Seguridad Pública y Protección Civil
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El CNI siempre estaba ahí
Los servicios de
Inteligencia han logrado infiltrar, al menos, a ocho colaboradores en
las tramas islámicas que han actuado en España desde el atentado a las
Torres Gemelas el 11-S
El socialista Fernando
Huarte no ha sido el único colaborador del Centro Nacional de
Inteligencia (CNI) que en los últimos años se ha infiltrado en las redes
islamistas radicales que se habían asentado en España. Los servicios
secretos españoles siempre han dispuesto de «excelentes informadores»
antes, durante y después de los atentados del 11-M y en cada una de las
operaciones que la Audiencia Nacional ha llevado a cabo contra esas
organizaciones terroristas.
EL MUNDO
ha podido contabilizar, documentar y acreditar hasta un total de ocho
infiltrados o colaboradores del CNI en las diferentes operaciones
policiales que han tenido lugar en España desde el atentado del 11-S a
las Torres Gemelas de Nueva York, en el año 2001. Los servicios
secretos españoles siempre han tenido una determinada
predilección por los agentes sirios porque, según ellos, tienen
un nivel de preparación superior al de otros colaboradores árabes.
En la
operación Dátil (noviembre de 2001), donde detuvieron a Imad Eddin
Barakat Yarkas, Abu Dahdah, y Taysir Alony, entre otros, el CNI tuvo
como infiltrado a un español de origen sirio y un detective
privado. Antes del 11-M, los servicios secretos españoles recibieron
información, a través de un traficante de armas sirio y de los servicios
secretos italianos, de que un coronel de la Mujabarat iraquí (los
servicios de inteligencia del país) viajó a España con la intención de
preparar un atentado contra algún organismo militar. En el transcurso de
los preparativos del 11-M, trabajaron para el CNI el asturiano Antonio
Toro y un marroquí del grupo de Jamal Ahmidam. Y, por último, en la
operación Nova (noviembre 2004), donde los terroristas islamistas
pretendían atentar contra la propia Audiencia Nacional, los espías
españoles recibieron información de dos de sus mejores colaboradores:
Smail Latrech y Cartagena. Este último era confidente de la policía, del
CNI y de los servicios secretos marroquíes y en la actualidad, al igual
que Latrech, tiene la calificación de testigo protegido.
El socialista y asturiano Fernando Huarte, que mantenía buenas
relaciones con Abdelkrim Benesmail, lugarteniente de Allekema Lamari,
uno de los máximos responsables del 11-M, sería el octavo de los
colaboradores utilizados por el CNI para agujerear a esas organizaciones
radicales islamistas.
Huarte, que utilizaba la ONG Asociación Nacional Amigos del Pueblo
Palestino Al-Fatah para captar información, está considerado por los
servicios de Inteligencia como un «excelente colaborador» y su «oficial
de caso», según ha podido saber EL MUNDO, está en Madrid. El «oficial de
caso» es el agente del CNI que controla y dirige a un grupo de
colaboradores.
El primero de todos esos colaboradores o espías utilizados por el CNI
en los últimos cinco años es un español de origen sirio, amigo de
Abu Dahdah, presunto líder de los Soldados de Alá, y del periodista
Taysir Alony. Tanto Dahdah como Alony son de origen sirio, están casados
con españolas, fueron detenidos en noviembre de 2001 y septiembre de
2003, respectivamente, por el juez Baltasar Garzón, dentro de la llamada
operación Dátil, y están acusados de formar parte o colaborar con el
grupo radical que atentó en el 11-S.
El colaborador de los servicios secretos españoles también fue
detenido, en primera instancia, por Baltasar Garzón, pero con
posterioridad fue puesto en libertad. En la actualidad, el espía
sirio español del CNI continúa inmerso en la causa judicial que la
Audiencia Nacional tiene abierta contra todos los miembros de la célula
de Abu Dahdah y sigue informado, puntualmente, de todos los movimientos
que se producen en el entorno de su líder.
Ese mismo colaborador del CNI, que tiene muy buenas relaciones con el
mundo de los traductores y de los periodistas, intentó captar para
los servicios secretos españoles a dos reporteros árabes que
actualmente residen en España: un sirio y un marroquí de madre
española.
