios turbulentos en los puertos de EEUU.
Transcont representa los intereses de profesionales autónomos, y varios
de sus directivos fueron detenidos el pasado 9 de marzo tras verse
involucrados en un altercado con otro grupo de conductores que se
encontraba almorzando en un local en un barrio cercano al puerto. Fue la
gota que colmó el vaso.
El precio del miedo
“Transcont
informa: tenemos bloqueo de cuentas de la asociación; rogamos asistencia
esta tarde a los juzgados al lado del centro comercial el Saler.
Aportación solidaria”. Es uno de los múltiples mensajes de móvil
enviados a los afiliados de la organización después de la orden dictada
por el juez. Su capacidad de movilización es enorme y en los círculos
del puerto aseguran que han importado el mismo modelo de otras
asociaciones en Bilbao y Barcelona, investigadas desde hace tiempo por
la Administración.
El conflicto valenciano nace en el verano de 2004. “En junio del año
pasado, las tres asociaciones acuerdan fijar unas tarifas que no se
negocian con los cargadores, es decir los transitarios y los
consignatarios. A estas empresas se les hace un seguimiento brutal y si
no pagan el precio establecido se les deja de prestar el servicio. Ése
es el precio del miedo”.
“Incluso las grandes navieras han entrado en su estrategia bajo
amenazas”, dice un pequeño empresario propietario de una agencia de
transportes que desde el establecimiento del “régimen de control” ha
perdido una porcentaje importante de clientes. “Mi agencia trabajaba con
67 camiones y ahora dispongo de 47. He perdido 4 clientes de Madrid y 3
de Zaragoza. Dicen que con esas tarifas de obligado cumplimiento
prefieren sacar la mercancía por Barcelona o por Bilbao, que son más
bajas”, lamenta.
“Me han arruinado”
El caso de este empresario no es el único ni el más grave. Él no ha
recibido amenazas personales ni daños materiales. Otros, en cambio, no
han tenido tanta suerte. José Vicente comenzó a operar en el Puerto de
Valencia en Navidades. Poco después empezó a recibir las primeras
amenazas. No estaba asociado en Transcont y le pasó factura. El 22 de
febrero quemaron su camión junto a otros tres vehículos que se
encontraban aparcados en un parking de la zona.
“Me han arruinado”, dice resignado. El camión le costó 48.000
euros, no sabe lo qué le devolverá el seguro, ha tenido que dejar de
trabajar y dejar de ingresar una media de 9.000 euros al mes, necesarios
para hacer frente al pago de las letras del vehículo. “Mi tarifa era
exactamente la misma que la que Transcont fijó para 2005 pero el
problema es que yo no estaba asociado, no disponía del número de
identificación”, recuerda.
Israel sí disponía de esa autorización pero le sirvió de poco. Él y su
mujer pagaron por ella cerca de 12.000 euros junto con un camión de
segunda mano que le costó otros 12.000 euros más. Ese mismo día 22 de
febrero por la mañana, un miembro de Transcont le advirtió: “No trabajes
o atente a las consecuencias”. Horas después su camión ardía. Por
suerte, el chófer que tenía contratado no se encontraba en esos momentos
dentro de la cabina.
Los damnificados no dudan en denominar lo ocurrido como conductas
“mafiosas”. Otros, los denunciados y las asociaciones que
indirectamente apoyan las prácticas restrictivas de la competencia,
recuerdan que se trata de una respuesta al progresivo deterioro del
negocio del transporte de contenedores en el Puerto de Valencia, cuyas
tarifas ya no soportaban, tras el verano de 2004, el fuerte incremento
de los costes, principalmente, del combustible.
“En verano se decide llevar a cabo una estrategia de unidad, el interés
no es monopolizar el mercado sino marcar una pautas de supervivencia”,
opina Carlos Gómez gerente de la patronal ELTC que representa los
intereses de unas 100 compañías de transporte con una estructura
empresarial consolidada.
Conchabeos
Su asociación secundó los paros convocados en el sector tras
conocerse la detención de los directivos de Transcont. “Lo hicimos para
impedir que se produjesen males mayores”, aclara. Sabe que fijar
tarifas de obligado cumplimiento no es legal pero recuerda que hay
otros operadores que hacen lo mismo, por ejemplo, “las compañías
petrolíferas”.
Ningún miembro de ELTC fue detenido el pasado 9 de marzo pero hay
empresarios que creen que asumen íntegramente los objetivos de Transcont.
Arturo lleva trabajando en el Puerto de Valencia desde 1976. Tiene una
flota de 13 camiones y “en verano recibí una llamada de ELTC para que me
asociase. Cuando me acerque a las oficinas me rechazaron porque, según
ellos, estaba fuera de plazo y me recomendaron afiliarme en Transcont”.
En su opinión, “esto demuestra que están conchabeados”.
Al final ELTC –pedía 3.000 euros por camión– le concedió “tres
autorizaciones, con lo que me he visto obligado a diversificar el
negocio y dedicar mis camiones a otro tipo de cargas como, por ejemplo,
el transporte frigorífico”. A él no le quemaron ningún camión “pero
amenazaron a los chóferes, pincharon las ruedas, cortaron los cables
eléctricos en varias ocasiones y echaron silicona en las cerraduras. Lo
he puesto en conocimiento de la policía y espero que no se vuelva a
repetir”, reflexiona.
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Historia de un conflicto |
En verano de
2004 y ante la bajada de las tarifas se decide elaborar un censo
de transportistas e impedir la entrada de nuevos competidores a
través de un sistema de autorizaciones.
Se marcan unas tarifas de referencia, pero que son de obligado
cumplimiento.
Los transportistas “no autorizados” comienzan a recibir amenazas
que culminan, en algunos casos, con la quema de camiones.
En marzo interviene la policía y el caso es llevado por el
juzgado de la sala de instrucción número dos de Valencia.
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Fuente: Expansión
18.03.05
Suplemento temático: Seguridad Portuaria.
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