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Martes, 29 de marzo de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

El CNI siempre estaba ahí

Los servicios de Inteligencia han logrado infiltrar, al menos, a ocho colaboradores en las tramas islámicas que han actuado en España desde el atentado a las Torres Gemelas el 11-S

 

El socialista Fernando Huarte no ha sido el único colaborador del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) que en los últimos años se ha infiltrado en las redes islamistas radicales que se habían asentado en España. Los servicios secretos españoles siempre han dispuesto de «excelentes informadores» antes, durante y después de los atentados del 11-M y en cada una de las operaciones que la Audiencia Nacional ha llevado a cabo contra esas organizaciones terroristas.

EL MUNDO ha podido contabilizar, documentar y acreditar hasta un total de ocho infiltrados o colaboradores del CNI en las diferentes operaciones policiales que han tenido lugar en España desde el atentado del 11-S a las Torres Gemelas de Nueva York, en el año 2001. Los servicios secretos españoles siempre han tenido una determinada predilección por los agentes sirios porque, según ellos, tienen un nivel de preparación superior al de otros colaboradores árabes.

En la operación Dátil (noviembre de 2001), donde detuvieron a Imad Eddin Barakat Yarkas, Abu Dahdah, y Taysir Alony, entre otros, el CNI tuvo como infiltrado a un español de origen sirio y un detective privado. Antes del 11-M, los servicios secretos españoles recibieron información, a través de un traficante de armas sirio y de los servicios secretos italianos, de que un coronel de la Mujabarat iraquí (los servicios de inteligencia del país) viajó a España con la intención de preparar un atentado contra algún organismo militar. En el transcurso de los preparativos del 11-M, trabajaron para el CNI el asturiano Antonio Toro y un marroquí del grupo de Jamal Ahmidam. Y, por último, en la operación Nova (noviembre 2004), donde los terroristas islamistas pretendían atentar contra la propia Audiencia Nacional, los espías españoles recibieron información de dos de sus mejores colaboradores: Smail Latrech y Cartagena. Este último era confidente de la policía, del CNI y de los servicios secretos marroquíes y en la actualidad, al igual que Latrech, tiene la calificación de testigo protegido.

El socialista y asturiano Fernando Huarte, que mantenía buenas relaciones con Abdelkrim Benesmail, lugarteniente de Allekema Lamari, uno de los máximos responsables del 11-M, sería el octavo de los colaboradores utilizados por el CNI para agujerear a esas organizaciones radicales islamistas.

Huarte, que utilizaba la ONG Asociación Nacional Amigos del Pueblo Palestino Al-Fatah para captar información, está considerado por los servicios de Inteligencia como un «excelente colaborador» y su «oficial de caso», según ha podido saber EL MUNDO, está en Madrid. El «oficial de caso» es el agente del CNI que controla y dirige a un grupo de colaboradores.

El primero de todos esos colaboradores o espías utilizados por el CNI en los últimos cinco años es un español de origen sirio, amigo de Abu Dahdah, presunto líder de los Soldados de Alá, y del periodista Taysir Alony. Tanto Dahdah como Alony son de origen sirio, están casados con españolas, fueron detenidos en noviembre de 2001 y septiembre de 2003, respectivamente, por el juez Baltasar Garzón, dentro de la llamada operación Dátil, y están acusados de formar parte o colaborar con el grupo radical que atentó en el 11-S.

El colaborador de los servicios secretos españoles también fue detenido, en primera instancia, por Baltasar Garzón, pero con posterioridad fue puesto en libertad. En la actualidad, el espía sirio español del CNI continúa inmerso en la causa judicial que la Audiencia Nacional tiene abierta contra todos los miembros de la célula de Abu Dahdah y sigue informado, puntualmente, de todos los movimientos que se producen en el entorno de su líder.

Ese mismo colaborador del CNI, que tiene muy buenas relaciones con el mundo de los traductores y de los periodistas, intentó captar para los servicios secretos españoles a dos reporteros árabes que actualmente residen en España: un sirio y un marroquí de madre española.