El primero de ellos, incluso, fue abordado por agentes del CNI y
llegaron a prometerle que conseguiría regularizar su situación en España
si accedía a trabajar como colaborador. El periodista sirio tenía que
infiltrarse entre sus compatriotas que residen en Marbella y que tienen
muy buenas relaciones con el Gobierno de Damasco.
La respuesta del periodista fue clara y rotunda: no. Y, desde aquella
negativa, el reportero sirio sólo ha tenido problemas, tanto con su
embajada en Madrid, como con las autoridades españolas para conseguir el
asilo político.
Las fotografías
Dentro de la operación Dátil, el CNI también dispuso de la
colaboración de un detective privado español que,
por diversas circunstancias, logró infiltrarse entre los
empresarios sirios que residen en España y que están procesados junto a
Abu Dahdah. Ese colaborador, incluso, aportó fotografías a los servicios
secretos de los amigos y contactos que tenían los procesados fuera de
España, especialmente en Alemania y Estados Unidos.
Es decir, que el CNI pudo estar puntualmente informado de todos los
pasos y contactos que presuntamente tuvo el grupo de Abu Dahdah con los
terroristas del 11-S. También tuvo que estar informado de las
amistades y relaciones que existían entre los seguidores de Barakat
Yarkas y los miembros del comando Lavapiés, porque en ese último grupo
también tenían otro informador, marroquí, que periódicamente facilitaba
la matrícula y los modelos de los vehículos que utilizaban Jamal Ahmidam,
El Chino, y su grupo, según han confirmado a este periódico agentes del
propio CNI.
Pero dos meses antes del 11-M la dirección del CNI dispuso de una
importante y detallada información sobre los diferentes
movimientos que había llevado a cabo un coronel de los servicios
secretos iraquíes.
Ese coronel, que antes de llegar a Europa pasó por Siria (Damasco) y
Marruecos (Casablanca), según los contactos sirios del CNI, pretendía
organizar un grupo o comando que atentara en España contra algún
organismo militar.
El coronel iraquí, según confirmó el servicio de Información de la
Armada española a este periódico, hizo escala en Barcelona y Madrid
después de dejar Casablanca. En España, el militar iraquí tuvo el apoyo
y cobertura de algunos empresarios sirios que podrían estar vinculados a
los detenidos en la operación Dátil (ver EL MUNDO del 14 de marzo de
2004).
No hay que olvidar que el mismísimo Alonso Manglano, ex director del
CESID (antiguo CNI) tuvo y tiene unas magníficas relaciones
con el Gobierno y los servicios secretos sirios y que el
traficante de armas sirio Mozen Al Kassar, con residencia en Marbella,
estuvo y está en la nómina del CNI.
Todo eso ocurrió antes de los atentados de los trenes de la muerte en
Madrid, pero en las postrimerías del 11-M el asturiano Antonio Toro, que
fue legionario, tenía muy buenas relaciones con algunos agentes del CNI
e informó de algunos de los movimientos que estaban realizando los
hombres de Jamal Ahmidam.
El CNI, al parecer, intentó utilizar al asturiano Antonio Toro de la
misma forma que la policía se sirvió del espía Francisco Paesa. Este
último vendió en 1986 dos lanzamisiles balizados a los etarras y uno de
ellos permitió llegar hasta la cooperativa Sokoa, donde se descubrió
importante documentación sobre el impuesto revolucionario y otras
cuestiones internas de la organización vasca. Al final, sólo quedó en un
proyecto.
En la Audiencia Nacional se mantiene la tesis de que el traficante
asturiano, que proporcionó los explosivos a los terroristas islamistas a
cambio de hachís y dinero, recibió un trato «especial» -tanto para él
como para su hermana, Carmen Toro- por parte de la Fiscalía de ese
organismo judicial.
Antonio Toro, según las informaciones que han llegado a este periódico,
no era la primera vez que colaboraba con los servicios secretos y ya ha
avisado de que «podría convertirse en un testigo negativo» si le
ocurriera algo a su hermana. Carmen Toro, que también es esposa de
Suárez Trashorras, está en libertad y regenta un bar en Asturias.
El CNI, según publicó la escritora Pilar Urbano en el 2000 en el
libro Garzón: el hombre que veía amanecer (páginas 522 y 523), tiene
un colaborador especial en la Audiencia Nacional: el fiscal jefe
Eduardo Fungairiño. Urbano mantiene en su libro que «Fungairiño quizá no
sea un hombre del Cesid [actual CNI], pero sí es el hombre del Cesid en
la Audiencia Nacional». La periodista Urbano, incluso, llega a mantener
que Fungairiño ha dicho a los fiscales que están bajo sus ordenes: «[Los
agentes del CNI son] nuestros servicios de Inteligencia, dependen de
Presidencia del Gobierno, y los fiscales somos el brazo legal del
Gobierno».
El otro confidente del CNI dentro de la célula del 11-M es un
colaborador de Jamal Ahnidam, que se dedicaba, como su jefe, al
tráfico de hachís desde Marruecos. Los agentes de los servicios secretos
españoles recibían, puntualmente, información sobre los vehículos que
utilizaban los miembros del comando Lavapiés, incluido Serhane Fakhet,
el Tunecino.
Otras informaciones también apuntan que el terrorista islamista que
logró escapar, el 3 de abril de 2004, del cerco policial montado sobre
la casa de Leganés, donde se inmoló el comando Lavapiés, era colaborador
del CNI, pero este periódico no ha podido confirmar ese hecho.
Sí está confirmado y demostrado que el Centro Nacional de
Inteligencia (CNI) tenía dos «confidentes» o «colaboradores» más
entre las diferentes células islamistas que aún quedaban en España, tras
los sucesos del 11-M, y que todavía tenían capacidad operativa.
El primero de esos espías, cuyo nombre en clave es Cartagena, trabajaba
para la Comisaría General de Información de la Policía, para el CNI y
para los servicios secretos marroquíes. Su trabajo de infiltración era
de tal nivel que la propia Guardia Civil llegó a investigarlo como líder
de una célula islamista que se dedicaba a captar radicales entre los
trabajadores del campo en la zona de Almería.
Las informaciones de Cartagena permitieron que el juez Baltasar Garzón
ordenara la detención de 44 personas dentro de lo que se denominó,
policialmente, operación Nova. Los detenidos, entre los que se
encontraba Abdelkrin Benesmail, pretendían volar la Audiencia Nacional y
atentar contra los magistrados Garzón y Juan del Olmo.
Dentro de esa misma redada policial fue detenido el pasado octubre Smail
Latrech. Ese presunto islamista radical resultó ser un colaborador del
Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y EL MUNDO ha podido saber que el
mismísimo Garzón se trasladó hasta las dependencias centrales de los
espías españoles en Madrid para comprobar que Smail Latrech,
efectivamente, era un agente al servicio de los espías españoles. Garzón
fue recibido en el CNI por su director, Alberto Saiz, y una vez allí le
mostraron y documentaron cada una de las operaciones en la que Latrech
había intervenido como colaborador de los servicios secretos
españoles.El pasado 11 de noviembre Latrech fue puesto en libertad por
el magistrado de la Audiencia Nacional y el 21 de ese mismo mes el espía
fue declarado testigo protegido.
Coordinación
Se da la circunstancia de que el pasado mes de mayo el Ministerio del
Interior decidió incorporar al nuevo Centro Nacional Antiterrorista,
donde sólo estaba la Guardia Civil y la policía, al mismísimo CNI. La
idea del Ministerio consistía en fijar un plan global de lucha
antiterrorista «donde se diseñarán y pondrán en marcha actividades
relacionadas con la recepción de información, evaluación de riesgos y
coordinación de unidades operativas».
Es evidente que ese Centro Nacional Antiterrorista aún no funciona
porque el CNI, según ha podido saber este periódico, sigue
sustrayendo información tanto a la policía como a la Guardia
Civil. La detención y posterior puesta en libertad de Latrech, con
la consiguiente visita de Garzón al CNI, demuestra que la Comisaría
General de Información no tenía conocimiento de que ese espía trabajaba
para los servicios secretos españoles.
Un experto inspector jefe de policía en el área islamista sentenció
recientemente: «Esa falta de colaboración y ocultación de información
por parte de los cecilios [nombre que utiliza la policía para referirse
a los agentes del antiguo Cesid] va a provocar que algún día ocurra una
desgracia».