El primero de ellos, incluso, fue abordado por agentes del CNI y llegaron a prometerle que conseguiría regularizar su situación en España si accedía a trabajar como colaborador. El periodista sirio tenía que infiltrarse entre sus compatriotas que residen en Marbella y que tienen muy buenas relaciones con el Gobierno de Damasco.

La respuesta del periodista fue clara y rotunda: no. Y, desde aquella negativa, el reportero sirio sólo ha tenido problemas, tanto con su embajada en Madrid, como con las autoridades españolas para conseguir el asilo político.

Las fotografías

Dentro de la operación Dátil, el CNI también dispuso de la colaboración de un detective privado español que, por diversas circunstancias, logró infiltrarse entre los empresarios sirios que residen en España y que están procesados junto a Abu Dahdah. Ese colaborador, incluso, aportó fotografías a los servicios secretos de los amigos y contactos que tenían los procesados fuera de España, especialmente en Alemania y Estados Unidos.

Es decir, que el CNI pudo estar puntualmente informado de todos los pasos y contactos que presuntamente tuvo el grupo de Abu Dahdah con los terroristas del 11-S. También tuvo que estar informado de las amistades y relaciones que existían entre los seguidores de Barakat Yarkas y los miembros del comando Lavapiés, porque en ese último grupo también tenían otro informador, marroquí, que periódicamente facilitaba la matrícula y los modelos de los vehículos que utilizaban Jamal Ahmidam, El Chino, y su grupo, según han confirmado a este periódico agentes del propio CNI.

Pero dos meses antes del 11-M la dirección del CNI dispuso de una importante y detallada información sobre los diferentes movimientos que había llevado a cabo un coronel de los servicios secretos iraquíes.

Ese coronel, que antes de llegar a Europa pasó por Siria (Damasco) y Marruecos (Casablanca), según los contactos sirios del CNI, pretendía organizar un grupo o comando que atentara en España contra algún organismo militar.

El coronel iraquí, según confirmó el servicio de Información de la Armada española a este periódico, hizo escala en Barcelona y Madrid después de dejar Casablanca. En España, el militar iraquí tuvo el apoyo y cobertura de algunos empresarios sirios que podrían estar vinculados a los detenidos en la operación Dátil (ver EL MUNDO del 14 de marzo de 2004).

No hay que olvidar que el mismísimo Alonso Manglano, ex director del CESID (antiguo CNI) tuvo y tiene unas magníficas relaciones con el Gobierno y los servicios secretos sirios y que el traficante de armas sirio Mozen Al Kassar, con residencia en Marbella, estuvo y está en la nómina del CNI.

Todo eso ocurrió antes de los atentados de los trenes de la muerte en Madrid, pero en las postrimerías del 11-M el asturiano Antonio Toro, que fue legionario, tenía muy buenas relaciones con algunos agentes del CNI e informó de algunos de los movimientos que estaban realizando los hombres de Jamal Ahmidam.

El CNI, al parecer, intentó utilizar al asturiano Antonio Toro de la misma forma que la policía se sirvió del espía Francisco Paesa. Este último vendió en 1986 dos lanzamisiles balizados a los etarras y uno de ellos permitió llegar hasta la cooperativa Sokoa, donde se descubrió importante documentación sobre el impuesto revolucionario y otras cuestiones internas de la organización vasca. Al final, sólo quedó en un proyecto.

En la Audiencia Nacional se mantiene la tesis de que el traficante asturiano, que proporcionó los explosivos a los terroristas islamistas a cambio de hachís y dinero, recibió un trato «especial» -tanto para él como para su hermana, Carmen Toro- por parte de la Fiscalía de ese organismo judicial.

Antonio Toro, según las informaciones que han llegado a este periódico, no era la primera vez que colaboraba con los servicios secretos y ya ha avisado de que «podría convertirse en un testigo negativo» si le ocurriera algo a su hermana. Carmen Toro, que también es esposa de Suárez Trashorras, está en libertad y regenta un bar en Asturias.