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El
'colaborador' Fernando Huarte |
| La pasada semana, el
Ministerio de Defensa confirmó a EL MUNDO que el socialista
Fernando Huarte trabajaba para los servicios secretos desde el
año 1992. Si eso es así, los expertos del CNI consultados por
este periódico colocan al presidente de la ONG Asociación
Nacional de Amigos del Pueblo Palestino Al-Fatah bajo la
dirección de un «oficial de caso» cuyo centro de operaciones
estaría en Madrid. Es
decir, Fernando Huarte estaría enmarcado en el área o sección
Contraterrorismo-Islam y su «oficial de caso», el agente al que
tiene que dirigirse y de quien recibe las ordenes oportunas,
tendría, durante su primera etapa, la categoría de comandante, y
ahora sería un civil.
Huarte, según el propio Ministerio de Defensa, está considerado
dentro del CNI como un «excelente colaborador». Eso significa
que el militante socialista y presidente de la ONG Amigos del
Pueblo Palestino tenía que conocer al jefe del área donde él y
su oficial de caso están ubicados: «Terrorismo de origen árabe».
Si todas esas premisas se producen, siempre según las
informaciones facilitadas por el Ministerio de Defensa, Fernando
Huarte recibiría del Centro, como también se conoce al CNI, una
cantidad fija mensual y, en algunas ocasiones, gastos extras.
Actuales miembros del CNI calculan que la cantidad que pudo
cobrar Huarte en sus inicios, 1992, serían unas 100.000 o
150.000 pesetas.
Pero para que se produzcan esos pagos, según los agentes del CNI
en activo, se necesita el visto bueno por parte de la
subdirección y dirección de La Casa, como denominan
familiarmente los espías españoles al CNI.
Los miembros del CNI consultados por EL MUNDO también
apostillan: «Es probable que Huarte tuviera un nombre en clave
dentro del Centro y que fueran muy pocos los que conocieran de
su existencia, pero no hay que olvidar que todos esos
colaboradores, que permanecen en secreto para la gran mayoría,
si son conocidos por la dirección».
Nombre secreto
En el CNI existe una norma interna donde se recoge que la única
persona que puede conocer el nombre real de los colaboradores
que están identificados con una clave o alías es el oficial de
caso que los controla. Pero también hay una excepción: «En la
dirección del Centro hay una serie de sobres, cerrados, que sólo
puede abrir el director y subdirector, donde se recoge el nombre
auténtico de los colaboradores».
Esa norma fue implantada hace ya muchos años, primero en el
Cesed, después en el Cesid y ahora en el CNI, para evitar
fraudes económicos.Al parecer, se dio alguna circunstancia en el
que el oficial de caso decía que tenía un colaborador y luego no
existía. Ese fenómeno también se produjo en la policía durante
el tiempo en que los fondos reservados fueron utilizados de
forma indiscriminada.
Huarte, según Defensa, viene trabajando para los servicios
secretos españoles desde 1992. En aquella época todavía estaba
como director del Cesid el teniente general Emilio Alonso
Manglano, que fue cesado en 1995 por el caso de las escuchas
ilegales.
El general Felix Miranda sustituyó a Manglano y tuvo como
secretario general a Jesús del Olmo, que hoy es alto cargo en la
empresa Unión Explosivos Riotinto.
En 1996 llegó a la dirección del Cesid el general Javier
Calderón.Calderón colocó de segundo en el Centro a Aurelio
Madrigal. Ese binomio, entre otras cosas, se dedicó a eliminar a
todos los agentes que se habían convertido en testigos negativos
para el general y que le recordaba su dudosa actuación en el
23-F.
Tras Calderón y con el PP, llegó como jefe del Cesid y después
CNI, el diplomático Jorge Dezcallar. Y, después del triunfo del
PSOE en las elecciones de marzo de 2004, fue nombrado director
de los servicios secretos Alberto Saiz, mano derecha de José
Bono.
Todos esos directores y subdirectores del Cesid y del CNI, según
las normas internas, pudieron o tuvieron que saber de la
existencia de Fernando Huarte como «excelente colaborador» de
los servicios secretos españoles. |
Fuente: El Mundo
27.03.05
Especial Atentado 11-M.
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El dirigente del PSOE que visitaba en la cárcel a
Benesmail era espía del CNI desde 1992 (22.03.05)
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