El CNI, según publicó la escritora Pilar Urbano en el 2000 en el libro Garzón: el hombre que veía amanecer (páginas 522 y 523), tiene un colaborador especial en la Audiencia Nacional: el fiscal jefe Eduardo Fungairiño. Urbano mantiene en su libro que «Fungairiño quizá no sea un hombre del Cesid [actual CNI], pero sí es el hombre del Cesid en la Audiencia Nacional». La periodista Urbano, incluso, llega a mantener que Fungairiño ha dicho a los fiscales que están bajo sus ordenes: «[Los agentes del CNI son] nuestros servicios de Inteligencia, dependen de Presidencia del Gobierno, y los fiscales somos el brazo legal del Gobierno».

El otro confidente del CNI dentro de la célula del 11-M es un colaborador de Jamal Ahnidam, que se dedicaba, como su jefe, al tráfico de hachís desde Marruecos. Los agentes de los servicios secretos españoles recibían, puntualmente, información sobre los vehículos que utilizaban los miembros del comando Lavapiés, incluido Serhane Fakhet, el Tunecino.

Otras informaciones también apuntan que el terrorista islamista que logró escapar, el 3 de abril de 2004, del cerco policial montado sobre la casa de Leganés, donde se inmoló el comando Lavapiés, era colaborador del CNI, pero este periódico no ha podido confirmar ese hecho.

Sí está confirmado y demostrado que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) tenía dos «confidentes» o «colaboradores» más entre las diferentes células islamistas que aún quedaban en España, tras los sucesos del 11-M, y que todavía tenían capacidad operativa.

El primero de esos espías, cuyo nombre en clave es Cartagena, trabajaba para la Comisaría General de Información de la Policía, para el CNI y para los servicios secretos marroquíes. Su trabajo de infiltración era de tal nivel que la propia Guardia Civil llegó a investigarlo como líder de una célula islamista que se dedicaba a captar radicales entre los trabajadores del campo en la zona de Almería.

Las informaciones de Cartagena permitieron que el juez Baltasar Garzón ordenara la detención de 44 personas dentro de lo que se denominó, policialmente, operación Nova. Los detenidos, entre los que se encontraba Abdelkrin Benesmail, pretendían volar la Audiencia Nacional y atentar contra los magistrados Garzón y Juan del Olmo.

Dentro de esa misma redada policial fue detenido el pasado octubre Smail Latrech. Ese presunto islamista radical resultó ser un colaborador del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y EL MUNDO ha podido saber que el mismísimo Garzón se trasladó hasta las dependencias centrales de los espías españoles en Madrid para comprobar que Smail Latrech, efectivamente, era un agente al servicio de los espías españoles. Garzón fue recibido en el CNI por su director, Alberto Saiz, y una vez allí le mostraron y documentaron cada una de las operaciones en la que Latrech había intervenido como colaborador de los servicios secretos españoles.El pasado 11 de noviembre Latrech fue puesto en libertad por el magistrado de la Audiencia Nacional y el 21 de ese mismo mes el espía fue declarado testigo protegido.

Coordinación

Se da la circunstancia de que el pasado mes de mayo el Ministerio del Interior decidió incorporar al nuevo Centro Nacional Antiterrorista, donde sólo estaba la Guardia Civil y la policía, al mismísimo CNI. La idea del Ministerio consistía en fijar un plan global de lucha antiterrorista «donde se diseñarán y pondrán en marcha actividades relacionadas con la recepción de información, evaluación de riesgos y coordinación de unidades operativas».

Es evidente que ese Centro Nacional Antiterrorista aún no funciona porque el CNI, según ha podido saber este periódico, sigue sustrayendo información tanto a la policía como a la Guardia Civil. La detención y posterior puesta en libertad de Latrech, con la consiguiente visita de Garzón al CNI, demuestra que la Comisaría General de Información no tenía conocimiento de que ese espía trabajaba para los servicios secretos españoles.

Un experto inspector jefe de policía en el área islamista sentenció recientemente: «Esa falta de colaboración y ocultación de información por parte de los cecilios [nombre que utiliza la policía para referirse a los agentes del antiguo Cesid] va a provocar que algún día ocurra una desgracia».

El 'colaborador' Fernando Huarte

La pasada semana, el Ministerio de Defensa confirmó a EL MUNDO que el socialista Fernando Huarte trabajaba para los servicios secretos desde el año 1992. Si eso es así, los expertos del CNI consultados por este periódico colocan al presidente de la ONG Asociación Nacional de Amigos del Pueblo Palestino Al-Fatah bajo la dirección de un «oficial de caso» cuyo centro de operaciones estaría en Madrid.

Es decir, Fernando Huarte estaría enmarcado en el área o sección Contraterrorismo-Islam y su «oficial de caso», el agente al que tiene que dirigirse y de quien recibe las ordenes oportunas, tendría, durante su primera etapa, la categoría de comandante, y ahora sería un civil.

Huarte, según el propio Ministerio de Defensa, está considerado dentro del CNI como un «excelente colaborador». Eso significa que el militante socialista y presidente de la ONG Amigos del Pueblo Palestino tenía que conocer al jefe del área donde él y su oficial de caso están ubicados: «Terrorismo de origen árabe».

Si todas esas premisas se producen, siempre según las informaciones facilitadas por el Ministerio de Defensa, Fernando Huarte recibiría del Centro, como también se conoce al CNI, una cantidad fija mensual y, en algunas ocasiones, gastos extras. Actuales miembros del CNI calculan que la cantidad que pudo cobrar Huarte en sus inicios, 1992, serían unas 100.000 o 150.000 pesetas.

Pero para que se produzcan esos pagos, según los agentes del CNI en activo, se necesita el visto bueno por parte de la subdirección y dirección de La Casa, como denominan familiarmente los espías españoles al CNI.

Los miembros del CNI consultados por EL MUNDO también apostillan: «Es probable que Huarte tuviera un nombre en clave dentro del Centro y que fueran muy pocos los que conocieran de su existencia, pero no hay que olvidar que todos esos colaboradores, que permanecen en secreto para la gran mayoría, si son conocidos por la dirección».

Nombre secreto

En el CNI existe una norma interna donde se recoge que la única persona que puede conocer el nombre real de los colaboradores que están identificados con una clave o alías es el oficial de caso que los controla. Pero también hay una excepción: «En la dirección del Centro hay una serie de sobres, cerrados, que sólo puede abrir el director y subdirector, donde se recoge el nombre auténtico de los colaboradores».

Esa norma fue implantada hace ya muchos años, primero en el Cesed, después en el Cesid y ahora en el CNI, para evitar fraudes económicos.Al parecer, se dio alguna circunstancia en el que el oficial de caso decía que tenía un colaborador y luego no existía. Ese fenómeno también se produjo en la policía durante el tiempo en que los fondos reservados fueron utilizados de forma indiscriminada.

Huarte, según Defensa, viene trabajando para los servicios secretos españoles desde 1992. En aquella época todavía estaba como director del Cesid el teniente general Emilio Alonso Manglano, que fue cesado en 1995 por el caso de las escuchas ilegales.

El general Felix Miranda sustituyó a Manglano y tuvo como secretario general a Jesús del Olmo, que hoy es alto cargo en la empresa Unión Explosivos Riotinto.

En 1996 llegó a la dirección del Cesid el general Javier Calderón.Calderón colocó de segundo en el Centro a Aurelio Madrigal. Ese binomio, entre otras cosas, se dedicó a eliminar a todos los agentes que se habían convertido en testigos negativos para el general y que le recordaba su dudosa actuación en el 23-F.

Tras Calderón y con el PP, llegó como jefe del Cesid y después CNI, el diplomático Jorge Dezcallar. Y, después del triunfo del PSOE en las elecciones de marzo de 2004, fue nombrado director de los servicios secretos Alberto Saiz, mano derecha de José Bono.

Todos esos directores y subdirectores del Cesid y del CNI, según las normas internas, pudieron o tuvieron que saber de la existencia de Fernando Huarte como «excelente colaborador» de los servicios secretos españoles.

Fuente: El Mundo
27.03.05

Especial Atentado 11-M.

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* El dirigente del PSOE que visitaba en la cárcel a Benesmail era espía del CNI desde 1992 (22.03.05)

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